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Sociedad
viernes 5 de noviembre, 2004

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viernes 5 de noviembre, 2004

Juguetes

       

La etapa más vertiginosa del progreso humano ocurrió entre 1978 y 1982, cuando los juguetes, que hasta entonces habían sido pelotas inanimadas y baleros sin sabor, fueron convirtiéndose intempestivamente en artefactos a batería o en juegos complicados con infinidad de complementos. Mi vida, la de un gordito de pueblo harto de jugar con el tiki-taka, se vio entonces arrasada por el conocimiento y la aventura. La primera maravilla llegó después del Mundial '78, y se llamó El Cerebro Mágico.

No sé explicar este aparato desde la razón, por lo tanto utilizaré las emociones: el Cerebro Mágico era algo que de un lado tenía preguntas y del otro lado tenía respuestas. Lo demás, como su palabra lo indica, era fruto de la magia más hermética. Gracias a un mecanismo secreto —que es el día de hoy que no logro entender—, si tocabas una pregunta con un cable y la respuesta acertada con otro cable, ¡zas!, se prendía una lucecita y te hacía, además de sabio, inmensamente feliz.

Con este primer juego del futuro supe, por ejemplo, que Ameba no era un país, y que Fangio había nacido en la misma ciudad en donde vieron la luz los alfajores Balcarce. Sólo había una pregunta que el Cerebro Mágico no contestaba: la pregunta era "cómo funciona el Cerebro Mágico". El día que lo desarmé para ver cuál era el truco, descubrí que cuando rompés un juguete del futuro todas las preguntas del mundo vuelven a ser un misterio: la luz de la sabiduría nunca volvió a encenderse.

Lo bueno de aquella época era que el progreso avanzaba con un ritmo loco. No había tiempo de llorar por el juguete roto porque enseguida llegaba a tu casa, de la mano de la plata dulce, otra cosa mejor. Así, un día, cayó en mis manos un paquete que no necesitaba baterías ni electricidad para dejarme embobado: se llamaba El Juego de Química.

Pocas veces fui tan feliz como la tarde en que despedacé ese envoltorio amarillo. No era un juguete como los anteriores, es decir, de una pieza. Éste tenía alrededor de doscientas boludeces, una más peligrosa que la otra. Tubos de ensayo, pócimas de colores, un microscopio de verdad y hasta un cuchitril para prender fuego (igualito al que tengo ahora para hacer la fondiú de queso).

Cuando me regalaron el Juego de Química entendí, además, que ya era grande. Si mis padres me dejaban jugar con carbonato de sodio, azufre y fuego, es que confiaban en mí. Mal hecho, porque la felicidad —igual que las cortinas del comedor— duró una semana.

Cuando se fueron los bomberos y mamá empapeló de nuevo el living, me trajeron el Juego de Magia, para que no echara en falta la pérdida del de Química, que había quedado chamuscado e inservible en el garage, junto con todas las cosas rotas. El Juego de Magia era impresionante y me olvidé en un minuto de todo lo demás: venía con unas cartas trucadas, con unas bolas rojas que se convertían en azules, con una valija de mago profesional llena de trucos sorprendentes y con dos sogas que parecían unidas pero no. Lo mejor era un 'Manual de Mago' que te explicaba qué había que responderle a los que querían saber la trampa.

El Juego de Magia era, sin dudas, lo mejor que había tenido hasta entonces porque, además de aprender jugando, podía engañar a los chicos del barrio y sacarles la plata. Todo fue de maravillas en mi temprano estudio de la prestidigitación, hasta que tocó timbre el padre de Pablo Giorgetta, caliente como una pipa, porque según él yo me había quedado con diez mil pesos del hijo. Esa noche fue terrible:

—¿Vos le robaste un marrón a Pablito Giorgetta? —me preguntó mi mamá cuando acabamos de cenar.

—No señor. Se lo hice desaparecer que es distinto —respondí ofendido.

—¿Y a dónde está la plata?

—En el éter —el manual decía que había que responder a los preguntones con evasivas, pero no decía que después venía un sopapo.

—¡Decíme dónde está la plata, hijo de puta! —insistió mi mamá después del primer golpe.

—¿Sabés guardar un secreto? —pregunté sangrando.

—Sí.

—Yo también —dije, calcando los consejos del 'Manual del Mago'.

Chichita, que no era muy dada a la suspensión de la realidad, me reventó entonces la cabeza contra el aparador y tuve que romper las reglas de la magia:

—El billete está el compartimiento secreto de la cajita amarilla —informé, llorando como un cobarde, y esa medianoche se acabó mi futuro por los Casinos de Norteamérica.

Después de un mes de penitencia feroz me regalaron el primer walkie-talkie, y las anteriores felicidades de haber tenido otros juegos quedaron del tamaño de un alegrón modesto. Durante semanas no me separé de mis dos transmisores. Les tenía tanto cariño que no quería prestarle el segundo aparato a nadie, por lo que no me quedaba más remedio que hablar solo.

Ponía el transmisor "A" en el baño y me iba al comedor con el transmisor "B". Desde allí, me decía cosas. Soltaba el "B" y salía disparando para el baño a contestarme por el "A". De este modo aprendí dos cosas fundamentales para mi edad adulta: que en esta vida hay que saber escucharse a uno mismo, y que practicar aejercicio en casa nunca viene mal.

Al walkie-talkie, que yo me acuerde, solamente se lo prestaba a mi mamá. Yo iba a hacer los mandados y le dejaba el segundo transmisor, con el íntimo deseo de que ella se acordara de alguna cosa más para comprar. Y mientras yo hacía la cola en el almacén de enfrente, esperaba ilusionado que ella me llamara y me dijera:

—¡Ah, me olvidaba! Traéte también una polenta mágica, cambio —pero jamás me dio el gusto. Cuando me cansé de oírme a mí mismo quise saber cómo estaba hecho por dentro y lo rompí.

El único problema de esta desaforada industria de los ochenta era que me había tocado vivir en un pueblo. Y es que los juguetes más adelantados llegaban un poco tarde a Mercedes; siempre había algún primo porteño que tenía las cosas seis meses antes que uno. Si yo iba a Buenos Aires a alardear de Cerebro Mágico, ellos ya tenían el Master Top. Si yo me presentaba con el Juego de Magia, a ellos los habían llevado a ver Holliday on Ice. Lo único bueno es que, cuando venían ellos a Mercedes, yo les mostraba el pasto y se quedaban muertos de envidia.

Mi historia con los juguetes del futuro terminó un día de finales de 1981. Me acuerdo patente cuando mi papá trajo a casa el mejor invento del siglo veinte: la televisión en colores. Era una JVC que venía en una caja gigante, y tenía control remoto. La antigua tele, al lado de ésta, era una cagada marrón de dinosaurio. Al ver la nueva no entendí cómo había hecho, durante 10 años, para mirar las cosas como las miraba. Lo primero que apareció, cuando papá prendió la JVC por primera vez, fueron "Los Dukes de Hazard". Casi me pongo a llorar de la felicidad, y necesité compartirlo. Corrí al teléfono como un desesperado:

—¡Es anaranjado! —le informé al Chiri jadeando— El chevy de Bo y Luke... ¡es anaranjado!

Hasta entonces al auto lo veíamos medio gris perla, y la serie no tenía mucho sentido, a no ser cuando aparecía la prima Daisy, que era otro invento buenísimo.

Desde aquella primera vez que me senté frente a una tele a colores, y hasta el día de la fecha, no me levanté nunca más del sillón. Han pasado años, nuevos inventos, largas mudanzas, he vivido en diferentes países, han habido guerras y mundiales de fútbol; incluso tengo una hija. Pero que yo sepa, siempre estuve frente al mejor juguete de todos.

Y estoy terriblemente feliz de que Nina no tenga que pasar por todos los juguetes intermedios antes de llegar al verdadero y único juguete que vale la pena. Ella ya tiene su tele: ya puede sentarse tranquila y olvidarse de todo lo demás.

Hernán Casciari
viernes 5 de noviembre, 2004


Juguetes

por Hernán Casciari

La etapa más vertiginosa del progreso humano ocurrió entre 1978 y 1982, cuando los juguetes, que hasta entonces habían sido pelotas inanimadas y baleros sin sabor, fueron convirtiéndose intempestivamente en artefactos a batería o en juegos complicados con infinidad de complementos. Mi vida, la de un gordito de pueblo harto de jugar con el tiki-taka, se vio entonces arrasada por el conocimiento y la aventura. La primera maravilla llegó después del Mundial '78, y se llamó El Cerebro Mágico.

No sé explicar este aparato desde la razón, por lo tanto utilizaré las emociones: el Cerebro Mágico era algo que de un lado tenía preguntas y del otro lado tenía respuestas. Lo demás, como su palabra lo indica, era fruto de la magia más hermética. Gracias a un mecanismo secreto —que es el día de hoy que no logro entender—, si tocabas una pregunta con un cable y la respuesta acertada con otro cable, ¡zas!, se prendía una lucecita y te hacía, además de sabio, inmensamente feliz.

Con este primer juego del futuro supe, por ejemplo, que Ameba no era un país, y que Fangio había nacido en la misma ciudad en donde vieron la luz los alfajores Balcarce. Sólo había una pregunta que el Cerebro Mágico no contestaba: la pregunta era "cómo funciona el Cerebro Mágico". El día que lo desarmé para ver cuál era el truco, descubrí que cuando rompés un juguete del futuro todas las preguntas del mundo vuelven a ser un misterio: la luz de la sabiduría nunca volvió a encenderse.

Lo bueno de aquella época era que el progreso avanzaba con un ritmo loco. No había tiempo de llorar por el juguete roto porque enseguida llegaba a tu casa, de la mano de la plata dulce, otra cosa mejor. Así, un día, cayó en mis manos un paquete que no necesitaba baterías ni electricidad para dejarme embobado: se llamaba El Juego de Química.

Pocas veces fui tan feliz como la tarde en que despedacé ese envoltorio amarillo. No era un juguete como los anteriores, es decir, de una pieza. Éste tenía alrededor de doscientas boludeces, una más peligrosa que la otra. Tubos de ensayo, pócimas de colores, un microscopio de verdad y hasta un cuchitril para prender fuego (igualito al que tengo ahora para hacer la fondiú de queso).

Cuando me regalaron el Juego de Química entendí, además, que ya era grande. Si mis padres me dejaban jugar con carbonato de sodio, azufre y fuego, es que confiaban en mí. Mal hecho, porque la felicidad —igual que las cortinas del comedor— duró una semana.

Cuando se fueron los bomberos y mamá empapeló de nuevo el living, me trajeron el Juego de Magia, para que no echara en falta la pérdida del de Química, que había quedado chamuscado e inservible en el garage, junto con todas las cosas rotas. El Juego de Magia era impresionante y me olvidé en un minuto de todo lo demás: venía con unas cartas trucadas, con unas bolas rojas que se convertían en azules, con una valija de mago profesional llena de trucos sorprendentes y con dos sogas que parecían unidas pero no. Lo mejor era un 'Manual de Mago' que te explicaba qué había que responderle a los que querían saber la trampa.

El Juego de Magia era, sin dudas, lo mejor que había tenido hasta entonces porque, además de aprender jugando, podía engañar a los chicos del barrio y sacarles la plata. Todo fue de maravillas en mi temprano estudio de la prestidigitación, hasta que tocó timbre el padre de Pablo Giorgetta, caliente como una pipa, porque según él yo me había quedado con diez mil pesos del hijo. Esa noche fue terrible:

—¿Vos le robaste un marrón a Pablito Giorgetta? —me preguntó mi mamá cuando acabamos de cenar.

—No señor. Se lo hice desaparecer que es distinto —respondí ofendido.

—¿Y a dónde está la plata?

—En el éter —el manual decía que había que responder a los preguntones con evasivas, pero no decía que después venía un sopapo.

—¡Decíme dónde está la plata, hijo de puta! —insistió mi mamá después del primer golpe.

—¿Sabés guardar un secreto? —pregunté sangrando.

—Sí.

—Yo también —dije, calcando los consejos del 'Manual del Mago'.

Chichita, que no era muy dada a la suspensión de la realidad, me reventó entonces la cabeza contra el aparador y tuve que romper las reglas de la magia:

—El billete está el compartimiento secreto de la cajita amarilla —informé, llorando como un cobarde, y esa medianoche se acabó mi futuro por los Casinos de Norteamérica.

Después de un mes de penitencia feroz me regalaron el primer walkie-talkie, y las anteriores felicidades de haber tenido otros juegos quedaron del tamaño de un alegrón modesto. Durante semanas no me separé de mis dos transmisores. Les tenía tanto cariño que no quería prestarle el segundo aparato a nadie, por lo que no me quedaba más remedio que hablar solo.

Ponía el transmisor "A" en el baño y me iba al comedor con el transmisor "B". Desde allí, me decía cosas. Soltaba el "B" y salía disparando para el baño a contestarme por el "A". De este modo aprendí dos cosas fundamentales para mi edad adulta: que en esta vida hay que saber escucharse a uno mismo, y que practicar aejercicio en casa nunca viene mal.

Al walkie-talkie, que yo me acuerde, solamente se lo prestaba a mi mamá. Yo iba a hacer los mandados y le dejaba el segundo transmisor, con el íntimo deseo de que ella se acordara de alguna cosa más para comprar. Y mientras yo hacía la cola en el almacén de enfrente, esperaba ilusionado que ella me llamara y me dijera:

—¡Ah, me olvidaba! Traéte también una polenta mágica, cambio —pero jamás me dio el gusto. Cuando me cansé de oírme a mí mismo quise saber cómo estaba hecho por dentro y lo rompí.

El único problema de esta desaforada industria de los ochenta era que me había tocado vivir en un pueblo. Y es que los juguetes más adelantados llegaban un poco tarde a Mercedes; siempre había algún primo porteño que tenía las cosas seis meses antes que uno. Si yo iba a Buenos Aires a alardear de Cerebro Mágico, ellos ya tenían el Master Top. Si yo me presentaba con el Juego de Magia, a ellos los habían llevado a ver Holliday on Ice. Lo único bueno es que, cuando venían ellos a Mercedes, yo les mostraba el pasto y se quedaban muertos de envidia.

Mi historia con los juguetes del futuro terminó un día de finales de 1981. Me acuerdo patente cuando mi papá trajo a casa el mejor invento del siglo veinte: la televisión en colores. Era una JVC que venía en una caja gigante, y tenía control remoto. La antigua tele, al lado de ésta, era una cagada marrón de dinosaurio. Al ver la nueva no entendí cómo había hecho, durante 10 años, para mirar las cosas como las miraba. Lo primero que apareció, cuando papá prendió la JVC por primera vez, fueron "Los Dukes de Hazard". Casi me pongo a llorar de la felicidad, y necesité compartirlo. Corrí al teléfono como un desesperado:

—¡Es anaranjado! —le informé al Chiri jadeando— El chevy de Bo y Luke... ¡es anaranjado!

Hasta entonces al auto lo veíamos medio gris perla, y la serie no tenía mucho sentido, a no ser cuando aparecía la prima Daisy, que era otro invento buenísimo.

Desde aquella primera vez que me senté frente a una tele a colores, y hasta el día de la fecha, no me levanté nunca más del sillón. Han pasado años, nuevos inventos, largas mudanzas, he vivido en diferentes países, han habido guerras y mundiales de fútbol; incluso tengo una hija. Pero que yo sepa, siempre estuve frente al mejor juguete de todos.

Y estoy terriblemente feliz de que Nina no tenga que pasar por todos los juguetes intermedios antes de llegar al verdadero y único juguete que vale la pena. Ella ya tiene su tele: ya puede sentarse tranquila y olvidarse de todo lo demás.

Hernán Casciari
viernes 5 de noviembre, 2004


¿Te gustó esta historia?

Pertenece al libro Charlas con mi hemisferio derecho, de Hernán Casciari. Está a la venta en la Tienda Orsai y te lo mandamos a tu casa sin gastos de envío.


 Isabel Caicedo
16/05/2016 a las 01:26
Me partí de la risa cuando le respondés a tu mamá que la plata está en el eter. Creo que necesito un juego de magia para mí!
Arnoldo
17/11/2005 a las 03:51
Ah! Las memorias y la nostalgia de tiempos viejos, electricos en vez de electronicos...
Solamente un comentario de persona con mas edad: El Cerebro Magico existio en los anios 40, cuando yo tuve uno. Tenia una pila cuadrada, chata, grande, y los electrodos eran una especie de cintas metalicas. Duraba muy poco, que me acuerde.
luis
28/11/2004 a las 22:39
quiero una puta muy rica
Bentaly
22/11/2004 a las 06:54
De mi niñez recuerdo con mucho cariño una cocinita que se le abría la puerta del horno y le ponías una vela encendida y arriba podías hasta hervir una pavita de agua!! También me acuerdo que mi hermano tenía la pista de caballos.- Franco: se llamaba Costa Azul, (no se muy bien porque, pero así se llamaba) El mecano y mis ladrillos nos daba la posiblidad de imaginarnos ser ingenieros y arquitectos.
PolíticamenteIncorrect@
19/11/2004 a las 04:39
El Ludo Matic, el cubo mágico y lo mejor: el rasting que era como lego pero con otro nombre.
que lindo...que viejos chotos estamos....
es como cuando escucho a miviejo hablar del trompo y el balero...
Franco
10/11/2004 a las 04:10
Gracias Walquiria
Caribé
09/11/2004 a las 23:14
Ok, Mauricio, lo probaré en algún momento.
Pero no me encariñaré, porque jugar on-line con dial-up es peligrosísimo (para el bolsillo).
walquiria
09/11/2004 a las 16:29
Querido Hernán:
Hace rato que no andaba por acá, me refiero a escribiendo, ya que me he limitado durante este tiempo a leerte (un poco salteado debo confesar) pero me encantó el rememorar nuestros juguetes de antes, me trajo mucha nostalgia. Como soy muy vieja recuerdo a todos los que mencionan, ya que si bien no los use yo, algunos los usaron mis primos más chicos, y los otros se los compraba a mis hijos.- De mi niñez recuerdo con mucho cariño una cocinita que se le abría la puerta del horno y le ponías una vela encendida y arriba podías hasta hervir una pavita de agua!! También me acuerdo que mi hermano tenía la pista de caballos.- Franco: se llamaba Costa Azul, (no se muy bien porque, pero así se llamaba) El mecano y mis ladrillos nos daba la posiblidad de imaginarnos ser ingenieros y arquitectos.- Y la mayor aventura, pasar la noche en la carpita de indio en el jardín! Pero todo cambió cuando llegó la TV. (y no en colores precisamente) Hasta entonces lo máximo era la Spica!! Pero cuando llegó la tele a mi casa fue como una revolución. Hasta se preparó un cuarto especial donde se la instaló con un sillón para los cuatro que eramos en la familia y todos tuvieran la misma posiblidad de verla.- Por supuesto que no había control remoto, y los pocos programas de televisión que se podían ver no siempre eran de nuestro gusto.- (No existía el zapping) A mí me encantaba ver Dimensión Desconocida.- Pero también tenía que ver lo que les gustaba a los demás (El Cisco Kid, Patrulla de Camino, Combate etc.) Por eso cuando pude tener mi propia tv fue lo más... a partir de ahí pude ver lo que se me antojaba.-
Te mando un beso enorme y otros para Cris y Nina (sigo su crecimiento en Nina 4x4)
Walquiria
Caribé
08/11/2004 a las 04:58
Los planeadores a control remoto, en cambio, que varias personas han mencionado, yo los ubico como un juego para niños grandes, de universitarios para arriba.
Un primo mío los tuvo, y un compañero de la universidad también.
¡Qué pasión para buscar las zonas de la ciudad en que corriera mejor brisa! ¡Qué expresiones de tristeza cuando afuera hacia mucho viento y teníamos que quedarnos a estudiar, porque en dos días había examen!

Y eso me recuerda otra cosa, ¿ninguno de ustedes fabricó nunca un papagayo (cometa)?
Caribé
08/11/2004 a las 04:39
¡Quiero un Lego MindStorm!!!
Caribé
08/11/2004 a las 04:33
Rabino, parece que lo que no se pueda hacer con Lego no se ha de poder hacer de ninguna manera.
¡Para que después digan!

Y así cualquiera estudia, che.
Hasta yo.
PatoMusa
08/11/2004 a las 01:34
Amelie #110,
Sí!!!!
De esas también tengo. Más prácticas que las Barbies con esos pies diminutos y zapatitos que se pierden enseguida. A las Bratz les cambiás el pie entero!
Mentecato
08/11/2004 a las 01:25
El mejor juguete son las muñecas inflables.. no me jodan!
Elteta
07/11/2004 a las 23:15
No, no, no.
Yo hablaba del puntero (pero no del que vende porquerías)
 Christian Libonatti
07/11/2004 a las 22:49
Como dice Elteta, que lindo dia para hablar de fútbol... Vamos River Carajo!!!

Hernan: mañana se viene el post de la remontada de Racing? le ganaron a un grande como Huracan de Tres Arroyos...

Saludos, chau
Elteta
07/11/2004 a las 22:31
¡Qué lindo día para hablar de futbol!
Amelie
07/11/2004 a las 22:20
Lowprofile #97 Que flash lo del disquito de la muñeca que habla!! hasta ahora nada de lo que había leído, me había causado tanta "cosa".

Pato #108 A mi el año pasado para navidad, me regalaron una Bratz!! (como una Barbie, pero fashion y con los labios colagenados)
Elteta
07/11/2004 a las 21:22
¿Y el canguro o saltarín?
Un caño con un manubrio arriba y un resorte abajo. Te subías y empezabas a saltar por toda la casa hasta que te abrías la cabeza con algun mueble
Max
07/11/2004 a las 17:19
Salvo por el scaletrix, después de leer todo esto, me doy cuenta que no tuve infancia.
Recuerdo que siempre quice tener los transformers y también cuanta saga de muñecos salieron... pero nada, me decían que eran caros ¡¡¡ que hijos de puta !!! años después mi padre despilfarraba la plata con una amante, y mi madre en "brujos" para saber si la culpa era de la amante y a donde iban.

¿Y el aeromodelismo? para mi fué un juego también, ovbiamente quedó pendiente que sea algo mas que un planeador y porsupuesto, que tuviera motor y sea a control remoto; me viene a la mente el helicóptero también.

Les confieso, me siento medio mal, pero... de algo estoy seguro como lei varias veces en los comments, A MIS HIJOS LES VOY A COMPRAR TODO!!! (y consiguiré esos transformers)

Max.

PD: también van a tener un helicóptero a control remoto.-
Franco
07/11/2004 a las 16:22
Caribé, el ludomatic es (o era), un juego de mesa, que originalmente se jugaba tirando un dado con la mano.
La versión tecnológica traía una semiesféra de plástico en el centro del tablero, que la presionabas, y al soltarla, el dado que estaba en su interior saltaba y te indicaba la movida que debías hacer.

lowprofile "#97, me parece que el nombre del que tenía yo era Cosata Azul, o algo parecido.
vero
07/11/2004 a las 14:15
Pato, a mi ni los duravit me compraron, igual nunca me di cuenta que eramos pobres, ¿te acordas cuando me hiciste el sillon para la muñeca? era el mejor de todos, y todas mis amigas me lo envidiaban, tambien me tejiste al crochet mantelitos y me hiciste unas almohaditas para las sillas haciendo juego, colchones para la cama, le hiciste un tapado que estaba buenisimo, y mas ropa que ahora no me acuerdo, ahora que lo pienzo la muñeca vivia mejor que yo.
Mi hermano tambien podia armar el cubo magico, su tecnica era un poco rudimentaria, pero a fines practicos no se le puede negar que era efectiva, le sacaba todos los cuadraditos, y despues los ordenaba como para que quedara armado.
ana
07/11/2004 a las 06:44
El cubo magico ,nunca arme todas las caras!
Mi primer fracaso .Y ya van ......:-(
Se acuerdan de los palitos chinos??
PatoMusa
07/11/2004 a las 05:52
Los Duravit, Caribé, eran unos autos grandotes, pesadísimos, que no se rompían con nada.
Con mi hermano nos atábamos un par de Duravit a los pies y los úsabamos de patines. (éramos tan pobres...)
Caribé
07/11/2004 a las 03:43
¿Qué eran los Duravit?
Caribé
07/11/2004 a las 03:40
¿Alguien conoce la estrella ésa que es un rompecabezas de ocho piezas muy semejantes (palitos con muesca)?
Yo las fabricaba en metil metacrilato grueso. Quedaban preciosas.
Ah... nostalgias.
Y qué engañosas que son.

No la pasaba bien en ese tiempo, ni era un buen negocio, tampoco, hacerlas, ni casi nada de lo que hacíamos. Todo lo contrario.
Sin embargo siempre tiene algo de gratificante poder hacer algo así de bonito. Entonces me da la impresión de añorar algo, pero ¿qué?
Nada en realidad, mera confusión de imágenes.

Bueno, sí: Me gustaría seguir teniendo toda la maquinaria que tenía, con las posibilidades que nos daban de hacer cosas, pero que fuera como juguete, no más como negocio. ;))))
Caribé
07/11/2004 a las 03:30
Las muñecas me atraían más bien poco pero las que hablaban menos que menos.
¿Te imaginas algo menos versátil que una muñeca que habla?
Una muñeca que habla siempre dirá lo mismo.

Bue... si lo que dicen fuera programable, ahí sería otro cantar. Eso podría ser interesante.
Pero no lo era en aquel entonces. Y creo que todavía no lo es.

Así que ésas nunca se las envidié a nadie. Ni las que hacían pipí tampoco.
Caribé
07/11/2004 a las 03:13
Bueno, Rabino, lo que pasa es que para mi un Lego programable -por más que me despierte la más desaforada codicia- no deja de ser un poco un abuso de notación, ¿no te parece?

Igual, ¡qué bonito!
Me gusta, me gusta, me gusta.
Caribé
07/11/2004 a las 03:12
Ah, sí, nos hemos olvidado los juegos de mesa, parchis, scrable, damas chinas, memoria, juegos de cartas. Y el monopolio y ese de batallas.

Supongo que incluir aquí el ajedrez sería un poco abusivo, porque es más que un juego un vicio.

De niña mi abuela me había enseñado un juego con las cartas españolas que se llama la brisca. Y la mejor amiga de mi mamá daba la casualidad de que se llamaba Prisca. Ja. Otra de confusiones como las del Oscar de cuatro patas y el de dos.

¿Qué es el ludomatic?

¿Alguien más tuvo el vicio de Civilización -creo que II-, en la PC?

Ah... ¿y el dichoso Cubo de Rubik???

También era de mi hermano, y él SÍ era capaz de armarlo, para mayor irritación mía. A mí me atacaban violentos deseos de arrojarlo por el balcón a ver si le salían alas o algo así.
 Daniel Enrique Low
07/11/2004 a las 02:42
Unos que no aparecieron en los comentarios:
Los Duravit. imposible no tratar de romperlos. Imposible romperlos.
Antes, los autitos plásticos a los que les sacábamos las ruedas delanteras, los rellenabamos con masilla y les incrustabamos una cucharita para darle estabilidad en su carrera por los cordónes de vereda.
El Ludomátic, el primer juguete que pude comprarme con mi plata.
El estanciero, que no terminaba hasta que alguien definitivamente se pudriera de jugar o se hiciera muy de noche.
Mi hermana pudo tener una muñeca que hablaba. Desnudandola dí con el disquito que tenía en su espalda en algo así como un baúl.
Tambien tuve el PurSang, creo que se llamaba así el juego que menciona Franco.
Buenos juegos de otras casas: (por orden de aparición y de envidia) las carpas de indios, el mini bowling y los minipools.
PatoMusa
07/11/2004 a las 02:18
Yo siempre preferí Mil Ladrillos, hasta que visité Legoland...
Teki
06/11/2004 a las 22:19
Gracias, Gordito. Te debo una partida de scalextric. :)
 olo mosquera
06/11/2004 a las 21:54
¿"Alguien" soy yo?
Teki
06/11/2004 a las 21:45
Yo, en cambio, soy más torpe..¿podría arreglar alguien el enlace que dejé abierto? Lo siento.
Bernardo
06/11/2004 a las 20:13
Caribé...¡Cómo vas a comparar los lego con los Rastis!

Vos sí que no tuviste infancia.
Caribé
06/11/2004 a las 19:59
Acabo de caer en cuenta de que mi último juguete ha sido el blog.
Cada vez que entro empiezo a cambiarle que si los títulos, que si los fondos, que si la manera de que los textos no aparezcan completos en la página principal (eso aún no he descubierto cómo hacerlo, sin cochinadas feotas, como poner un blog adicional para esconder esa parte de los textos, si alguien sabe cómo hacerlo que me chifle, please).

Realmente es un juguete, al menos para mí.
No sé para los demás.
Caribé
06/11/2004 a las 19:00
No vamos a pelear por eso, porque además, los Rastic no los conozco.
Pero sí he visto otros ladrillitos que no eran Lego, tanto aquí en Argentina, buscando un regalo para un niño hace poco, como allá en Venezuela tiempo atrás, y no hay tu tía... los que no son Lego no valen para nada.
La calidad no está en que tengan más o menos piezas raras y motorcitos, eso es accesorio.
La calidad está en que sean fáciles de armar y desarmar, pero que no se desarmen cuando tú no quieres, ni se queden tozudamente pegados cuando deseas separarlos. Y todos las otras marcas de ladrillitos que he visto fallan en eso.
Lego es más caro, claro está. Pero con esa cualidad a su favor lleva una delantera larga.

Y ahora tiene también robots programables, con un lenguaje que haces el programa en la PC y luego se lo grabas por un puerto infrarojo, pero eso ya es tan tan caro que ni para soñar con ello. Pero se me caía la baba cuando me enteré.

Bah, mi lego de adulta han sido piezas de acrílico (metil metacrílato, es el nombre científico) y tornillos y pega loca. Pero ahora otra vez no tengo, y a veces me descubro pensando en cómo hacer algo que necesito, y diseñándolo, sin darme cuenta de que ya no tengo los medios para hacérmelo yo misma.

Igual, Mauricio, te velo ese juego que dices y que nunca había oído mentar: Ese tal Capsela. Una combinación de Lego y Mecano, si estaba bien pensada y bien hecha, debe haber sido la recarioca, algo fantástico, increíble y fascinante. ¡Qué envidia!
Caribé
06/11/2004 a las 18:46
Por fin me entero de lo que es esa Scalextric que menciona Serrat.
Gracias Teki.
Franco
06/11/2004 a las 18:13
De niño era muy solitario, hasta que a los diez años me regalaron un scalectrix (pista de autos de carrera). Allí comencé a recibir frecuentes visitas de mis compañeritos de grado que, de repente, querían venir a "hacer la tarea" a mi casa. A los diez minutos de fingir, dejaban de lado los lápices y los cuadermos y me confesaban que venían a jugar un rato a las carreras de autitos.
De todos modos, el juguete que más disfruté fue la Miniroda, con volante polomita y asiento banana con respaldo. Las tardes andando en bici con la pandilla del barrio son imborrables.
Sin tanta tecnología, la número 5 de cuero, fue un juguete insuperable.
Mi infancia fue en la década del 60, sepan comprender.
También tenía una carrera de caballos, a manija, que no recuerdo el nombre. Era muy polpular.
 olo mosquera
06/11/2004 a las 17:06
La lucha de clases continúa, querido Talento Desperdiciado (#79): yo solamente invito a mi casa a amigos que tienen porro o un número de teléfono donde conseguirlo.
Amelie
06/11/2004 a las 16:44
Corsicarsa#23 juntando en el mismo comment tele y paja, me hiciste acordar de mis amigos el día que confesaron que las primeras pajas se las hacieron mirando "La salud de nuestros hijos" (antes de la llegada del cable, el único lugar donde podían ver una teta)
elteta
06/11/2004 a las 15:34
El barco pirata de Playmobil.
Me estoy babeando
 olo mosquera
06/11/2004 a las 14:24
O tuviste una infancia muy larga.
Ginger
06/11/2004 a las 14:21
También es una cuestión de cronología. Yo tuve unos ladrillitos que eran de goma marca Mis Ladrillos, después salieron los de plástico duro que eran Rasti y más tarde aparecieron los Lego. Lo que pasa es que todos ustedes son demasiado jóvenes, dejame mirá, me voy a llorar al baño.
 olo mosquera
06/11/2004 a las 14:00
Entonces yo era concheto de chiquito: tenía los Rastis.
 Daniel Enrique Low
06/11/2004 a las 13:57
Era así:
Los "mil ladrillos" era el estandar.
más caro Rasti,
importado Lego.
La calidad de cada uno se medía por la cantidad de piezas no prismáticas que incluian, y luego, los motorcitos y demás
Bernardo
06/11/2004 a las 12:54
No, negro. #69, me extraña. Eso es igual que preguntar si Boca y Racing son lo mismo.

¡Aguante el Rasti!
Ginger
06/11/2004 a las 12:54
Y lo último: me hicieron acordar de mis frustraciones infantiles: para una Navidad pedí de regalo un revólver con balas de cebita, pero no me quisieron comprar con la excusa que era una nena, y las nenas no juegan con esas cosas. A cambio Papá Noel me trajo una muñeca que odié y le puse de nombre Noemí como una vecina fea y odiosa que tenía.

Pensandolo bien, cuanto me estoy ahorrando en terapia con este post!
Ginger
06/11/2004 a las 12:45
Lego es una marca, supongo que Caribé hará referencia a los ladrillitos (¿era eso Caribé?), pero hay distintos juegos de mesa.

Hernán: otra de las ventajas de tener hijos es que uno les puede comprar a ellos lo que siempre quiso para sí y nunca tuvo. Yo por ejemplo le regalé a mi niño un tren eléctrico gigante. Mi hijo ni siquiera lo armó, pero yo pasaba horas jugando con la excusa de "mostrarle como se hacía". Ya vas a ver que hermoso auto a control remoto sin cables le vas a regalar a Nina cuando sea un poquito más grande.
Lali
06/11/2004 a las 10:38
PD Lego es simplemente una marca distinta de "Rastis"
Lali
06/11/2004 a las 10:36
Sí, gordito, son lo que en Argentina se llama Rastis... (De donde habrán sacado ese nombre?)

-Lali
 olo mosquera
06/11/2004 a las 09:39
Mauri, lo que nunca tuve: auto a control remoto sin cables. Siempre quise uno, pero no existían. Cuando los inventaron, yo ya quería otras cosas.

A cualquiera que quiera contestarme: ¿el Lego son los Rastis?
Mauriki
06/11/2004 a las 08:10
Cuando yo era un niño, en los ochentas, le pedí a mi madre que me comprara el Hombre elástico.Fue el juguete que más quise y he querido. Y hasta hoy casi se ha vuelto un símbolo nostálgico de lo que no llegué a tener o de lo que me marcó en la infancia. Sin embargo, no tenerlo me doto de una sana tabla de proporciones. Un saludo.
06/11/2004 a las 06:43
Supongo que si para el honorable Philosophiae Doctor somos "mentecitas", él debe ser una verdadera "mentezota". Y si, como él dice, es cierto que ilustrados quedan "pocos en este mundo", es claro, también, que sabios que tengan la modestia de decir, como Sócrates, "sólo sé que no sé nada" son aún menos.

Volviendo al tema que nos ocupa, estoy de acuerdo con Caribé (#58) que no se ha nombrado al Lego y al Mecano y, además, a una especie de mezcla de ambos que se llamaba Capsela y que era el juguete que más me gustaba.

Por otro lado están aquellos juguetes que uno deseó tener pero que nunca los tuvo. En mi caso siempre quise que me regalaran un avión a control remoto pero mis padres no tenían el dinero suficiente como para comprarme uno. Ahora quisiera un ultraligero pero tampoco tengo los recursos económicos necesarios y hay otras prioridades. En todo caso, resulta interesante conversar sobre estos temas perdidos en el tiempo.
Guty
06/11/2004 a las 03:54
Perdoname que te contradiga, pero para mí el mejor juguete es la PC. Hasta trae un TV incorporado y podés crear tus porpios programas.
Cristina
06/11/2004 a las 03:36
Quise arreglar el comienzo.(Nº64) Al enviarlo puse detener, pero parece que no se detuvo el envio porque me lo mandó dos veces, perdón Hernan. Es una mezcla de falla tecnológica y boludez mía. Esta son esas veces que no disfruto de la compu sino que tengo ganas de patearla.
Cristina
06/11/2004 a las 03:26
Es verdad que es viejo el Cerebro Mágico mi hermano que nació en el año 1952 tenía uno cuando eramos chicos. Siempre le compraban más juguetes a él o por lo menos los mas lindos, porque era varón y era más grande (discriminaciones de la época) igual me los prestaba, también tenía "Chan el mago que contesta". Y un proyector de películas con una manija al costado que al manipularla se veía la pelicula. Haciamos toda la parodia de que teniamos un cine, y poníamos una sábana para proyectarla. Pero lo máximo fue cuando le compraron el grabador Sony con la cinta de carretes. Tenía un micrófono y todo. Grabamos todos los partidos importantes que jugó Estudiantes de La Plata por la Copa Libertadores e Intercontinental. Como el micrófono era externo se escuchan los gritos de mi vieja (que ya no está) los mios y de mi hermano gritando los goles junto con el relato de Muñoz. Antes de que el Sony no funcionara más, pasamos todo a cassettes y así conservamos algunas de esas grabaciones. Toda época tiene su encanto, pero a uno le parece que la de cuando uno era chico no la supera ninguna tecnología. Será porque el hecho de que las cosas no fueran tan fáciles las hacía más valiosas o simplemente porque los recuerdos toman una dimensión desproporcionada de lo que en verdad fue todo al momento de vivirlo. Disfrutemos de la compu porque seguro que en algún momento sentiremos nostalgia de ella ¿no?
Cristina
06/11/2004 a las 03:24
Mi hermano que nació en el año 1952 tenía Cerebro Mágico cuando eramos chicos. Siempre le compraban más juguetes a él o por lo menos los mas lindos, porque era varón y era más grande (discriminaciones de la época) igual me los prestaba, también tenía "Chan el mago que contesta". Y un proyector de películas con una manija al costado que al manipularla se veía la pelicula. Haciamos toda la parodia de que teniamos un cine, y poníamos una sábana para proyectarla. Pero lo máximo fue cuando le compraron el grabador Sony con la cinta de carretes. Tenía un micrófono y todo. Grabamos todos los partidos importantes que jugó Estudiantes de La Plata por la Copa Libertadores e Intercontinental. Como el micrófono era externo se escuchan los gritos de mi vieja (que ya no está) los mios y de mi hermano gritando los goles junto con el relato de Muñoz. Antes de que el Sony no funcionara más, pasamos todo a cassettes y así conservamos algunas de esas grabaciones. Toda época tiene su encanto, pero a uno le parece que la de cuando uno era chico no la supera ninguna tecnología. Será porque el hecho de que las cosas no fueran tan fáciles las hacía más valiosas o simplemente porque los recuerdos toman una dimensión desproporcionada de lo que en verdad fue todo al momento de vivirlo. Disfrutemos de la compu porque seguro que en algún momento sentiremos nostalgia de ella ¿no?
PatoMusa
05/11/2004 a las 22:53
Una suerte saber que nunca te harás adicto a la TV, Angelito#57
Ginger
05/11/2004 a las 22:38
No me acuerdo muy bien cual era mi juguete preferido, creo que los patines, pero como este post me devolvió a la infancia, recién en el super me compré un paquete de galletitas Manón, como cuando iba a la escuela.
Caribé
05/11/2004 a las 22:32
¿Qué era el Cerebro Mágico?
Ése nunca lo oí mencionar.

Ya...! Ya me voy.
Caribé
05/11/2004 a las 22:25
Ojo: El que mordía era mi hermano, no mi abuela.
A ella más bien la mordía yo a veces, pero de cariño nada más, sin arrancarle nada.
Hago la advertencia, porque veo que quedó mal redactado.

Hasta la noche.
No peleen mucho.
Caribé
05/11/2004 a las 22:22
¿Cómo has olvidado mis dos mejores juguetes, Hernán?
El Lego y el mecano.
Y además: ¡nadie los ha mencionado!
¿Cómo puede ser?

Desafortunadamente los dos eran de mi hermano.

No era que mi madre fuera sexista: Los sexistas eran los familiares de pasar más holgado que el nuestro que se los habían regalado. Los mismos que a mi me daban inútiles barbies que ni para adorno servían. (Ni siquiera saben estar paradas).

La consecuencia de tanta injusticia fueron varias peleas dignas de un ring con público y campana, pero el único público y la campana al mismo tiempo era mi desesperada abuela, que no hallaba como separarnos como no fuera a trompadas. Una vez casi me dejó sin el índice izquierdo: Cuando mordía no soltaba más, como las tortugas.

De los que mencionas, el Walkie tokie fue de los dos (ja, como si fuéramos capaces de compartir algo en paz, ni siquiera algo como eso), y el juego de química y el de magia también fueron de él, pero esos se los envidiaba menos.
Sin embargo, aún resiento lo del Lego y el Mecano. Aún quiero un Lego y un Mecano míos.
(A veces me sospecho que una carpintería de plásticos que tuve luego por varios años no fue en realidad más que el pobre substituto de esa carencia infantil).


La imaginación, sin embargo, era mía, de modo que a la hora de jugar sin juguetes, que es la mejor manera de jugar, era mía la voz cantante.
Ahí fue que casi perdí el dedo, porque jugábamos a Houdini atándonos mutuamente a las sillas del comedor y mi hermano no supo tolerar que le hubiera ganado y no hubiera podido desatarse esa última vez. Cuando mi abuela llegó de la calle y, horrorizada, lo liberó, me saltó furioso encima. Si no es por la sangre de mi dedo creo que hasta hoy no nos habrían podido separar. ¿Será por eso que dicen que el odio une más que el amor?
El Angel Gris
05/11/2004 a las 22:09
-Vociferante dama: Señor primer ministro, si yo fuese su esposa, le pondría veneno a su café.
-Winston Churchill: Madame, si yo fuera su marido, me lo tomaría con gusto.

-PatoMusa (#56): (exceptuando a energúmeno de ElAngelGris #15 )
-El Angel Gris: Si yo fiera su marido sería adicto a la TV

Triple chan
Patomusa
05/11/2004 a las 22:02
Qué épocas!!!!

Demás está decir que también tuve el Cerebro Mágico, el Jueguito de Química (con el que convertí a un par de hermanos mios en pitufos, gracias a un preparado de azul de metileno), el juego de magia y los walkie talkies.

Cómo todo hombre, por lo visto de cualquier cultura y nacionalidad (exceptuando a energúmeno de ElAngelGris #15), el juguete favorito de mi esposo sigue siendo la televisión.

El mio, últimamente, la PC. A diferencia de Hernán, encuentro que el ser un elemento de trabajo es ventajoso. En la oficina puedo pretender estar ocupada en planillas de sueldo divertidísimas cuando en realidad lo estoy convirtiendo a Guty en Boy George. Si quiero dar la impresión de tener una diferencia de saldo en la cuenta bancaria, leo comentarios como el del Sr. Sangre Fría, lo que me asegura (a los ojos de mi empleador) 3 horas extras, que utilizo obviamente en recorrer el resto de la blogósfera.

Por último un mensaje a Bernardo:
"Creppe Georgette, en sus Veladas paquetas" JUAJAJAJAJAAJA!!!

PD: Estoy emocionada y agradecidísima por el spam de hoy!!!
Elteta
05/11/2004 a las 21:57
¿y del mago chan se acuerdan?
Sandris
05/11/2004 a las 21:52
eeeeeeemmmmmmm
Tan viejo es el cerebro magico??? yo me acuerdo que me lo regalaron hace ya 12 años (y tengo 21)
Los clasicos nunca mueren..
Vuelvo a decir, la envidia es uno de los defectos mas feos, asi que Antonio, pensalo.
(me encantó la poesía del Toro)
Bernardo
05/11/2004 a las 21:03
...y yo me acuerdo del Sketch de Hupumorpo con Andrés Redondo haciendo de Creppe Georgette, en sus Veladas paquetas, con la vela quemándole la mano, una reproducción monocroma de un cuadro detrás y diciendo algo así como:

"Es una pena que esta obra no pueda ser apreciada en su totalidad...¡Qué lástima que la televisión no sea en blanco y negro!"
 olo mosquera
05/11/2004 a las 20:29
Yo me acuerdo el primer partido que vi en colores. Fue un amistoso Argentina - Austria jugado en Viena. Los argentinos exiliados, sabiendo que se transmitiría en directo a Buenos Aires, se compraron unas cuantas plateas centrales y pusieron un cartel grandote: "¿Dónde están los 30 mil desaparecidos?", rezaba.

ATC, a los 15 minutos del primer tiempo, debe haber recibido un telefonazo alterado de Galtieri, y desde ese momento el partido lo vimos con una espantosa transferencia borrosa en la parte alta de la pantalla, cada vez que la pelota pasaba por el mediocampo.

Creo que aquélla fue la primera censura a todo color de la Argentina.
verito
05/11/2004 a las 20:04
Lo primero que vi cuando mi viejo trajo la tele a colores, fue que Susana Gimenez usaba un vestido azul. Todos comprenderan porque mi juguete favorito es la bici.
AM
05/11/2004 a las 19:21
El diálogo comment de PatoMusa sobre el texto de 62, es muy muy muy bueno, casi me olvido que estoy trsite. Lástima que no encontré donde comentar. Dejo mi agradecido saludo acá.
Ana
05/11/2004 a las 18:16
Y el Segelín???
También jugaba al tinenti (con dados). Ahora lo venden de nuevo, más modernoso, y las piezas se llaman "Conguis".
lucas
05/11/2004 a las 18:10
¡primero!
Bernardo
05/11/2004 a las 17:47
Y, que lo mejor de la blogosfera hispana sea argentino, en la parte hispana de la frase les debe dar un poco de cosa, Xtian.
chori
05/11/2004 a las 17:46
Me da lástima ese niño que alguna vez fui, ten ingénuo, es más, acaba de modificarse el cariño que le sentía a mi tío Alberto, el que me regaló esa Chevy azul, porque a mí no me joden, ¿cómo puede ser que un auto sea un Ford Torino? o es ford o es torino, no más vueltas, así que mi tío me dijo que era una Chevy, y si no llega a ser así me voy pal cementerio, lo desentierro y lo agarro del cogote nomás.
Xtian
05/11/2004 a las 17:43
Uf, me dio MUCHISIMO vertigo que recorrieras uno a uno (y en la misma secuencia), los juguetes que poblaron mi infancia. Yo tambien tuve la ballesta Codel, el proyector Goldstar, el juego "Operacion" y el "Simon" (que promocionaba Tato Bores). Y tambien vivia en Merlo (tambien zona oeste, tambien "lejos del centro") y odiaba a mis primos de Capital y sus novedades tecnologicas.

Y a esta altura no corresponde que chupe las medias, pero el post es excelente. Da un poco de pena que mucha gente no se haya dado cuenta que este blog, es, por lejos, lo mejor de la blogosfera hispana en este momento.
Bernardo
05/11/2004 a las 17:37
Te engañaron como a quinceañera, Chori. Eso y que te regalen un auto de los Dukes de Hazzard violeta, es lo mismo.
chori
05/11/2004 a las 17:31
Pregunta importante.

En la película de Estarqui y Joch, estrenada este año, el auto es rojo, ¿No era azul en la serie? porque yo la veía en blanco y negro, pero me habían regalado un autito de colección de Estarqui y Joch AZUl, ¿estuve tanto tiempo engañado?
 olo mosquera
05/11/2004 a las 17:30
Será vos, Smart, acá los Casciari comemos fondiú dos por tres. Somos pitucos.

PD: Sí Bernard (#36): nuestro nueva mascota Lube es una mezcla rara de penúltino Marfera y primer Gonzalito en viaje a venus.

Si los mirás bien, son una raza que actúa con unos tiempos y prontos muy similares, y con una rara excitación cuando ven que se les da un poco de bola. Como los "plomos" de la vida real.

Podríamos bautizarlos "cancha de tenis mojada". El primer día podés jugar, pero el segundo ya te rompen las pelotas.
Smart
05/11/2004 a las 17:20
Hernan, la diferencia entre el mechero del juego de quimica y el de la fondeau es que el de quimica lo usaste alguna vez, el de la fondeau en general no se usa nunca.
Y yo como chupete electronico de mi infancia, tengo el simon!
Alejo
05/11/2004 a las 17:18
Hernán,

Otro juguete que estaba bárbaro era "Operaciones", nunca me lo compraron, (pero jugaba en casa de Martincito); consistía, para los que no disfrutaron de esa infancia de los ochentas, en el cuerpo de un señor que se había tragado un montón de porquerías, y los doctores con destreza y con bisturíes tipo pinzas debían sacar de su interior, el peligro era que, si tenías mal pulso y la pinza tocaba una parte sana del individuo, sonaba una chicarra se le prendía una luz roja en la nariz, y el doctor perdía su turno. Ganaba el que realizaba mayor cantidad de cirugías exitosas.

Y el walkie-talkie también fue un juguete maravilloso, sobre todo porque podías captar la señal de la policía; eso lo convertía, además de en un juguete maravilloso, en algo casi prohibido y arriesgado, sobre todo por las leyendas que si te pescaban, te llevaban preso.

Lindos recuerdos Hernán, gracias

Alejo

PD: Y sí, la pc y el playstation le pasaron por arriba a todos esos juguetes.
PDD: DudaDesnuda Capitana
Bernardo
05/11/2004 a las 17:00
Che, Hernán:
Lubenzo ¿No te hace acordar a Marferita?
TitoFer
05/11/2004 a las 16:46
Por cierto, ¿PhD no es Puta hijo de? Es que llevo una hora leyendo todos los comentarios de ayer y anduve un poco mareado...
Abrazos
TitoFer
 Christian Libonatti
05/11/2004 a las 16:35
Placard: a vos te gustará porque sos consumidor habitual, yo lo digo porque fumo solo con amigos...

y que queres???? yo no puedo viajar a USA y la unica que me queda es internet, que esta muyyy desactualizada en cuestiones de resultados electorales, y la CNN. Si tuviera CBS, NBC o alguna otra cadena de alla es lo mismo. La mejor manera de cubrir para aca algo del conflicto de Irak no era mirar CNN sino la cadena Qatari Al-Jazzera.

Sin presupuesto se hace lo que se puede
Placard
05/11/2004 a las 16:23
Entonces no es divertido escuchar música en soledad con faso?
El periodismo real se hace con CNN bien cerquita?uhhhhhhhhhhhhh
 Christian Libonatti
05/11/2004 a las 16:11
Algunas cosas: soy un adolescente masturbatorio porque cuando yo tenia 7 años (1993) ya tenía tv color con cable y una 386.
En 1998 (12 años) ya tenía internet o sea que mi mentecita se alimenta desde ese momento.
La marihuana es buena pero para estar con amigos, mas que juguete es una vinculo de amistad como el mate.

Guarda con lo que decis Hernan #6 porque en mi trabajo futuro de periodista voy a necesitar mirar noticieros de la tv para poder laburar. Mira lo que pasaba con las elecciones en USA, si no mirabas CNN no nos enterambamos de los resultados y en tiempo real, porque las paginas estaban bastantes desactualizadas.
Anika
05/11/2004 a las 16:11
Ufa, Duda, pues entonces estaba equivocada. Rectifico: mi infancia se dilata hasta hoy mismo.
DudaDesnuda
05/11/2004 a las 16:08
DudaDesnuda no miente. Jamembú dignifica.
DudaDesnuda
05/11/2004 a las 16:00
Sí, la Tele es para mí el mejor juguete. La Tele por cable y la otra. Ojalá alguna gran corporación pagara a los televidentes adictos.

Lo que a mí realmente me gustaba cuando era chica era dibujar. Tenía millones de pinturitas, pasteles, acuarelas, témperas... dibujaba, creaba historias en color, modificaba paisajes, inventaba personajes. Lástima que después crecí.

Aclaración al cuete: en 1968 el Cerebro Mágico ya existía.
Anika
05/11/2004 a las 15:54
Yo estoy halagada de que alguien me llame mentecita. No me metí con el señor Sangre Fría ayer pero lo hago hoy y así me doy por aludida. Señor Sangre Fría: es usted un pesado, sólo le faltaría ser español para parecer peor.

Y bueno, sobre el post: a mi casa también llegó la tele en color en el año 81, pero igual me seguía interesando más jugar con los Clics de Famobil. No, no es que quiera dármelas de jovencita, es que mi niñez se dilató justo hasta que fuí madre.
Toro
05/11/2004 a las 15:51
Como adolescente masturbatorio, me estuve tocando la gaita y al compás de una flauta dulce y su tierna perorata, para el señor Lubenzonzo le zampo esta cantata.

Sueltala Pingorochooooooooooo!

Me has dejado meditando
señor de pluma distinta
y ahora ando reeditando
mi vertiginosa tinta

No quisiera desplumarlo
ni siquiera yo lo intento
a Ud ni siquiea fumarlo
y lo dejo descontento

a mi me han dicho mocoso
pajero, trolo, indecente
mas nunca en tono jocoso
masturbatorio adolescente

eso es tener buena prosa
aunque no fue linda ofrenda
yo le daría a tu esposa
tambien a tu hija brenda

el canto se puso violento
agresivo como tu carta
la cociné a fuego lento
y la comí como una tarta

desasname si tu quieres
soy un diamante en bruto
pero si tu prefieres
también puedo ser tu puto

consentir tu falacia
aplaudir tu prejuicio
yo estoy en democracia
y tu has perdido el juicio

termino pero por ahora
espero una linda respuesta
si no te sale en una hora
te espero de puesta a puesta

Abrazo
Toro...
JAMEMBU
05/11/2004 a las 15:41
Ya se que me van a volver a decir que me mostraron la luna y me quedé mirando el dedo. Ojo muchachos, no se equivoquen: yo veo la luna mas nitida que muchos de los que comentan aquí, pero no puedo permitir semejante "desinformación": tengo 71 años, Hernán, y tuve el Cerebro Mágico mas o menos a los 10 años. (O sea allá por 1943) La cagada que tenía era que si te aprendías que puntita estaba conectada con que puntita, sabías todas las respuestas pusieras el papel que pusieras. O tu vieja sacó el aparato de un cajón de cosas viejas y te hizo creer que gastó un mango en vos, o vos te hacés el pendejo y sos mas viejo que la corrupción.
También creo que tu pretendida ignorancia sobre como funcionaba es un recurso para amenizar el relato, porque si tenías capacidad para sublimar iodo o azufre, o conseguir cristalitos de cloruros, o esas boludeces que se hacían con los jueguitos de química, una linterna no podía ser un enigma para vos. Creo que hoy estás loco, pero estoy seguro que nunca fuiste pelotudo.
Y por favor, no pienses que soy un jovato resentido que solo busca los defectos. Si te leo todos los días que escribís, es porque me gusta. ¿Que a veces hay cosas que me "caen gordo"? Es verdad. Pero no son tantas ni tan graves. Vos seguí asi, y si alguno te critica deciles "A mí que me importa. Jamembú me dijo que siga"
XavMP
05/11/2004 a las 15:36
Estoy fuera de Orsai, en casa no tengo ni tele, ni pc, ni marihuana, ni .. vacío.
Corsicarsa
05/11/2004 a las 15:29
Yo también tuve eso juguetes siendo ya un niño crecidito y debo reconocer al lograr con exito algun truco de magia o algún compuesto de química, la sensacion experimentada era lo mas parecida a un orgasmo (antes que descubriera la paja años despues, por cierto)

Creo que aunque pocos lo reconozcan uno deja de ser niño y prestarle atrencion a los juguetes electrónicos el día que aprende a hacerse la paja.
Que tele ni tele color!!!!!

Dedusco que tu etapa empezó en el 82 cuando descubriste que exitante que era verla a Daisy Duke en colores.

Nota al pie. Boludo, el walkie-talkie era para jugar de a dos no para correr por toda la casa!

un abrazo.
Rabino
05/11/2004 a las 15:16
Mierda, nos descubrieron Toro.. adolescentes masturbatorios sin ninguna formación!
Amelie
05/11/2004 a las 15:13
Siiiii, voto por el vacio!!!!!
El Angel Gris
05/11/2004 a las 15:03
Se acuerdan del asado de vacio?
Wertygol
05/11/2004 a las 14:58
Aha, y ese que juguete era?
Wertygol
05/11/2004 a las 14:39
Disciento con #12 y #15. El mejor juguete es la presidencia, mirenlo a Bush lo contento que está, o al Caaalos lo desesperado que está por comprarse otra. Si hasta Kitchner es capás de bancarse camarázos de fotos en medio de la jeta y seguir contento.
Adrián
05/11/2004 a las 14:37
Hay que matizar: ¿Tele por cable o tele sin cable?

Esas cosas son las que crean grupos sociales, como lo era tener patines en línea o vulgares dos-líneas, en mi infancia...
El Angel Gris
05/11/2004 a las 14:23
Disciento con vos, Placard #12 , Los mejores juguete son las mujeres.
05/11/2004 a las 14:22
Cuando era niño tenía un juego colombiano de cartas que venía en una caja en la que justamente decía que era apto para personas de 9 a 99 años y yo me preguntaba: ¿Y qué pasa si tienes 100 años?
BigJim
05/11/2004 a las 14:01
Y después vino el VHS y luego el DVD pero para ese entonces ya tenías la PC y la Palm y aparecieron los teléfonos celulares que también son para trabajar pero los de ahora traen jueguitos, sacan fotos y podes escuchar mp3, filman y muchas cosas mas y el CD para el auto, al que también le podes adosar una pantalla rebatible en el techo para el DVD y....ufff

Mientras tanto el hombre sigue haciendo con la vida lo que hiciste con el "Cerebro Mágico"; desarmando a ver de que se trata.

"La unica diferencia que tenemos los adultos
con los niños es que nuestros juguetes son infinitamente mas caros..."
Frase de la película "Los amigos de Peter"
("Peter's Friends").
Placard
05/11/2004 a las 13:29
El mejor juguete de todos los tiempos es la marihuana.
Buenos si, en definitiva todo lo que estuvieron nombrando te termina limando el balero.
Toro
05/11/2004 a las 13:17
PlayStation...como hice para tolerar el Atari!

Family Game, Dynacom, Game Boy, Nintendo, Sega , Super Nintendo, Game Gear, Nintendo 64,Game Cube, y por fin, Playstation 1, Playstation 2....y ya...la vida ha progresado. Pasé del Goal, o el World Cup, al Winning Eleven, que es sin duda, el orgasmo mayor de un amante del futbol.
Diablita
05/11/2004 a las 13:08
A mí me cagaron, entonces! Siempre me dijeron que las nenas debíamos jugar solo con la batería de cocina y la escobita. Era eso o un palo.

Y yo que estaba convencida que de grande seguía siendo juguetona...
Amelie
05/11/2004 a las 13:02
Coincido con Ginger y con Lowprofile: el juguete compu le pasa por arriba al juguete TV. Al menos desde que existe internet.

Cuando era chica, vino una familia brasilera a mi casa, y con el hijo nos fuimos a mirar la tele. Cuando la prendí el niño espantado me dice: NO ES A COLORRRRR?????!!!! y yo le contesté: los dibujitos animados, si. Y puse un canal de dibujitos.

El niño habrá pensado que era una idiota. No me pregunten cómo ni por qué, pero yo estaba re convencida que en la tele b&n los dibujitos se veían a color.
Bernardo
05/11/2004 a las 12:53
Pero en el juguete de tus primos porteños vienen las comedias de Sony y en el tuyo no.
Bernardo
05/11/2004 a las 12:36
Ah, con razón. Te iba a preguntar si nunca te regalaron tu primer calculadora.
 olo mosquera
05/11/2004 a las 12:30
Ninguna cosa con la que también se deba trabajar es un juguete. Seamos serios.
 Daniel Enrique Low
05/11/2004 a las 12:16
El juguete que le rompió el culo a la tele es la compu, y no vale decir que eso no es un juguete.
Ginger
05/11/2004 a las 12:14
A mi me parece que el juguete TV fue superado ya por otro mejor: el juguete PC.

De todos modos la tv. trae incorporada otras virtudes: se pueden agregar aparatos de Sega y Play Station, que hacen las delicias de los niños actuales.
animal
05/11/2004 a las 12:10
Ay Hernán, eso es porque Nina aún no maneja los controles de una consola de videojuegos... esperá un tantito no más... Y ya te veré posteando sobre la forma despectiva en que te mirará ella por tu torpeza con los controles... Y no, no te va a ayudar haber matado marcianitos... Ninguna experiencia con Atari te va a haber preparado para ésto...
Patricia
05/11/2004 a las 11:49
Excelente paseo por la juguetología ochentera. Yo también disfruté del "Quimicefa"...pero como conejillo de experimentación, porque eran mis hermanos los que me hacía beber pócimas de "gaseosa". Y también ardió la cortina del salón. Y también flipé con la tele en colores...llamé a mi mejor amiga y mi emoción era tal que antes de que su madre me pasara a su hija al phone, le conté el tesoro que habíamos adquirido; nunca olvidaré cuando me respondió esa señora envidiosa."y no aburre ver todo en colores chillones". Que mala es la envidia.
Pande
05/11/2004 a las 11:46
Que gran juguete la tele! Siempre dije que a mis hijos no los iba a estupidizar frente a la Tv, me lo prometía a mí mismo , sin saber que lustros mas tarde estaria encendiendo el DVD para darle el gusto a Victòria y ponerle Buscando a Nemo por 32ª vez en el mes.