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Vida privada
martes 24 de agosto, 2004

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Vida privada
martes 24 de agosto, 2004

Lado A: música ligera

   

El mismo día que a Maradona lo echaron del Mundial me cansé de mi vida. Me compré una Olivetti Bambina colorada, una carpa canadiense, pastillas potabilizadoras y una mochila de setenta litros. Convencí al director del diario para que me siguiera pagando, pero por hacer crónicas de viajes. Una vez que aceptó, me subí en Once a un tren que se llamaba El Tucumano y me fui al Norte.

Tenía 23 años y, aunque no era la primera vez que estaba en lo más profundo de una crisis, nunca había pegado semejante volantazo en medio de la tormenta. En el tren, aun antes de llegar a Rosario, ya pude percibir esa paz liberadora que nos invade cuando somos jóvenes y no sabemos, ni nos importa, lo que va a pasar con nuestra vida. Respiré igual que un resucitado y, mientras pasaban las estaciones como películas de trasnoche, recompuse mis pedazos por el reflejo de la ventanilla.

Hasta aquel punto final, hasta la tarde que en un bar de Junín y Rivadavia escuché la sentencia más triste del mundo: "me cortaron las piernas", había puesto mi crisis en pausa a raíz del Mundial de Fútbol. El torneo empezó justo en medio de mi depresión, y fue la mejor excusa para postergar la debacle.

Desde el dos de junio tuve algo en qué ocupar la cabeza y no pensar en mí. Todos los días había un partido, y por primera vez Argentina era un equipo que me gustaba. Lo dirigía Basile y estaba Maradona. No podíamos perder. Confiaba ciegamente en el triunfo porque, si ganábamos, quizás me olvidaría —camuflado mi cuerpo entre festejos y bocinazos— que alguna vez había perdido la brújula. Pero no contaba con el dopaje, y la cortina de humo se disipó temprano. Chau al Mundial.

Por herencia paterna, no había podido disfrutar de las dos finales anteriores. En casa somos de Racing en serio. Y un hincha de Racing no festeja los triunfos de Bilardo. Ahora me parece surrealista, incluso snob esa postura, pero en las finales del '86 y del '90 en casa se gritaban los goles de Uruguay.

En Italia '90, Roberto y yo nos abrazamos cuando Andreas Brehme metió el penal esquinado, igual que cuatro años antes habíamos apagado el televisor con bronca después de la carrera agónica de Burruchaga. Durante mucho tiempo esa excentricidad me pareció legendaria, un punto a favor en mi biografía. En cambio ahora que estoy lejos de Buenos Aires (ahora que soy capaz de enloquecer de alegría por una triste medalla olímpica en canotaje) me avergüenza no haber festejado la gesta del '86.

Ocho años después, cuando por fin quise reivindicarme, se me acabó el Mundial en octavos y me reencontré de golpe con una vida vacía de epopeyas. Unos meses antes me habían caído del cielo mil y pico de dólares en un premio literario y aproveché el dinero para escapar una larga temporada a la intemperie, solo, a ver si era capaz de encontrar la pasión esquiva.

En esas épocas yo pensaba que a los veinticinco años me sonaría la campanada final de la literatura; sentía que me quedaba poco trecho y que todavía no había escrito una sola novela decente. Ahora, que tengo treinta y tres, ya no me pongo esos límites temporales para casi nada. Tampoco escribo novelas, es cierto. Pero entonces era espantosamente necesario para mí ser escritor: lo deseaba con la misma fuerza que hoy deseo ser feliz.

A principios de aquel año '94 había empezado a leer como un loco a Juan Filloy. Además de Maradona y su desgracia mítica, el narrador cordobés había propiciado también ese viaje. En su novela Op Oloop había leído una frase que me empujó a desprenderme de todos los contextos: «La soledad es el placer de la propia perspectiva», escribía Don Juan en 1932. Sigo pensando que es una de las verdades más redondas que se han dicho nunca.

Entre los pocos libros que llevaba en mi mochila, había un par de mi admirado Filloy y la obra poética de César Vallejo. Casi nada más. El 18 de julio, en un pueblo perdido de Santiago del Estero, estaba leyendo el poema «Los Nueve Monstruos», del peruano, cuando una radio cercana me avisó del atentado en la AMIA. El párrafo que leía en ese momento me pareció una señal:

«(...) jamás tan cerca arremetió lo lejos,
jamás el fuego nunca
jugó mejor su rol de frío muerto.
Jamás, señor ministro de salud,
fue la salud más mortal».

El viaje estuvo lleno de códigos secretos como ése. Señales imperceptibles, guiños que a simple vista no querían decir nada pero que, tan frágiles mis huesos y tan necesitado yo de milagros, significaban muchas cosas y me hacían tener esperanza.

Una tarde que nunca voy a olvidar terminé de leer, de un tirón, una novela de Don Juan —era Caterva— y sentí una profunda reconciliación interior. Me supe, digamos, casi feliz después de muchos meses. Yo estaba en Salta, a punto de pasar a Bolivia, sentado en la mesa de madera de un camping abandonado, en patas. Di vuelta el libro para revisar la solapa (esas cosas que hacemos para no concluir un buen libro, para que siga en nuestras manos un poco más) y allí, en la reseña, estaba la más grande todas las señales:

«Filloy nació en Córdoba el 1º de agosto de 1894 —leí—; de madre francesa y padre español, compartió la vida y el trabajo con sus seis hermanos en el...»

Interrumpí la lectura biográfica con el corazón latiéndome en la yema de los dedos. "1º de agosto de 1894": increíble. Hacía ya dos meses que vagaba por pueblos perdidos, haciendo reportajes a brujos y calesiteros, a toda clase de gente marginal que tuviera algo extraño que contar, sacándole fotos a manchas de humedad que parecían la cara de un cristo, pescando bogas. No tenía idea de la fecha en que vivía. Casi de casualidad estaba al tanto de la provincia que pisaba, y a veces ni eso. Pero sí sabía algo: que hacía frío y que era invierno. Y otra cosa más. Que estábamos en 1994. Por eso tuve la corazonada.

No sé a quién le pregunté:

—Qué día es hoy, maestro —y crucé los dedos.

Me dijeron que martes. Martes 31 de julio de 1994. Por primera vez me sentía apurado para llegar a algún sitio. Tanteé en los bolsillos cuánta plata me quedaba: había que salir ya mismo si quería estar a tiempo.

Hice dedo hasta Ojo de Agua: me llevaron unos santiagueños que traficaban fotocopiadoras en una combi. Nunca entendí el negocio, pero tenían porro y contaban buenos chistes sobre tucumanos. Y esa misma noche —con la ansiedad más grande del mundo— me encontré maldurmiendo en un micro que se dirigía, por fin, a la provincia de Córdoba.

Deshacer el camino en busca de señales que me mantuviesen vivo, que me devolvieran la pasión. En eso consistía la cura, y yo comenzaba a descubrirlo. Por fin me sentía pleno, otra vez ubicado en el surco del mundo que me correspondía.

(En ese viaje pensé, por primera vez, que la vida está grabada en los surcos de un longplay, y que uno es la púa ciega que rasguña el vinilo. Lo difícil no es que suene la música —siempre suena—, sino dar con el surco que a cada cual le corresponde. Una crisis es un salto antiestético en la canción. Encontrar otra vez la música correcta puede resultar muy complicado. A veces no ocurre nunca y enloquecemos. La locura es un disco rayado, es la desesperación que le hace repetir al desequilibrado la misma historia triste siempre.)

Cuando llegué a la capital cordobesa eran las nueve de la mañana. Juan Filloy, el escritor vivo más grande de la Argentina, un hombre irrepetible del que había leído párrafos maravillosos durante los últimos meses, comenzaba a cumplir cien años. Si yo estaba allí, era porque había recuperado la música perdida.

Toda la angustia acumulada quedaba atrás. Ésa había sido mi última crisis, la más dulce de todas, la que recuerdo con más respeto, porque vencí. Esa mañana, renovado y sonriente, respiré hondo y me fui en ayunas a la casa de Don Juan. Avenida Buenos Aires, número 26. Sentía que aquel hombre, nacido en el siglo diecinueve, tenía muchas cosas que decirme. Prendí un cigarro para paliar el frío, o para matar los nervios.

Antes de tocar el timbre y de que Don Juan me recibiera con su generosidad centenaria, antes de que ocurriera la conversación que contaré mañana, supe que alguien, en alguna parte, me estaba dando la vuelta, y que empezaba a sonar, armonioso, el Lado B del resto de mi vida.

Nota. Este texto es la primera parte de un conjunto, que concluye con Lado B: canciones lentas.

Hernán Casciari
martes 24 de agosto, 2004


Lado A: música ligera

por Hernán Casciari

El mismo día que a Maradona lo echaron del Mundial me cansé de mi vida. Me compré una Olivetti Bambina colorada, una carpa canadiense, pastillas potabilizadoras y una mochila de setenta litros. Convencí al director del diario para que me siguiera pagando, pero por hacer crónicas de viajes. Una vez que aceptó, me subí en Once a un tren que se llamaba El Tucumano y me fui al Norte.

Tenía 23 años y, aunque no era la primera vez que estaba en lo más profundo de una crisis, nunca había pegado semejante volantazo en medio de la tormenta. En el tren, aun antes de llegar a Rosario, ya pude percibir esa paz liberadora que nos invade cuando somos jóvenes y no sabemos, ni nos importa, lo que va a pasar con nuestra vida. Respiré igual que un resucitado y, mientras pasaban las estaciones como películas de trasnoche, recompuse mis pedazos por el reflejo de la ventanilla.

Hasta aquel punto final, hasta la tarde que en un bar de Junín y Rivadavia escuché la sentencia más triste del mundo: "me cortaron las piernas", había puesto mi crisis en pausa a raíz del Mundial de Fútbol. El torneo empezó justo en medio de mi depresión, y fue la mejor excusa para postergar la debacle.

Desde el dos de junio tuve algo en qué ocupar la cabeza y no pensar en mí. Todos los días había un partido, y por primera vez Argentina era un equipo que me gustaba. Lo dirigía Basile y estaba Maradona. No podíamos perder. Confiaba ciegamente en el triunfo porque, si ganábamos, quizás me olvidaría —camuflado mi cuerpo entre festejos y bocinazos— que alguna vez había perdido la brújula. Pero no contaba con el dopaje, y la cortina de humo se disipó temprano. Chau al Mundial.

Por herencia paterna, no había podido disfrutar de las dos finales anteriores. En casa somos de Racing en serio. Y un hincha de Racing no festeja los triunfos de Bilardo. Ahora me parece surrealista, incluso snob esa postura, pero en las finales del '86 y del '90 en casa se gritaban los goles de Uruguay.

En Italia '90, Roberto y yo nos abrazamos cuando Andreas Brehme metió el penal esquinado, igual que cuatro años antes habíamos apagado el televisor con bronca después de la carrera agónica de Burruchaga. Durante mucho tiempo esa excentricidad me pareció legendaria, un punto a favor en mi biografía. En cambio ahora que estoy lejos de Buenos Aires (ahora que soy capaz de enloquecer de alegría por una triste medalla olímpica en canotaje) me avergüenza no haber festejado la gesta del '86.

Ocho años después, cuando por fin quise reivindicarme, se me acabó el Mundial en octavos y me reencontré de golpe con una vida vacía de epopeyas. Unos meses antes me habían caído del cielo mil y pico de dólares en un premio literario y aproveché el dinero para escapar una larga temporada a la intemperie, solo, a ver si era capaz de encontrar la pasión esquiva.

En esas épocas yo pensaba que a los veinticinco años me sonaría la campanada final de la literatura; sentía que me quedaba poco trecho y que todavía no había escrito una sola novela decente. Ahora, que tengo treinta y tres, ya no me pongo esos límites temporales para casi nada. Tampoco escribo novelas, es cierto. Pero entonces era espantosamente necesario para mí ser escritor: lo deseaba con la misma fuerza que hoy deseo ser feliz.

A principios de aquel año '94 había empezado a leer como un loco a Juan Filloy. Además de Maradona y su desgracia mítica, el narrador cordobés había propiciado también ese viaje. En su novela Op Oloop había leído una frase que me empujó a desprenderme de todos los contextos: «La soledad es el placer de la propia perspectiva», escribía Don Juan en 1932. Sigo pensando que es una de las verdades más redondas que se han dicho nunca.

Entre los pocos libros que llevaba en mi mochila, había un par de mi admirado Filloy y la obra poética de César Vallejo. Casi nada más. El 18 de julio, en un pueblo perdido de Santiago del Estero, estaba leyendo el poema «Los Nueve Monstruos», del peruano, cuando una radio cercana me avisó del atentado en la AMIA. El párrafo que leía en ese momento me pareció una señal:

«(...) jamás tan cerca arremetió lo lejos,
jamás el fuego nunca
jugó mejor su rol de frío muerto.
Jamás, señor ministro de salud,
fue la salud más mortal».

El viaje estuvo lleno de códigos secretos como ése. Señales imperceptibles, guiños que a simple vista no querían decir nada pero que, tan frágiles mis huesos y tan necesitado yo de milagros, significaban muchas cosas y me hacían tener esperanza.

Una tarde que nunca voy a olvidar terminé de leer, de un tirón, una novela de Don Juan —era Caterva— y sentí una profunda reconciliación interior. Me supe, digamos, casi feliz después de muchos meses. Yo estaba en Salta, a punto de pasar a Bolivia, sentado en la mesa de madera de un camping abandonado, en patas. Di vuelta el libro para revisar la solapa (esas cosas que hacemos para no concluir un buen libro, para que siga en nuestras manos un poco más) y allí, en la reseña, estaba la más grande todas las señales:

«Filloy nació en Córdoba el 1º de agosto de 1894 —leí—; de madre francesa y padre español, compartió la vida y el trabajo con sus seis hermanos en el...»

Interrumpí la lectura biográfica con el corazón latiéndome en la yema de los dedos. "1º de agosto de 1894": increíble. Hacía ya dos meses que vagaba por pueblos perdidos, haciendo reportajes a brujos y calesiteros, a toda clase de gente marginal que tuviera algo extraño que contar, sacándole fotos a manchas de humedad que parecían la cara de un cristo, pescando bogas. No tenía idea de la fecha en que vivía. Casi de casualidad estaba al tanto de la provincia que pisaba, y a veces ni eso. Pero sí sabía algo: que hacía frío y que era invierno. Y otra cosa más. Que estábamos en 1994. Por eso tuve la corazonada.

No sé a quién le pregunté:

—Qué día es hoy, maestro —y crucé los dedos.

Me dijeron que martes. Martes 31 de julio de 1994. Por primera vez me sentía apurado para llegar a algún sitio. Tanteé en los bolsillos cuánta plata me quedaba: había que salir ya mismo si quería estar a tiempo.

Hice dedo hasta Ojo de Agua: me llevaron unos santiagueños que traficaban fotocopiadoras en una combi. Nunca entendí el negocio, pero tenían porro y contaban buenos chistes sobre tucumanos. Y esa misma noche —con la ansiedad más grande del mundo— me encontré maldurmiendo en un micro que se dirigía, por fin, a la provincia de Córdoba.

Deshacer el camino en busca de señales que me mantuviesen vivo, que me devolvieran la pasión. En eso consistía la cura, y yo comenzaba a descubrirlo. Por fin me sentía pleno, otra vez ubicado en el surco del mundo que me correspondía.

(En ese viaje pensé, por primera vez, que la vida está grabada en los surcos de un longplay, y que uno es la púa ciega que rasguña el vinilo. Lo difícil no es que suene la música —siempre suena—, sino dar con el surco que a cada cual le corresponde. Una crisis es un salto antiestético en la canción. Encontrar otra vez la música correcta puede resultar muy complicado. A veces no ocurre nunca y enloquecemos. La locura es un disco rayado, es la desesperación que le hace repetir al desequilibrado la misma historia triste siempre.)

Cuando llegué a la capital cordobesa eran las nueve de la mañana. Juan Filloy, el escritor vivo más grande de la Argentina, un hombre irrepetible del que había leído párrafos maravillosos durante los últimos meses, comenzaba a cumplir cien años. Si yo estaba allí, era porque había recuperado la música perdida.

Toda la angustia acumulada quedaba atrás. Ésa había sido mi última crisis, la más dulce de todas, la que recuerdo con más respeto, porque vencí. Esa mañana, renovado y sonriente, respiré hondo y me fui en ayunas a la casa de Don Juan. Avenida Buenos Aires, número 26. Sentía que aquel hombre, nacido en el siglo diecinueve, tenía muchas cosas que decirme. Prendí un cigarro para paliar el frío, o para matar los nervios.

Antes de tocar el timbre y de que Don Juan me recibiera con su generosidad centenaria, antes de que ocurriera la conversación que contaré mañana, supe que alguien, en alguna parte, me estaba dando la vuelta, y que empezaba a sonar, armonioso, el Lado B del resto de mi vida.

Nota. Este texto es la primera parte de un conjunto, que concluye con Lado B: canciones lentas.

Hernán Casciari
martes 24 de agosto, 2004


¿Te gustó esta historia?

Pertenece al libro El pibe que arruinaba las fotos, de Hernán Casciari. Está a la venta en la Tienda Orsai y te lo mandamos a tu casa sin gastos de envío.


 Camilett
21/12/2016 a las 02:02
Hola Hernán!
Ojalá que tu lado b tenga más canciones que tu lado a sino en el 2017 vas a estar en problemas! (23 23=46) :p
Según Martín cisioli (o como se escriba) y TN existen los lados c.
Saludos!
TíaGanga Destartalada
31/08/2004 a las 14:20
Ta que te parió Casciari!!

"Una crisis es un salto antiestético en la canción. Encontrar otra vez la música correcta puede resultar muy complicado"

Con crisis o sin crisis soy más feliz ahora que hace diez años. No se si voy a encontrar la música correcta pero no quiero enloquecer en el intento.
daroxiano
30/08/2004 a las 19:12
Gracias...
T.P.
30/08/2004 a las 04:29
Daroxiano: yo soy una de esas personas que pudo irse (es más: que tuvo todo para irse) pero decidió quedarse. Y aquí estoy. Y sé (estoy segura) de no haberme equivocado. Comparto gran parte de tus razones, y entiendo las de las que prefirieron otro destino. Sólo quería que supieras que no sos el único en sentir lo que sentís, y que me alienta leer palabras como las tuyas.
pabura
27/08/2004 a las 17:32
Me animo a decir que Daroxiano fue mal interpretado. El espíritu de sus palabras dista del reproche, por lo menos para mí.
pabura
27/08/2004 a las 16:47
hernán... si algun día vaciamos jarras en un mismo bar, tal vez te cuente de un día en que me sentí parecido.
me pareció maravillosa tu metáfora del surco del disco. si no te molesta, la voy a utilizar en ámbitos donde va a ser muy útil.
Amelie
26/08/2004 a las 23:27
Daroxiano
Cuando tomé la decisión de irme, me daba tanta vergüenza, que no se lo quería contar a nadie, porque me sentía una rata escapando del barco.
Si todo sale según mis planes, me vuelvo en febrero/marzo del año que viene.
Tu comment #54 no solo que no me ofendió,sino que me gustó que me "retes" por haberme ido.
Torombolo
26/08/2004 a las 17:38
SOBERBIO!!!!!
Me emocione profundamente. Gracias Hernan por recordarme aquel viaje que necesite para que mi cabeza hiciera click y fuera el paso definitivo de la adolescencia tardia a la adultez.
fabian
26/08/2004 a las 08:46
Me gustaría agregar algo más:
El concepto de patria lo veo ligado inexorablemente al de "libertad". No concibo un lugar en donde (entre otras cosas) se ven ejemplos de abusos insoportables a las libertades individuales. No hablo solo de la imperdonable ola de secuestros, sino de mil y un detalles. En estos tres años cada vez que voy a Argentina de visita mi buen humor dura hasta que me agarra el primer piquete y me deja incomunicado. El derecho a reivindicar de algunos se transformó en el suplicio de otros y eso no me parece justo y no es la patria que quiero para mis hijos.
26/08/2004 a las 07:59
Creo Daroxiano (#54) que planteas un tema muy interesante y que no tiene respuestas simples. Personalmente, yo prefiero mil veces partir que quedarme pero no puedo negar que, desde una perspectiva sociológica, el fenómeno migratorio se relaciona con una gran cantidad de variables, varias de ellas todavía no investigadas.

Por ejemplo, en una clase de inglés un profesor británico nos decía que todos los ecuatorianos con los cuales él había hablado le decían que el Ecuador es un paraíso, pero él no entendía por qué todos los ecuatorianos querían escapar de dicho paraíso. Muchos dirán que se debe a la situación económica y a las difíciles condiciones de vida, y en eso tienen bastante razón, pero yo considero que hay algo mucho más grave y que es lo que se podría denominar una pérdida de esperanza en el país. La gente se va porque simplemente considera que la propia patria no tiene futuro.

Me he dado cuenta que muchos han tomado lo que dice Daroxiano de una manera muy personal. Pero para mí es claro que él no estaba atacando a nadie en particular. Sólo está poniendo sobre la mesa algunos temas que casi nunca se discuten: ¿Qué va a pasar con nuestros países cuando la gran mayoría nos hayamos ido? Cuando desconfiamos de nuestro país ¿no estamos también desconfiando de nosotros mismos? ¿No sería mejor que construyéramos el futuro dentro de nuestra patria y no fuera de ella?

Yo mismo tengo muchas razones para contradecir a Daroxiano, pero creo que lo más importante en este diálogo no es comprobar que él se equivoca sino analizar sus argumentaciones y ver si es posible que él tenga la razón. De ese modo ganamos todos.
La Romu
26/08/2004 a las 05:18
No es necesario ser buen argentino, nene. Es necesario ser buena persona. El resto es un azar geográfico, como escribió uno del que sos barrabrava,

Un beso grande.
PatoMusa
26/08/2004 a las 04:55
Perdón Daroxiano. "propuesta" fué un eufemismo por reprensión.
chori
26/08/2004 a las 04:39
¡Qué hijoeputa! Dudo en creerte este post, al menos estoy seguro que empezaste con una mentira porque no gritar los goles en el 86 es poco menos que imposible, por lo demás, lo de Filloy voy a andar con tiento.
Probablemente es un buen escritor pero me aburre, me da bronca porque se ve que ya tiene chapa de ícono de culto, y a mí no me convence, es más, la frase que tiraste, tuve que leerla tres veces y repensarla diez y aún así no la entiendo.
Partir es morir un poco. ¿Quièn lo dijo?
daroxiano
26/08/2004 a las 03:24
PatoMusa... para bien o mal de mi parte, no he hecho propuesta alguna. En cuanto a sí es valido lo que digo o no?... es tan valido como desees. Mis palabras en modo alguno quedan sujetas a tu aprobación.

Alejo, No intento cambiar nada, menos “torear” y muchisimo menos aún reprocharle algo a alguien. Si me lees bien veras que el único que se lleva un reproche en mis líneas soy yo.

Tampoco he pretendido hacer disquisiciones sobre la validez de la nostalgia... solo me permití entre amigos compartir una inquietud. Creo que lo hice con respeto y estoy seguro de haber escrito cada palabra con afecto.
Seguramente no compartimos algunos puntos de vista... En ese caso si he incomodado a alguien. Que ese alguien reciba mis más sinceras disculpas.
Definitivamente no era la idea... y creo que sí se lee bien y sin fantasmas, se nota.
procter
26/08/2004 a las 02:00
Pues yo soy Mexicano y me voy al Canada. Las razones son muchas pero los deseos mayores: Mis Hijos, mi esposa.

He sido un lector anonimo pero hoy decidi poner en escrito mi sueño para que no se me llegue a olvidar tentado por el amor a la patria.

Procter.
Med
26/08/2004 a las 01:32
Bellísimo, Casciari...

Un abrazo

Med
Isa C
26/08/2004 a las 00:38
Me encantó este post.
Mañana vengo a por más.
Este Carciari me gusta más que el políticamente incorrecto.
darthgon
26/08/2004 a las 00:25
Daroxiano:

Siento la necesidad de contestarte. Yo vivo en USA, llegue hace un anio y 4 meses. Me fui de Argentina para tratar de salir adelante, harto de no poder disfrutar de nada, con mi estudio a punto de fundirse (tecnicamente con plata prestada, osea bajo cero).
Hoy a mi manera aca hago patria, abri una sucursal de nuestra oficina aca en Miami y hoy puedo decirte que cuando llegue en Buenos Aires solo estaba mi socio. Hoy son 10 personas, mas 2 aca y una en Italia. Le estoy dando trabajo a 9 personas solo en Argentina.
Me demostre que el problema no era yo, sino el pais (entendido como contexto general), vi que en Argentina no salis adelante por ser capaz o romperte el traste, sino por razones aleatorias-contactologicas. Llegue a un pais frio, de gente super competitiva, pero en el cual si te rompes el traste, cada dia estas mejor.
No solo yo estoy mejor, 10 familias en Argentina estan mejor gracias a mi desicion de emigrar.
Te parece que no tengo motivos para aniorar el olor a cafecito de la esquina, los asados en lo de mi vieja, los cafes en casas de amigos "alpedeando" por horas, las pizzas con mi amigos "solucionando el mundo desde una mesa de pizzeria"???
Si, obvio que me pone nostalgico, pero entiendo que si tenes un un pie con gangrena, el cortartelo no es lindo, pero es mejor que no hacerlo.
Espero que se entienda...

Saludos

Gonzalo
El Angel Gris
25/08/2004 a las 23:52
Estimados últimos commentaristas, Hugo, es cierto soy nostalgioso y vivo donde me crié, Daroxiano, recuerdo en defensa de quienes se fueron una frase que viene al caso "Yo no me fuí, ustedes se quedaron", de todos modos coincido bastante con tu postura, pero es individual, no se puede trasladar a otros.
Fabian
25/08/2004 a las 23:52
Yo, sin embargo, quisiera contestarte Daroxiano, #54 porque veo una duda sincera y me siento entre amigos. (paso de los acentos, sabran disculpar)
La personalisima y resumida razon por la que me fui fue la tremenda necesidad de encontrarme a mi mismo, de probarme que podia hacer algo absolutamente solo en cancha ajena, de conocerme mas profundamente y de sentirme protagonista absoluto de mi pelicula mientras expandia mis horizontes geograficos y mentales.
Nostalgia siento, es inevitable. Como no voy a recordar con dolor los desayunos con mi viejo o los interminables paseos con mi perro Zeus? entre otras miles de cosas; pero yo necesito avanzar, seguir adelante. Si caigo en la tentacion de mirar atras a la mas minima dificultad, ya nada sera posible para mi. Mi sueno es volver algun dia, pero para estar mejor que aca, no puedo pensar en sacar un pais adelante cuando todavia estoy ocupado con pilotearla yo.
Saludos para tod@s sean de donde sean y esten donde esten.
PatoMusa
25/08/2004 a las 23:47
No exagerás, Hernán #58, para nada...
Raúl - Misiones
25/08/2004 a las 23:35
Campeón, me gusta leerte. De verdad me gusta.
Hugo
25/08/2004 a las 22:36
La Nostalgia: quien dice que hay que irse para sentir nostalgia?
de hecho la nostalgia está referida más a determinados sucesos que acaecieron en determinado lugar o en determinado tiempo, que al lugar o al tiempo perdidos o idos en si mismos...
PatoMusa
25/08/2004 a las 21:56
Daroxiano #54,
Te contesto igual.
¿Sabés porqué tu propuesta no es válida?
Porque las razones son siempre personales y egoístas, y jamás tienen sentido para los demás.
Vos creerás conocer esas razones, pero en el fondo no es así. Por eso no las entendés y es al cuete explicarlas.
A mí, personalmente, la crisis me agarró a los 21; aún sin resolver pegó fuerte a los 25. En vez de un tren me tomé el avión y no encontré motivo para pegar la vuelta.
El Lado B de mi vida es en otro idioma. Un detalle, nada más.
Aunque te parezca mentira, la nostalgia no es cuestión de geografía, aparece de golpe cuando suena la música del Lado A.
Daroxiano
25/08/2004 a las 20:59
Hace mucho que los leo... tanto a vos Hernán como al resto de Uds. en los comments
Permítanme preguntarles algo. Lo pregunto a mis compatriotas...
De antemano sé que no tengo el derecho.
También sé que cada uno de Uds. tiene de seguro una muy buena razón para estar donde está y para hacer lo que hace.
Pero los leo manchados de nostalgias, magnificando lo simple de ser lo que somos...
Aquí, allí... donde sea, esa marca se queda.
Sé que aquí todo es difícil, aquí vivo.
Sé que las oportunidades son pocas o ninguna. Sé que a veces no hay rincón donde esconderse de la angustia, o de la miseria... o de la inseguridad
Que las fronteras de nuestras capacidades o nuestras aspiraciones no siempre están cómodas dentro de los límites que nos enseñaron en la primaria... también lo sé.
Pero aún así me atrevo a preguntarles... ¿Qué hacen ahí?
Y lo pregunto porque los leo y sospecho cierta brecha en su nostalgia para hacerlo. Lo pregunto porque la mayoría de Uds. me caen bien y me gustaría tenerlos aquí en lugar de tantos otros que me rodean.
No voy a caer en la estupidez del eslogan de construir una patria juntos... hasta a mí me suena estúpido ya.
Pero deténganse, olviden lo malo (que también es tener memoria)... y de estúpido no tiene nada. Nada en absoluto.
Las banderas que ven flamear en las plazas donde sus hijos juegan hoy de seguro fueron puestas en alto por gente que jamas consideraría estúpido ese "eslogan"... Y apuesto a que también lo hicieron en el peor de los momentos y contra toda chance.
Si aquellos que pueden aportar algo a su presente eligen irse, la batalla está perdida y solo resta la vigilia de la agonía. Porque lo que queda aquí cada vez que uno de Uds. se va es un peor promedio... una chance menos de inspirarnos. Un número menos que jugamos en esta lotería de destinos.
Ser argentino, o venezolano, o peruano es definitivo... es un apellido. Yo no dejaría mi apellido en las manos de gente que me avergüenza.

Les repito, me sé de memoria todas las razones que hacen cruzar un océano.
Y saben algo?... son contundentes a fuerza de atroces. Pero no se trata de tener razones... se trata precisamente de no tenerlas. Porque también sé que un país no se hace grande gracias a sus héroes y sus batallas. Que poco tiene de épico el bienestar y que los verdaderos padres de una patria son los millones de personas que cada mañana, sin fe, sin recursos y sin razón se dan el lujo de derrotar su propia desazón. De levantarse del mal sueño y salir a pelearla... porque sí. Porque es difícil...
Si no fuera difícil, no valdría la pena despertar.

Les pido disculpas por mi atrevimiento... ni siquiera tienen que responderme.
Sin duda les asiste todo el derecho del mundo de mandarme a la mierda.
leo
25/08/2004 a las 20:58
Hernan: si estuviste en tucuman, tu viaje ya estaba justificado.-
leo
25/08/2004 a las 20:48
Hernan: estuviste en Tucumán? si es así esa sola circunstancia ya justifica tu viaje interior.-
elteta
25/08/2004 a las 20:19
Si una de las grandes virtudes que puede tener un texto es generar un cambio, aunque más no sea, en el estado de ánimo de quien lo lee, el de hoy es fantástico.

Me tiraste al piso.

Me hiciste entrar en la crisis que venía postergando.
Alejo
25/08/2004 a las 19:58
Hernán,

Quizá ya lo sepas, pero anoche ví el último reportaje del Diego; a solas con Haddad en el 9. Me causó mucha pena, un dolor muy grande.

Ojalá el Diego encuentre el surco que le corresponde; hoy por hoy, sufre, y no halla paz.

Alejo
elteta
25/08/2004 a las 19:54
Creo que la emoción que me provoca este texto es porque me hace pensar cuántas cosas en las que creíamos tuvimos que ceder a cambio de un par de comodidades.
Alejo
25/08/2004 a las 19:45
Lado B,

¿Cómo es eso que no festejaste los triunfos del '86 y gritaste el gol de Codes(m)al (no fue penal) en el '90?.

Creí que conocía a la única argentina que no había festejado el golazo del burru en la final de México, pero veo que hay "otros". La que yo conocía, es una chica compañera de la facu de mi señora, que casualmente es la sobrina de Jorge; pero ella tenía sus motivos, como era terriblemente vergonzosa, no le gustaba que la asociaran con su tío porque en el colegio era como la atracción del circo. En su caso, la justifico, pero en el de los Casciari... ¿Ni siquiera se prendieron a la bandera que decía "Perdón Bilardo. Gracias"?

Un abrazo, este menos afectuoso que el anterior

Alejo
Hugo
25/08/2004 a las 19:33
Ni bien empecé a leer tu post, se me vino a la mente una historia que leí de niño, no tengo ni remota idea del autor, sólo sé que estaba en una colección de cuentos rusos,en la que narraban la aventura de un niño de 12 años que decide irse sólo a Siberia (con su osito de peluche, creo)a "templarse" como hombre. Toma el tren y cuando le cuenta su propósito al tipo que revisa los boletos, aquél lo baja y le dice, con una sonrisa indulgente "anda a casa hijo..." y así culmina la aventura.
Iba a ser un comentario baboso, del tipo: ya leí algo por el estilo; pero el resto de tu post es lo que me ha impresionado. Veo de los comments que cada quien toma de tu post lo que le interesa, y eso está bien... a mí me llamó la atención que hables de Vallejo. Ambos, Vallejo y yo, somos de La Libertad, un departamento del Perú, y si bien él es alguien valioso y yo un inútil, tenemos en común el arraigo a lo que se fue quedando atrás, a la familia principalmente, a los amigos... en fin.
En las escuelas y colegios suele hablarse mucho de César Vallejo, y a ese nivel son más conocidos sus cuentos (Paco Yunque, Tungteno) que sus poemas; pero, cosa curiosa, cada vez que intento traer a la memoria algún poema suyo (pues yo también devoré encarnizadamente cada una de las palabras en ellos plasmados)se mezcla con imágenes de un hombre volviendo a casa llevando un regalo para su hijo (un trozo de tungsteno) y sólo encuentra un terreno desolado por los rayos.
El hecho es que no hay una edad específica que constituya un punto de quiebre respecto a la felicidad y a lo que se quiere ser o tener, yo aún no lo sé muy claro y ya llevo treinta años.
En todo caso, la imágen mas próxima a la felicidad que tengo guardada en mis recuerdos es la de un chico (yo) echado de espaldas en el techo de su casa, mirando las estrellas, pensando en miles de tonterías y sólo, pero arrullado, acompañado y protegido por el ruido cotidiano de papá, mamá y hermanos al interior de la casa...
O la imágen de un hombre (también yo)pegado a la ventana que dá a la habitación de los recién nacidos, mirando a mi hija, con miles de ideas y nuevos miedos en la cabeza, también solo, pero arrullado y protegido por su llanto...
Alejo
25/08/2004 a las 19:31
Hernán,

Salté del comentario 24 al mío, porque intuyo que si no dejo el mío ahora, me voy a ver influido por los de los demás.

Mirá, si cuando escribiste el post de hoy tenías en mente, hacer pensar al lector y dejarlo con ganas de más, puedo decirte que en mi caso, funcionó. Cuando uno es joven tiene ese espíritu trágico y valiente, de creer que lo que a uno le sucede en la vida es lo más terrible que puede soportar un humano, pero al mismo tiempo ese fuego interior que nos dice, dale, tenés que seguir, qué importa el futuro, el porvenir, si tenés este deseo irrefrenable de cumplir con tu destino (aunque uno bien no sabe cuál es ese destino).

Creo que te adopté definitivamente como un tipo al que vale la pena escuchar aunque descuides un poco la rutina de oficina. Eso de salir corriendo en busca de Filloy, de querer escucharlo porque de seguro que en su siglo de vivencia tiene algo para contarte, para enseñarte, es algo que los jóvenes de hoy en día están perdiendo. La analogía entre el surco del disco de vinilo y la vida, genial (son de esas ideas que a uno le dan envidia porque no se le ocurrieron a uno). Qué se yo, me has dejado satisfecho y con ganas de más al mismo tiempo.

Un abrazo

Alejo
Viyi
25/08/2004 a las 19:15
O me hacés llorar de risa o de emoción.
Hoy me pasó lo segundo. Muy bien, Hernán!
Gracias por el lindo post de hoy!
Espero ansiosa la segunda parte.
Viyi
AM
25/08/2004 a las 18:05
el texto... una puñalada, que brutal... argentino de la que te parió, Juan Filloy es un monstruo, un alienígeno, un asesino...
Pero basta de elogios nacidos de mi reconcentrada envidia
Sigo buscando
Scaramanzia
25/08/2004 a las 17:53
felicitaciones casciari.
Tipeo esta frase con una sola mano porque desde que termine este post empece a comerme las uñas esperando el de mañana.
Esto es una novela por capitulos o me parece a mi?
y que debe hacer una ansiosa incurable como yo?
si esto se convierte en una constante dudo de que mi cuerpo lo resista.
un beso
Mecha
25/08/2004 a las 17:42
otra vez yo
Una pregunta Hernan: tampoco festejaste los goles a los ingleses???
darthgon
25/08/2004 a las 17:33
Hernan,
que te puedo decir, brillante. Creo que la vida es un proceso en el cual nacemos con felicidad y sin anios, y en cada cumpleanos recibimos un anio y damos algo de felicidad. Miro a mis sobrinos y entiendo como se rien y SON FELICES por pelotudeces. A veces los envidio.
Lo unico que se es que hace 5 anios conoci una cancion que hace que mi disco no sea tan choto, se llama "mi esposa".
A veces pienso que tendria que largar todo a la mierda e irme con ella a vivir a la polinesia, a trabajar en un barcito, y disfrutar de la vida (aunque no creo que pueda disfrutar sin computadora, televisor, etc.etc).
Me hiciste pensar mucho con el post de hoy, recordar los ideales de cuando era joven. Gracias

Gonzalo

PD: mi viejo siempre dice que se acurda donde estaba cuando se entero que habian matado a kennedy, o cuando el hombre llego a la luna, yo creo que los argentios nacidos del 69 para aca, no hay tantas cosas que recordemos tan claras como el mundial del 86, el "me cortaron las piernas", y la embajada de israel y la amia (un poco mas aca, las torres gemelas).
Rabino
25/08/2004 a las 17:15
Excelente!! La verdad hace mucho que no leia un post tuyo TAN bueno, felicitaciones!
Fabian
25/08/2004 a las 17:11
Gracias Hernán #13 por el dato...que memoria macho!
Amelie #17 no pasa día en mi vida en que no piense en volverme...ya lo haré, no lo dudes. Y espero que vos encuentres tu camino también.
Pirula
25/08/2004 a las 16:30
Otra cosa: cuando uno está en crisis, todo lo que piensa y todo lo que le pasa le parece que está mal y que va a seguir así para siempre. En esos momentos lo mejor es reconocer que uno pasa por una crisis y aceptar que si bien todo lo ve mal, eso no va a ser así para siempre.
PatoMusa
25/08/2004 a las 16:27
10 años atrás...
...pagué U$150 por dos entradas al Rose Bowl para que mi esposo, que no es argentino y nunca se había interesado por el soccer, lo viera jugar a Maradona en vivo...
Esa noche el test casero de otra orina, dió un resultado muy diferente: el comienzo de la vida de mi primer hijo...
Pirula
25/08/2004 a las 16:26
Excelente Hernan!. Está muy bien escrito. Me gustó mucho.

Ya pasaron 10 años desde lo de Maradona? puta madre, me siento un poco viejo!!
Toro
25/08/2004 a las 16:23
Me hiciste acordar Pato, yoe stoy en mi lado A que habla en español-disléxico, el B asoma como jeringoso-tartamudo, hay algún método de arreglar eso antes de tiempo. (no vale proponer fonoaudiología)
ABrazo
Toro
PatoMusa
25/08/2004 a las 16:10
Me encantó!
(o como diría ahora, que estoy en el Lado B de mi vida: Superb!)
DudaDesnuda
25/08/2004 a las 16:04
Hernán: “Todo ser humano tiene en su interior, en su alma, un sonido bajito, su nota, que es la singularidad de su ser, su esencia. Si el sonido de sus actos no coincide con esa nota, esa persona no puede ser feliz.” Esto lo escribió Sofía Prokoffieva y, leyéndote lo recordé. Creo que cada vez más, el sonido de tus actos coincide con tu nota.

Te dejo un beso en la frente.
Diablita
25/08/2004 a las 15:59
Me gustó mucho, Hernán.
Espero la segunda parte.
Mecha
25/08/2004 a las 15:54
Felicitaciones!!! "La locura es un disco rayado, es la deseperación que le hace repetir al desequilibrado la misma historia triste siempre" y es tan cierto: mi mamá falleció el 24 de agosto del 2000, hace 4 años y sigo luchando contra esa crisis y esa locura que hace que hable siempre de la misma historia triste, pero no bajo los brazos...algún día hablaré de otras cosas.
Me encanta esto, lo leo siempre y me divierte mucho, hoy me atreví a escribir.
 La Negra Quiroga
25/08/2004 a las 15:50
Ya van 4 veces que escribo y borro antes de mandar el comentario.
Busco una manera de... no puedo escribir nada ni siquiera contarte de alguna manera coherente las afinidades y las diferencias entre lo que compartís y mi historia. Pero a los 40 se que ya arruiné varios LP.
Pero sé que al menos encontré un simple que está dando linda música y ya tengo en vista un nuevo LP.
Me emocionaste, me hiciste pensar.
Hasta mañana.
Ada
25/08/2004 a las 15:23
Qué bueno, Hernán! Me emociona que hayas conocido a Filloy y cómo encontraste tu música.


PD: Yendo a un tema quizá menor y al post del lunes, hacés bien en sentir verguenza por no haber festejado el mundial del 86. Ahora entiendo todo: por culpa de los Casciari Argentina nunca más ganó un mundial.
El Angel Gris
25/08/2004 a las 15:16
Hernán: Hoy a la mañana desayunando en el bar, leo en el Diario UNO, en la sección "Ocurrio hace diez años" una nota sobre la efedrina, recordé la tremenda tristeza que opacaba mis éxitos personales. Ya había tenido mi viaje iniciático a Europa, de donde volví tan de golpe como vos de Salta, con la seguridad del que sabe lo que quiere, si supieras como te entiendo.

Por otra parte. ¿No será el tuyo como el mio un disco doble y hace mas o menos 4 meses pusiste el lado A del disco 2?

Mauricio #8: Me pusiste la piel de gallina. Gracias por recordarme mi promesa aún incumplida, muy parecida a la de Cortez.-


Hoy me alegré de verdad de ser lector de blogs. Gracias
Ginger
25/08/2004 a las 14:36
Hernán, mi comentario donde te explico que es canotaje, es un ardid publicitario para que los demás lean lo que escribió Patomusa en El Lomo, porque me paga porcentaje por comentario. Y que es el yachting lo podés encontrar en mi artículo sobre Colón.
Fedra
25/08/2004 a las 14:25
HERNÁN MAGN?FICO TU POST DE HOY, espero con ansias el lado B... como me gustaria aprender a escribir lo que siento de una manera aunque sea parecida.
No soy Argentina, solo estuve 2 años en este maravilloso país donde conocí gente estupenda; y para mi es muy importante la gente. Tan importantes son que, viviendo en Portugal, en un mes volvemos a Argentina mi nativo esposo argentino y yo. Es jodido estar lejos, pero como siempre me dijo mi vieja, hay que procurar ser feliz.
Gracias sr. Casciari
Amelie
25/08/2004 a las 14:17
Mi imagen del día de la efedrina la tengo tan grabada en la mente, que no puedo creer que ya hayan pasado 10 años (de hecho, al leer en el artículo, que tenias 23 años, pensé que era un cuento, no tu vida real)
Recuerdo la calle Florida, al mediodía DESIERTA! Todo el mundo metido en cualquier lado que tuviera un TV esperando el resultado. Incluso había gente alrededor de los puestos de flores, para escucharlo por la radio del florista.
Fue un momento triste, pero no quisiera que se me borre nunca de la cabeza. Porque eso, forma una parte importante (mal que les pese a muchos) del SER NACIONAL.
VIVA LA PATRIA!!!
VIVA PORUB!!
Toro
25/08/2004 a las 14:07
Interior me robó mi comment, esa era la razón de mi locura. Pero bueno, no me quejo, todavía tengo tiempo, para los 23 me trio abajo de un tren, jodidos que son eh!
Los Mundiales, la AMIA, etc etc, cosas significativas, argentinismos que generan angustia en cualquier exiliado.
Espero ansioso lo de mañana, lo de hoy fue magnífico.
Abrazo
Toro
 olo mosquera
25/08/2004 a las 14:04
Ginger, mi comment donde digo que no sé qué es canotaje es en joda. Y a los artículos de El Lomo los leo a todos. Lo que sí que no sé qué es es eso que se llama yachting.
 Interior
25/08/2004 a las 13:37
Excelente, muy bueno, me gustó. Felices de nosotros que teníamos que embocarle al surco, ahora es mas jorobado con los CD, por eso es que hay tantos jóvenes locos y tristes.
¿A la casa de Horacio Quiroga no fuiste en ese viaje?
XavMP
25/08/2004 a las 13:27
¡La edad del sueño!, a mis 23 años también estaba en la misma, pero sin ideas ya que no sabía que mierda quería ser, hice mi viaje a la nada y volví son eso, con nada...

Además, para más inri, yo no tenía un diario que me pague mi viaje iniciático y mis delirios literarios.

Como contrapartida te cuento que disfrute el mundial 86 y el 90 como un cerdo.

O sea que lo tuyo no es tan fantástico...

Por otro lado no puedo dejar de pensar que DJF esperó a Casciari hasta los 100 años para que hoy tengamos este post unico.
Ginger
25/08/2004 a las 13:13
Hernán, canotaje son los que corren en canoa. Hacete una escapada hasta El Lomo y fijate lo que escribió Patomusa sobre las Olimpíadas y cuando su hermano participó en Seúl, justamente en esa disciplina (y de paso mirá que lindas las fotos!)
Ginger
25/08/2004 a las 12:47
Que bien escrito que está esto. Creo que de todos los artículos "serios" que leí de tu autoría, este es el mejor. Me encantó!
Amelie
25/08/2004 a las 12:45
Hernan: por que me haces la gran Kill Bill????
NECESITO LEER LO QUE HABLASTE CON DON JUAN AHORA!!!!!
Bueno, te perdono porque me encantó el Lado A, y porque confío en que con la segunda parte, no me vas a desilusionar como Quentin...

Fabian #11 : yo tambien a los 33 soy mucho menos feliz que hace 10 años, y lo malo es que ni me interesa.
Será que me tengo que volver a Argentina cuanto antes...
Patri
25/08/2004 a las 12:13
Hoy me levanté pensando que no sé qué carajo hacer con mi vida... Lo único que sé que me gusta es leer y de vez en cuando escribir cosillas, pero creo que así no me ganaré la vida... Así que mi crisis (con 25 años) sigue y sigue... y no le veo solución. Esta semana pasada me fui de casa y desconecté de casi todo lo que me ha venido preocupando. Sólo me dediqué a pasar el rato, y lo cierto es que conseguí aprender de nuevo a andar despacio y a respirar tranquila. Quizá debiera irme de casa, pero para eso necesito dinero, y un trabajo, y volvemos a empezar: ¿a qué carajo quiero dedicar mi vida...?
LadyLust
25/08/2004 a las 11:59
Ayyyyyy....yo creía que el nombre del escritor argentino en el exilio era Hernán Casciari (Roll eyes)
Anyway...ese escritor tiene toda la razón del mundo...
Matías
25/08/2004 a las 11:51
Me encantó el post de hoy.
 olo mosquera
25/08/2004 a las 10:47
En realidad no sé si hubo una medalla argentina en canotaje. Es más, no tengo la menor idea de lo que es "canotaje". Creo que hasta el momento llevamos dos de bronce (en natación y tenis, ambos femeninos), y una asegurada en fútbol.

Por otro lado, creo que la mejor medalla para Iraq no es el bronce en fútbol (que seguramente ganarán porque los italianos son unos perros) sino que los dejen en paz.

PD: Fabian, el nombre del escritor que no recordás es Humberto Costantini.
montuna
25/08/2004 a las 09:58
Quizás fuera de contexto pero me animo por la alegría de Hernán ante la medalla olímpica del canotaje de su país. Me perdonan argentinos y paraguayos pero yo quiero que la gente de Irak tuviera en estos momentos, una mínima alegría por una medalla de oro o bronce con su selección nacional de futbol en Atenas.Aunque parezca imposible un triunfo, ligaré a Irak.
Fabian
25/08/2004 a las 09:48
Lindo post aunque no comparto ni comprendo lo de los mundiales.
Me vi reflejado en la frase "lo deseaba con la misma fuerza que hoy deseo ser feliz."
Definitivamente hoy a los 33 soy un tipo mucho mas triste que hace 10 años.
Pero me quedo con algo que le escuché decir a un escritor argentino en el exilio del cual no recuerdo, lamentablemente, su nombre:
"el que emigra, nunca más es completamente feliz.

Saludos

Saludos
montuna
25/08/2004 a las 09:25
Hernán:Al leerte, pensé buscar una referencia de J.P. Sartre sobre Paul Nizan quien afirmò y escribió que quería enfrentarse a la persona que osara decir que los veinte años eran una edad feliz.Pero leí a Mauricio y ya todo eso quedó dicho con el sentimiento y la pertinencia deseados.Creo que hoy podrías ganarte una medalla de oro si hubiera olimpíadas de bitácoras.
Caribé
25/08/2004 a las 08:03
¡Qué buena escena, Roberto, ésa de los pibes mirando los CD's y luego a tí de reojo y desconfiando de tu sobriedad o cordura!

Pero ¿tu pibe no era Hernán?
25/08/2004 a las 08:01
¿23 años? ¡Qué extraña edad Hernán! Supongo que todos atravesamos grandes crisis y tenemos una inmensa mezcla de confusión y esperanza en esas edades.

Hasta el día de hoy y desde antes que tuviera esa edad, tengo en la puerta de mi habitación un muy pequeño cartel en blanco y negro, tomado de un libro del dibujante español José Luis Cortés, donde está un joven que mirando al cielo estrellado dice:

"Acabo de cumplir 23 años. En ese tiempo puede pasarle a uno casi todo lo que a uno le puede pasar en la vida. Pero de mí sólo sé decir que, hasta hoy, he estado perdiendo el tiempo miserablemente. Porque todo por lo que he sudado y combatido hasta ahora lo más que me servía era para prepararme a soportar la rutina del resto de mi vida. Y eso no."

"Yo juro esta noche, delante de las estrellas, que antes de morirme tengo que subir a la peña de donde brota la vida y besar con mis labios el corazón de todas las cosas."

Todavía me emociono cuando leo este juramento. Gracias Hernán por recordármelo.
marci
25/08/2004 a las 07:59
"Pero entonces era espantosamente necesario para mí ser escritor: lo deseaba con la misma fuerza que hoy deseo ser feliz."

No desees ser feliz, SE feliz!
La felicidad no es algo que llega cuando uno la espera, sino algo que se produce en forma espontanea en momentos inesperados y a veces levemente perceptibles, ya que nos programaron para vivir esperando una "Gran Felicidad" que llega junto al beso del principe en el fin del cuento pero nunca tuvimos en cuenta que la vida no es estatica y no termina con una pagina en donde dice "The end".
La felicidad no da fecha de llegada ella va y viene tan rapido que si no te das cuenta y te aferras a un poco cuando esta cerca, puede que vivas toda la vida esperando...

Me encanto el post de hoy!
25/08/2004 a las 07:52
Sos un pelotudo total. Yo que no soy argentino, grité el gol de Burruchaga como loco. Recuerdo que me vi casi todos los partidos de ese mundial, porque el colegio quedaba a la vuelta de mi casa y a la salida me iba corriendo a prender la tele. Jamás de los jamases he entendido a las barras bravas con esas sus muladas.

Guatemala no creo que llegue algún día a ganar un mundial. Y vos pelotudo de mierda, no lo disfrutaste.

En cuanto a la segunda parte del post: Hace tiempo que yo quería escribir cuentos, después de que lei a Poe, Cortázar, Borges, Quiroga y Chejov. Y mi meta era (y sigue siendo) algún día escribir de esos cuentos que se quedan en la tradición oral de tu país natal. Pero aún estoy muy lejos.

Seguí escribiendo así Casciari, con esa sinceridad de soñador. Buena onda.
La Romu
25/08/2004 a las 07:34
¿Estuviste en Salta?
¡Pudimos habernos conocido!

Un beso grande.
Roberto
25/08/2004 a las 07:11
Buena historia Hernán, se lee de corrido y se espera la continuación.
Ojalá entiendan la referencia al longplay y la púa, la aguja en Chile, los más niños... traté de explicar lo que era un lado B a mis chicos una vez... "es el otro lado del disco, entienden, el tema más under, o más oscuro, o más piola, qué se yo..." y miraban sus CD y me miraban de reojo. ça va.
Max
25/08/2004 a las 07:07
Gracias Javier por haberme roto la ilusión del niño, cuando trabajando en mi Pc a las 2:05 AM hora Argentina, recibo el mail del Sr Casciari anunciando un nuevo post, por lo cual sin titubear y rogandole a mi conexión funcione mas rápido que nunca, linkeo para abrirlo y sorprenderme con que.... ya habia dos comentarios!!!!!! Gracias, gracias... sentite culpable.

Seducido y abandonado por los comments,
Max
javier
25/08/2004 a las 06:09
una vez hecho el chiste de haber sido el primero, digo:
a) me encanta tu tarea didáctica, que un montón de personas se enteren hoy de la existencia de Juan Filloy, de los chistes de tucumanos, de cómo nos pegó a todos nosotros el atentado a la amia.
B) está tan bien sugerida esa transición de lo urgente a lo importante. esa cosa intangible que nos suele pasar cuando de veras tenemos un proyecto en la vida y que podría aludirse tangencialmente así: "Pero entonces era espantosamente necesario para mí ser escritor: lo deseaba con la misma fuerza que hoy deseo ser feliz."
C) etcétera-.
javier
25/08/2004 a las 05:58
jujurujajujaju
juejejey