Orsai blog post

Vida privada
sábado 28 de febrero, 2004

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Vida privada
sábado 28 de febrero, 2004

Literatura infantil

       

A los doce años yo pensaba en la muerte con lejanía y por placer. Y pensaba en los ríos nocturnos que tenían un nombre con consonantes dobles. Había un perro en mi casa, y yo quería que él me hablara y me contara una historia de su vida anterior a mí. También quería encerrarme a oscuras con una manzana y ver cuánto tardaba en morirme de hambre. Lo cierto es que estaba a punto de escribir un cuento, pero todavía no sabía qué decir.

Levantaba los cigarrillos que la gente grande tiraba en la vereda y me los fumaba. Tocaba La Morenita va a la Acequia en un acordeón. Me gustaba oler el papel de la Colección Robin Hood. Me parecía que la saga de Sherlock Holmes era la mejor literatura del mundo, y que Sir Arthur Conan Doyle era el mejor escritor del mundo. Cuando después leí El Mundo Perdido me dije que, si además de escribir cuentos de detectives, este Conan Doyle era capaz de escribir semejante novela de dinosaurios, se podía morir tranquilo que nadie iba a ser nunca mejor que él. Yo no sabía que Conan Doyle ya estaba muerto. Ni siquiera sabía que Sir no era ni por las tapas su primer nombre. Hasta que llegó Mark Twain, por supuesto. Ahí Sir ya empezó a ser, no digo literatura menor, pero sí algo bastante pasatista (también me decepcionó un poco que Sherlock empezara a usar pistola).

Mark Twain era otra cosa. Un monstruo enorme, un viejo loco que sabía mejor que ningún adulto con qué cosas fantasea un chico de doce años. Yo quería fingirme muerto para ver cuál era la reacción de mi familia. Mil veces había soñado con eso. O con ir a una isla desierta junto a un mejor amigo y fumar en pipa, y comer lo que se cayera de los árboles. Navegar en una balsa de madera con un negro loco. Encontrar un montón de plata robada y ser el héroe del pueblo. Conversar toda la noche de cosas graciosas o de temas de miedo con unos viejos barbudos recién llegados del mar. Odiar la escuela tanto como querer aprender todo de golpe, pero de otra forma. Y hasta quemar los libros de la escuela. Siempre fui más parecido al Caio que al Nacho.

La primera vez que un libro me puso la piel de gallina fue cuando llegué a la parte del monólogo final de Huck; era un párrafo largo que, de tanto releer, ya me sabía de memoria. Lo repetía mil veces a oscuras en mi cama, con el fanatismo de una oración cristiana. Aquélla fue mi primera forma de religión:

—Mira, Tom —yo ponía una voz que ahora no me acuerdo— no quiero saber nada con todo ese dinero... Así como están las cosas, todo me parece servido en bandeja, a la vida buena la tengo al alcance de la mano, y me resulta la mar de fastidioso no tener que preocuparme por nada. Además debo usar esos estúpidos zapatos, e ir a la iglesia los domingos, y la viuda no me deja silbar, ni fumarme mi pipa en paz, y para maldecir a gusto tengo que esconderme en el establo... Hagamos una cosa, Tom; quédate tú con la pasta, y me tiras unos duros cada vez que sople el viento..., que no vale nada, Tom, lo que no nos cueste un poco conseguir.

A los doce años yo no veía la hora de encontrarme con alguien que hablara así. Yo no sabía que eso no era una jerga gloriosa de libertad, sino la resaca de las malas traducciones españolas. Pero en las conversaciones corrientes yo decía la mar, y también decía pasta, y de noche soñaba con el ruido del Mississippi, y envidiaba la suerte de los chicos que tenían a la vuelta de su casa un río con tantas consonantes (mi río Luján sólo tenía cinco letras), y con tantos esclavos nocturnos escapando de los campos de algodón.

Salgari y Verne, en cambio, me parecían espamentosos: demasiadas armas de fuego, demasiados aparatos raros para tratar de divertirme. Lo que al Tigre de la Malasia le costaba una semana de andar por el desierto a caballo matando gente con su cuchillo de filo triple, el detective de Baker Street lo resolvía mirando el barro en los zapatos del que uno menos se esperaba fuese el asesino de la millonaria. Lo que a Philleas Fogg le resultaba físicamente tan cansador y violento, tan engorroso y descriptivo, Tom y Huck lo solucionaban en un tris (misteriosa sílaba que quería decir periquete), simplemente maullando en código desde el bosque para que nadie supiera que se trataba de una conversación secreta entre ellos.

¡Ah!, me fascinaban las historias en donde las personas debían ingeniárselas con poco para lograr felicidades breves: nada de artilugios ni de globos aerostáticos para dar la vuelta al mundo en tiempo récord; ésos eran medios mecánicos para dar con fines pretensiosos. En las historias de mis libros debía haber personas normales que descubrieran la verdad casualmente, y que esa verdad los llevara a la consumación de la dicha. Porque en realidad, pensaba yo, "no vale nada, Tom, lo que no cueste un poco conseguir". Pero tampoco valía mucho conseguir nada dramáticamente, sin un poco de buen humor y de azaroso desinterés.

Me decepcionó mucho la historia aquélla en que Sherlock y Watson debieron usar armas de fuego para resolver uno de sus casos. Me parecieron, ambos, tan falsos como la segunda época de Tom y Jerry (cuando usaban moñito y eran amigos; cuando ya no los dibujaba el dibujante de siempre sino un tipo que trazaba líneas más modernas). Holmes, el viejo astuto que podía entrever la vida entera de la víctima sólo husmeando con su lupa un pedazo de uña en la oscuridad de la morgue, no tenía por qué empuñar una browning, por más perfecta que fuese la ingeniería de su mecanismo, ni por más peligroso que pareciera su adversario. Arthur Conan, que me perdone, en esa historia se había vendido al capitalismo.

¿No había sido ese mismo Doyle quien le había hecho decir a Sherlock —en una hermosa historia corta de unos años antes— que "el mejor arma que tiene un hombre es pensar cinco minutos más, allí donde los demás suponen que ya no hay nada que pensar"? Que usaran pistolas, estiletes y dagas persas los mamarrachos que inventaba Salgari. Yo sabía que había chicos que se devoraban esos libros. Pero esos chicos no iban a ser mis amigos, ni habrían sido nunca amigos de Huck. Era como si Tom Sawyer hubiera querido resolver el asunto de la cerca de la tía Polly tomando por rehenes a sus compañeros y amenazándolos de muerte si no acababan de pintar antes de que cayera el juez. Era como si Laura Ingalls, en lugar de esperar a que Almanso apareciera mágicamente en su vida, se hubiera casado con el menor de los Olsen para heredar alguna vez el minimercado.

¡Sherlock Holmes, el hombre más avispado de todo Londres, el que dejaba pagando a los gorilas del Scotland Yard, el que no temía entrar de noche a los suburbios de Witchappell, usando una pistola..., habráse visto! Yo creo que ahí dejé de leer la saga. Y empecé a engañar a Doyle con el padre Brown de Chesterton, y con el Hércules Poirot de Aghata Christie (la vieja Marple tanto no me gustaba).

Yo creo que por ese tiempo fue que una noche, en la pieza de arriba de mi casa en Mercedes, leí también El Gato Negro y Los Crímenes de la Rùe Morgue, pensando que seguía leyendo libros de misterio corrientes, sin darme mucha cuenta que esa vez sí, silenciosamente, estaba ocurriéndome literatura.

Los principios de los cuentos de Poe no tenían nada que ver con todo lo leído hasta entonces. Si hasta allí las historias empezaban directamente, incluso hasta con una raya de diálogo y un planteo lineal, Edgar acababa de descubrirme otra manera de envolverme: diciendo la verdad desde el principio, escribiendo cosas como "bueno, está bien, para empezar debo decir que estoy loco y que voy a matar a ese viejo sin ningún motivo". Y en el segundo párrafo yo empezaba a darme cuenta que la locura no consistía en la levedad de escaparse de la casa por la noche con un mejor amigo y asustarse con los sonidos secretos de los animales de las islas desiertas de Nueva Orlèans sino, por ejemplo, emparedar a tu esposa en una columna del sótano y esperar a que llegue la policía a preguntarte cosas inquietantes.

O saber, de golpe, que muchas veces hay misterios que traspasan la lógica cartesiana de Holmes (e incluso la futurología de Verne) y que sólo se pueden explicar desde los parámetros de la insanía, del deliro y de la enajenación mental. Un loco te explica con su fría coherencia por qué comienza a sentir los latidos del corazón de un muerto, y uno no puede más que aceptar que un muerto, enterrado a dos metros bajo el parquet de la pieza de su verdugo, puede muy bien empezar a hacer saltar los postigos de las ventanas con su sola presencia. Muy bien podía ser.

Era imposible pero era probable, ¿o no me pasaba algo parecido cuando le falsificaba la firma del boletín a mi mamá, de regreso a casa después de la escuela? ¿No almorzaba yo también mirando nada más que el plato, invadido por la extraña sombra de la culpa, aunque la sombra fuese invisible o sólo visible para mí? ¿No se me pasaba por la cabeza que la regente ya había llamado a casa por la mañana y que ya toda mi familia estaba enterada del fraude, y que nadie decía nada solamente para gozar un poco más con mi sufrimiento? ¿No se me atoraban las albóndigas en la garganta como si quisiera llorar por una cachetada que nadie me había dado todavía?

El miedo real, el liso y llano, el que nada tenía que ver con las cosas de este mundo, empezaba a invadirme por obra y gracia de Poe. Y después nada me haría conciliar el sueño por la noche, durante muchas noches; pero tampoco podría dejar de leer otra de sus historias, y después otra, y después otra hasta que una tarde me vería obligado a arrancar la primera hoja en blanco del cuaderno de matemáticas y yo también tendría que echar luz sobre mis miedos y mis sueños para que alguien los leyera. La semilla había sido plantada en esos años; comenzaba a caer la lluvia sobre las grietas de la tierra.

Hernán Casciari
sábado 28 de febrero, 2004


Literatura infantil

por Hernán Casciari

A los doce años yo pensaba en la muerte con lejanía y por placer. Y pensaba en los ríos nocturnos que tenían un nombre con consonantes dobles. Había un perro en mi casa, y yo quería que él me hablara y me contara una historia de su vida anterior a mí. También quería encerrarme a oscuras con una manzana y ver cuánto tardaba en morirme de hambre. Lo cierto es que estaba a punto de escribir un cuento, pero todavía no sabía qué decir.

Levantaba los cigarrillos que la gente grande tiraba en la vereda y me los fumaba. Tocaba La Morenita va a la Acequia en un acordeón. Me gustaba oler el papel de la Colección Robin Hood. Me parecía que la saga de Sherlock Holmes era la mejor literatura del mundo, y que Sir Arthur Conan Doyle era el mejor escritor del mundo. Cuando después leí El Mundo Perdido me dije que, si además de escribir cuentos de detectives, este Conan Doyle era capaz de escribir semejante novela de dinosaurios, se podía morir tranquilo que nadie iba a ser nunca mejor que él. Yo no sabía que Conan Doyle ya estaba muerto. Ni siquiera sabía que Sir no era ni por las tapas su primer nombre. Hasta que llegó Mark Twain, por supuesto. Ahí Sir ya empezó a ser, no digo literatura menor, pero sí algo bastante pasatista (también me decepcionó un poco que Sherlock empezara a usar pistola).

Mark Twain era otra cosa. Un monstruo enorme, un viejo loco que sabía mejor que ningún adulto con qué cosas fantasea un chico de doce años. Yo quería fingirme muerto para ver cuál era la reacción de mi familia. Mil veces había soñado con eso. O con ir a una isla desierta junto a un mejor amigo y fumar en pipa, y comer lo que se cayera de los árboles. Navegar en una balsa de madera con un negro loco. Encontrar un montón de plata robada y ser el héroe del pueblo. Conversar toda la noche de cosas graciosas o de temas de miedo con unos viejos barbudos recién llegados del mar. Odiar la escuela tanto como querer aprender todo de golpe, pero de otra forma. Y hasta quemar los libros de la escuela. Siempre fui más parecido al Caio que al Nacho.

La primera vez que un libro me puso la piel de gallina fue cuando llegué a la parte del monólogo final de Huck; era un párrafo largo que, de tanto releer, ya me sabía de memoria. Lo repetía mil veces a oscuras en mi cama, con el fanatismo de una oración cristiana. Aquélla fue mi primera forma de religión:

—Mira, Tom —yo ponía una voz que ahora no me acuerdo— no quiero saber nada con todo ese dinero... Así como están las cosas, todo me parece servido en bandeja, a la vida buena la tengo al alcance de la mano, y me resulta la mar de fastidioso no tener que preocuparme por nada. Además debo usar esos estúpidos zapatos, e ir a la iglesia los domingos, y la viuda no me deja silbar, ni fumarme mi pipa en paz, y para maldecir a gusto tengo que esconderme en el establo... Hagamos una cosa, Tom; quédate tú con la pasta, y me tiras unos duros cada vez que sople el viento..., que no vale nada, Tom, lo que no nos cueste un poco conseguir.

A los doce años yo no veía la hora de encontrarme con alguien que hablara así. Yo no sabía que eso no era una jerga gloriosa de libertad, sino la resaca de las malas traducciones españolas. Pero en las conversaciones corrientes yo decía la mar, y también decía pasta, y de noche soñaba con el ruido del Mississippi, y envidiaba la suerte de los chicos que tenían a la vuelta de su casa un río con tantas consonantes (mi río Luján sólo tenía cinco letras), y con tantos esclavos nocturnos escapando de los campos de algodón.

Salgari y Verne, en cambio, me parecían espamentosos: demasiadas armas de fuego, demasiados aparatos raros para tratar de divertirme. Lo que al Tigre de la Malasia le costaba una semana de andar por el desierto a caballo matando gente con su cuchillo de filo triple, el detective de Baker Street lo resolvía mirando el barro en los zapatos del que uno menos se esperaba fuese el asesino de la millonaria. Lo que a Philleas Fogg le resultaba físicamente tan cansador y violento, tan engorroso y descriptivo, Tom y Huck lo solucionaban en un tris (misteriosa sílaba que quería decir periquete), simplemente maullando en código desde el bosque para que nadie supiera que se trataba de una conversación secreta entre ellos.

¡Ah!, me fascinaban las historias en donde las personas debían ingeniárselas con poco para lograr felicidades breves: nada de artilugios ni de globos aerostáticos para dar la vuelta al mundo en tiempo récord; ésos eran medios mecánicos para dar con fines pretensiosos. En las historias de mis libros debía haber personas normales que descubrieran la verdad casualmente, y que esa verdad los llevara a la consumación de la dicha. Porque en realidad, pensaba yo, "no vale nada, Tom, lo que no cueste un poco conseguir". Pero tampoco valía mucho conseguir nada dramáticamente, sin un poco de buen humor y de azaroso desinterés.

Me decepcionó mucho la historia aquélla en que Sherlock y Watson debieron usar armas de fuego para resolver uno de sus casos. Me parecieron, ambos, tan falsos como la segunda época de Tom y Jerry (cuando usaban moñito y eran amigos; cuando ya no los dibujaba el dibujante de siempre sino un tipo que trazaba líneas más modernas). Holmes, el viejo astuto que podía entrever la vida entera de la víctima sólo husmeando con su lupa un pedazo de uña en la oscuridad de la morgue, no tenía por qué empuñar una browning, por más perfecta que fuese la ingeniería de su mecanismo, ni por más peligroso que pareciera su adversario. Arthur Conan, que me perdone, en esa historia se había vendido al capitalismo.

¿No había sido ese mismo Doyle quien le había hecho decir a Sherlock —en una hermosa historia corta de unos años antes— que "el mejor arma que tiene un hombre es pensar cinco minutos más, allí donde los demás suponen que ya no hay nada que pensar"? Que usaran pistolas, estiletes y dagas persas los mamarrachos que inventaba Salgari. Yo sabía que había chicos que se devoraban esos libros. Pero esos chicos no iban a ser mis amigos, ni habrían sido nunca amigos de Huck. Era como si Tom Sawyer hubiera querido resolver el asunto de la cerca de la tía Polly tomando por rehenes a sus compañeros y amenazándolos de muerte si no acababan de pintar antes de que cayera el juez. Era como si Laura Ingalls, en lugar de esperar a que Almanso apareciera mágicamente en su vida, se hubiera casado con el menor de los Olsen para heredar alguna vez el minimercado.

¡Sherlock Holmes, el hombre más avispado de todo Londres, el que dejaba pagando a los gorilas del Scotland Yard, el que no temía entrar de noche a los suburbios de Witchappell, usando una pistola..., habráse visto! Yo creo que ahí dejé de leer la saga. Y empecé a engañar a Doyle con el padre Brown de Chesterton, y con el Hércules Poirot de Aghata Christie (la vieja Marple tanto no me gustaba).

Yo creo que por ese tiempo fue que una noche, en la pieza de arriba de mi casa en Mercedes, leí también El Gato Negro y Los Crímenes de la Rùe Morgue, pensando que seguía leyendo libros de misterio corrientes, sin darme mucha cuenta que esa vez sí, silenciosamente, estaba ocurriéndome literatura.

Los principios de los cuentos de Poe no tenían nada que ver con todo lo leído hasta entonces. Si hasta allí las historias empezaban directamente, incluso hasta con una raya de diálogo y un planteo lineal, Edgar acababa de descubrirme otra manera de envolverme: diciendo la verdad desde el principio, escribiendo cosas como "bueno, está bien, para empezar debo decir que estoy loco y que voy a matar a ese viejo sin ningún motivo". Y en el segundo párrafo yo empezaba a darme cuenta que la locura no consistía en la levedad de escaparse de la casa por la noche con un mejor amigo y asustarse con los sonidos secretos de los animales de las islas desiertas de Nueva Orlèans sino, por ejemplo, emparedar a tu esposa en una columna del sótano y esperar a que llegue la policía a preguntarte cosas inquietantes.

O saber, de golpe, que muchas veces hay misterios que traspasan la lógica cartesiana de Holmes (e incluso la futurología de Verne) y que sólo se pueden explicar desde los parámetros de la insanía, del deliro y de la enajenación mental. Un loco te explica con su fría coherencia por qué comienza a sentir los latidos del corazón de un muerto, y uno no puede más que aceptar que un muerto, enterrado a dos metros bajo el parquet de la pieza de su verdugo, puede muy bien empezar a hacer saltar los postigos de las ventanas con su sola presencia. Muy bien podía ser.

Era imposible pero era probable, ¿o no me pasaba algo parecido cuando le falsificaba la firma del boletín a mi mamá, de regreso a casa después de la escuela? ¿No almorzaba yo también mirando nada más que el plato, invadido por la extraña sombra de la culpa, aunque la sombra fuese invisible o sólo visible para mí? ¿No se me pasaba por la cabeza que la regente ya había llamado a casa por la mañana y que ya toda mi familia estaba enterada del fraude, y que nadie decía nada solamente para gozar un poco más con mi sufrimiento? ¿No se me atoraban las albóndigas en la garganta como si quisiera llorar por una cachetada que nadie me había dado todavía?

El miedo real, el liso y llano, el que nada tenía que ver con las cosas de este mundo, empezaba a invadirme por obra y gracia de Poe. Y después nada me haría conciliar el sueño por la noche, durante muchas noches; pero tampoco podría dejar de leer otra de sus historias, y después otra, y después otra hasta que una tarde me vería obligado a arrancar la primera hoja en blanco del cuaderno de matemáticas y yo también tendría que echar luz sobre mis miedos y mis sueños para que alguien los leyera. La semilla había sido plantada en esos años; comenzaba a caer la lluvia sobre las grietas de la tierra.

Hernán Casciari
sábado 28 de febrero, 2004


¿Te gustó esta historia?

Pertenece al libro Charlas con mi hemisferio derecho, de Hernán Casciari. Está a la venta en la Tienda Orsai y te lo mandamos a tu casa sin gastos de envío.


06/02/2016 a las 22:48
Después de leer este post, ya con 25 años encima, decidí acercarme por primera vez las aventuras de Tom Sawyer. Y me robé la frase favorita de Hernán para usarla en un texto propio:

http://palabrasenreveradas.blogspot.com.ar/2012/03/vivir-solo.html
04/09/2015 a las 15:07
Whitechapel sera no?
el que no temía entrar de noche a los suburbios de Witchappell, usando una pistola...,

Otra cosa para escribir esto volviste a leer alguno de los cuentos o te acordas de esos detalles aun?
kerkecl
08/10/2004 a las 15:35
Hola me gustan las mujeres apasionadas y calentonas , se me llega a parar la pija de solo recordar mi pasada por esa linda Ciudad que es Lima, y de la cual tengo tan lindos recuerdos de Limeñas , que linda que son y que calientes. Bueno Ojala me puedas escribir Chau , vivo en Buenos Aires
lainolvidable1@hotmail.com
16/09/2004 a las 18:28
yo me llamo ines ludeña y vivo en lima peru quiero saludar a la señorita meiissa guilver por su actuacion en la serie la familia ingalls mis mejores deseos me despido hasta la proxima ojala ue todo te vaya bien un fuerte abrazo mi correo es lainolvidable1@hotmail.com espero me escriba pronto en español no se ingles gracias chau.
walquiria por siempre
29/02/2004 a las 19:50
Gracias luluna, sos una genia, espero algun dia aprender estas cosas, mientras tanto agradezco las ayudas
cariños
Walqui
lununa
29/02/2004 a las 19:14
¿Dijiste fotos del delta, Walquiria? Tus deseos son órdenes... pinchá acá
Walquiria por siempre
29/02/2004 a las 18:43
Querido Vecindario:
Ante todo quiero agradecer el reconocimiento de Uds y las palabras de Bea, Diablita, Pecadora, Sisterdeath (verás que adopte tu "walquiria por siempre")y decirte Cumic que es cierto, que esto "es" como una familia.-
Que les puedo decir de lo que leia cuando era chica, si ya lo dijo Hernan, esos eran mis libros.- Durante los veranos la familia se reunia en una isla del Tigre (para los que no conocen el Delta es un lugar maravilloso, lástima que no sé poner un link para que vean fotos)y nos pasabamos tres meses en un lugar donde la luz era de un grupo electrógeno que solo se prendia un rato a la noche para cenar, y por supuesto el resto de la noche la pasabamos con velas o farolitos.- Nuestro entretenimiento era leer, así que recuerdo que muchos de esos libros los lei a la luz de una vela, lo que le agregaba una magia especial a mi fantasía.- No leía los libros, los "vivía", entraba en sus historias y quedaba involucrada hasta la última página donde decia FIN.-
Me alegro de verlos a todos por acá, y cuando vuelva Mirta, nos juntaremos en la pizzería también, ya que ella tendrá sus cosas para contarnos!!!
Un beso de
Walquiria por siempre
o la Tia Ingrid
como prefieran
p/d: Hernan: te llegó mi mail?
José Luis
29/02/2004 a las 17:42
Poe, Poe, Poe... Cuántas horas dando cuenta de aquellos dos volúmenes con la antología de relatos de aquel borracho mágico y tenebroso! Recuerdo (es una historia que he contado cientos de veces) que me sentaba al fondo de la clase y en la hora de Matemáticas me aburría bastante (bueno, en casi todas, para qué negarlo), así que una temporada me dio por llevarme uno de aquellos tochos y leerlo durante la clase. Lógicamente un día el profesor se acercó y me pilló en mitad de la lectura; confiscó el libro y me instó a que fuese mi padre a recogerlo si quería recuperarlo. Estaba entonces leyendo 'El gato negro'.

Aún falta ese volumen en la estantería del salón. Aquel año suspendí Matemáticas ;)
Bea
29/02/2004 a las 10:46
De chica leía como una posesa. Por supuesto la colección amarilla Robin Hood, muuuchas novelas malísimas de la editorial TOR y por fin, un día me atreví a espiar la biblioteca de mi padre. Allí encontré Naná, de Emile Zola, cuentos de Eça de Queiroz, una versión en inglés del Panchatatra que leía como si supiera... Pero lo que más me impresionó fue Lovecraft, Truman Capote (que llegó a mis manos una mañana de Reyes por error de una tía mía) y, ya en la secundaria Cortázar. Y de adolescente más subida Leopoldo Marechal. Y después Arlt, Margarite Yourcenar, Toni Morrison... qué se yo...
Flor
29/02/2004 a las 05:10
Guauuuu....si asi empieza, no me quiero imaginar lo que sigue.

Cuando tenia 12 años, yo lei "Mujercitas" y me gusto (queria ser, obvio, Jo....aunque me gustaba la dulzura de Amy).
Lei "La cabaña del tio Tom", lei "Papaito Piernas Largas"...y pensaba que si esa chica del orfanato podia escribir tan lindo, cualquiera podia hacerlo..incluida yo (que ilusa).
Me encantaban "Las fabulas de Esopo" (mi mamá me hacia leerlas y me pedia que eligiera una y que la moraleja la aplicara a algun hecho en nuestra familia)
Lei "El Principito" y me gusto (aunque la primera vez mucho no lo entendi).
Lei cuentos de Poe y me dieron miedo.
Llegue a Julio Verne porque en mi casa habia una pequeña coleccion Robin Hood!! (tapa amarilla y rico olor) que pertencia a mi papá cuando era joven y mi abuela decidio que era bueno que la tengamos sus hijas.
Tambien creo que de esa misma coleccion lei "El principe valiente".
Un poco mas grande, lei el "Martin Fierro" (hasta lloré con él)..A los 16 tenia un novio que se lo sabia de memoria (lo juro) y jugabamos a que yo le leia la primera frase del poema y él lo continuaba.
A medida que fui creciendo fui leyendo mas libros, pero al dia de hoy, a mis jovenes 32 años, me acuerdo perfectamente lo que lei a los 12 .....y quiero agregar algo:si Laura Ingalls dejaba pasar al bombon de Almanso, yo iba hasta la casa de la pradera y le arrancaba las trenzas.
Mira si vamos a comparar a Almanso con Willie Olson!!!!
La cosa es que dentro de 20 años, seguramente, seguiré recordando lo que lei en mi adolecencia y seguramente tambien recordaré a un tal Hernan, que primero era la Mirta, pero que despues de una estadia en el hospital, pasó a ser Orsai.
Vamos que esto se pone lindo!!!!.
Un beso muy grande a todos
Flor.
P.D: Donde dejo las flores?...porque me dijo la enfermera que ellas ya no tienen mas floreros...
Habria que decirles a los demas que traigan plantitas u otra cosita...
P.D 2: nadie leia Nippur???? ta' bien que no eran libros, pero a mi me encantaba!!..Se acuerdan todas las historietas que ahi habian?...No los hacia matar de risa Pepe Sanchez????
Besos
Flor
sisterdeath
29/02/2004 a las 04:10
Tía Ingrid (Walquiria por siempre):

¡Qué comentario tan emotivo! Se me pusieron los pelos de punta. Qué sobrinazo ese que tienes...

Me gusta este blog, caramba.
pecadora
29/02/2004 a las 03:02
Otro si digo:
Gracias a la inquietud que planteó el Sr. Antraxito, ahora estoy iniciada...
(o sea una no iniciada, iniciada...o algo así)
pecadora
29/02/2004 a las 02:59
JAAAA!!!!!
Grande WALQUIRIA/Tía Ingrid, desde ahora la vengadora!!!!
Viste Hernancito lo que se siente????
Eso.... ese cosquilleo en el centro del pecho,aire contenido; esa mezcla de vista nublada por el lagrimeo y risa histérica; más intriga, respiración agitada, sudor...son todos los síntomas del "síndrome 27/2" como lo pasado a llamar...jejeje
No te preocupes, que se pasa rápido y después encontrás una agradable sensación...de estar en orsai....
Saludos al vecindario
Zutique
29/02/2004 a las 02:12
Tengo 18 años, y me sentí muy reflejado en lo que leías de chico. Sigo siendo chico, pero desde los 11 años que leo arduamente.

Al principio devoraba a Conan Doyle, y también como vos creía que era lo mejor del mundo, hasta que me topé con el Gato Negro de Edgar Allan Poe, a los 12, lei innumerables libros de Poe en ese año hasta que un día de Enero del año siguiente (a mis 13), mi hermano me regaló sus libros de Agatha Christie, y de nuevo crei que ella era la mejor, y que Hercules Poirot existía, hablaba, resolvía, mejor que Sherlock.

De eso hace 5 años. En estos 5 años cambié totalmente mis gustos literarios, mi forma de ser y ver las cosas. Soy todavía un pibe, pero leía lo que mencionaste, y sí, era como si lo hubiera escrito yo en otro orden, tal vez. Luego vendría Lovecraft, pero Poe me marcó más que ninguno.

Con los años pasaron Kafka, Baudelaire, Rimbaud, Henry James, Dylan Thomas, Arlt, Cortázar, Borges, Clarke, Huxley, Heminghway, Bukowksi, Dostoievski, Breat Easton Ellis, Coupland, etc y se repiten, son escritores que van y vuelven en mi vida, pero los de la infancia no. Quedaron estancados en un fango que se superó.

Un saludo.
La Romu
29/02/2004 a las 01:48
Lo que es a mí, no me sorprendería nada enterarme dentro de un mes que la Mirta no se fue nada de luna de miel, y que para entretenerse un poco más inventó a un escritor que podría ser su hijo, que vive en Barcelona y que espera una nena.

Y dentro de otro mes, que todo esto forma parte de un universo literario gestado por la Tía Ingrid en sus ratos de ocio.

Y dentro de otro mes enterarme que la tía Ingrid soy yo, Romualda.

Que me desperté sin saber si era la Tía Mirta que soñaba ser Nina, o el Caio que soñaba ser Hernán.
lununa
29/02/2004 a las 01:32
Y ya que estamos en el baile del deschave general, yo me llamo Laura (y al que adivine mi espantoso segundo nombre le regalo una camiseta)
lununa
29/02/2004 a las 01:28
Y ya que estamos, después de las confesiones de la tia Ingrid, quiero agradecer a mi primo Miguel Angel por todos los Salgaris, Vernes, Robert Louis Stevenson (un escritor impresionante), y otros libros "de varones" que si no hubiera sido por él, no hubiera leído nunca.
Y a mi mamá también, que se dejó convencer por el vendedor de Espasa Calpe que le vendió en el año 66 cincuenta tomos encuadernados de la colección Austral, "para cuando la nena aprenda a leer"
La nena que tenía un año, aprendió a leer con esos libros.
¡Y ahora me emocioné a mi misma! Soy un asco, me prefiero gallina gritona jugando al tute.
Salva
29/02/2004 a las 01:27
Siempre lo supe. Me alegro mucho Hernan, sabes que te aprecio.

Si la gente te conociera mejor, estarías mucho mejor considerado (a parte de tus fans jaja), pues eres un excelente escritor y una mejor persona.

(ya se que este comentario no viene al caso, pero no sabía donde postearlo, ¿lo leerás?

Un cordial saludo.
c_u_m_i_c...
29/02/2004 a las 01:20
Ufff, se hace realmente difícil comentar...

Creo que se me está forjando una doble personalidad: por un lado sé que Mirta está de vacaciones y que volverá, y por el otro quiero imaginar que es Hernán el que escribe como Mirta... :) Escribiré lo que escribiría si estuviera imaginando:

Hernán, resulta interesante lo que dices, más que nada porque, de algún modo, también me siento identificado con la historia. A mí me fascinaban las novelas de detectives, Agatha Christie era mi escritora diez en esos momentos. Hasta que me abrí a la literatura en general, y ya no tengo ningún escritor preferido, sino mil. Porque no deja de sorprenderme la gran imaginación que tiene el hombre [y la mujer]. Hay pocos libros que no me gusten, quizá porque sólo leo lo que me interesa. Habrá que darte una oportunidad. Me veo raro diciéndote esto, no tendríamos que darte una oportunidad, tendríamos que darte seguridad. Gracias.

Este post viene bien para darse cuenta de que Hernán viene antes que Mirta, y no al revés. Así que creo que te hablaré como le hablaba a Mirta. Es decir, como te hablaba a ti. De todas formas, estamos en familia, ¿no, Walqui?

Por cierto, una duda: ¿qué hago para conseguir una camiseta de Orsai? ¿Cómo va el puntaje?

[Diablita] Lo del árbol de navidad: en mi casa lo dejábamos hasta después de los Reyes. Para algunas cosas mi familia es muy vaga ;)

Víctor Pimentel, antes c_u_m_i_c... [todo el mundo máscaras fuera]
eemm
29/02/2004 a las 01:12
si, pues yo siempre pense que el que escribia era hombre pero muy bien representada la mujer y que tecnica todos los vecinos de mirta ahora leemos orsai
lununa
28/02/2004 a las 22:06
Che, Hernán, a mi me gustaba la Alcott, me leí todo lo que escribió, y también Sandokan (porque tenía una hija re valiente y yo me imaginaba que era como ella)
Claro que confiar en el criterio de una persona que lee hasta los prospectos de los medicaments... mmmmmm
(Che, no sé los demás, pero yo ya me siento como en casa... pasame las chancletas)
Diablita
28/02/2004 a las 20:53
Walquiria:
Mirá que es un acto de amor IMPRESIONANTE, regalar esos tesoros.
Coincido: "lo que natura non da..." pero de no haber sido por aquel gesto maravilloso, quizás nunca se le hubiese ocurrido o tal vez, no hubiese podido juntar tanta literatura en un solo abrazo.
walquiria
28/02/2004 a las 20:43
Querido Hernán /Mirta / y todos los demás personajes que creastes y que crearás en tu vida:
Las palabras que escribiste me han dejado moqueando desde hace rato, y siento que si de alguna manera, aunque sea muy pequeña, influí en tu vida en forma positiva, me siento inmensamente feliz.- Gracias por decirmelo! Igual pienso que lo que "natura non da, Salamanca non presta" y vos la "pluma" la tenés en el alma.-
Sigo mandandote besos
Ingrid (antes Walquiria)
P/D: Che.. Mirta, no me merezco un tute por el comment de hoy?? jajajaja
Diablita
28/02/2004 a las 20:15
Me emocioné! Qué histooooria!
Yo también tuve una tia a quien le debo lo que soy: a mis 9 añitos, se me apareció con una bolsa de alpillera vacía y me dijo:

Andá a juntar botellas y ma vale que traigás muchas que sino....
Bea
28/02/2004 a las 19:50
Hernán!!! a que se te cayeron las medias con el comment de Walkiria!!! hasta yo me emocioné.
Gracias por los besos, Indrig, me incluyo en el vecindario, y me veo reflejada en la inicial tutela literaria de mis propios sobrinos.


Hernán: Las medias es poco. Trato de asimilarlo. Todos los libros de los que hablo en este post, absolutamente todos, dicen con letra caligráfica en la página 3: "Ingrid Mengen". Es muy fuerte.
walquiria
28/02/2004 a las 19:30
Querido Hernán (antes siempre empezaba Querida Mirta):
Quizás fui una de las pocas en el vecindario que entré en el blog sabiendo que no eras Mirta sino Hernán Casciari, pero a su vez vos no sabías que yo sabía que no eras Mirta, es más creo que nunca supiste quien era yo.

Pero como es época de deschave, acá develaré quien soy.- (pero más al final) Traté denodadamente de creer que eras Mirta, lo que me costó mucho al principio porque sabía que eras Hernán, pero te juro que gracias a tu “habilidad literaria” tu personaje entró tanto en mi corazón, que ya me la imaginaba a Mirta tomando mate en la compu, y si bien al principio estuve “muda” después empece a interactuar con vos y los amigos del vecindario, y entré tanto en ese juego que estaba “convencida” que lo hacía con Mirta y con los vecinos, y se me estaba convirtiendo en vicio.

Ya no eras Hernán, eras Mirta, y yo Walquiria (o Walqui como me llama la Mirta) y no ... (después te lo digo) ...tratando que en mis comments no se me escapara nada que me pudiera deschavar ni quien era yo, y menos aún que Mirta eras vos.

A tu vieja le comentaba que leia el blog, pero nunca le dije que escribía como Walquiria.- En fin, el misterio llego a su fin para el vecindario y todo el mundo se enteró que Mirta es Hernán!!!!.- Y acá estamos en ORSAI para despuntar el vicio de leer tu blog.

Lo más extraordinario de todo es lo siguiente: realmente hace tantos años que estas en España y salvo algún mail que otro para algun cumpleaños, o navidad no nos hemos escrito nunca.- Es decir, querido Hernán, que como Walquiria te he escrito más veces que como lo que soy... tu... (después te digo o quizás puedas ir adivinando quien soy...) y además que en el fondo, lo que relatás hoy en tu blog , me hace pensar que tengo un poquito que ver en tu afición literaria, pues en un momento de mi vida, en la que se me cayó una biblioteca llena de mis libros de la infancia, hice un gran paquete y te lo mande a Mercedes, incluyendo mi colección de Agatha Christie y los viejos libros de la colección Robin Hood (sí, soy tu tía Ingrid).

Solo queda decirte que estoy muy orgullosa del sobrino que tengo, porque además lograste hacer algo que yo hubiera querido ser: ESCRITOR.

Espero con ansias la llegada de mi sobrina nieta y te mando un beso enorme (y otro a la futura mamá)

Ingrid (antes Walquiria)
p/d: Un beso a todo el vecindario.


Hernán: Estoy en estado de shock, pero bastante literal. Mirta diría "¡qué plato!", pero a mí un comment me queda chico. Me pone la carne de gallina que hayas aparecido en este post, y saber hasta dónde pueden llegar las casualidades, "esas rimas de la vida" en palabras de Auster.

Gracias por estar ahí, Walqui, y por haber estado a mis diez años con una bolsa de arpillera llena de libros.

A muy pocas personas le puedo decir esto que te digo ahora: yo hubiera sido otro, uno peor, si no hubieras llegado con esa bolsa. Te lo juro.

Dúftin
28/02/2004 a las 19:14
Hay algo que no cambia, compañero: sabés tratar muy bien a tus lectores. De a poco estoy viendo y descubriendo los rincones que empieza a tener este orsai... Muy mirtianos, muy acogedores. Siempre supe que tu éxito tenía un porqué más allá de lo bien que contás las cosas.

El post de hoy me gustó muchísimo, a pesar de que soy muuuuy de Verne y de Salgari, pero entiendo de lo que hablás, y pude oler esa COlección Robin Hood, que descansa en mi pieza de adolescente, en pergamino.

Un abrazo.
Anika
28/02/2004 a las 19:05
Jejeje, qué buena la explicación para no iniciados. Yo es que debo ser una infeliz, pero a mi me gusta que me expliquen las cosas aí, tan sencillamente, incluso como con algo de cariño para que no me asuste si no entiendo nada finalmente.

Sobre lo de Atranxito y el adjetivo que te ha puesto más arriba, Hernán, sé comprensivo... aún el vecindario anda en fase de acomodamiento (pobre Atranxito, espero que no le queden secuelas permanentes). Gracias por la aclaración sobre "orsai".
Diablita
28/02/2004 a las 18:16
Cristian:
puedo hacer una corrección a a tu más que completísima nota?
No somos la "blogósfera hispanohablante" . Somos la "blogósfera hispanotipeante"

Muy buena, Falabella, muy buena!
Bea Marín
28/02/2004 a las 18:12
Sí!!!! manuel puig... Mirta siempre me hizo acordar a Manuel Puig. Todos sus novelas geniales empezando por Boquitas Pintadas y siguiendo por otras más perturbadoras.
Me voy a tomar un café con Diabli y Lununa.
NA
28/02/2004 a las 18:05
Estimado Hernán:

Me considero en el deber de informarle que el abogado de la familia Bertotti, siguiendo instrucciones de una indignadísima Mirta, acaba de cursar en el juzgado competente (el num. 2 de los Civil de Mercedes) una querella por suplantación de personalidad, fraude al lector y reclamación dolosa de paternidad.
Asi que váyase preparando.

Enhorabuena por su próxima paternidad, si es que esta es real.

NA
Basurita
28/02/2004 a las 17:59
Auch!, me acabo de enterar ... y dime Hernán, ahora qué hago con el huequito que me dejó la triste realidad de saber que los Bertotti nunca fueron.

Igual, tengo la sospecha de que me va a gustar la Mirta sin disfraz. Saludos y un beso tío... auch!(herida abierta)
Diablita
28/02/2004 a las 17:45
No, Hernán, nosotros no venimos a visitar a un enfermo terminal (ese está en otra habitación y ya huele a podrido). Vos sos uno que se suicidó pero no murió del todo. Al Contrario! Ahora estás más pispireto que antes!
Pero que el porrazo te lo diste, te lo diste. Que te dolió, te dolió. Y nosotros estamos acá, haciéndote el aguante mirando como todo machucado nos contás que por las noches, salis a correr y saltar y mientras, pasamos la vista por los clavos expuestos, el yesos y el papagayo que tenes al costado de la cama...
Pero estamos muy contentos por que hayas decidido comenzar una nueva vida justo ahora, que está llegando una vida nueva.
pecadora
28/02/2004 a las 16:53
Sí,Diablita, es así!!!!!!!!
*En este hospital lo atienden bien al muchacho...
*Yo vine a ver cómo anda...parece recuperado, es cierto....
*Es cuestión de tener paciencia, alentarlo...yo tampoco sé
*Hagamos una vaquita y le compramos "El Gráfico", así no piensa mucho...
*Veo que ha tenido muchas visitas.....seeee
Algunos vecinos ya sabían su diagnóstico; otros nos sorprendimos ayer ( que Mirta hondureña, que Jorge, que Hernan, que desde Barcelona...demasiado..)pero veo que todos vinimos...buena gente
Cariños a todos
Anika
28/02/2004 a las 15:38
Bueno, poco a poco me consuelo... puedo decir, con toda seguridad, que lo que más me gusta en el mundo es que me cuenten historias. Hernán parece un buen contador de cuentos y casi seguro que mientras Mirta está en su luna de miel, será un regalo venir por aquí y abrir bien los ojos.

Diablita... ¡qué buena descripción de todo lo sucedido!

Lununa, Cristian, ¿qué es quedarse en orsai? perdón por mi ignorancia, pero nunca he oido esa palabara antes...

Buen sábado a todos.


Hernán: En argentina castellanizamos todo. Y 'orsai' es la versión fonética de 'off-side', un término futbolístico que significa 'fuera de juego'. El nombre de esta bitácora, por ende, no es arbitrario, porque la idea es escribir en orsai, es decir, fuera del juego que es Mirta, para mí y para ustedes.
Diablita
28/02/2004 a las 15:25
Susy; veni, vamos al bar de la esquina a tomar un café que la enfermera me llamó la atención por hablar en voz alta, e intercambiamos opiniones.
De paso, le compramos unas revistas a Hernan porque parece que el muchacho de lectura, cero.
Susy
28/02/2004 a las 15:08
Diablita puedo copiar tu comentario?...porque te juro que la sensacion que tuve fue esa!!! Ayer, en medio de mi rutina laboral me entere lo del "accidente" y pense que se habia terminado todo y tuve esa mezcla de bronca, de impotencia, de ganas de gritar... pero ahora ya paso, ya estoy mas tranquila, sigo un poco triste, pero veo que las cosas empezaron a recomponerse y quizas en un mes este lista para recibir a mirta y a hernan con los brazos abiertos.
saludos a todos
CeCi
LuZZo
28/02/2004 a las 14:11
Ayer me llamaban abogado defensor y hoy veo que con el panorama más despejado y no tan caliente el asunto no piensan muy diferente de mí.

Un abrazo gente, :).
Diablita
28/02/2004 a las 13:45
Siento como que todos venimos a "visitarte al hospital", con un ramo de flores o algún presente para festejar que, después del accidentado intento de suicidio y luego haber logrado sobrevivir al pretendido linchamiento chatero y commentero, ahora todo está muy bien, o tal vez hasta puede que esté mejor.
En la habitación, todos sonreímos y te damos apoyo, porque hay un afecto. En el pasillo, cuando salimos a distendernos, algunos exclaman
"Che! Está hecho pelota!"
"Si; habla boludeces..."
"Yo lo veo bárbaro! Es como que el golpe en la cabeza le acomodó las ideas y ahora, hasta su mirada es más lúcida!"
"Anda a c...! Si parece un pastor Evangelista!"


Paciencia... Todos los que criticamos pero estamos, nos iremos recuperando del shock (claro, los que sabian que se venia el porrazo porque conocian tu situación, estan hasta mas tranquilos)y luego, cada cual irá encontrando su rincón para acomodarse, apropiándonos de un espacio, amoldándonos a esta novedad que tenes para ofrecer hoy, que se yo!

Uy! termina el horario de visita.
Espero que todo vuelva poco a poco a la normalidad.
Cuidate.

Ey! que alguien le bloquee es ventana porque este tipo es un peligro, eh?
Arrivederci.


Hernán: Graciosímimo, Diabla... La metáfora del enfermo terminal es cierta. Pero aunque ustedes no se den del todo cuenta y yo mismo les parezca alguien nuevo, a ustedes los conozco como si los hubiera parido.

No siento presión en Orsai, porque tengo planeado escribir sobre lo que me dé la gana. A veces largo, a veces corto, mezclando géneros. Me gustó empezar con ésto porque, de hecho, ha sido la semilla. Pero te agradezco que hayas pasado por el hospital y me hayas dejado estos besos. ¡Cof, cof!

Que alguien llame a una enfermera.

La Romu
28/02/2004 a las 13:39
Era como si Laura Ingalls, en lugar de esperar a que Almanso apareciera mágicamente en su vida, se hubiera casado con el menor de los Olsen para heredar alguna vez el minimercado.

Bueno, Hernancito... me parece que me empezás a convencer.
Rosarina (antes Luciana)
28/02/2004 a las 13:24
Aunque ayer mi NO era irreversible, luego de consultarlo con la almhoada decidí que tal vez merezco darte (o darme) una oportunidad.

Quiero aclarar que no me siento engañada. Sin embargo, el impacto que me provocó la confirmación de lo asumido desde el principio fue, sin lugar a dudas, inmenso.

Por lo tanto aquí estoy, simplemente visitándote y dejando mi huella, porque como en todo nuevo proyecto es importante el apoyo y el aliento.

Luciana
Patri
28/02/2004 a las 13:23
Voet, estás hecho un poeta.
voet
28/02/2004 a las 12:53
¿Y la pena rara? ¿Qué me dices de la pena rara?

Ya no te acuerdas de cuando veías a la lavadora centrifugar y sufrías su esfuerzo por ella.

Ya no te acuerdas de las cosas que metiste en un cajón hace mucho tiempo y no ven la luz del sol.
cristian
28/02/2004 a las 12:49
Quedamos en Orsai, ya veo...
ja ja
Un abrazo Hernán.
lununa
28/02/2004 a las 12:32
Muy bien, Hernán, me gusta mucho lo que escribís desde fuera del personaje. Debe ser jodido sacarse el traje de Mirta delante de una platea de 1500 gallinas, la mayoría enojadas. :)
Compré Orsai (y muy bien el nombre, con lo de Mirta nos dejaste en Orsai a todos)
Estoy de acuerdo con alguien (susy o shered?)que dijo que sabía que era ficción pero que esperaba que terminase de otra manera, no que apareciera el autor así.
Y muy bien la pregunta de la Bea: ¿como fue que empezamos a escribir?


Hernán: ¿Si resulta jodido escribir sin el traje? ¡Al reves! Jodido es escribir con la máscara de Mirta puesto. Es permanente actuación, y no es posible dejar salir lo que uno lleva adentro en ese momento. Acá me siento muy suelto. Las 1500 gallinas del otro gallinero, las que me esperan en abril..., ésas son mi preocupación.
Bea
28/02/2004 a las 10:08
Harnán, genial. La vuelta que le pegaste a la Mirta no puede estar mejor hecha con esta curva retrospectiva.
Leer el monólogo de Huck cada diciembre y el Gato negro en marzo ya no será lo mismo. (Para mí los cuentos tienen meses y secretamente los espero con impaciencia para espiar mientras leemos esos tus ojos en sus ojos).
Una lección de gusto por la lectura para los que tiramos migajitas en un camino a veces árido.
(¿Y cómo fue empezar a escribir?)
Rax
28/02/2004 a las 10:02
Ya está: esfuerzo hecho, leí el texto completo, sin saltarme nada, je.
Y me gustó. Me acordé de cuando yo descubrí a Samuel Clemens, y esas aventuras, wow. Y luego Poe, una tarde en el trabajo de mi mamá (Los crímenes de la calle Morgue y Conversaciones con una momia). Pero el insomnio me había llegado mucho antes, con un libro sobre sucesos inexplicables: combustiones espontáneas, crímenes sin resolver, ovnis, fantasmas.
Y sin dormir sigo (y son las 4 am). Así que mejor paro y me voy con mis miedos a otro lado.
Nos estamos leyendo!
Rax
28/02/2004 a las 09:56
Hago un esfuerzo. Será cosa de acostumbrarse a esta otra voz :)