Orsai blog post

Historias
lunes 6 de febrero, 2017

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Historias
lunes 6 de febrero, 2017

El bolso con plata del canoso

El lunes 23 de enero al mediodía Sebastián, un chico de 31 años, se sentó en un bar de Palermo y pidió milanesas con papas. El encargado del bar le trajo el plato con mala onda. En el mismo momento que empezaba a comer, un hombre canoso que estaba sentado en la mesa de enfrente pagó y se fue. Sebastián no le prestó atención, pero al minuto miró la mesa vacía y vio que el canoso se había olvidado en el suelo un bolso chico.

Sebastián se estiró un poco y enganchó el bolso con el pie. Sin moverse de la silla atrajo el bolso a su lado. Nadie lo vio hacer este movimiento; el encargado del bar estaba mirando tele. Después dejó el bolso a sus pies, como si fuera suyo. Comió la milanesa tranquilo y recién al rato levantó el bolso, poniendo cara de «este bolso siempre fue mío». Y lo abrió, poniendo cara de «a este bolso lo abro cuando quiero porque estoy buscando mis cosas».

Cuando vio lo que había adentro del bolso, a Sebastián le costó un montón mantener su cara de esto es mío. Había fajos, y más fajos, de billetes de quinientos y de cien pesos. También había billetes sueltos, desparramados, sin la cinta de papel. Pero los fajos eran tremendos. Eran muchos. Estaban alborotados adentro del bolso.

Sebastián cerró el bolso rápido, lo puso de nuevo a sus pies y decidió seguir comiendo. Decidió no irse rápido, no escaparse. Hasta ahí llegaba su honradez. Decidió quedarse a comer su milanesa y esperar al dueño del bolso un rato. Si el canoso volvía, Sebastián le iba a devolver el bolso sin chistar. Así de simple. No era una opción dejárselo al encargado del bar. No le gustaba su cara.

Mientras comía su milanesa mirando para la puerta, ansioso, Sebastián descubrió que una parte suya quería devolver el bolso y sentirse el héroe de los noticieros, pero otra parte suya quería ser un hijo de puta anónimo.

Cuando Sebastián terminó de comer, el héroe había perdido la batalla contra el hijo de puta. Era verano, un lunes caluroso de verano, tenía treinta y un años, y cuando se levantó no pensó que le iba a pasar algo así. Sebastián pagó la cuenta pensando que se le habían solucionado, como por arte de magia, algunos problemas económicos que a veces no lo dejaban dormir.

Salió del bar y fue hasta el auto caminando más despacio de lo normal. Abrió el baúl, metió el bolso y encaró para su casa sin pasarse ningún semáforo en rojo. Cuando llegó, Sebastián tiró todo lo que había en el bolso arriba de la cama. Además de plata, no había otras cosas. Ni documentos, ni lapiceras, ni caramelos. Solamente plata. Vio de repente tanto efectivo que se mareó. Se tiró bocabajo en la cama y empezó a contar la plata. Casi todo estaba dividido en fajos de 10.000 pesos, menos unos billetes de 500 y de 100 que estaban desparramados y sueltos.

Para darle suspenso, primero contó la plata suelta. Había 25.400 pesos.

Después contó los fajos encintados. Eran treinta y cuatro fajos de diez mil. Sumó todo con la calculadora del teléfono. La suma le dio 365.400 pesos. Entonces Sebastián se largó a llorar, sentado como un indio encima de su cama. No lloraba de alegría. Tampoco de emoción. Lloraba de nervios.

Entonces pensó, asustado: «Mañana voy a devolverlo. El que perdió esta guita seguro vuelve al bar. Capaz que eran sus ahorros de toda la vida». Pero al mismo tiempo se tiró a la cama con los fajos a un costado del cuerpo, y empezó a gastar mentalmente la plata que había encontrado.

Primero canceló lo que le quedaba para pagar del auto. Después recorrió España de punta a punta. Después se compró medio kilo de queso cremoso que está carísimo. Al rato le financió unas mega vacaciones a sus viejos. Y mientras fantaseaba con cada una de estas cosas, rozaba con la yema de los dedos los fajos al costado de la cama, como si tuviera miedo a que desaparecieran.

Se quedó dormido.

Al mediodía del martes 24 de enero Sebastián volvió al bar. Dejó el bolso con plata en el auto y se sentó en la misma mesa. Hizo todo el viaje puteando por la educación que le habían dado sus padres:

«¡Quién carajo me enseñó a ser honesto, la concha de la lora!», se decía al volante, enojadísimo. Sebastián sabía que volvía al bar solamente por culpa. Por sus padres. Pero él no quería hacerlo. No quería devolver esa plata. Esa plata no le iba a solucionar la vida. Se la mejoraba un poco, eso sí.

Cuando llegó su milanesa empezó a sacarle charla al encargado. Le contó que el día anterior había ido a comer y que le había gustado tanto que había vuelto. Mentira. pero el encargado le creyó. Después Sebastián le preguntó cosas al encargado, cosas que fingían ser al azar:

«¿Está bueno trabajar acá?».

El encargado contestó alguna pavada.

«¿Te garchaste a alguna de las mozas?».

El encargado contestó de nuevo.

«¿Qué fue lo más raro que te pasó en el bar?».

Si en esa última pregunta no salía el tema del bolso, Sebastián tenía pensado irse a su casa y quedarse con la plata.

El encargado le contó un par de anécdotas del bar. La tercera que contó era la que Sebastián no quería oír:

«Ayer, sin ir más lejos», le dijo el encargado, «vino un tipo desesperado, diciendo que se había olvidado un bolso con mucha plata. Me dejó un teléfono para que avisara, estaba llorando».

A Sebastián le bajó la presión. Le pidió al encargado el teléfono del hombre. Mientras terminaba la milanesa llamó a ese hombre, le hizo preguntas sobre el color del bolso y sobre el cierre relámpago, y comprobó que era, efectivamente, el canoso del día anterior. El dueño del bolso vivía en Olivos.

Sebastián se encontró con el hombre ese mismo martes 24 de enero en el McDonalds que está en Scalabrini, casi llegando a Santa Fe. El hombre era más canoso de lo que Sebastián recordaba. Se llamaba Álvaro y le agradeció a Sebastián con frialdad. A Sebastián le dio bronca. El hombre no quiso quedarse a charlar ni nada. Le dio la mano sin empatía, sin ninguna emoción. Antes de irse le ofreció quinientos pesos a Sebastián, por su honestidad. Ni siquiera le dio cinco billetes de cien, sino un billete de quinientos. Se lo tiró arriba de la mesa; un billete doblado en cuatro.

Cuando el canoso se iba, Sebastián le dijo, en chiste, que a los noticieros le encantaban las historias de bolsos con mucha plata devueltos. Entonces el canoso volvió a la mesa. Le puso la mano sobre su palma. (La mano del canoso tenía un lunar ovalado). Y le dio quinientos pesos más.

«Te pido por favor que seas discreto», le dijo a Sebastián. «Mi mujer no se puede enterar que tengo esta plata. Son ahorros que hago por afuera del matrimonio, vos me entendés. Por si el día de mañana me caga y me tengo que separar». Y le guiñó un ojo. A Sebastián le dio asco ese hombre.

El canoso se fue y Sebastián se quedó mirando sus dos billetes de quinientos. No tenía pensado en absoluto llamar a ningún noticiero. Había sido un chiste que le había hecho al canoso.

Pero al verlo irse con el bolso, tan dueño de la situación, tan machito, se le ocurrió mandar un mail a una sección de anécdota de un programa de radio muy escuchado.

«Quién sabe», pensó Sebastián. «Capaz que leen al aire mi historia, y que la esposa del canoso (que se llama Álvaro, que vive en Olivos, que almuerza en Palermo, que tiene un lunar ovalado en la mano derecha) capaz que la esposa escucha la radio y reconoce a su marido, y se entera que la mitad de lo que hay en el bolso es de ella».

Nota. Leí esta anécdota, verídica, en un programa de radio muy escuchado de Argentina, dos semanas después de ocurrido el hecho. No hay constancia de que la mujer de Álvaro haya conocido la historia. Dejo aquí mismo la versión en audio, con una entrevista posterior al protagonista, Sebastián.
El relato inicial a los 11m40s.

Hernán Casciari
lunes 6 de febrero, 2017


El bolso con plata del canoso

por Hernán Casciari

El lunes 23 de enero al mediodía Sebastián, un chico de 31 años, se sentó en un bar de Palermo y pidió milanesas con papas. El encargado del bar le trajo el plato con mala onda. En el mismo momento que empezaba a comer, un hombre canoso que estaba sentado en la mesa de enfrente pagó y se fue. Sebastián no le prestó atención, pero al minuto miró la mesa vacía y vio que el canoso se había olvidado en el suelo un bolso chico.

Sebastián se estiró un poco y enganchó el bolso con el pie. Sin moverse de la silla atrajo el bolso a su lado. Nadie lo vio hacer este movimiento; el encargado del bar estaba mirando tele. Después dejó el bolso a sus pies, como si fuera suyo. Comió la milanesa tranquilo y recién al rato levantó el bolso, poniendo cara de «este bolso siempre fue mío». Y lo abrió, poniendo cara de «a este bolso lo abro cuando quiero porque estoy buscando mis cosas».

Cuando vio lo que había adentro del bolso, a Sebastián le costó un montón mantener su cara de esto es mío. Había fajos, y más fajos, de billetes de quinientos y de cien pesos. También había billetes sueltos, desparramados, sin la cinta de papel. Pero los fajos eran tremendos. Eran muchos. Estaban alborotados adentro del bolso.

Sebastián cerró el bolso rápido, lo puso de nuevo a sus pies y decidió seguir comiendo. Decidió no irse rápido, no escaparse. Hasta ahí llegaba su honradez. Decidió quedarse a comer su milanesa y esperar al dueño del bolso un rato. Si el canoso volvía, Sebastián le iba a devolver el bolso sin chistar. Así de simple. No era una opción dejárselo al encargado del bar. No le gustaba su cara.

Mientras comía su milanesa mirando para la puerta, ansioso, Sebastián descubrió que una parte suya quería devolver el bolso y sentirse el héroe de los noticieros, pero otra parte suya quería ser un hijo de puta anónimo.

Cuando Sebastián terminó de comer, el héroe había perdido la batalla contra el hijo de puta. Era verano, un lunes caluroso de verano, tenía treinta y un años, y cuando se levantó no pensó que le iba a pasar algo así. Sebastián pagó la cuenta pensando que se le habían solucionado, como por arte de magia, algunos problemas económicos que a veces no lo dejaban dormir.

Salió del bar y fue hasta el auto caminando más despacio de lo normal. Abrió el baúl, metió el bolso y encaró para su casa sin pasarse ningún semáforo en rojo. Cuando llegó, Sebastián tiró todo lo que había en el bolso arriba de la cama. Además de plata, no había otras cosas. Ni documentos, ni lapiceras, ni caramelos. Solamente plata. Vio de repente tanto efectivo que se mareó. Se tiró bocabajo en la cama y empezó a contar la plata. Casi todo estaba dividido en fajos de 10.000 pesos, menos unos billetes de 500 y de 100 que estaban desparramados y sueltos.

Para darle suspenso, primero contó la plata suelta. Había 25.400 pesos.

Después contó los fajos encintados. Eran treinta y cuatro fajos de diez mil. Sumó todo con la calculadora del teléfono. La suma le dio 365.400 pesos. Entonces Sebastián se largó a llorar, sentado como un indio encima de su cama. No lloraba de alegría. Tampoco de emoción. Lloraba de nervios.

Entonces pensó, asustado: «Mañana voy a devolverlo. El que perdió esta guita seguro vuelve al bar. Capaz que eran sus ahorros de toda la vida». Pero al mismo tiempo se tiró a la cama con los fajos a un costado del cuerpo, y empezó a gastar mentalmente la plata que había encontrado.

Primero canceló lo que le quedaba para pagar del auto. Después recorrió España de punta a punta. Después se compró medio kilo de queso cremoso que está carísimo. Al rato le financió unas mega vacaciones a sus viejos. Y mientras fantaseaba con cada una de estas cosas, rozaba con la yema de los dedos los fajos al costado de la cama, como si tuviera miedo a que desaparecieran.

Se quedó dormido.

Al mediodía del martes 24 de enero Sebastián volvió al bar. Dejó el bolso con plata en el auto y se sentó en la misma mesa. Hizo todo el viaje puteando por la educación que le habían dado sus padres:

«¡Quién carajo me enseñó a ser honesto, la concha de la lora!», se decía al volante, enojadísimo. Sebastián sabía que volvía al bar solamente por culpa. Por sus padres. Pero él no quería hacerlo. No quería devolver esa plata. Esa plata no le iba a solucionar la vida. Se la mejoraba un poco, eso sí.

Cuando llegó su milanesa empezó a sacarle charla al encargado. Le contó que el día anterior había ido a comer y que le había gustado tanto que había vuelto. Mentira. pero el encargado le creyó. Después Sebastián le preguntó cosas al encargado, cosas que fingían ser al azar:

«¿Está bueno trabajar acá?».

El encargado contestó alguna pavada.

«¿Te garchaste a alguna de las mozas?».

El encargado contestó de nuevo.

«¿Qué fue lo más raro que te pasó en el bar?».

Si en esa última pregunta no salía el tema del bolso, Sebastián tenía pensado irse a su casa y quedarse con la plata.

El encargado le contó un par de anécdotas del bar. La tercera que contó era la que Sebastián no quería oír:

«Ayer, sin ir más lejos», le dijo el encargado, «vino un tipo desesperado, diciendo que se había olvidado un bolso con mucha plata. Me dejó un teléfono para que avisara, estaba llorando».

A Sebastián le bajó la presión. Le pidió al encargado el teléfono del hombre. Mientras terminaba la milanesa llamó a ese hombre, le hizo preguntas sobre el color del bolso y sobre el cierre relámpago, y comprobó que era, efectivamente, el canoso del día anterior. El dueño del bolso vivía en Olivos.

Sebastián se encontró con el hombre ese mismo martes 24 de enero en el McDonalds que está en Scalabrini, casi llegando a Santa Fe. El hombre era más canoso de lo que Sebastián recordaba. Se llamaba Álvaro y le agradeció a Sebastián con frialdad. A Sebastián le dio bronca. El hombre no quiso quedarse a charlar ni nada. Le dio la mano sin empatía, sin ninguna emoción. Antes de irse le ofreció quinientos pesos a Sebastián, por su honestidad. Ni siquiera le dio cinco billetes de cien, sino un billete de quinientos. Se lo tiró arriba de la mesa; un billete doblado en cuatro.

Cuando el canoso se iba, Sebastián le dijo, en chiste, que a los noticieros le encantaban las historias de bolsos con mucha plata devueltos. Entonces el canoso volvió a la mesa. Le puso la mano sobre su palma. (La mano del canoso tenía un lunar ovalado). Y le dio quinientos pesos más.

«Te pido por favor que seas discreto», le dijo a Sebastián. «Mi mujer no se puede enterar que tengo esta plata. Son ahorros que hago por afuera del matrimonio, vos me entendés. Por si el día de mañana me caga y me tengo que separar». Y le guiñó un ojo. A Sebastián le dio asco ese hombre.

El canoso se fue y Sebastián se quedó mirando sus dos billetes de quinientos. No tenía pensado en absoluto llamar a ningún noticiero. Había sido un chiste que le había hecho al canoso.

Pero al verlo irse con el bolso, tan dueño de la situación, tan machito, se le ocurrió mandar un mail a una sección de anécdota de un programa de radio muy escuchado.

«Quién sabe», pensó Sebastián. «Capaz que leen al aire mi historia, y que la esposa del canoso (que se llama Álvaro, que vive en Olivos, que almuerza en Palermo, que tiene un lunar ovalado en la mano derecha) capaz que la esposa escucha la radio y reconoce a su marido, y se entera que la mitad de lo que hay en el bolso es de ella».

Nota. Leí esta anécdota, verídica, en un programa de radio muy escuchado de Argentina, dos semanas después de ocurrido el hecho. No hay constancia de que la mujer de Álvaro haya conocido la historia. Dejo aquí mismo la versión en audio, con una entrevista posterior al protagonista, Sebastián.
El relato inicial a los 11m40s.

Hernán Casciari
lunes 6 de febrero, 2017


Podés ver a Hernán Casciari en el teatro


 "EL MUDO"
22/02/2017 a las 13:40
EN UN MUNDO TAN AGOBIADO DIARIAMENTE POR HECHOS QUE REPUGNAN, ENERVAN LA MORAL DE LOS MANSOS, Y AUNQUE TAL VEZ HACEN TAMBALEAR Y CONVERTIR EN UN TEMBLADERAL LOS PENSAMIENTOS REÑIDOS CON LA MORAL, LA ÉTICA Y LA IDONEIDAD CIUDADANA, VEO REFLEJADO EN LA HISTORIA, MI PROPIA ALMA DE ARGENTINO CRIADO CON PRINCIPIOS Y VALORES QUE TODAVÍA PERDURAN EN ALGUNOS SERES DE ESTA GALAXIA.
GRACIAS POR EL RELATO MISTER.
12/02/2017 a las 18:50
Se te echaba de menos. Me ha encantado la anécdota, espero que pase menos tiempo hasta que llegue la próxima.
10/02/2017 a las 11:41
OIIIIGAAAA! muy bueno escucharte, y ahora volver a leerte. Un abrazo!
10/02/2017 a las 04:26
El tiempo del mejorado de anécdotas me esta gustando.
 Johanna Aguirre
10/02/2017 a las 00:00
Que bueno que volviste a escribir! Se te extraña, aunque te escucho siempre en la radio, he ido a ver tu obra, pero leerte sigue siendo maravilloso. Gracias por volver!
09/02/2017 a las 11:45
Están buenas las anécdotas mejoradas.

Por cierto «y se entera que la mitad de lo que hay en el bolso es de ella» es «se entera de que», ¿no?
09/02/2017 a las 12:34
creo Ana que eso es un dequeísmo....
09/02/2017 a las 16:51
Es un «queísmo» lo de Hernán, pero puede que él lo prefiera así.

Si querés más información aquí: http://www.fundeu.es/recomendacion/se-entero-de-que-no-se-entero-que-899/
19/02/2017 a las 09:33
es que aún les quedan cosas por mejorar ... :P
 Oz
08/02/2017 a las 21:48
¡Gracias, Hernán, muchas gracias!
08/02/2017 a las 18:35
Que bueno que volviste che!
Mientras no estuviste te fui a buscar, me saqué la entrada para ver tu obra en construcción justo en Alsina, donde Nací.
Que mal salió todo ese día... por favor! No andaba el sonido, la gente que había sacado popular se quedó con las plateas y al reves! Capaz ni te acordás, capaz todas las demás salieron igual de mal, sin embargo vos como si nada, muy capo. Abrazo.
 Hacktivist Hacker
08/02/2017 a las 16:19
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08/02/2017 a las 17:51
che avisenlé al del porno shop y echen los ravioles al agua que estamos todos!!!
08/02/2017 a las 22:32
Para que faltaba yo. Para mi con bolognesa porfa
09/02/2017 a las 12:35
faaaa que piba!!!!
 Jhordan PLG
08/02/2017 a las 14:24
Siento que regresamos al fogón que las tarimas se encargaron de apagar, uno se siente como en casa leyéndote y leyendo a quienes son comentaristas de siempre (Edublake, Juanjo Conti, MariPaz, PPlanda, El Pai Toti, Carrumbe, ElGomes), y l@s que empiezan a comentar. Sería un éxito armar un grupo en fb, algo así como Los de Orsai o algo así.

Abrazo Casciari, buena vibra siempre.
14/02/2017 a las 20:42
;)
08/02/2017 a las 02:43
Saludos desde Guayaquil, Ecuador, Hernán.
Gracias por retornar a la escritura. Te descubrí hace unos pocos años y desde entonces he posteado tus historias en mi blog, en el que comparto mis lecturas. Tus textos se han convertido en un aporte permanente.
Cuando paraste de escribir tuve que releer otros textos tuyos. ¡Casi se estaban acabando!
Te admiro y espero que no te alejes más de contar tus sabrosas historias.
Nuevamente gracias.
 Gustavo Rohrer
07/02/2017 a las 22:50
Hernán! "Mentira. pero el encargado le creyó." Y gracias por volver al blog!!!!
 Daniel Valdés
07/02/2017 a las 18:45
pensé que de publicar tan poco habías perdido la fórmula... Amé más la trama que el desenlace... este ha sido mi primer comentario...
 Bochi Bu
07/02/2017 a las 17:05
Detallista, como todo buen gordo.
 Gonzalo Guillermo de la Canal
07/02/2017 a las 14:18
Y quizás un canoso que se llama Álvaro y que vive en Olivos ya escuchó el cuento de un pibe que comió una milanesa en Palermo y ya no duerme tan feliz teniendo pesadillas del día que su mujer se entere! Ja!
Viví muchos años en Olivos y estuve rato tratando de hacer memoria si conocía algún Álvaro.
 Victoria Strani
07/02/2017 a las 13:45
El otro día cuando leía las características de las "hinchas femeninas de Borges", me preguntaba cómo sería cuando alguien escriba sobre las de Casciari, que podemos ser tan discretas como rebeldes, tan ácidas como literales.
Yo ya soy una talibana fundamentalista tuya, Hernán.
Qué suerte que volviste :)
07/02/2017 a las 09:47
Lo primero felicitaciones por el bebe en camino. No hay nada mejor..

Respecto a la historia, ahí va mi pequeña aportación en forma de experiencia vital:

Hace unos años me robaron la cartera -o la perdí, quien sabe- mientras estaba de viaje por trabajo. Ocurrió cuando ya habían concluido mis obligaciones y me disponía a emprender el regreso. Al verme así y con la necesidad de volver pronto para cumplir compromisos ineludibles, me desesperé. Comprendí entonces como se deben sentir las personas que tienen que pedir dinero en la calle para poder comer -aunque mi problema era otro-, en un instante me vi totalmente desamparado y con ese gesto y la adrenalina bombeando, empecé a observar a los transeuntes en busca de mi posible salvador.
Después de parar a tres o cuatro personas, di con un hombre que amablemente me prestó dinero -parece que perfeccioné la presentación en esos breves intentos-. Le pedí a mi salvador los datos para reintegrarle el préstamo -así lo veía yo en ese momento- y le agradecí con mis mejores palabras y mirándole a los ojos, su generosidad.
El viaje de vuelta lo hice en una nube; que bello es el ser humano, cuanto de bueno hay en el si sabemos escarbar un poco, merece la pena ser buena persona!....
La euforia me duró dos días, justo el tiempo que tardé en perder los datos de la persona que me ayudó. Jamás pude devolverle nada y desde entonces recuerdo a mi salvador con odio..Por su culpa quedé como una mierda y ahora tengo que cargar con ello.


Un saludo Hernan y me alegra tu vuelta :D
07/02/2017 a las 06:16
Grande gordo. Volve más seguido.
 Ana Caceres
07/02/2017 a las 04:49
Mierda!Que lindo que escribis!!! Escribis con pasion, con el corazon! Me gusta leerte e imaginar tu voz y los gestos que haces cuando lees, las entonaciones etc etc.
07/02/2017 a las 03:56
Iban en el comentario 7 cuando pretendía escribir y la página no me dejó entrar. Como tengo la mente de teflón, supuse que habría olvidado la contraseña. Intenté entrar desde mi teléfono y ahí tampoco pude, aunque la contraseña estaba grabada. Presioné 3 veces (con intervalos de minutos y al final horas) el recuperar contraseña... y no llegó correo. Pensando que quizás en la caída del servidior de hace meses, quizás... mi cuenta fue borrada por error, pero al intentar darme de alta nuevamente, me dice que mi correo habitual ya está registrado.....
Tuve que darme de alta con otro correo. Lo menciono por si a alguien le pasa lo mismo o por si pudieras devolverme mi acceso.

PD... Volviste y activo la alarma de los martes?
:)
07/02/2017 a las 14:01
A mi me pasó parecido. NO pude entrar con Chrome. Pero si con Firefox. En el medio resetié la password ante la duda, pero si me llegaron los correos.
07/02/2017 a las 19:07
Gracias :) Lo intentaré
07/02/2017 a las 19:13
:( NO, ni correo ni en spam ni me deja usar el correo ese :( Estaré vetada?
10/02/2017 a las 11:43
No, estás despeinada :P
10/02/2017 a las 18:41
Estamos... ;)
16/02/2017 a las 22:11
Yo soy despeinado. :P
 Edison Salazar
07/02/2017 a las 02:58
Tengo años leyéndote y nunca te había dejado un comentario. Pero ya que es la nueva era Casciari post infarto...

Ojalá algún día puedas venir a Ecuador, me encantaría escuchar tus relatos en vivo. (Aunque me los sepa ya de memoría)

Empezaré spamear en twitter a la Feria del libro que hacen por acá, a ver si se ponen las pilas y te traen.

Un saludo Hernán.
 Jhordan PLG
08/02/2017 a las 14:11
Diría que es la nueva era post Casciari director y actor.
  ZULMA Pereyra
07/02/2017 a las 02:27
Te descubrí hace no mucho sos impresionante te escucho a diario ya que tengo que ponerme al día con todo lo que publicaste.
Gracias por tus anécdotas y por escribir
07/02/2017 a las 02:26
Gracias por no dejar de escribir nunca. No olvides poner algún error.

Tu corrector.
07/02/2017 a las 01:14
Ha vuelto!...


Ha vuelto?
 nikko
08/02/2017 a las 01:48
Aprovecho este retorno para felicitarte Toti (a vos, a Ana, a Despeinada y a toda la barra) por el precioso proyecto de "La historia sin fin". Al final la ausencia de Hernán dio un lindo fruto.
¡Salú!
08/02/2017 a las 11:13
Nikko viejo, muchas gracias! somos Ana Guerberof, Despeinada, Javier Gómez Ruiz, José Ángel Lucena, Juan Díaz, La Maga, Macarena Ruecco, Nano, y yo...hay colaboradores como Santiago Quesada y Tamara Grosso. Y aprovecho a invitarlos a leer y participar.

estamos acá:
https://escribeconnosotros.wordpress.com

Todo esto se gestó acá mismo, en el fogón de los martes, es más, en la primera edición que salió en facebook fue invitado y participó Hernán a quien le agradecemos siempre la inspiración y mostrarnos que si se quiere, se puede.

Abrazo Nikko!
08/02/2017 a las 12:00
El fogón de los martes sigue encendido ¡Qué lindo todo! :D
 Jhordan PLG
08/02/2017 a las 14:10
¿de qué trata?
08/02/2017 a las 14:18
te acordas Jhordan que todos los martes poníamos recomendaciones de textos, películas y hasta recetas mientras volvía el gordo Casciari del infarto y de las giras? bueno, un grupo de locos terminamos escribiendonos por privado y armamos un blo con relatos cortos de una pagina mas o menos.
Pasá y chusmeá.
estas invitado.
 Jhordan PLG
08/02/2017 a las 14:32
¡Claro!, algo leí por acá pero la verdad andaba como novio despechado pq el autor del blog nos había cambiado por los teatro y no le presté mucha atención, ¡ahora me pongo al día!
08/02/2017 a las 20:29
Ana Guerberof, Despeinada, Javier Gómez Ruiz, José Ángel Lucena, Juan Díaz, La Maga, Macarena Ruecco, Nano, y yo...

Qué lindo combina el Toti la educación con el TOC ;)
 Marìa Soledad Gago
09/03/2017 a las 20:51
Ya estoy entrando a husmear esas historias que surgieron del famoso fogón, lamento haberlos descubierto tarde. Enhorabuena por el bló.
08/02/2017 a las 20:30
Qué lindo que nos leas Nikko... anímate a escribir :) Anda
 Gonzalo
07/02/2017 a las 00:28
Me registré solamente para poder contarte que te quiero. Aunque no me conozcas ni yo a vos más allá de lo que decidís mostrar, te quiero. Como se quiere a un amigo de toda la vida. De ir a la cancha, de hacer asados, de aburrirse en el cordón de la vereda, de llorar por novias que se fueron. Así.
Volvé a Uruguay! No sé si pronto porque todavía no se me recuperan las manos de aplaudir tanto aquel viernes en La Trastienda, pero volvé. Estaría bueno que se den una vuelta con Zambayonny, también lo fui a ver y parece buen tipo.
Un abrazo grande y perdón por estas líneas tan raras, en la vida real soy una persona bastante normal, pero no soy bueno elogiando y me encontré en la obligación de hacerlo!
 titino
06/02/2017 a las 23:30
sos groso hernan! te fuimos a ver este verano en mardel con mi mujer, nos reimos muchisimo y nos firmaste dos libros gracias!
 cristian peralta
06/02/2017 a las 23:29
Gracias Hernan!! Te fuimos a ver con mi señora ,hija y suegros al provincial en mdq...pasamos una noche mágica..nos reímos y emocionamos al borde de las lágrimas con tus cuentos..que bueno que hayas vuelto a escribir...
 nina giordano
06/02/2017 a las 23:13
"Juan no le prestó atención, pero al minuto miró la mesa vacía y vio que el canoso se había olvidado en el suelo un bolso chico" hernan no se llama sebastian el chico?
06/02/2017 a las 23:29
Corregido, gracias!
 nina giordano
06/02/2017 a las 23:56
Me encanto que vuelvas a escribir, te felicito!!! saludos
 PPLANDA
06/02/2017 a las 22:46
que bueno que aun exista este fantasma..yo cada vez que escucho el ruido a cadenas salgo corriendo pa´cá!
 Jose Pacha
06/02/2017 a las 22:19
Muchas gracias por volver a escribir
06/02/2017 a las 22:03
Bienvenida la historia veraniega ...
06/02/2017 a las 21:16
No había cerrado ya este antro?
06/02/2017 a las 22:27
Sí. Ahora es "Orsai e hijos".
06/02/2017 a las 22:57
¿Hijos?...¿Julieta esta embarazada?
06/02/2017 a las 23:29
De seis meses.
06/02/2017 a las 23:36
Me merezco un Pri honorífico por intuitiva/deductiva.

Siguiendo la lógica, sera varón.
 Isabel Aguirre
06/02/2017 a las 21:04
Que gusto me da volver a leer algo tuyo. No te olvides de los que te leemos.😘
06/02/2017 a las 21:03
Como estudioso de Casciari no puedo dejar de señalar que el recurso usado para hacer brillar esta anécdota ya fue utilizado en http://editorialorsai.com/blog/post/encuentro_con_un_caradeforme

"Segundo: no tenías derecho a mostrarme tu calvicie prematura, ni a decir en voz alta que engañás a tu mujer y con quién..."

Abrazo!
06/02/2017 a las 22:27
Acotación correcta. Las dos historias tienen el mismo motorcito.
 PPLANDA
06/02/2017 a las 22:49
flaco, vos sos los de los que le descubren los trucos al mago...no era necesario, campeón.
06/02/2017 a las 23:09
Lo estudio para aprender. Soy una especie de arqueólogo ;)
 Pablick
06/02/2017 a las 20:59
4
 Pablick
06/02/2017 a las 21:00
Volviste a escribir!!!!!!!
 Pablick
06/02/2017 a las 21:03
Segundo párrafo: la silla fue atrajo el bolso a su lado. Nadie lo vio hacer est
06/02/2017 a las 22:26
Corregido!
 Pablick
06/02/2017 a las 21:11
No
06/02/2017 a las 20:57
"Sebastián se encontró con el hombre ese mismo martes 24 de enero en el McDonalds que está en Scalabrini, casi llegando a Santa Fe. El hombre era más canoso de lo que Sebastián recordaba. Se llamaba Álvaro y le agradeció a Sebastián con frialdad. A Sebastián le dio bronca. El hombre no quiso quedarse a charlar ni nada. Le dio la mano sin sin empatía"

"Le dio la mano SIN SIN empatía"
06/02/2017 a las 22:26
Corregido, gracias!
06/02/2017 a las 20:52
"Sin moverse de la silla FUE atrajo el bolso a su lado."
2º párrafo
06/02/2017 a las 22:25
Gracias, corregido!
06/02/2017 a las 20:37
pri
06/02/2017 a las 22:26
Vale doble porque escribo poco.
07/02/2017 a las 00:17
Comenzamos Torneo 2017?
 Jhordan PLG
08/02/2017 a las 14:26
¿qué dices Hernán, dará para empezar la temporada 2017?