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Fútbol
martes 5 de abril, 2016

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martes 5 de abril, 2016

Las dos promesas

   

En mi barrio de Mercedes (un pueblo a cien kilómetros de la ciudad de Buenos Aires) había un vecino muy viejo y cascarrabias. Era un italiano de ley, fanático hasta los huesos de Boca Juniors. Se llamaba don Américo Bertotti y fue uno de los muchos inmigrantes italianos que llegaron a la Argentina por culpa de la segunda Guerra.

Mil veces nos contó su vida en el viejo continente, porque (como muchos inmigrantes) el buen vino lo tornaba melancólico y el vino malo lo ponía repetitivo. Nos explicó muchas veces que su madre, a la que nunca más volvería a ver, lo metió en un barco y le dijo: «Nunca traiciones tu origen milanés, Américo, y jamás te va a ir mal en la vida». Él tenía catorce años cuando cruzó el Atlántico con esas palabras en el alma. Y no se las olvidó más.

Cuando dos meses después pisó tierra firme, en Buenos Aires era el año 1943 y lo primero que lo sorprendió de aquella ciudad enorme del sur de América fue el silencio. Un silencio demoledor. Era la primera vez en años que no escuchaba el estruendo de las bombas alemanas, ni los gritos de las mujeres, ni el ruido espantoso que hace la barriga cuando la clausura el hambre.

El jovencito llegó solo, desde Milán, obnubilado y con el pelo hasta los hombros. Al pisar tierra se encontró con el primer gran problema en suelo extranjero: para trabajar (le dijeron) había que cortarse el pelo. Y después llegó el segundo problema: para ir a la peluquería había que tener monedas en los bolsillos. Y al caer la tarde descubrió el tercer problema: para tener monedas había que trabajar. Era el círculo vicioso de los obstáculos.

Descubrió que Argentina era un pueblo de pelicortos; las modas europeas no habían llegado al sur del mundo. Los inmigrantes europeos se reconocían por las calles por el calzado pobrísimo y por las mechas sucias y largas. Muchos tenían el mismo conflicto que él, y entonces en el puerto escuchó un rumor: había una barbería en el barrio de La Boca que le cortaba gratis el cabello a los inmigrantes, con una condición. Pero nadie le explicaba cuál era esa condición. Y para allá se fue el pequeño Américo.

El barbero, que era un criollo de espaldas enormes, lo recibió con una sonrisa y le dijo que lo rapaba gratis si prometía que desde esa tarde, y para siempre, sería incondicional de un club de fútbol que se llamaba Boca Juniors. El joven Américo, sorprendido por tan buen negocio, juró con solemnidad que siempre sería hincha de Boca. Lo juró como solamente puede jurar un chico hambriento: de verdad, y para toda la vida.

Esa tarde Américo salió de la peluquería sin un pelo en la cabeza y con dos colores nuevos en el corazón: el azul y el amarillo. Después pasaron los años, llegó el peronismo, luego se prohibió el peronismo y aparecieron nuevos gobiernos. Algunos muy malos, otros bastante peores. Américo se casó con una buena mujer, tuvo hijos y siempre vivió en mi pueblo, Mercedes. Exactamente a dos casas de la mía. (Por eso conozco esta historia.)

Prosperó mucho desde que llegó de Milán con una mano atrás y otra adelante, y siempre pensó que su buena suerte en la vida había tenido que ver con esos dos juramentos nunca rotos: el de su madre, de no traicionar jamás su origen milanés; y el del viejo barbero del puerto: ser hincha fanático de Boca Juniors para toda la vida.

Pero Dios a veces es irónico, o hijo de puta, o quizás solamente le gusta demasiado el fútbol y sus variantes. Porque a don Américo lo esperaba, en la vejez, una broma divina que iba a ocurrir exactamente el domingo 14 de diciembre del año 2003, a las siete y cuarto de la mañana.

Para el resto de nosotros, que también estábamos en el bar del pueblo mirando el televisor, aquel fue solamente un partido de fútbol entre Boca Juniors y el Milan, que jugaban la Copa Intercontinental en Japón. Un partido importantísimo (el mejor equipo de América contra el mejor equipo de Europa) pero en el fondo únicamente un pasatiempo. Para don Américo, sin embargo, era algo más. Para él, pobre viejo, aquello no fue un deporte sino una tortura. Hinchara para quien hinchara, estaría rompiendo uno de sus dos juramentos.

Ya hacía el calor insoportable de diciembre, a pesar del madrugón. Don Américo estuvo acodado en la barra del bar, frente a la tele, desde antes de que la televisión conectaran con Tokio. El viejo lloraba de antemano porque todavía no había decidido qué traicionar: si al pueblo donde había nacido, o al pueblo que lo había adoptado.

Cuando empezó el partido él seguía llorando. Nosotros lo mirábamos más a él que a la pelota. Nos gustaba el morbo: siempre es más interesante ver sufrir a un hombre que ver transpirar a veintidós.

El primer gol fue del Milan. Américo se levantó de la silla y gritó: «¡Vamo caraco, forza Milano merda puta!». Después se sentó y siguió llorando a moco tendido. Seis minutos después fue el gol de Boca. Don Américo se levantó y gritó: «¡Vamo caraco, aguante boquita merda puta!». Y se hundió en la barra para otra vez llorar amargamente.

Terminó el partido empatado uno a uno, como si el destino hubiese querido profundizar la herida de muerte desde el mismísimo punto de los penales. Durante lo que duró el receso antes de la definición, don Américo no dijo una sola palabra. Caminaba alrededor de la mesa y bebía despacio su vino barato. Ninguno de nosotros le quiso interrumpir el silencio mortal.

Gritó triunfal los penales convertidos y gritó triunfal los penales errados; gritó los goles de Boca y el gol del Milan, gritó a favor y en contra de sus dos corazones hasta que llegó el último tiro, que le dio el triunfo al equipo del barbero, aquel criollo de ley que rapó gratis a un ‘sin papeles’ sesenta años antes, en un país que todavía era próspero.

Y entonces don Américo dejó de festejar, y también dejó de llorar. Se quedó quieto. Nos miró a todos en el bar. Y nosotros hicimos de cuenta que estábamos interesados en otra cosa.

Don Américo tenía los ojos vidriosos, secos de lágrimas. Miraba el aparato empotrado en la pared, y después nos miraba a nosotros incrédulo, y después otra vez el aparato, como si estuviera viendo por la tele su propio entierro.

Hernán Casciari
martes 5 de abril, 2016


Las dos promesas

por Hernán Casciari

En mi barrio de Mercedes (un pueblo a cien kilómetros de la ciudad de Buenos Aires) había un vecino muy viejo y cascarrabias. Era un italiano de ley, fanático hasta los huesos de Boca Juniors. Se llamaba don Américo Bertotti y fue uno de los muchos inmigrantes italianos que llegaron a la Argentina por culpa de la segunda Guerra.

Mil veces nos contó su vida en el viejo continente, porque (como muchos inmigrantes) el buen vino lo tornaba melancólico y el vino malo lo ponía repetitivo. Nos explicó muchas veces que su madre, a la que nunca más volvería a ver, lo metió en un barco y le dijo: «Nunca traiciones tu origen milanés, Américo, y jamás te va a ir mal en la vida». Él tenía catorce años cuando cruzó el Atlántico con esas palabras en el alma. Y no se las olvidó más.

Cuando dos meses después pisó tierra firme, en Buenos Aires era el año 1943 y lo primero que lo sorprendió de aquella ciudad enorme del sur de América fue el silencio. Un silencio demoledor. Era la primera vez en años que no escuchaba el estruendo de las bombas alemanas, ni los gritos de las mujeres, ni el ruido espantoso que hace la barriga cuando la clausura el hambre.

El jovencito llegó solo, desde Milán, obnubilado y con el pelo hasta los hombros. Al pisar tierra se encontró con el primer gran problema en suelo extranjero: para trabajar (le dijeron) había que cortarse el pelo. Y después llegó el segundo problema: para ir a la peluquería había que tener monedas en los bolsillos. Y al caer la tarde descubrió el tercer problema: para tener monedas había que trabajar. Era el círculo vicioso de los obstáculos.

Descubrió que Argentina era un pueblo de pelicortos; las modas europeas no habían llegado al sur del mundo. Los inmigrantes europeos se reconocían por las calles por el calzado pobrísimo y por las mechas sucias y largas. Muchos tenían el mismo conflicto que él, y entonces en el puerto escuchó un rumor: había una barbería en el barrio de La Boca que le cortaba gratis el cabello a los inmigrantes, con una condición. Pero nadie le explicaba cuál era esa condición. Y para allá se fue el pequeño Américo.

El barbero, que era un criollo de espaldas enormes, lo recibió con una sonrisa y le dijo que lo rapaba gratis si prometía que desde esa tarde, y para siempre, sería incondicional de un club de fútbol que se llamaba Boca Juniors. El joven Américo, sorprendido por tan buen negocio, juró con solemnidad que siempre sería hincha de Boca. Lo juró como solamente puede jurar un chico hambriento: de verdad, y para toda la vida.

Esa tarde Américo salió de la peluquería sin un pelo en la cabeza y con dos colores nuevos en el corazón: el azul y el amarillo. Después pasaron los años, llegó el peronismo, luego se prohibió el peronismo y aparecieron nuevos gobiernos. Algunos muy malos, otros bastante peores. Américo se casó con una buena mujer, tuvo hijos y siempre vivió en mi pueblo, Mercedes. Exactamente a dos casas de la mía. (Por eso conozco esta historia.)

Prosperó mucho desde que llegó de Milán con una mano atrás y otra adelante, y siempre pensó que su buena suerte en la vida había tenido que ver con esos dos juramentos nunca rotos: el de su madre, de no traicionar jamás su origen milanés; y el del viejo barbero del puerto: ser hincha fanático de Boca Juniors para toda la vida.

Pero Dios a veces es irónico, o hijo de puta, o quizás solamente le gusta demasiado el fútbol y sus variantes. Porque a don Américo lo esperaba, en la vejez, una broma divina que iba a ocurrir exactamente el domingo 14 de diciembre del año 2003, a las siete y cuarto de la mañana.

Para el resto de nosotros, que también estábamos en el bar del pueblo mirando el televisor, aquel fue solamente un partido de fútbol entre Boca Juniors y el Milan, que jugaban la Copa Intercontinental en Japón. Un partido importantísimo (el mejor equipo de América contra el mejor equipo de Europa) pero en el fondo únicamente un pasatiempo. Para don Américo, sin embargo, era algo más. Para él, pobre viejo, aquello no fue un deporte sino una tortura. Hinchara para quien hinchara, estaría rompiendo uno de sus dos juramentos.

Ya hacía el calor insoportable de diciembre, a pesar del madrugón. Don Américo estuvo acodado en la barra del bar, frente a la tele, desde antes de que la televisión conectaran con Tokio. El viejo lloraba de antemano porque todavía no había decidido qué traicionar: si al pueblo donde había nacido, o al pueblo que lo había adoptado.

Cuando empezó el partido él seguía llorando. Nosotros lo mirábamos más a él que a la pelota. Nos gustaba el morbo: siempre es más interesante ver sufrir a un hombre que ver transpirar a veintidós.

El primer gol fue del Milan. Américo se levantó de la silla y gritó: «¡Vamo caraco, forza Milano merda puta!». Después se sentó y siguió llorando a moco tendido. Seis minutos después fue el gol de Boca. Don Américo se levantó y gritó: «¡Vamo caraco, aguante boquita merda puta!». Y se hundió en la barra para otra vez llorar amargamente.

Terminó el partido empatado uno a uno, como si el destino hubiese querido profundizar la herida de muerte desde el mismísimo punto de los penales. Durante lo que duró el receso antes de la definición, don Américo no dijo una sola palabra. Caminaba alrededor de la mesa y bebía despacio su vino barato. Ninguno de nosotros le quiso interrumpir el silencio mortal.

Gritó triunfal los penales convertidos y gritó triunfal los penales errados; gritó los goles de Boca y el gol del Milan, gritó a favor y en contra de sus dos corazones hasta que llegó el último tiro, que le dio el triunfo al equipo del barbero, aquel criollo de ley que rapó gratis a un ‘sin papeles’ sesenta años antes, en un país que todavía era próspero.

Y entonces don Américo dejó de festejar, y también dejó de llorar. Se quedó quieto. Nos miró a todos en el bar. Y nosotros hicimos de cuenta que estábamos interesados en otra cosa.

Don Américo tenía los ojos vidriosos, secos de lágrimas. Miraba el aparato empotrado en la pared, y después nos miraba a nosotros incrédulo, y después otra vez el aparato, como si estuviera viendo por la tele su propio entierro.

Hernán Casciari
martes 5 de abril, 2016


Podés ver a Hernán Casciari en el teatro


95 comentarios
 Rodrigo Sanchez
19/02/2017 a las 14:11
Creería que leí esta historia unas 10 veces, solo porque si, y esta frase te deja loco para toda la vida "Esa tarde Américo salió de la peluquería sin un pelo en la cabeza y con dos colores nuevos en el corazón".
Enorme Hernan, un abrazo
 Ricardo Lombardi
08/02/2017 a las 12:32
Que bueno es el cuento ¡¡ Soy profe de Historia y siempre estoy buscando nuevas estrategias para llegarles a los adolescentes. Copio este material y lo incorporo a mis clases. Creo, que sos el nexo entre los yotubers y los antiguos grandes narradores. Entretenido, profundo, ágil, emocionante y creíble. Te escuche en la radio comence a googlear tus trabajos. (buenísimos)
 Fantasmademiel
20/01/2017 a las 02:14
Estimado Hernan,
hace poco menos de un mes que tus cuentos me vienen volando la cabeza. Te conocí a través de un joven, argentino como tú, fanático de ti y desde me que fuiste revelado por él, que algunas noches te escuchamos antes de dormir. El allá, yo acá en Chile. Y lo hacemos de a poco, para que no se nos terminen pronto tus relatos. Te escribo para contarte eso, que no solo eres mensaje y/o receptor, a veces también eres puente.


Un saludo.
08/11/2016 a las 04:53
Casciari querido! Te descubrí hace unos meses por casualidad en una entrevista mirando Youtube, y desde entonces me hice adicto a tu mundo. No solo eso, me diste ganas de escribir. Mi fuerte artístico siempre había sido el dibujo y la historieta, pero desde que conocí tu existencia sentí que tal vez también podría hacer de la escritura otra fuente de placer y expresión. Gracias. Te dejo mi blog para vos y para todos los que estén interesados en leer a un humilde narrador: http://habemusrorrus.blogspot.com.ar/
 Emerson Viapiana
19/07/2016 a las 19:51
Hermoso cuento, solo un detalle. No hubieron bombas alemanas en Milán. Y mucho menos en esos años en que Italia y Alemania era aliadas.
 Franco Molinero
07/10/2016 a las 13:07
Italia y Alemania fueron aliados hasta 1943, año en que Alemania invadió Italia, y, por ser una ciudad muy al norte, Milán la tuvo pesada.
Por favor no critiques sin corroborar lo que escribís.
 Dani
08/05/2016 a las 17:16
Será por viejo, hijo de milanés que rajó de la segunda guerra, hincha de Boca Jrs como él, ah ... y pisciano como vos, que me llegó este cuento hasta el osobuco que no sabía que tenía. No era hincha del Milan mi viejo (por una extraña razón que ni sus padres entendían era de la Juventus.. supongo que por lo contrera que fue toda su vida.. que fue la fórmula de su éxito) pero esa misma mirada ausente (de ojos vidriosos, secos de lágrimas) se la presentí en la final de la copa del mundo del 90. Gracias por la emoción.
 Mari P
27/04/2016 a las 12:58
En el final del 7mo párrafo, el punto va afuera. Y hay un signo de exclamación al revés más abajo.
 Sole
25/04/2016 a las 02:13
Cómo me gusta esta historia!!!
En la época que leía el libro y alguien venia a visitarme a casa, les leía este capítulo.
Que bueno revivirlo vieja!! Me encanta.
Lectores... Con todo respeto, no es un poco zarpado exigirle a Hernán que escriba material nuevo? Disfrutemos de la lectura aunque la hayan leído mil veces! Siempre se encuentran cosas nuevas.
 Kat
23/04/2016 a las 19:32
desde antes de que la televisión conectaraN con Tokio. Saludos.
21/04/2016 a las 18:26
Igual no le creas al tano, seguramente NO le gustaba el fútbol.
Todo hincha sabe que es imposible ser fanático de dos equipos.
Yo soy de Vélez, y vivi en Barcelona, y no me hice del barça, vivo en Donosti, País vasco, y no soy de la Real, tal vez, un poquito, solo un poquito del Athletic de Bilbao, pero ya me gustaban desde siempre, desde Madrid, desde Tenerife.
23/06/2016 a las 16:06
Daniel, en vez de sangre tenés agua destilada. Yo era hincha de Racing, vivo desde hace 14 años en Barcelona, y ya no sé ni quién era Jose Pizzuti. Vivir acá en la era Messi produce efectos imposibles de contrarrestar (y es normal).
 Federico Daneri
13/04/2016 a las 04:50
que lindo relato che!! hermoso, "Y nosotros hicimos de cuenta que estábamos interesados en otra cosa", juaaa, fue como ver a esos madrugados, ahí. Abrazo, groso
12/04/2016 a las 13:49
Gordi, levantate y posteá el cuento que tengo ganas de ser p....
12/04/2016 a las 13:50
sos ansiosa!
12/04/2016 a las 14:25
Un pelín... pero hago shoga.
 Esteban Santamarina
11/04/2016 a las 19:15
Muy bueno, no lo lei nunca ¿a qué libro pertenece?
 Esteban Santamarina
11/04/2016 a las 19:14
 Max Demian
09/04/2016 a las 06:44
Gente ayer estuvo Hernan en el canal QM Noticias con el pato Galvan.
Estuvo bueno! https://youtu.be/ZrmNqHVJr3U
 Jhordan PLG
08/04/2016 a las 03:05
No importa que sea historia repetida, me gusta que Don Américo sea bostero y no gallina.
08/04/2016 a las 00:33
¿Otro Bertotti?
 jorge alberto anus
07/04/2016 a las 23:52
 jorge alberto anus
07/04/2016 a las 23:54
me parece conocerlo , viejo ladino !! a unos les vende las balas y a los otros el revolver .
 Gallego
07/04/2016 a las 21:31
Ex gordo; Ayer te fui a ver. Increiiiiiiiiiiible. Me cagué de risa.
 Rushada
07/04/2016 a las 14:07
Hernán, te vi en feisbuc con Mario Pergolini. Qué bueno. Me alegré mucho (aunque envidio a los que estuvieron alli). Te conocí a través de MP y como él es bastaaaante jodido, pensé que tal vez quedaba resentido porque ahora tenés tu columna en lo de Andy. Veo que no, y me alegra: los quiero a los dos (a vos y a MP). Saludos =)
  Pucheta
07/04/2016 a las 01:04
Yo no tuve que abonar nada para leer este cuento y creo que ustedes tampoco...Si a los que se quejaron por ser un refrito les pidieran trabajar gratis todo el tiempo,lo harían?
 Burt Munro
07/04/2016 a las 21:17
Basta con que "trabaje" gratis un rato. No le pedimos tanto, porque somos los mismos que después compramos los textos impresos de lo que aquí leemos. En el fondo, quizás, necesitamos textos nuevos para ver si podemos comprarnos algo.
06/04/2016 a las 19:31
Cualquier día tira una predicción Juan Dámaso. O revive el petit.

(lo más divertido: ver el sitio www.orsai.es y los comentarios en Papel de El Mundo. Uno le dijo "lindo texto, lástima el lunfardo")
 orlando quezada
07/04/2016 a las 00:48
f
 Mariana Parodi
06/04/2016 a las 19:12
Gordo, dejá de disfrutar de la buena vida y ponete a escribir! Te vamos a ir a hacer un piquete jajajaaj
 Juan Manuel Paz
06/04/2016 a las 17:49
buenos dias chamigo, por favor que se ponga a escribir chichita
 Nicolás Améndola
06/04/2016 a las 17:16
Gordo acá tenes tela para cortar, así dejas los refritos un poco, contate los detalles de algunos conflictos con Andres Gelos.


"Andrés Gelós quería que todo resultara perfecto. Y nosotros, sin querer (bueno, yo un poco queriendo) se lo hicimos muy cuesta arriba.
No voy a contar los detalles de cada conflicto, porque fueron muchos y es posible que quiera narrar otros cuentos de aquella época, que fue maravillosa."


Contanos cuentos nuevos-viejos, como solías hacer...
Se te extraña loco.
saludos.
 Krusty
06/04/2016 a las 14:35
Otro refrito y van.... Vamos ex gordo, tirate algo nuevo
Falta que ahora publique cuando Nina nació...
  El Khuleaw
06/04/2016 a las 06:25
Un mercedino, algo gordo y fumanchero, escribió algo muy parecido hace algunos kilos.
Y un mendocino, algo miope y muy bigotudo, había contado otra versión de esta historia desde la perspectiva doblecamiseta de los futboleros provincianos de hace unos años.
No hay link, y no pienso ponerme a tipear.
Corazón dividido, Rodolfo Braceli en De fútbol somos.
 Aniz
06/04/2016 a las 05:53
Hernan, ¿Pero que mierda fue eso que le hiciste a uno de tus mejores cuentos?
 mauro garcia
06/04/2016 a las 04:08
MMMM NO FUE DE MI AGRADO:-)Gordo
 Matias Fernandez
06/04/2016 a las 00:27
Americo se volvio a Milan y paso ahi sus ultimos años. En la segunda final que disputaron los dos equipos de sus amores, luego del pitido final que sellaba el 4-2 de los tanos, Americo falleció con una sonrisa en los labios y la tranquilidad de saber que habia evitado que muriese un hincha de Boca.
 Matias Fernandez
06/04/2016 a las 00:29
Fe de erratas;
Americo se volvio a Milan y paso ahi sus ultimos años. En la segunda final que disputaron los dos equipos de sus amores, luego del pitido final que sellaba el 4-2 de los tanos, Americo falleció festejando el triunfo, con una sonrisa en los labios y la tranquilidad de saber que habia evitado que muriese un hincha de Boca.
Pd: Ya les dige que odio los telefonos tactiles?
  Ani
05/04/2016 a las 21:29
Che Hernancito no es justo yo entiendo el teatro, la fama, pero deja de reciclar viejo y no me digas que te faltan temas para escribir, con esta actualidad taaaaan ......inverosímil, desbordada, fugaz y creo que a vos te saldrían miles de características y adjetivos mas de nuestro días en esta vida!!! Vamos que vos podes!!! Esperando el martes para leerte en algo nuevo, mientras descubro el mundo de las revistas Orsai, igual espero!! casi como novia quinceañera !!!
También si te faltan temas acá en Perú tenemos elecciones presidenciales este domingo, te juro que el circo de soleil se queda chiquito con tanto payaso postulando a presidente. Vergüenza ajena me dan y pensar que somos (por que mi padre es peruano)descendientes de las tribus mas inteligentes que habitaron estas tierras, que pensarían nuestros ancestros al ver este berenjenal?? te lo dejo por acá.

Un beso.
Ani
 Jhordan PLG
08/04/2016 a las 02:33
Hay circo para rato, seguro habrá segunda vuelta,¿qué estamos pagando?
 Oso
05/04/2016 a las 20:12
Gordo deja de refritar. Avisa cuando vengas a Uruguay y pedimos mas nerca pa los chivito.
 Andrés Cardiff
05/04/2016 a las 21:03
Adhiero
  Leonardo I
05/04/2016 a las 20:04
Esto se lo estas robando a una tal Mirta
 Pablito
05/04/2016 a las 18:55
este cuento es -con leves cambios- uno que aparece en "Mas respeto que soy tu madre". No me quejo, pero me gustaba mas el otro final.
05/04/2016 a las 18:44
Chantún, dejá de robar por los teatros y la radio y ponete a escribir.
 Andrés Cardiff
05/04/2016 a las 21:04
Totalmente
 Irene ARG
05/04/2016 a las 18:40
¡Qué alegría recordar a un Bertotti!
Cada tanto los extraño. Gracias.


"desde antes de que la televisión conectaran con Tokio" conectara
05/04/2016 a las 18:36
Unos años más tarde, Boca y Milan volvieron a enfrentarse. Esta vez en la final del Mundial de Clubes. El viejo tendría revancha y podría morir en paz, pues los italianos vencieron por 4 a 2.
 charrua23
05/04/2016 a las 18:22
Poco uruguayo en la vuelta....
Sigo esperando mi autoadhesivo de orsai Hernan..
Tb tengo rifas de ciencias economicas por si alguien le gusta timbear
 Jota Ce
05/04/2016 a las 18:14
Buen tipo
 PPLANDA
05/04/2016 a las 18:08
vaamo 25! ..
.venite a rosario hernán!
06/04/2016 a las 01:25
insisto....hay que secuestrarlo despues de la obra. Lo esperamos con algunas Orsai para firmar y le damos charla y cuando se descuide le arrimamos una rubia tetona promotora de salamines libres de colesterol y sal y lo traemos de la nariz. Ahora que está más liviano debe ser mas facil llevarlo por la fuerza.
05/04/2016 a las 17:12
Américo falluto!!!! regalaste el alma y la peluca.......
 Alvaro Galván
05/04/2016 a las 16:27
Buenas! Una pregunta... Hay alguna fecha en Mdeo de la obra ??
Gracias ! Disculpas!!
05/04/2016 a las 16:11
Por suerte, no tengo el dilema de Américo, aunque lo entiendo. Lo que más une es cuando juega Inglaterra, nadie quiere que gane....
 Marta
05/04/2016 a las 15:53
Volviste a fumar o a tomar? o las dos? No importa. Al fin volviste.
 Seve
05/04/2016 a las 15:51
Maravilloso. Un viaje de más de 50 años, en un solo cuento.
05/04/2016 a las 15:42
Bonita historia, gran descriptiva y ritmo como siempre.

Genial.
 Nicolás Améndola
05/04/2016 a las 15:38
Hoy se levanto temprano y me durmió. Linda historia Hernán se extrañaba el cuento de los martes.

Lamentablemente el destino no quiso que te pueda ver en el teatro, las fechas se me complican así que me pedí un libro por cada entrada, que voy a disfrutar y hacer leer a mis hijos (cuando los tenga) y tener en mi biblioteca por muchooos muchos años!

Gracias por la oportunidad de aprovechar la entrada de otra manera!
Un saludote, y nos vemos en la próxima historia.
 Nicolás Améndola
05/04/2016 a las 16:00
Igual a los que estamos de hace tiempo no nos engañas, refrito del 2003 ;)
 Pablito
05/04/2016 a las 18:56
es lo que había visto. Ademas me gusta mas el final del original ;)

saludos!
 diegokbzon
05/04/2016 a las 14:55
Por supuesto me fijo en pelotudeces... Si venía de Italia ¿Por qué recordaría las bombas alemanas? ¿Acaso los italianos y los alemanes no estaban juntos en el "Eje del mal"?
 Juan Cruz Ibarra
05/04/2016 a las 15:42
Tenes razón... te fijaste en una pelotudes.
05/04/2016 a las 16:13
Es verdad, en todo caso, las bombas aliadas. A ver qué dice Hernán...
 Jhordan PLG
08/04/2016 a las 02:29
Cuando empezó la guerra la familia de Américo vivía en Inglaterra, por eso quedó traumado con ese tema, luego regresaron a su país pq se sentían más seguros, pero al ver que la cosa estaba más jodida decidieron que Américo viaje a Sudamérica.

Casciari olvidó contar esa parte.
 Franco Molinero
07/10/2016 a las 13:23
Italia y Alemania fueron aliados hasta 1943, año en que Alemania invadió Italia, y, por ser una ciudad muy al norte (cerca de la frontera con la Austria invadida), Milán la tuvo pesada.
 NaTi P.
05/04/2016 a las 14:39
TOP 20!!!! ...MAS QUE FELIZ
 NaTi P.
05/04/2016 a las 14:59
La apasionanTe vida del hincha, soy una sufrida pero MUY feliz hincha de Talleres de Cordoba ...como decia Galeano:" Bien sabe este jugador número doce que es él quien sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros once jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música", me hichiste emocionar con este cuento, Gracias H.
 Nicolas Grillo
05/04/2016 a las 14:27
Si entro en el top 20, soy feliz. Muy bueno (ex) gordo! Quería aprovechar para mandarle un besito fraternal al muchacho del correo argentino que debe estar muy feliz con su nuevo libro de Casciari. Yo sigo esperando (hace como 4 meses).
 la_juyis
05/04/2016 a las 14:24
Btw me acabo de enterar que hubo una política de mussolini de que en las ciudades no hubiera superpoblación de equipos de fútbol :O https://es.wikipedia.org/wiki/Unione_Sportiva_Milanese#Fusi.C3.B3n_con_el_Inter - me pregunto qué habría pasado en nuestra federalísima argentina si hubieran hecho algo así :O
  Norma Musso
05/04/2016 a las 14:21
El top 12, quise decir (mi amigo alemàn empieza a mostrar sus garfios alzheimegìricos).
  Norma Musso
05/04/2016 a las 14:19
Me conformo con encabezar el top 20.
 Aguguevara
05/04/2016 a las 14:18
top ten por primera vez??
 Aguguevara
05/04/2016 a las 14:18
no llegue jaja
 Karina Villarreal
05/04/2016 a las 14:16
Me hiciste llorar !!! (Y eso que soy gallina)...
 Rushada
05/04/2016 a las 14:02
Top ten?
Che, no sé si soy yo que vivo en eterno déjà vu, o ésto también es un refrito...
Siempre es bueno releerte pero me gusta más lo nuevo, lo siento =(
 Jhordan PLG
08/04/2016 a las 02:21
Don Américo es el suegro de Mirtha Bertotti.
   edu
05/04/2016 a las 13:58
una vez saqué entradas para el teresa herrera porque jugaba boca. menos mal que el celta eliminó al dépor en semis y boca jugó la final con ellos. todo el estadio era bostero. fue lindo.
   edu
05/04/2016 a las 13:59
nunca estuve ni cerca de un pri pero dos top ten no está mal. no se consuela el que no quiere
05/04/2016 a las 18:25
así decía una tía soltera que tenía yo.
   edu
06/04/2016 a las 17:31
XD
   edu
05/04/2016 a las 13:55
top ten. es lo malo de prometer, que después no podés fallar (homenaje a chus lampreave)
05/04/2016 a las 13:54
No sabía eso de los "pelilargos"... ¿no será otro invento tuyo no??
   edu
06/04/2016 a las 17:32
yo voto porque se lo inventó. acá en galicia las fotos de los muelles llenos de emigrantes son un clásico y no recuerdo ningún pelilargo en ellas
 la_juyis
05/04/2016 a las 13:52
Yo espero que nunca me toque ver un Boca-Juve :/
 la_juyis
05/04/2016 a las 13:51
Capaz era Milanés pero del Inter! #aguafiestas
05/04/2016 a las 13:40
"como si estuviera viendo por la tele su propio entierro"

Que hijo de puta....¡que frase gordo!

buenisimo txt
 juanma
05/04/2016 a las 13:38
primer pri
05/04/2016 a las 13:38
pri
05/04/2016 a las 16:06
¡Enhorabuena, Toti! Ya me queda menos :)
05/04/2016 a las 17:13
bueeeeeen toti!!! reclamale tu sambuche de mortabela al gordo!!!
05/04/2016 a las 18:24
que grande el duo dinámico!!! Doctor G y Pocholo!!!!
05/04/2016 a las 19:24
Muy Bien EL TOTI !!!!


y bien que se contuvo de no acaparar podios .


Saludos!
 Matias Fernandez
06/04/2016 a las 00:21
Felicidades El Toti pero te tengo que decir en mi rebeldia adolescente: PRI.
06/04/2016 a las 00:59
ahora sí estamos todos....menos Casciari que está en el camarín vocalizando.