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Historias
lunes 8 de marzo, 2004

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lunes 8 de marzo, 2004

La cópula

   

Los seres como Luis y las personas como Mónica, cuando van a copular por primera vez, fingen no saberlo y actúan tomar café, o mirar la televisión. Muchas veces no saben cómo hacer para dejar de tomar café, o para apagar la televisión, o para cambiar de tema y comenzar a quitarse la ropa.

Luis estaba apurado, y cuando Mónica cerró la puerta de su cuarto, la tomó de la extremidad superior derecha y la besó con una potencia rara, mientras que con la mano de la extremidad superior izquierda hizo presión sobre uno de los pechos de Mónica, como si intentara averiguar el tamaño.

Los seres como Luis poseen, en la intersección de sus extremidades inferiores, un órgano reproductor compuesto de dos bolsas y un tronquito. Mónica, en el mismo momento que Luis oprimía uno de sus pechos, hizo lo propio con el órgano reproductor del hombre, razón por la que ambos comenzaron a emitir sonidos desarticulados —ass, arg, afj— y a rodar por la alfombra del cuarto.

Luis, como todos los seres de su especie, se fijaba siempre en el envoltorio de piel de los seres idénticos a Mónica, en la materia organánica exterior llamada el cuerpo. A Luis le impresionaba mucho, en particular, la extensión limitada que cubría los órganos vitales de Mónica, se entiende que por una cuestión que hacía a sus sentidos visuales y táctiles.

Las composiciones externas de Mónica y de Luis no se diferenciaban en mucho. A simple vista, estaban organizadas por una estructura de la que se desprendía la cabeza —hacia el norte—, dos extremidades idénticas hacia el sur, y otras dos al este y al oeste. Con estas últimas se saludaban de lejos y batían palmas.

Lo que más le gustaba a Luis de Mónica era una abertura que ésta poseía en la parte inferior de la cabeza, una cavidad anterior al tubo digestivo, por donde la mujer introducía los alimentos para digerirlos. Por fuera, este boquete estaba enmarcado por dos coberturas carnosas, una superior y otra inferior, que Mónica se pintaba de rojo para dar realce al resto de su imagen externa. Dentro del orificio, Mónica guardaba el paladar, los dientes y la lengua: un músculo simpático situado dentro de la cavidad, que le servía tanto para degustar los alimentos como para deglutirlos; en otros momentos para emitir sonidos y en la infancia para burlarse de su hermana Patri.

Mónica también se fijaba mucho en Luis. A ella le gustaban los ojos de aquél, que eran dos y también se hallaban en la cabeza. Los ojos de Luis eran elementos viscosos que sobresalían de su cabeza y le permitían contemplar los objetos externos, y reconocerlos según su tamaño, color y distancia. Estos órganos, muy preciados por los seres como Luis y Mónica, no eran iguales. Según los de quién, cambiaban de forma, disposición y tonalidad. Los de Luis eran verdes y grandes. Los de Mónica no.

Los seres como Mónica tenían abultada la estructura por el frente del tórax, y esto entusiasmaba a los seres como Luis. Tales protuberancias, que en total eran dos, sobresalían por delante del cuerpo femenino, también fluctuando en forma y tamaño según la persona. A Luis le gustaban los bultos de Mónica porque, sin ser muy ostentosos, los sospechaba duritos. Estas protuberancias le servían a los seres como Mónica para amamantar y conseguir empleo.

Mónica y Luis eran compañeros de un empleo. El empleo era la forma en que las personas conseguían dinero a cambio de hacer algo para un jefe. Luis trabajaba como asesor de un jefe, y Mónica era la secretaria de un jefe. El jefe se llamaba Barrios y era quien, a cambio de algo llamado labor, recompensaba con dinero a un grupo.

Luis tenía tres años de antigüedad en ese empleo. Un año era el espacio de tiempo que estos seres tardaban en volver a comer pan dulce. Mónica había ocupado su puesto hacía ocho meses. Al principio no se fijaron mucho el uno en el otro. Después tuvieron que hacer un viaje a Córdoba para entregar un trabajo y se cayeron bien. Córdoba era un lugar. Un hombre y una mujer se caían bien cuando sospechaban que haber leído el mismo libro tenía algo de maravilloso.

Luis, como todos los seres como Luis que estaban a solas con una persona como Mónica joven, fingió ser gracioso, caballero y solidario en cada momento del viaje. Mónica, como todas las personas como Mónica que viajaban a Córdoba con el asesor joven de una empresa, se cuidó muy bien de no ser ella, de reirse de cualquier chiste y de sonar inteligente a la hora de confesar cuál había sido la última película que la había hecho llorar.

Ambos confundieron tan bien al otro, que al tercer día se besaron en la boca por primera vez en un taxi que viajaba por la avenida Pedro León Gallo. Un taxi era un vehículo motor que llevaba a las personas a cualquier sitio a cambio de dinero. Besarse en la boca por primera vez era cuando dos personas acordaban, sin decirlo abiertamente, acostarse por la noche y copular.

Esa tarde hicieron todo lo que tenían agendado con ansiedad y buen temple. Caminaron tomados de las extremidades superiores por la peatonal San Jerónimo, volvieron a besarse, esta vez no sólo juntando sus aberturas bucales y entrechocando sus lenguas, sino que también enlazando con las extremidades superiores la estructura del otro, y cuando cayó la noche él la invitó a cenar a Giovannino, un sitio donde un ser como Luis pero más viejo tocaba el violín, mesa por mesa, por dinero, mientras que otro, también por dinero, ponía sobre un mantel seres inferiores muertos y asados que los comensales deglutían con la cavidad bucal, al solo efecto de recuperar fuerzas.

Por la noche, como se dijo, copularon. Al día siguiente volvieron al empleo y se trataron con enorme distancia. Ésto, ignorarse luego de la cópula, los seres como Luis y como Mónica lo hacían muy seguido, y nadie entiendía muy bien por qué.

Hernán Casciari
lunes 8 de marzo, 2004


La cópula

por Hernán Casciari

Los seres como Luis y las personas como Mónica, cuando van a copular por primera vez, fingen no saberlo y actúan tomar café, o mirar la televisión. Muchas veces no saben cómo hacer para dejar de tomar café, o para apagar la televisión, o para cambiar de tema y comenzar a quitarse la ropa.

Luis estaba apurado, y cuando Mónica cerró la puerta de su cuarto, la tomó de la extremidad superior derecha y la besó con una potencia rara, mientras que con la mano de la extremidad superior izquierda hizo presión sobre uno de los pechos de Mónica, como si intentara averiguar el tamaño.

Los seres como Luis poseen, en la intersección de sus extremidades inferiores, un órgano reproductor compuesto de dos bolsas y un tronquito. Mónica, en el mismo momento que Luis oprimía uno de sus pechos, hizo lo propio con el órgano reproductor del hombre, razón por la que ambos comenzaron a emitir sonidos desarticulados —ass, arg, afj— y a rodar por la alfombra del cuarto.

Luis, como todos los seres de su especie, se fijaba siempre en el envoltorio de piel de los seres idénticos a Mónica, en la materia organánica exterior llamada el cuerpo. A Luis le impresionaba mucho, en particular, la extensión limitada que cubría los órganos vitales de Mónica, se entiende que por una cuestión que hacía a sus sentidos visuales y táctiles.

Las composiciones externas de Mónica y de Luis no se diferenciaban en mucho. A simple vista, estaban organizadas por una estructura de la que se desprendía la cabeza —hacia el norte—, dos extremidades idénticas hacia el sur, y otras dos al este y al oeste. Con estas últimas se saludaban de lejos y batían palmas.

Lo que más le gustaba a Luis de Mónica era una abertura que ésta poseía en la parte inferior de la cabeza, una cavidad anterior al tubo digestivo, por donde la mujer introducía los alimentos para digerirlos. Por fuera, este boquete estaba enmarcado por dos coberturas carnosas, una superior y otra inferior, que Mónica se pintaba de rojo para dar realce al resto de su imagen externa. Dentro del orificio, Mónica guardaba el paladar, los dientes y la lengua: un músculo simpático situado dentro de la cavidad, que le servía tanto para degustar los alimentos como para deglutirlos; en otros momentos para emitir sonidos y en la infancia para burlarse de su hermana Patri.

Mónica también se fijaba mucho en Luis. A ella le gustaban los ojos de aquél, que eran dos y también se hallaban en la cabeza. Los ojos de Luis eran elementos viscosos que sobresalían de su cabeza y le permitían contemplar los objetos externos, y reconocerlos según su tamaño, color y distancia. Estos órganos, muy preciados por los seres como Luis y Mónica, no eran iguales. Según los de quién, cambiaban de forma, disposición y tonalidad. Los de Luis eran verdes y grandes. Los de Mónica no.

Los seres como Mónica tenían abultada la estructura por el frente del tórax, y esto entusiasmaba a los seres como Luis. Tales protuberancias, que en total eran dos, sobresalían por delante del cuerpo femenino, también fluctuando en forma y tamaño según la persona. A Luis le gustaban los bultos de Mónica porque, sin ser muy ostentosos, los sospechaba duritos. Estas protuberancias le servían a los seres como Mónica para amamantar y conseguir empleo.

Mónica y Luis eran compañeros de un empleo. El empleo era la forma en que las personas conseguían dinero a cambio de hacer algo para un jefe. Luis trabajaba como asesor de un jefe, y Mónica era la secretaria de un jefe. El jefe se llamaba Barrios y era quien, a cambio de algo llamado labor, recompensaba con dinero a un grupo.

Luis tenía tres años de antigüedad en ese empleo. Un año era el espacio de tiempo que estos seres tardaban en volver a comer pan dulce. Mónica había ocupado su puesto hacía ocho meses. Al principio no se fijaron mucho el uno en el otro. Después tuvieron que hacer un viaje a Córdoba para entregar un trabajo y se cayeron bien. Córdoba era un lugar. Un hombre y una mujer se caían bien cuando sospechaban que haber leído el mismo libro tenía algo de maravilloso.

Luis, como todos los seres como Luis que estaban a solas con una persona como Mónica joven, fingió ser gracioso, caballero y solidario en cada momento del viaje. Mónica, como todas las personas como Mónica que viajaban a Córdoba con el asesor joven de una empresa, se cuidó muy bien de no ser ella, de reirse de cualquier chiste y de sonar inteligente a la hora de confesar cuál había sido la última película que la había hecho llorar.

Ambos confundieron tan bien al otro, que al tercer día se besaron en la boca por primera vez en un taxi que viajaba por la avenida Pedro León Gallo. Un taxi era un vehículo motor que llevaba a las personas a cualquier sitio a cambio de dinero. Besarse en la boca por primera vez era cuando dos personas acordaban, sin decirlo abiertamente, acostarse por la noche y copular.

Esa tarde hicieron todo lo que tenían agendado con ansiedad y buen temple. Caminaron tomados de las extremidades superiores por la peatonal San Jerónimo, volvieron a besarse, esta vez no sólo juntando sus aberturas bucales y entrechocando sus lenguas, sino que también enlazando con las extremidades superiores la estructura del otro, y cuando cayó la noche él la invitó a cenar a Giovannino, un sitio donde un ser como Luis pero más viejo tocaba el violín, mesa por mesa, por dinero, mientras que otro, también por dinero, ponía sobre un mantel seres inferiores muertos y asados que los comensales deglutían con la cavidad bucal, al solo efecto de recuperar fuerzas.

Por la noche, como se dijo, copularon. Al día siguiente volvieron al empleo y se trataron con enorme distancia. Ésto, ignorarse luego de la cópula, los seres como Luis y como Mónica lo hacían muy seguido, y nadie entiendía muy bien por qué.

Hernán Casciari
lunes 8 de marzo, 2004


Podés ver a Hernán Casciari en el teatro


 David Heidel
01/05/2016 a las 02:04
Sos un genio, Jorge. Me encantó éste.
07/02/2016 a las 22:46
Excelente. Algo así como las instrucciones de Cortázar. En este caso, "Instrucciones para comprender el sexo". Me parece que es de tus textos viejos, anteriores a Orsai.
09/11/2015 a las 12:06
Diste tantos detalles que no se entendió nada. Curioso experimento.

Será así como lo sienten los budistas?
01/12/2014 a las 08:44
"...Un hombre y una mujer se caían bien cuando sospechaban que haber leído el mismo libro tenía algo de maravilloso.". Muy cierto.
 javier gallo
26/08/2014 a las 19:53
Tan cierto.
Cada tanto me distraigo de mi condición terrícola mientras viajo en colectivo o pelo papas y pienso... que raro es este mundo, que anormal nuestra normalidad, que raros somos eh!. Como no nos miramos todos un día y nos decimos: pero que carajo estamos haciendo??
01/12/2012 a las 00:08
¿ylos verticales?
21/01/2006 a las 00:04
La San Jerónimo no es peatonal...
beto
21/10/2004 a las 06:44
me gustaria conocewrte...
tin_nqn
15/03/2004 a las 06:17
confesion: en la parte donde describe la lengua como "un músculo simpático situado dentro de la cavidad, que le servía tanto para degustar los alimentos como para deglutirlos; en otros momentos para emitir sonidos y en la infancia para burlarse de su hermana Patri." yo estaba riendome por adelantado pensando en la relacion que iba a tener esto con el tronquito. (que mala costumbre de adelantarme a los textos)...

y por otro lado, otra confesion, que me atormenta un poco: no sé uds (a los seres como LUIS les hablo).. pero yo tengo UNA SOLA bolsa con DOS bolas (con forma ovoidal mas bien). Seré de este mundo che?
Fer
09/03/2004 a las 08:46
Me gustan los cambios, Hernán. Los cambios absolutos de tema. No saber lo que me espera cuando entro a Orsai. Saludos desde ya sabes dónde.
lununa
09/03/2004 a las 03:06
A la tarde puse un comment y se borró, o no salió... grrr. Igual soy muy poco original, a mi también me sonó a los verticales
Io
08/03/2004 a las 21:38
MMMM ... NO ME GUSTOP. GRACIAS POR PARTICIPAR, MAS SUERTE PARA LA PROXIMA
Carola
08/03/2004 a las 20:30
Hernán, he disfrutado muchísmo tu post. Lo he leído cuidadosamente, pero a mi mente romántica y idealista le resulta fría...pero realmente bueno el relato. Besos.
jdori
08/03/2004 a las 20:01
Feliz día a todas las mujeres y enhorabuena por el artículo.
Rayis
08/03/2004 a las 18:22
hola hernán!
seguí el weblog de la mujer gorda con mucho entusiasmo :) si me habré reido!!! :-D
ahora te sigo acá.
los artículos tan muy buenos :)
el de hoy no me gustó.
pero igual... muy lindo lo que hacés :)
pecadora
08/03/2004 a las 18:17
Apenas comencé a leerlo, recordé Los Verticales, del Nacho!!! que por cierto me encantaba, porqué se interrumpió???
Me encanta el "relato extraterrestre", cómo describe las actitudes humanas, resulta muy gracioso.
flo
08/03/2004 a las 18:04
muy bueno!!! pensaba decir que era muy del estilo de los verticales, pero rax se me adelanto!

Me gustó mucho, y feliz día a todas las mujeres!
Flor
08/03/2004 a las 18:04
Muy bueno!
"Estas protuberancias le servían a los seres como Mónica para amamantar y conseguir empleo"...genial!..me mate de risa (una pregunta: el tamaño varia para el uso que se les quiera dar?...grandes = mejor trabajo?...pequeñas = dedicate a amamantar?).
Y el final es verdad (y triste)....pero hay que ver cual es la realidad de fondo...tal vez el tronquito de Luis no era bueno para Monica.
Un beso a todos y MUY feliz dia de la mujer!!
Flor
 Interior
08/03/2004 a las 16:28
¡Feliz día a las protuberantes!, y muy buena descripción de lo que pasa cuando a los que somos como Luis se nos pone rígido el tronco, tronquito es de lo niñitos. ¡Mamá quiero protuberancias!
Susy
08/03/2004 a las 16:05
a mi me encanta, me lei todo lo que escribiste de los verticales y gusta mucho!!
gracias y feliz dia muchachas!!!!
susy
pablo-el ruso del solbaid
08/03/2004 a las 15:54
antes de que esto se convierta en una discución macho-hembra...!!juntemos los tronquitos y las protuberancias y pasemos una noche inolvidable!!!

y feliz día a todas las mujeres,en especial a las vegetarianas(las que se comen los tronquitos)

un abrazo.....
La Romu
08/03/2004 a las 15:15
Esta helazón con la que contás la historia de Mónica y Luis, ese desapasionamiento de mesa de disección para contar un cuento de coqueteo despojándolo de todo erotismo tendrá su mérito, supongo. A mí me pareció ingenioso, nada más. Pero vos sabrás mejor, Hernancito, corazón.

Un besote,
la Romu
Rax
08/03/2004 a las 13:30
Digamos que por momentos el texto es un poco confuso, explica en demasía algunos términos pero deja sin explicar otros, lo que le da un ritmo desigual... Lo admito: me costó trabajo leerlo. Y bueno, que un observador 'externo' (pues tal parece ser la idea) vea que las chichis sirven solamente para amamantar y conseguir empleo (no: se dice de otro modo, que lo más resaltable de una mujer que consigue empleo son sus senos) es un tanto desesperanzador. Sé que la idea es humorosa y no sexista, pero no logra del todo su cometido.
Por otra parte, sin que sea bueno ni malo, esto se parece mucho a lo que hacías en Verticales. :) Simplemente me acordé.
(Ay, Dios... espero no estar sonando a crítica literaria, ya me dio pena).
Diablita
08/03/2004 a las 13:23
FELIZ DIA DE LA MUJER a todas aquellas que dia a dia fingimos ser inteligentes y conseguimos que los seres como Luis se lo crean!!!!
Antraxito
08/03/2004 a las 13:19
¡¡... y feliz día de la mujer a las que masajean las dos bolsas y el trnquito, sin ponerse a medir el tamaño del tronquito!!
veita
08/03/2004 a las 13:11
FELIZ DÍA DE LA MUJER A LAS QUE USAN Y A LAS QUE NO USAN SUS PROTUBERANCIAS PARA CONSEGUIR EMPLEO O AMAMANTAR!!!
Diablita
08/03/2004 a las 13:03
Gracias a las protuberancias que natura nos ha dado a personas como Mónica, he conseguido muchos y buenos empleos pero jamás he aceptado ninguno ( no me gusta trabajar).
Patri
08/03/2004 a las 10:59
Que conste: yo no soy la hermana de Mónica.

Hum... yo, mis protuberancias externas, sin ser muy ostentosas pero sí duritas, no las he utilizado para conseguir ningún tipo de empleo :P

... y mira que da pena el final...