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Autoayuda
martes 1 de septiembre, 2015

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martes 1 de septiembre, 2015

El abuelo nazi

       

A mediados de agosto una lectora me mostró una foto de su hija, en piyama y con pantuflas, que leía muy oronda un libro mío. La foto es divertida porque la nena, que puede tener entre ocho y diez años, está cruzada de piernas y parece ajena al mundo. Al final, su madre me hace una pregunta, un poco en chiste y un poco en serio: «Casciari», me dice, «¿cuán alejados de los niños hay que tener tus libros?».


Le respondí con un recuerdo de mi infancia, que ahora comparto en el blog. Como siempre, pueden escucharlo en audio desde acá, o leerlo desde el siguiente párrafo.

Yo estaba a punto de cumplir once o doce años y mi tía Ingrid, que era muy culta, me regaló dos canastos llenos de libros de su adolescencia. Eran más de cincuenta libros, y mi mamá los metió en el baúl del auto. Estaban en dos bolsas de arpillera.

Pero entonces llegó mi abuelo Marcos, y sin que se lo pidiera nadie, sacó los libros del baúl y los desparramó arriba de una mesa, como si fueran pomelos, o como si fueran cartas gigantes de chinchón. Miró los títulos de los libros, las ilustraciones de las portadas, y empezó a decidir cuáles eran para mi edad y cuáles no.

Mi abuelo Marcos era un tipo muy gordo y muy nazi, y todos en la familia le tenían mucho miedo. Para él, los demás siempre estaban equivocados y él había llegado al mundo para encontrar los errores. No se reía casi nunca, y cuando se reía era una risa que daba miedo.

Para peor yo era su primer nieto y me quería preservar de todo lo malo. Él estaba seguro de que, en muchos de esos libros que me habían regalado, podía haber malas palabras, o escenas chanchas, o cosas para las que yo, a mis once años, no estaba preparado.

Así que se sentó a la mesa, con su cara de escuerzo dueño de la verdad, y empezó a hacer dos pilones de libros.

En un pilón iba poniendo los que yo sí podía leer, y en el otro pilón los que no. Se basaba en los títulos, en las tapas, en el nombre de los autores, en su propia intuición nazi, en sus poquísimas lecturas.

En el montón de los permitidos puso esos libros seriales que se publicaban en los sesenta, del tipo «Jules y Gilles en busca del diamante», «Hardy Boys y el misterio de los seis cachorros de angora». Mierdas... Libros mediocres de los llamados juveniles que se imprimían como churros calientes y las madres les compraban a sus hijitos.

Mientras que en la pila de los libros prohibidos iba poniendo novelas que el hombre suponía demasiado complejas para mi edad, o que sospechaba que podían tener tetas y culos y fornicación.

Puso cada uno de los pilones en las bolsas de arpillera y le dijo a mi mamá que me diera los libros permitidos, y que escondiera de mi vista la segunda bolsa.

Mi vieja, que le tenía miedo a su padre, le hizo caso. Llegamos a casa y desparramó en mi pieza la arpillera ética, la bolsa moral, y a la otra bolsa la llevó al lavadero de casa, atrás del patio. Yo me hice el boludo pero miré bien a dónde Chichita se iba con la bolsa prohibida.

Después empezó el colegio y yo esperé, con paciencia, las tardes en que me dejaban solo en casa. Naturalmente, un día fui al lavadero y empecé a buscar la bolsa. La encontré rápido, detrás de los detergentes y del anticongelante.

Ahí mismo, sentado entre ropa sucia y con olor a jabón Federal, empecé a leer los libros prohibidos: eran novelas de Arthur Conan Doyle, de Oscar Wilde, de Mark Twain, de Chesterton. Libros impresos en hoja de biblia; en muchos casos, obras completas.

Mi abuelo nazi no me había prohibido a Oscar Wilde por «El príncipe feliz», sino por «El retrato de Dorian Gray», que era para adultos y estaba en el mismo tomo. No me prohibía las historias de Tom Sawyer, quiero decir, sino que me prohibía «Un yanqui en la corte del rey Arturo», del mismo autor.

Y los leí... Y los leí.

Tuve un abuelo que me prohibió —justo en el inicio de mi rebeldía— la buena literatura. No la tele, no las drogas, ni el alcohol, ni hacerme socio de Independiente (dios libre guarde). Me prohibió los libros buenos, las historias inmortales.

Tuve esa enorme suerte de principiante. Y se lo tengo que agradecer a él. Porque en la infancia, y en la pre adolescencia, la pasión por las cosas solamente te entra por las puertas del no.

—No toques eso; no hagas eso.

Por eso ahora, que tengo una hija de diez años, no la vuelvo loca para que lea. Es un error. Lo que hago es esconder a Borges en estantes inalcanzables, y meto a Edgar Allan Poe en cajones con llave. Y a los cronopios de Cortázar les pongo una cinta que dice NO TOCAR.

Yo sé que ella, Nina, tarde o temprano se va a sentar sola en casa, en la ansiedad de su infancia, y va entrar como si nada en la clandestinidad.

Hernán Casciari
martes 1 de septiembre, 2015


El abuelo nazi

por Hernán Casciari

A mediados de agosto una lectora me mostró una foto de su hija, en piyama y con pantuflas, que leía muy oronda un libro mío. La foto es divertida porque la nena, que puede tener entre ocho y diez años, está cruzada de piernas y parece ajena al mundo. Al final, su madre me hace una pregunta, un poco en chiste y un poco en serio: «Casciari», me dice, «¿cuán alejados de los niños hay que tener tus libros?».


Le respondí con un recuerdo de mi infancia, que ahora comparto en el blog. Como siempre, pueden escucharlo en audio desde acá, o leerlo desde el siguiente párrafo.

Yo estaba a punto de cumplir once o doce años y mi tía Ingrid, que era muy culta, me regaló dos canastos llenos de libros de su adolescencia. Eran más de cincuenta libros, y mi mamá los metió en el baúl del auto. Estaban en dos bolsas de arpillera.

Pero entonces llegó mi abuelo Marcos, y sin que se lo pidiera nadie, sacó los libros del baúl y los desparramó arriba de una mesa, como si fueran pomelos, o como si fueran cartas gigantes de chinchón. Miró los títulos de los libros, las ilustraciones de las portadas, y empezó a decidir cuáles eran para mi edad y cuáles no.

Mi abuelo Marcos era un tipo muy gordo y muy nazi, y todos en la familia le tenían mucho miedo. Para él, los demás siempre estaban equivocados y él había llegado al mundo para encontrar los errores. No se reía casi nunca, y cuando se reía era una risa que daba miedo.

Para peor yo era su primer nieto y me quería preservar de todo lo malo. Él estaba seguro de que, en muchos de esos libros que me habían regalado, podía haber malas palabras, o escenas chanchas, o cosas para las que yo, a mis once años, no estaba preparado.

Así que se sentó a la mesa, con su cara de escuerzo dueño de la verdad, y empezó a hacer dos pilones de libros.

En un pilón iba poniendo los que yo sí podía leer, y en el otro pilón los que no. Se basaba en los títulos, en las tapas, en el nombre de los autores, en su propia intuición nazi, en sus poquísimas lecturas.

En el montón de los permitidos puso esos libros seriales que se publicaban en los sesenta, del tipo «Jules y Gilles en busca del diamante», «Hardy Boys y el misterio de los seis cachorros de angora». Mierdas... Libros mediocres de los llamados juveniles que se imprimían como churros calientes y las madres les compraban a sus hijitos.

Mientras que en la pila de los libros prohibidos iba poniendo novelas que el hombre suponía demasiado complejas para mi edad, o que sospechaba que podían tener tetas y culos y fornicación.

Puso cada uno de los pilones en las bolsas de arpillera y le dijo a mi mamá que me diera los libros permitidos, y que escondiera de mi vista la segunda bolsa.

Mi vieja, que le tenía miedo a su padre, le hizo caso. Llegamos a casa y desparramó en mi pieza la arpillera ética, la bolsa moral, y a la otra bolsa la llevó al lavadero de casa, atrás del patio. Yo me hice el boludo pero miré bien a dónde Chichita se iba con la bolsa prohibida.

Después empezó el colegio y yo esperé, con paciencia, las tardes en que me dejaban solo en casa. Naturalmente, un día fui al lavadero y empecé a buscar la bolsa. La encontré rápido, detrás de los detergentes y del anticongelante.

Ahí mismo, sentado entre ropa sucia y con olor a jabón Federal, empecé a leer los libros prohibidos: eran novelas de Arthur Conan Doyle, de Oscar Wilde, de Mark Twain, de Chesterton. Libros impresos en hoja de biblia; en muchos casos, obras completas.

Mi abuelo nazi no me había prohibido a Oscar Wilde por «El príncipe feliz», sino por «El retrato de Dorian Gray», que era para adultos y estaba en el mismo tomo. No me prohibía las historias de Tom Sawyer, quiero decir, sino que me prohibía «Un yanqui en la corte del rey Arturo», del mismo autor.

Y los leí... Y los leí.

Tuve un abuelo que me prohibió —justo en el inicio de mi rebeldía— la buena literatura. No la tele, no las drogas, ni el alcohol, ni hacerme socio de Independiente (dios libre guarde). Me prohibió los libros buenos, las historias inmortales.

Tuve esa enorme suerte de principiante. Y se lo tengo que agradecer a él. Porque en la infancia, y en la pre adolescencia, la pasión por las cosas solamente te entra por las puertas del no.

—No toques eso; no hagas eso.

Por eso ahora, que tengo una hija de diez años, no la vuelvo loca para que lea. Es un error. Lo que hago es esconder a Borges en estantes inalcanzables, y meto a Edgar Allan Poe en cajones con llave. Y a los cronopios de Cortázar les pongo una cinta que dice NO TOCAR.

Yo sé que ella, Nina, tarde o temprano se va a sentar sola en casa, en la ansiedad de su infancia, y va entrar como si nada en la clandestinidad.

Hernán Casciari
martes 1 de septiembre, 2015


¿Te gustó esta historia?

Pertenece al libro El pibe que arruinaba las fotos, de Hernán Casciari. Está a la venta en la Tienda Orsai y te lo mandamos a tu casa sin gastos de envío.


09/11/2015 a las 08:25
Nada más empezar a leer el post, ver a un niño/a con un libro y no con un smartphone me parece genial. Aunque hay que vigilar qué leen.
 Sebastian Mangieri
30/09/2015 a las 05:45
Gran historia. Se podría decir que gracias a la prohibición de tu abuelo hoy tenemos el placer de leerte, sino quizás, si leías las historias mediocres no te iba a interesar tanto escribir y la literatura.
 Javier Lora
27/09/2015 a las 16:16
Gracias!!!
 Lucas Pelassini
16/09/2015 a las 03:13
Sos un crack Hernan, cuando sea grande quiero ser como vos!!!
16/09/2015 a las 01:52
Hola, este mi primer mensaje, aunque te leo y escucha hace ya tiempo. y no creo que lo deje de hacer. El propósito, es decirte algo que, creo, ya sabes;
en primer lugar, que sos un gordo simpaticón :)
y en segundo, que sos un muy buen escritor.

PD: con respecto a ese texto increíble, parece ser que los juicios superficiales, y que el destino de los no aptos sea el del jabón, es algo común para los nazis.no?
 JIMENA KLEINE
10/09/2015 a las 16:24
GENIAL!!!
 Nicolás Bruno
09/09/2015 a las 00:49
De esto habla Abelardo Castillo en una entrevista que leí hace poco.

Dice que es difícil hacer leer a un chico que se acostumbra a los 140 caracteres, pero que la mejor forma que él encuentra es poner un libro en lo más alto de la biblioteca, bien escondido y prohibírselo.

Saludos.
08/09/2015 a las 14:00
Jajajaja. "Ahora temo que mis intimidades sean expuestas en blog" Se regaló la lectora :P

¿Quién lo leyó alguna vez un libro "para grandes" antes de "ser grande"? Un privilegio que otorga criarse en una casa donde la biblioteca ocupa un lugar central. Ojalá todos los botijas tuvieran esa capacidad de transgredir las normas.
 Uque
07/09/2015 a las 20:02
No se si me gusta más el artículo o los comentarios... me divierten, ambas cosas!
He descubierto que fui de tu misma especie, lástima que a mi me prohibieron otras cosas...
 Jhordan PLG
07/09/2015 a las 00:08
El caso de flormaleva me hizo recordar a la pregunta que te hizo un cordobés en el auditorio del CCPUCP, cuando viniste a presentar por primera vez la Bonsai en Lima. Fue algo así como que su hijo había llevado la revista para mostrarle a sus compañeros y algún profesor (¿o una monja?) lo había encontrado, al ver el contenido se "preocuparon" y lo llamaron para hablar.

En mi caso no le prohíbo nada, cuando lo llevo a la librería le digo que agarre lo que quiera (sólo uno, eso si), supongo que cuando ya aprenda a leer querrá agarrar los libros de mi estante que no alcanza y no me haré problema, total, sé que todos los libros van a quedar para él.
04/09/2015 a las 18:05
¿Si usamos el método inverso funcionará? Podrías insistir en que tu hija lea libros de autoayuda, por ejemplo.
 juan palma
04/09/2015 a las 06:51
Una familia afortunada...
 Rosario Fleitas
04/09/2015 a las 05:23
Es verdad,atrae más lo prohibido que lo permitido y es la curiosidad el acicate para entrar en un mundo desconocido y lleno de maravillas.No quiero decir con esto que usemos la prohibición como método sino que tratemos de guiar sin imponer permitiendo el decubrimiento de cosas nuevas y diversas.
 GabyR.
03/09/2015 a las 21:00
Genial. Cuanta verdad. Gracias!
 Adriana
03/09/2015 a las 17:30
Buenísimo!! Gracias por hacerme remontar al pasado y vivenciar esos sentimientos de inocente rebeldía !!
 Manyatxa
03/09/2015 a las 16:11
Me encantó!!! :) O, como digo yo, hay que tirarles de la cola para que vayan para adelante... ;)
 Fede Nouet
03/09/2015 a las 08:23
En mi preadolescencia chusmeaba un libro que estaba en una mesita de luz de la habitacion de mis viejos. Se llamaba "Para esposos" y supongo que se lo habria regalado mi abuela materna (evangelista) a mi vieja (no creyente en nada). Por otra parte teniamos muchos libros y nunca nos negaron nada. Salvo cuando compramos la videocasetera y alquilaban "Emmanuelle" o "Las colegialas se divierten". Saludos Hernan!
 espita
02/09/2015 a las 18:57
Un día de adolescente, en el baño de la vieja casa de mis padres, vi una esquina de algo asomar por detrás del espejo. ¿Y que era? los cómics porno de mi hermano.
-Ahh bueee!!! ya se imaginan...
02/09/2015 a las 18:18
Que bueno fue escucharlo y leérlo! primera vez que me fijo en que las publicaciones estaban en audio, creo que comenzaré a leer y escuchar cada publicación desde ahora, incluso desde el inicio.
No recuerdo que se me prohibío en mi juventud en este momento, pero sé que lo prohibido te alienta a descubrir.Saludos Hernán.
02/09/2015 a las 16:11
Por cierto,¿cuantos mexicanos te comentamos?, he visto los comentarios en esta lectura y soy el único, debería tener un premio especial, es broma, saludos.
02/09/2015 a las 16:09
Los no, vaya que funcionan. Siempre lo prohibido nos atrae, es la naturaleza humana, para bien o para mal asi funcionamos.
 Victor Hammersley
02/09/2015 a las 15:38
Buenísimo! Mientras más oculto mejor, más ganas de saber que es. Pienso hacer los mismo.
 Maximiliano Najle
02/09/2015 a las 15:38
Me decís que hay algo nuevo en el blog y yo entro contento. Veo el título y te puteo por mentiroso, el relato ya lo leí, incluso creo que te escuché leerlo.
Pero bueno, el navegador me cargó la página bastante rápido así que aprovecho. Empiezo a leer la introducción que si es nueva y cuando me quiero avivar, ya estoy terminando de leer el relato encantado nuevamente.
Me cagaste con la novedad que no era tal y me cagaste porque lo terminé leyendo y me volvió a gustar.
Te diría gordo chanta, pero como no te escribí nunca me parece un exceso de confianza. Sólo te acusaré de chanta.
 Juan Pedro Monteagudo
02/09/2015 a las 19:26
Excelente comentario!
 Santafesino
02/09/2015 a las 15:15
Gordo limado!, buenas estrategias... qué hago con Bukowski?
 Juan Pedro Monteagudo
02/09/2015 a las 19:28
Banco a Hernan y lo que escribe en este relato me parece acertado. Asi y todo, yo escondería a Bukowski de mi hija de 8 años
02/09/2015 a las 21:01
Y viceversa.
 Juan Pedro Monteagudo
04/09/2015 a las 20:57
jajajaja
02/09/2015 a las 10:44
... no creo en las estrategias... pero me ha encantado esta. Implementada en casa! (aunque sólo tenga 3 añitos y medio ). Me encanta, siempre con gustito a empanada argentina :)
 pepehillo
02/09/2015 a las 10:10
Esa niña no está leyendo. Con toda seguridad está usando un móvil (celular) oculto dentro del libro.
 Santiago Torreguitar
02/09/2015 a las 05:29
El mail del nuevo posteo me llegó pasado el almuerzo. Esperé hasta la noche para meterme al blog. A veces te leo como si le pegaras a las teclas con gracia y ritmo, otras como si fueses un esquimal encerrado en un iglú tomando un Satanás caliente. Prefiero lo primero, aunque lo segundo no me disguste. Pero claro está que, los dedos gordos bailando sobre el teclado y el esquimal, no son ni primos terceros.
02/09/2015 a las 21:00
En la mitad de la metáfora me perdí. Igual gracias (?).
02/09/2015 a las 00:31
Yo esperaba encontrar algo nuevo y ... Pero los comentarios compensan la decepción.
 Luciano Kasakoff
01/09/2015 a las 23:43
Yo más que abuelo nazi, tenía zeide judío y pero cuando iba a su casa los sábados por la noche (padres que salían y dejaban el nene con sus padres), me prohibía ver las películas de la Coca Sarli (lo que él si podía ver!). Sin embargo dado que no había tele posible, podía acceder a su ilimitada biblioteca que estaba en el cuarto asignado a nietos...Gracias Zeide! Por vos adquirí el maravilloso hábito...Claro mi hijo Matías no sabe quién es la Coca Sarli y hoy x hoy todo lo ve por la web...
 Adrian Martinez
01/09/2015 a las 23:38
Mi hijo Valentín desde los 7 años (ahora tiene 10) se leyó todas las Orsai. Arrancó con las tiras de Lucas y Alex, luego todo lo gráfico de Tute, Mont o el que apareciera. Con las del gordo Casero se moría de la risa!. Hubo gente que se escandalizó cuando vieron lo que yo como padre le permitía leer. Al día de hoy se morfa cinco libros cuando yo apenas puedo terminar uno. Debe haber leído mas "malas palabras" en las Orsai que todas las que escuchó en mi casa en su vida, pero sabe que significa cada una de esas palabras y si las usa, lo hace correctamente. Prohibir leer algo? Prohibir aprender? . Cada vez que lo veo leyendo me emociono.

P/D: Valentín nunca dejó de esperar la Bonsai 4.
 Martin Fernández
01/09/2015 a las 23:36
Volviste! por más redundante que sea mi comentario, tiene toda la dimensión de mi verdad
01/09/2015 a las 22:02
Yo, cdo chiquita, era muy maldita y mi mamá se pasaba la vida buscándome castigos. Primero era que no podía salir a jugar, entonces yo ripostaba que me iba a ver los muñequitos; luego que si no había televisión para mí... y yo a jugar con mis juguetes. Cdo me soltó que no había juguetes... me encerré en el cuarto y desde adentro grité: no importa, me pongo a leer.

Así me leí un estante lleno (repito, era muy maldita). Afortunadamente, eran de los libros buenos :)
 taximetrista
01/09/2015 a las 21:57
Yo lo leí hace muchíííííísimo acá en el blog a Don Marcos, pero por suerte no me acordaba prácticamente nada, y lo dusfruté mucho cuando me leí "El Pibe..." hace unas semanas. Casi todo lo de ese lilbro ya lo conocía, pero lo disfruté muchísimo. Me cagué de risa y me emocionó. Gracias Herni.
 dani22v
01/09/2015 a las 21:31
Como muchos, empece a leer mas rabiosamente cuando me decian: ese libro no es para vos...
 Gaston Picard
01/09/2015 a las 21:25
Perdón pero... en vez de (dios libre guarde)... no correspondería (dios nos libre y guarde) o (dios libre y guarde)?
Ponerle mayúscula o no a Dios es opcional y depende de la religión que confesa (o no) cada uno.
02/09/2015 a las 00:42
Propongo dios-libre-y-guarde, todo junto, que es como lo decía mi abuela. Pero no sé si en el Mercedes de Casciari llevaba conjunción o lo escuchó así como lo escribió.

Salud
02/09/2015 a las 20:59
Yo cuando hablo digo dioslibreguarde, asi todo junto. En el texto le puse espacios porque cuando escribo soy concheto.
 Burt Munro
01/09/2015 a las 21:25
Pagame la apuesta gordo chanta!!

P.D.: lindo texto.
 RAFAEL SERNA
01/09/2015 a las 21:20
Me recuerda esa historia del niño y su tío que caminaban por el bosque. Mientras el tío caminaba en línea recta sin mirar nada, el niño curioseaba debajo de cada piedra, miraba en cada hueco de árbol, perseguía a cada insecto, contemplaba cada flor. Luego el tío, le decía a su sobrino: fíjate en mis huellas, están derechas, en cambio las tuyas, van de un lado a otro, sin ningún orden: debes caminar igual que yo para que cuando seas grande seas un hombre de bien, como yo.
Obviamente, el niño no hizo ningún caso a su tío y llegó a ser un científico renombrado.
 PPLANDA
01/09/2015 a las 21:16
hojalá sirva hernán,....yo tambien voy a probar el metodo del abuelo con mi hija de 8 años, ya que soy medio nazi (pero al reves), y secretamente, quiero que se produzca en ella ese milagro de la curiosidad por las cosas que vale la pena ser curiosos
ah,..... y gracias por seguir estando ahí. abrazo
01/09/2015 a las 20:52
Já, es la argentinidad al palo, todo lo NO, es lo primero que se hace.Y sile hubieses hecho caso al abuelo nazi, hoy que serías, que estarias haciendo?. Eso fué antes o después de tu primera publicasion.
 Negro Castro
01/09/2015 a las 20:49
CtrlC CtrlV ....copiar y pegar... qué ladri. Muy buena gordis.
01/09/2015 a las 20:44
¿Canastos o bolsas de arpillera?
En 2008 las bolsas no estaban:
http://editorialorsai.com/blog/post/don_marcos
  Juan Sebastián Olivieri
01/09/2015 a las 20:52
¡No, no, no, no y no!
¡Cortala Gaitán! no empecemos...

¡Dejá que el gordo repostero le salpique creatividad...sino, nos quedamos sin nada!
01/09/2015 a las 21:25
Pero esta vez usa canastos Y bolsas.
En otro post agradeció a la tía por ese regalo y ella aparece en un comentario.
Usaba un seudónimo desde el blog de Mirta y devela su identidad.
Debe estar en algún goteo de la revista.
01/09/2015 a las 21:57
Dejaló hacer as;i, lo único que falta es que Escriba "en 2 envase" y los puson en 2n envases en el cajuela del autmovíl. Recordaros que está en espania y puede que se le est'é acavamdo el efecto asado con carbo o con leña, con querosen o con keroseno o a maderita y diarito. Soy de los que usan hoja cuadriculada A4 con cinco agujeros. Supongo que Hernán usa 'síndrome de la hoja en blanco (sin renglones ni nada como el lienzo blanco)'.
01/09/2015 a las 20:42
Mi papá fue un ávido lector, su biblioteca de cerca 200 libros fue la mejor televisión que tuvimos en la infancia. Leer Cien años de soledad a los 8 años para mí fue imposible, pero a los 9 ya la entendí. Le di muchas vueltas a Cervantes para entenderlo, pero lo hice.

Sin embargo no había varios títulos como los que nombran en sus comentarios, pero Cuando los guayacanes florecían de Nelson Estupiñan Bass o A la Costa de Luis A. Martínez, fueron obras que se quedaron en mi mente para siempre.

Y ya conseguiré tus libros Hernán. Mi nena me está dando tiempo de recoger dinero mientras crece. Agradezco su aporte, es tu legado para esta nueva generación.

Abrazos.
 Lau
01/09/2015 a las 20:37
En el primer párrafo quedó en el baúl "de" auto.
Espero Septiembre con un nuevo cuento semanal ¿seguro uno nuevo por semana? no ilusiones...
01/09/2015 a las 20:41
Gracias por lo del baúl, corregido.

Sobre lo otro: conmigo nunca es 'seguro' del todo, pero le pongo voluntad.
 Lau
01/09/2015 a las 20:52
Con la voluntad me conformo.
 fede o
01/09/2015 a las 20:37
Los tipos como tu abuelo Marcos son muy útiles. Son como una brújula que apunta siempre al sur.
01/09/2015 a las 20:31
No funciona para todo el mundo eso de "la pasión por las cosas solamente te entra por las puertas del no". Mis abuelos maternos, aunque muy humildes (carpintero él, cocinera de familias de alcurnia ella) fueron ávidos lectores, de ésos que ahorraban hasta las monedas destinadas a las aspirinas para comprar libros, nuevos o usados, revistas de cómics, novelas en fascículos, todo lo que pudiera alimentar su hambre de historias de otras vidas, que atesoraban como la mayor de sus riquezas ellos, que apenas habían terminado la primaria. Y me contaban historias y me decían siempre que había mundos enteros en esa biblioteca rústica construida por mi abuelo, y en ese galponcito donde mi abuela amontonaba las revistas junto con la vajilla extra, las conservas, las velas, las reservas de artículos de limpieza, y la lora "Pastora", a quien no le gustaban los niños, custodiando la entrada desde su aro de rueda de bicicleta... Nunca me vedaron la entrada, nunca me dijeron que algún libro no correspondía a mi edad, siempre me dijeron que leer era una aventura maravillosa, y que lo peor que podía pasarle a alguien, aunque no se diera cuenta, era no amar los libros. Y pasé toda mi infancia y mi adolescencia, desde los 5 años, leyendo cuanto libro alcanzaba sacar de los estantes. Poe, Salgari, Wilde, Twain, Conan Doyle, Chesterton, T.S. Elliot, Withman, García Márquez, Maupassant, Cervantes, Lovecraft, y cientos más. Hoy, mis abuelos no están físicamente, pero aquella biblioteca rústica que hizo mi abuelo vive en mi departamento, con muchos de esos libros en ella, y la voz de mi abuela sigue leyéndome Cien años de soledad para dormirme, como cuando tenía 4 años.
Hay muchas maneras de sembrar libros en el alma, si el alma está dispuesta.
01/09/2015 a las 20:34
¡Ah, pero así cualquiera!
01/09/2015 a las 20:39
Tenés razón, no tiene mérito. Salvo que era (soy) muy petisa, y alcanzar los libros del último estante era como escalar el Everest. Y por ahí arriba andaban una tal Madame Bovary y un Trópico de Capricornio que me tenían loca... los alcancé recién como a los doce. :)
  Juan Sebastián Olivieri
02/09/2015 a las 15:43
¡Remate maravilloso!
01/09/2015 a las 20:57
Muy buena historia. Mi abuela me contada historias cuando yo era chico.
 Zippo
01/09/2015 a las 20:28
¡Muy bueno Hernán! como siempre. A mi me encajaban la colección Robin Hood y la Billiken (tengo que admitir que las novelas de Emilio Salgari me encantaban). Un día mi viejo cayó con Cuentos 1 de Poe, traducción por Cortazar. ¡Por Dios! Es el manual para explicarle a un chico como un libro puede dar miedo.
01/09/2015 a las 20:30
A mí me pasó lo mismo, con esa misma edición traducida por J.C. Leí dos y no me pude dormir en toda la noche. Lo cuento acá: http://editorialorsai.com/blog/post/literatura_infantil
01/09/2015 a las 20:27
Gordo garca!! embustero!! holgazán!! re-postero!! danos nuevas lecturas a los lameloides!!! Por cierto....... eso...... si, todo eso
01/09/2015 a las 20:29
Re-postero estuvo bien. No me reí con ruido, pero hice así :)
01/09/2015 a las 20:23
"Mientras que en la pila de los libros prohibidos iba poniendo novelas que el hombre suponía demasiado complejas para mi edad, o que sospechaba que podían tener tetas y culos y fornicación."

¿hombre o nombre?
01/09/2015 a las 20:26
¡Hombre! No me corrijas boludeces que me confundís, Toti.
01/09/2015 a las 20:27
El Toti
01/09/2015 a las 20:30
¿Vas a corregir los comentarios también?
01/09/2015 a las 20:35
yap! hasta que encuentre algo mejor que hacer...o hasta que entre el usuario del nombre largo que pone https en los comentarios o los que ponen propagandas de sexshops......
Sos un titan!
 HernanF
01/09/2015 a las 20:22
Gordo, deja de meter palabras españolas, cada vez que metes una palabra española en un cuento nace un hincha de Independiente.
01/09/2015 a las 20:26
¿Cuál, cuál? Me da asco, decime y la borro.
 Ignacio Pegue
01/09/2015 a las 20:39
Entonces que pongas mas! jajaja
 Burt Munro
01/09/2015 a las 21:30
Aguante el rojo carajo mierda!
 Tete
01/09/2015 a las 20:21
Essselente...
Pequeña corrección:
"Naturalmente, un día fui a lavadero y empecé a buscar la bolsa".
No es "a lavadero", es "al lavadero".
Gracias Hernán por dejarnos participar de tu locura.
Abrazo.
01/09/2015 a las 20:26
Gracias, corregido!
01/09/2015 a las 20:17
ésto es un "deja vu" de blog....
01/09/2015 a las 20:27
No seas vigilante, hay gente nueva.
 Ana Segura
01/09/2015 a las 20:16
te odio Casciariiii no se puede escribir tan lindooooo .
A mí llamentablemente me escondían las novelas de Harold Robbins !!!
 Javier Wooley
01/09/2015 a las 20:15
muy bueno
01/09/2015 a las 20:12
Gordo vago!! Ponete a fumar así nos contás nuevas historias.
01/09/2015 a las 20:16
Desde el 21 de septiembre habrá un nuevo cuento semanal. Dejame reciclar un rato más, soy vago.
 kariña
01/09/2015 a las 20:24
genial!
01/09/2015 a las 20:53
Me pasa lo mismo que con mi novia, no puedo enojarme en serio porque te amo tonta.
Esperaremos con ansiedad una historia primaveral entonces.
Besitos en las nalgas gordas que tanto queremos todos.
01/09/2015 a las 20:10
13??
 Facundo Severo
01/09/2015 a las 20:09
Esto me gusta... muy bueno
 Edgardo Regazzoni
01/09/2015 a las 20:07
No lo leí pero quiero estar entre los primeros.... vale?
 gaston cesio
01/09/2015 a las 20:06
ojala fuera tan facil pasar los disfrutes nuestros a los que queremos......
  Maxi en Bermudas
01/09/2015 a las 20:04
"podíá haber malas palabras" hay un acento de mas
01/09/2015 a las 20:17
Gracias Maxi, corregido.

(Si yo estuviera en las Bermudas no ayudaría a corregir nada, así que agradezco doble.)
 Sebastián
01/09/2015 a las 20:32
Ponelo en el más de tu comentario. Saludos.
 Sole
01/09/2015 a las 20:01
Ahora que se me pasó la emoción del "pri", quiero decir que me pareció una historia bellisima. Aplausos! siempre transmitiendo cosas maravillosas
01/09/2015 a las 19:57
refritos.......... mmmmmm igualmente interesante
01/09/2015 a las 20:18
En veinte días llegan textos nuevos. Ojalá te empaches y te salga sarpullido.
02/09/2015 a las 05:09
20 dias faaaaa falta un monton, pero bue x ahora todo lo que tenga materia grasa, sirve
 Fiorella Gianfelici
01/09/2015 a las 19:52
Qué hermosa historia gordo, te estaba extrañando.
 Pablick
01/09/2015 a las 19:49
Top 5!
01/09/2015 a las 19:43
ESAAAAAAAAAAAAAAAA
 Lara
01/09/2015 a las 19:42
oh casi
01/09/2015 a las 19:42
Segundo!!Casi priiiii!!!
 Sole
01/09/2015 a las 19:41
priiiiiiiiiiiiiiiiiii
01/09/2015 a las 19:43
Este pri es inaudito. Entró en 0,34 segundos y ni siquiera había difundido el posteo. Vale doble.
 Sole
01/09/2015 a las 19:44
Casciari puedo leer tu mente
 Lara
01/09/2015 a las 19:47
mmm yo vi el tweet, entré y no había comentarios. Mi tercer lugar es porque no estaba logueada. Tamadre che...
 Sole
01/09/2015 a las 19:49
Yo no tengo tweet, y tampoco estaba logueada. Quise entrar 3 veces y no recordaba la contraseña, tengo un virus en mi máquina que me redireccionaba a una web de compras... sudé como loca pero pude!
 Sole
01/09/2015 a las 19:43
llorooooo llorooooo!!!! jajajajajja estaba pensando, que pasa con el blog que Casciari no sube nada? y mágicamente apareció una nueva entrada!!!
Ya estaba releyendo la entrada sobre El Chiri nuevamente...

Para los que no me conocen... años leyendo el blog SEGUNDA VEZ QUE COMENTO ALGO!!! JOJOOOO
01/09/2015 a las 20:20
encima de pri humilla presumiendo casualidades....que cosa seria caray!!! (es pura envidia)