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Historias
lunes 6 de marzo, 2017

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Historias
lunes 6 de marzo, 2017

Lucía y la noción del tiempo

Lucía siempre vivió en Neuquén. Ahora tiene veintisiete años y esta historia me la explicó por correo. Me cuenta que hace veinticinco años, cuando era muy chiquita, acompañaba a su mamá a ver a sus hermanas mayores jugar un partido de hockey. Estos torneos se hacían en unas chacras neuquinas muy grandes, arboladas y a cielo abierto. Un lugar perfecto para que una nena de casi tres años pierda la noción del tiempo.

Lucía no recuerda muy bien lo que pasó aquella tarde, ni por qué se separó del grupo familiar. Por lo tanto no vivió en carne propia la desesperación de su madre, ni la angustia de sus hermanas, cuando empezó a atardecer y nadie la encontraba. 

—¡Lucía! —gritaba su mamá haciendo eco con las manos.

—¡Lu! —gritaba su hermana mayor, con los ojos llenos de lágrimas.

Lucía ya sabía caminar sola y era muy inquieta. Eso le decía su madre a todo el mundo mientras la buscaban: que era muy inquieta.

El torneo de hockey se suspendió y se organizó un rastrillaje de vecinos que empezaron a peinar el predio a pie. Cuando empezó a anochecer algunos padres pusieron las luces de sus camionetas enfocando al norte, para el lado de las acequias. De esa forma podrían seguir buscándola aunque oscureciera. 

Pero la mamá de Lucía no quería saber nada con esa posibilidad, porque el frío nocturno podía ser fatal. 

Y entonces pasó un milagro; el primer milagro.

Todavía no se había hecho de noche por completo, cuando alguien dio la voz de alerta. 

—¿Es ella? ¡Es ella!

Un chico de unos once o doce años traía a Lucía de la mano, desde las acequias. Se veían las siluetas de los dos. Ella no se acuerda de nada de todo esto, pero mil veces le contaron la anécdota en los cumpleaños y en las sobremesas. Lucía venía un poco asustada pero sin llorar. El chico que la traía le daba charla y levantaba la mano libre con el pulgar en alto, como diciendo que todo estaba bien.

Yo me di cuenta, en el mail, que Lucía me daba datos que era imposible que ella misma recordara. Está claro que el terror de la madre y las hermanas se metían en el medio de la historia. Para ella fue solamente una aventura difusa de su primera infancia; no recuerda por qué se perdió, si fue por perseguir una mariposa. Solo se acuerda de que perdió la noción del tiempo.

Cuando aquel nene (que se convirtió además en el héroe del día) devolvió la criatura a la familia, la mamá de Lucía abrazó a su hija y se largó a llorar como nunca. Y muchas veces, durante los años siguientes, la mamá de Lucía a veces se despierta con la sensación de ahogo y de impotencia que provoca el perder a un hijo.

Por eso, dos décadas después, la mamá de Lucía abrazó tan fuerte a Alejandro cuando le vio los ojos. Por eso volvió a llorar y por eso hizo semejante escándalo. 

El segundo milagro pasó en 2010. Lucía ya era veinteañera y estaba haciendo una pasantía de diseño gráfico. Trabajaba en un edificio grande donde había infinidad de personas. Ella tenía novio, pero desde que llegó al nuevo trabajo se enamoró secretamente de un contador que trabajaba allí: Alejandro.

Yo hablé con Lucía esta mañana. Ella me jura que se enamoró del contador porque le pareció muy lindo y porque le gustó su sonrisa (parece ser que el contador tiene hoyuelos o algo así) y no porque fuera el mismo chico de once años que una vez la encontró llorando en una acequia, cuando se hacía de noche. Ella me jura y perjura que no tenía la menor idea.

Lucía me asegura que el amor no surgió de aquel recuerdo escondido, y que no supo —hasta muchos meses después— que el contador era la misma persona que la había encontrado aquella tarde y la había devuelto a su madre.

Él dice lo mismo. Me cuenta que se enamoró de Lucía porque cuando ella entró como pasante a su trabajo «estaba tremendamente fuerte». Eso me dice. Y también me cuenta que después la oyó reírse con otras compañeras y casi se le doblan las piernas cuando vio su carcajada.

Ni Lucía ni Alejandro confiesan recordar la tarde de 1992 en las canchas de hockey. Ninguno confía en que el subconsciente les haya podido hacer trampa. Hablan de otras razones: de calentura, de fascinación, de hormonas, después incluso hablan de amor a primera vista, aunque sea falso que su encuentro de 2010 haya sido el primero. Técnicamente, ellos se dieron la mano dieciocho años antes de la primera vez oficial.

Le pregunté a Lucía cómo empezaron a salir juntos. Me dijo que él consiguió su Facebook y le mandó un mensaje. Alejandro le dijo, en ese primer mensaje, que la había visto tomando Coca con Fernet la noche anterior, en una fiesta del trabajo, y que le había encantado su vestido.

Un par de semanas después empezaron a salir. Era el año 2010.

Y entonces ocurrió que en 2011, cuando ya eran una pareja más o menos consolidada, respiraron hondo y se presentaron cada uno a la familia del otro. Cuando Lucía fue a casa de los padres de Alejandro nadie descubrió la coincidencia. 

Pero no pasó lo mismo cuando la pareja visitó por primera vez a la madre de Lucía.

La mamá de Lucía, ni bien lo vio, pegó un grito y después dijo: 

—¿Este es el Alejandro del que me hablabas, nena? —y le dio a su yerno flamante un abrazo que ni él ni Lucía entendieron.

La madre de Lucía se reía y lloraba al mismo tiempo. Lucía pensó que a su madre le había agarrado un ACV o que estaba borracha. La mujer quería hablar, quería explicar, pero se reía y lloraba al mismo tiempo. 

Cuando se pudo calmar un poco, se separó del abrazo con su yerno y miró a su hija. Le dijo:

—¡Nena! ¡Este chico primero te devuelve y después te reclama!

Cuando entendieron de qué hablaba la suegra, Lucía y Alejandro se miraron con una sorpresa nueva y otra vez perdieron la noción del tiempo. Se dieron la mano y se miraron a los ojos, como si de repente se empezara a hacer de noche y estuvieran en una acequia y hubiera, de pronto, que volver a casa.

Nota. Leí esta anécdota en el programa de radio «Perros de la calle», dentro de una columna en donde juego a mejorar anécdotas de los oyentes. Después de leer el cuento conversamos con Lucía y con Alejandro. Les dejo el audio.
El relato empieza a los 2m50s.

Después de salir al aire, los protagonistas me mandaron esta foto:



Lucía y Alejandro viven juntos desde hace siete años. En 2016 nació Simón.

Hernán Casciari
lunes 6 de marzo, 2017


Lucía y la noción del tiempo

por Hernán Casciari

Lucía siempre vivió en Neuquén. Ahora tiene veintisiete años y esta historia me la explicó por correo. Me cuenta que hace veinticinco años, cuando era muy chiquita, acompañaba a su mamá a ver a sus hermanas mayores jugar un partido de hockey. Estos torneos se hacían en unas chacras neuquinas muy grandes, arboladas y a cielo abierto. Un lugar perfecto para que una nena de casi tres años pierda la noción del tiempo.

Lucía no recuerda muy bien lo que pasó aquella tarde, ni por qué se separó del grupo familiar. Por lo tanto no vivió en carne propia la desesperación de su madre, ni la angustia de sus hermanas, cuando empezó a atardecer y nadie la encontraba. 

—¡Lucía! —gritaba su mamá haciendo eco con las manos.

—¡Lu! —gritaba su hermana mayor, con los ojos llenos de lágrimas.

Lucía ya sabía caminar sola y era muy inquieta. Eso le decía su madre a todo el mundo mientras la buscaban: que era muy inquieta.

El torneo de hockey se suspendió y se organizó un rastrillaje de vecinos que empezaron a peinar el predio a pie. Cuando empezó a anochecer algunos padres pusieron las luces de sus camionetas enfocando al norte, para el lado de las acequias. De esa forma podrían seguir buscándola aunque oscureciera. 

Pero la mamá de Lucía no quería saber nada con esa posibilidad, porque el frío nocturno podía ser fatal. 

Y entonces pasó un milagro; el primer milagro.

Todavía no se había hecho de noche por completo, cuando alguien dio la voz de alerta. 

—¿Es ella? ¡Es ella!

Un chico de unos once o doce años traía a Lucía de la mano, desde las acequias. Se veían las siluetas de los dos. Ella no se acuerda de nada de todo esto, pero mil veces le contaron la anécdota en los cumpleaños y en las sobremesas. Lucía venía un poco asustada pero sin llorar. El chico que la traía le daba charla y levantaba la mano libre con el pulgar en alto, como diciendo que todo estaba bien.

Yo me di cuenta, en el mail, que Lucía me daba datos que era imposible que ella misma recordara. Está claro que el terror de la madre y las hermanas se metían en el medio de la historia. Para ella fue solamente una aventura difusa de su primera infancia; no recuerda por qué se perdió, si fue por perseguir una mariposa. Solo se acuerda de que perdió la noción del tiempo.

Cuando aquel nene (que se convirtió además en el héroe del día) devolvió la criatura a la familia, la mamá de Lucía abrazó a su hija y se largó a llorar como nunca. Y muchas veces, durante los años siguientes, la mamá de Lucía a veces se despierta con la sensación de ahogo y de impotencia que provoca el perder a un hijo.

Por eso, dos décadas después, la mamá de Lucía abrazó tan fuerte a Alejandro cuando le vio los ojos. Por eso volvió a llorar y por eso hizo semejante escándalo. 

El segundo milagro pasó en 2010. Lucía ya era veinteañera y estaba haciendo una pasantía de diseño gráfico. Trabajaba en un edificio grande donde había infinidad de personas. Ella tenía novio, pero desde que llegó al nuevo trabajo se enamoró secretamente de un contador que trabajaba allí: Alejandro.

Yo hablé con Lucía esta mañana. Ella me jura que se enamoró del contador porque le pareció muy lindo y porque le gustó su sonrisa (parece ser que el contador tiene hoyuelos o algo así) y no porque fuera el mismo chico de once años que una vez la encontró llorando en una acequia, cuando se hacía de noche. Ella me jura y perjura que no tenía la menor idea.

Lucía me asegura que el amor no surgió de aquel recuerdo escondido, y que no supo —hasta muchos meses después— que el contador era la misma persona que la había encontrado aquella tarde y la había devuelto a su madre.

Él dice lo mismo. Me cuenta que se enamoró de Lucía porque cuando ella entró como pasante a su trabajo «estaba tremendamente fuerte». Eso me dice. Y también me cuenta que después la oyó reírse con otras compañeras y casi se le doblan las piernas cuando vio su carcajada.

Ni Lucía ni Alejandro confiesan recordar la tarde de 1992 en las canchas de hockey. Ninguno confía en que el subconsciente les haya podido hacer trampa. Hablan de otras razones: de calentura, de fascinación, de hormonas, después incluso hablan de amor a primera vista, aunque sea falso que su encuentro de 2010 haya sido el primero. Técnicamente, ellos se dieron la mano dieciocho años antes de la primera vez oficial.

Le pregunté a Lucía cómo empezaron a salir juntos. Me dijo que él consiguió su Facebook y le mandó un mensaje. Alejandro le dijo, en ese primer mensaje, que la había visto tomando Coca con Fernet la noche anterior, en una fiesta del trabajo, y que le había encantado su vestido.

Un par de semanas después empezaron a salir. Era el año 2010.

Y entonces ocurrió que en 2011, cuando ya eran una pareja más o menos consolidada, respiraron hondo y se presentaron cada uno a la familia del otro. Cuando Lucía fue a casa de los padres de Alejandro nadie descubrió la coincidencia. 

Pero no pasó lo mismo cuando la pareja visitó por primera vez a la madre de Lucía.

La mamá de Lucía, ni bien lo vio, pegó un grito y después dijo: 

—¿Este es el Alejandro del que me hablabas, nena? —y le dio a su yerno flamante un abrazo que ni él ni Lucía entendieron.

La madre de Lucía se reía y lloraba al mismo tiempo. Lucía pensó que a su madre le había agarrado un ACV o que estaba borracha. La mujer quería hablar, quería explicar, pero se reía y lloraba al mismo tiempo. 

Cuando se pudo calmar un poco, se separó del abrazo con su yerno y miró a su hija. Le dijo:

—¡Nena! ¡Este chico primero te devuelve y después te reclama!

Cuando entendieron de qué hablaba la suegra, Lucía y Alejandro se miraron con una sorpresa nueva y otra vez perdieron la noción del tiempo. Se dieron la mano y se miraron a los ojos, como si de repente se empezara a hacer de noche y estuvieran en una acequia y hubiera, de pronto, que volver a casa.

Nota. Leí esta anécdota en el programa de radio «Perros de la calle», dentro de una columna en donde juego a mejorar anécdotas de los oyentes. Después de leer el cuento conversamos con Lucía y con Alejandro. Les dejo el audio.
El relato empieza a los 2m50s.

Después de salir al aire, los protagonistas me mandaron esta foto:



Lucía y Alejandro viven juntos desde hace siete años. En 2016 nació Simón.

Hernán Casciari
lunes 6 de marzo, 2017


Podés ver a Hernán Casciari en el teatro


16/03/2017 a las 03:25
Feliz cumpleaños gordo! !!!
 Jhordan PLG
13/03/2017 a las 03:02
Soy de los que se aburren con los finales felices, pero es innegable que la historia es increíble. Cada tanto es bueno saber que no todo se está yendo al tacho.

¿A quién se le ocurrió lo de mejorar las anécdotas de tus oyentes, a los productores de la radio o a ti?... como fuera, buenísima idea.
11/03/2017 a las 02:47
Lindo artículo y muy bien escrito.
09/03/2017 a las 13:52
¡Oh, qué bonita historia! Me recuerda a un poema de la poeta polaca Szymborska. Se los dejo...

Amor a primera vista

Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.

Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?

Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún "lo siento"
o el sonido de "se ha equivocado" en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.

Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,

una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,

que los acercaba y alejaba.

que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.

Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?

Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.

Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.

Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.

Todo principio
no es mas que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.

De Fin y principio
Versión de Abel A. Murcia Soriano
 Nombrador
08/03/2017 a las 19:25
¿El mundo es una caótica bola sin manija o viajamos con un rumbo determinado? Esa cuestión está detrás de la historia de la filosofía y estos dos relatos: el destino y el amor.
¿Existe el destino? Leyendo a Borges podemos entender al destino como el nombre de millares de causas entreveradas, un río deudor de infinitos y misteriosos afluentes que convergen para hacer necesario un momento (desde los vientos neuquinos que aquel día despejaron de lluvias el cielo e hicieron posible el torneo de hockey hasta los vientos internos en la cabeza de una bisabuela de Lucía que en el viejo continente la llevaron a la cama de su bisabuelo). Siguiendo a otros Borges, podemos jugar a que ese río tiene brazos convergentes, divergentes y paralelos (en algunos ríos Alejandro no encuentra a esa nena de 3; en otros encuentra a la niña pero no a la veinteañera, porque renuncia a su trabajo antes de que ella venga harto de un jefe que no pudo matar en sus sueños; en otros ríos se repite la película sincronizada como la gestación de mellizos). Esta idea rompe en pedazos la idea de una línea de tiempo uniforme con presente, pasado y futuro. Propone, en cambio, un río que se bifurca en miles de redes. Y en cada línea sucede una historia diferente de Lucía y Alejandro, ya no es necesario que terminen juntos, sino que esta es sólo una de las posibilidades (como en “El Jardín de los Senderos que se Bifurcan”, Ficciones).
La metáfora del río, que implica unas aguas bajando juntas hacia un mismo mar, también es compatible con la idea de un plan divino y una voluntad omnipotente que mueve las aguas ("El jugador mueve la pieza y Dios mueve al jugador"). Y si este Director Supremo además es bueno y justo, después de algunas peripecias nos regala un final feliz (Lucía y Alejandro juntos comiendo perdices). Esto sería algo así como una armonía preestablecida que se revelaría con claridad al final de los tiempos, cuando el río finalmente descansa en el paradisíaco mar (“no hay mal que por bien no venga”; “Él tendrá sus motivos que no me puede explicar a mí”; “Lucía se perdió y sufrió, en el momento pensé que Dios era un hijo de puta, pero después me tapó la boca cuando Alejandro la rescató”).
Pero también hay pensadores que niegan la existencia del río y de todo plan. Estos se dividen en optimistas y pesimistas.
Los primeros son, por ejemplo, los defensores a del libre albedrío católico o de la libertad iluminada. Ambos se sienten amenazados con la idea del destino. Según ellos nosotros somos los artífices de nuestro propio destino, no hay algo escrito o predeterminado, no hay caminos o lechos sino caminantes o aguas, estamos condenados a definir el curso del río, con el timón del alma o de la razón. En esta visión, los enamorados tuvieron el mérito de encontraron con la fuerza de su alma.
Los segundos negadores del río tienen una mirada mucho más oscura. Temen que todo lo que sucede es producto de azares o casualidades, de un juego de dados entre dioses borrachos o el sueño confuso de una criatura indefinible. Para ellos el rio puede transformarse en cualquier cosa de un momento a otro. (En la próxima mano tal vez Lucía cambiará a Alejandro por su mejor amigo!).
Yo no sé si existe o no el destino, creo que voy cambiando de acuerdo al estado de ánimo. En este punto, converge el segundo gran tema del relato: el amor. Interpreto que estas dos historias, con todos sus paralelismos, señalan al menos una cosa. Cuando irrumpe en escena una mina que está bárbara como Bárbara o tremenda como Lucía, entonces vemos la luz, el logos, la armonía detrás de todos los males y todo el resto de las cosas pierde consistencia. No sé si es que el mundo queda justificado en un segundo por la aparición del ser maravilloso o si esta presencia hace que las preguntas abstractas (¿ hay vida después de la muerte? ¿Por qué hay ente y no nada? ) nos chupen un huevo. De pronto, todo se clarifica, hacia ella íbamos corriendo y entreverados con ella queríamos descansar el resto de nuestra existencia. Y entonces nos preguntamos pavadas, en ese estado de letargo que nos agarra después de coger (“¿y si no me hubiera subido a ese colectivo o no me la hubiera cruzado en esa fiesta?)” Y en el fondo el destino nos contesta con una sonrisa. No sé si las mujeres(o el amor) interrumpen nuestras preguntas filosóficas o son simplemente una respuesta encarnada de todas las dudas. Lo cierto es que en un escote a veces caben todos los mares.
08/03/2017 a las 20:25
Interesante reflexión. Imaginemos una realidad donde lo habitual sea casarte con alguien a quien hayas salvado la vida de pequeña. Estaríamos hablando de esto? Aunque es la misma resolución. Imaginemos una sociedad donde lo habitual sea enamorarte (y probablemente casarte) con alguien con rasgos semejantes a algún adulto de tu infancia (esto esta probado), es eso destino?
El destino que nos llama la atención es el destino remoto aquel donde todo acaba bien o muy mal, nunca regular. Cuando alguien habla de vidas anteriores, siempre fue famoso.

El destino deja un rastro, pero solo se deja ver en la llegada (como su nombre indica).

Un saludo!
 Lalo
08/03/2017 a las 15:51
Muy buena la historia Hernan. Hay algo curioso, hoy leyendo el diario me encuentro con esto https://www.lmneuquen.com/el-la-rescato-1992-y-se-casaron-23-anos-despues-n543610
Relata una historia muy similar, pero no creo que sea una copia de la tuya, ante los comentarios de que varias personas que pensaron lo mismo que yo inicialmente, la autora de la nota cita:
"La historia que escribió Casciari para su columna Mejorador de Historias tiene segmentos que no son reales porque es parte de su columna en Radio Metro. Esta historia la escribí yo después de hablar con los protagonistas y toda la información que contiene es la verídica. Saludos!"
Estoy convencidp que ella conocia de antes a la pareja y decidio plasmar una historia que tenia en mente hace mucho tiempo, y no que escucho la seccion en la radio y como esta gente vive en su misma cuidad los busco para hacer pasar la noto como 100% suya...
Saludos desde Neuquen gordo
 Irene ARG
13/03/2017 a las 22:24
Acá hay literatura.
 Maria Maria
07/03/2017 a las 18:24
La magia de las historias que cuenta Hernán...esta en la forma que lo hace ..es la capacidad que tiene para atraer nuestra atención de la misma manera que cuenta una historia comun como la mas maravillosa... Su relato es magnífico!!!!
  Sopermi
07/03/2017 a las 18:09
Hernán siempre me llega mucho lo que escribís, me gusta la ternura que se desprende de tus historias. Pero debo admitir que a medida que iba leyendo esta historia los personajes no me atraían demasiado, los veía como típicos personajes rosaditos que se pegaron algún susto en la niñez y el universo bondadoso los premia unos años después coronando su historia idílica predestinada…Sí es verdad que estos estereotipos existen en la vida real… (muchas veces nos convertimos en estereotipos, si?) Lucía… Simón…que nombres tan de gente bien de este universo burgués acomodado en el country con sus mujercitas jugadoras de hockey y el contador Alejandro claro…como no…atraído por Lucía que toma coca con fernet ella…que original la diseñadora gráfica que se ríe a carcajadas con sus amigas…y claro después viene Simón que aparece en la foto de la casa perfecta…
Puede que hable dese la auténtica envidia…ni idea… pero la anterior historia me ha conmovido mucho más (Cupido en Hemoterapia).
 Aldana Andrada
06/03/2017 a las 22:50
Hermosa historia!
 PaolaNS
06/03/2017 a las 19:44
Me encantó, pero me da mucha envidia, porque una tiene una historia cualunque, a la que no le da el pinet para anécdota mejorada ;)
06/03/2017 a las 19:59
Jaja exacto!
06/03/2017 a las 19:40
Pero, en fin no se. Entonces la magia existe? O son causalidades casuales?. No podría demostrarse que la magia no existe con todas las probabilidades que no se cumplen?
Ha saturado zambayoni a Hernan de finales tristes y por eso hace esto?
Es la diferencia de 8-10 años en la pareja, siempre garantía de complementación?

No se yo..
(Ahí me salio la envidia yo creo)
06/03/2017 a las 18:56
Si nos remontamos a la historia de los chicos del orfanato o a aquello de que soñamos las caras que ya hemos visto....concluimos que el subconsciente algo (o mucho) participó... sin culpas ni heroísmos, estas casualidades siempre impactan :)... Y los Simones del mundo lo agradecen
06/03/2017 a las 20:01
Los sifones también. Despe capa! :D
 aranceles
06/03/2017 a las 17:41
Muy bueno...
"Ni Lucía ni Alejandro confiesa recodar la tarde de 1992" faltan N y R
Saludos a todos los que disfrutan leerte como yo
06/03/2017 a las 21:24
Gracias, corregido!
06/03/2017 a las 17:31
Ahhhhhhh!
 sebastian lafit
06/03/2017 a las 17:28
Hoy justo no te escuché. Q diferente es leer una historia e imaginar a cada uno de lo protagonistas y las distintas situaciones. Y si tenés un hijo y si se te perdió durante 30 segundos y parece q el mundo se paralizó y no sabes para donde correr, solo ahí lloras y lloras al leer esta historia.
06/03/2017 a las 17:27
Muy tierna historia de amor y de encuentros, que es casi lo mismo.

Pero, no sé por qué, no me gustan tanto esas historias prestadas...
Quiero decir, estoy acostumbrado a leerte siempre en primera persona. Y estás historias, que le mandan por ahí, es como que tienen mucho color, mucho "no puede ser, qué copado!".

O sea, están re buenas, pero me imagino que antes estuviste dos horas leyendo mails, buscando la mejor historia, la más "tierna", para luego recién escribirla.

Sos Casciari escribiendo... pero sentimientos de otros. Tienen trampa.
06/03/2017 a las 21:20
Coincido con Pablito, historias robadas no!! usa esa cabecita para hacernos creer que es una historia tuya mierda
06/03/2017 a las 21:27
Este es un experimento distinto al de escribir. Es casi un ejercicio periodístico. Lo hago en estas épocas en donde escribir como siempre me cuesta un poco, porque no fumo.

Pero es un buen ejercicio para ir soltando la mano y volver al ruedo. Espero que pronto.

A ustedes: gracias por bancar.
 Irene ARG
06/03/2017 a las 22:40
De nada, por la parte que me toca. Me cuesta un poco, pero te banco.
07/03/2017 a las 11:58
A mí particularmente me gusta este costado periodístico. Lo único que veo es que se están repitiendo las mecánicas de las historias y todas tienen un encuentro imposible casual y final feliz...Es como la etapa Pre Bonsai cuando escribías más optimista.
SE ve que estás feliz guacho.
Me alegra.

una duda: ¿Por qué no ponés acá la promoción de la revista Orsai 17?
esta es tu casa...nuestro patio...

un abrazo
09/03/2017 a las 18:20
ahora siiiii!!!
(lo de la publicidad de la orsai 17 dgo)
07/03/2017 a las 14:57
Gordo, sabés que te banco a muerte. Venís a Paraná justo el día que hay fecha de parto de primer hija... y todavía estoy con dudas en si saco las entradas, jeje. Seguro nos vemos en el teatro!!
06/03/2017 a las 17:23
 Irene ARG
06/03/2017 a las 17:10
¡Qué linda historia!
 patanpatan
06/03/2017 a las 16:58
Belleza.
Cositas: "Ni Lucía ni Alejandro confiesaN".
Y se dice Fernet con Coca, resaltemos lo importante, que la coca pura es muy dulce.
06/03/2017 a las 21:24
Corregida la primera. La segunda no.
 David Heidel
06/03/2017 a las 16:56
Ídolo. Top 10.
06/03/2017 a las 16:56
Top ten
06/03/2017 a las 17:29
" ... la mamá de Lucia a veces se despierta" Falta el tilde en Lucía
"Ni Lucía ni Alejandro confiesaN recoRdar". Son dos seguidas
"... tomando coca con fernet" en minúscula se presta para mala interpretación si el lector no es argentino, me parece.

Lindaza, la anécdota.

Salud
06/03/2017 a las 21:26
Todo (pero TODO) corregido. Gracias!
06/03/2017 a las 16:39
Una cosa de locos...
 Sil
06/03/2017 a las 16:37
Aplausos para vos, Hernán. Siempre.
 Gabriel El Vasco
06/03/2017 a las 16:24
Quinto es algo...
Zona de puntos
 Rodrigo Villar
06/03/2017 a las 16:19
Ni un miserable podio...
 Sary C N
06/03/2017 a las 16:17
pri
 Sary C N
06/03/2017 a las 16:36
jaja. en realidad, tercera... "Alejandro le dijo, en ese primer mensaje, que la había visto tomado coca con fernet la noche anterior, en una fiesta del trabajo, y que le había encantado su vestido." *tomando
06/03/2017 a las 16:46
Gracias! Corregido.
06/03/2017 a las 16:16
Pri?
06/03/2017 a las 16:13
pri
06/03/2017 a las 17:30
Limpito. Felicitaciones
06/03/2017 a las 18:32
aplauso de pie
06/03/2017 a las 19:45
Se agradece!