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Teorías
domingo 9 de mayo, 2004

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domingo 9 de mayo, 2004

Últimas palabras en un ascensor

       

Una madrugada de los años noventa el ascensor de mi departamento de Almagro se quedó entre el tercero y el cuarto, y tuve que salir por el hueco junto a otros dos pasajeros. Del lado de afuera, el portero nos decía que lo hiciéramos sin problemas, que no habría riesgos. Y entonces descubrí mi fobia a partirme en dos y me paralicé de terror.

Sudando la gota fría, inmóvil de pánico, empecé a desarrollar imágenes de mí mismo saliendo de la cabina; imaginé que el artefacto volvía a funcionar en ese instante y que mi cintura quedaba en medio de la guillotina casual, partiéndome en dos como a un durazno en la previa del clericó. No podía moverme.

Como mis abuelos eran un poco campesinos, crecí viendo a las gallinas correr unos segundos sin la cabeza, o a las ranas en la sartén mover las ancas al ritmo de un foxtrot crepitante. Sabía que morirse en serio es posterior al desgarramiento que te mata. Sabía que siempre hay unos segundos donde falla el sistema (seas rana, cristiano o gallina) en los que la sangre sigue subiendo por la cabeza y te deja actuar por última vez, aunque estés muerto.

Y gracias a eso tuve la lucidez del condenado: pensé que cuando el ascensor me cortara en dos mitades, yo sería un medio-hombre capaz de entender el universo, capaz de reconocer el problema de la muerte. Y me creí con tiempo de hacer un último chiste antes de desangrarme. "Me pica el pie, que alguien vaya a planta baja y me lo rasque", algo que le dejara claro a los presentes que el Jorge moría, sí, pero sin dejar nunca de ser un comediante.

Esa decisión, la de morir fingiendo felicidad, fue la que le ganó la guerra a la parálisis. Fue más grande el deseo de ser legendario que el miedo a que me aplastase la mole. Mayor el triunfo improbable de que mis amigos convirtiesen en leyenda mi forma de morir, que el riesgo posible a que me matase un ascensor en la madrugada de un martes.

Y salí. Y no pasó nada. Ni muerte ni rasguño ni dolor. Salí de la cabina y nunca, hasta hoy, le conté a nadie qué resorte me movió a salir. Desde ese momento, empecé a pensar minuciosamente en mis últimas palabras. Y así nació mi segunda fobia: la de morirme sin decir nada.

Siempre le tuve un respeto muy grande a los hombres que prepararon con dedicación su frase final. Me dan pena aquellos a los que la muerte los agarra por sorpresa, y que incluso teniendo sus palabras bien pensadas, no pueden decirlas por falta de tiempo o de reflejos.

Martin Luther King, respondiendo a un amigo que le recomendaba llevar una campera porque estaba fresco, dijo "Está bien, ahora me pongo algo" y lo mataron de un tiro con esa idiotez en la boca. O el pobre Einstein, que seguramente dijo algo maravilloso, sublime, revelador, sin saber que la enfermera que lo estaba cuidando (único testigo de su partida) no sabía una sola palabra en alemán.

Los que nos dejan palabras resignadas me dan un poco de asco. Porque pudiendo decir algo potente o victorioso, se quedan enchastrados en el egoísmo de su tristeza. Como Bolívar, con su quejoso "He arado en el mar", o como Gorki, que nos dejó con un ridículo "Habrá guerras, prepárense". O el mismísimo Winston Churchil, siempre tan pesimista, y su "Todo me aburre". Los políticos siempre fueron poco dados a la literatura.

José Hernández y Camilo José Cela murieron con sus pueblos en la boca ("Buenos Aires... Buenos Aires...", susurró el porteño; "¡Viva Iria Flavia!", arengó el gallego). Da Vinci, sabedor de haber sido el hombre más importante de su época, se fue con un gesto inusual de falsa modestia: "He ofendido a Dios y a la humanidad porque mi trabajo no tuvo la calidad que debía haber tenido". ¡Qué boludón! En cambio Galileo, testarudo y empecinado como siempre, repitió su ya famoso epur si muove pero en la versión maxi remixada: "No importa lo que digan, la tierra gira alrededor del Sol".

Beethoven, raro en él porque era bastante original para todo, se copió las últimas palabras de Rabelais. El músico dijo "Que los amigos aplaudan, la comedia se ha acabado", frasecita demasiado parecida —para mi gusto— al "¡Que baje el telón, la farsa ha concluido!" de escritor francés. Y las frases de ambos mucho menos efectivas que la Gran Nerón, muchacho irónico e irrepetible hasta las últimas consecuencias: "¡Que artista muere conmigo!", dijo, imagino que sonriendo de un solo lado, como Bogart.

María Antonieta hizo un chiste, como yo: "Disculpe, lo he pisado" le dijo al verdugo que un segundo después la guillotinaría; Manolete, el torero, también fue gracioso: "¡Qué disgusto le voy a dar a mi madre!", fue su queja. Pero la más divertida, a mi juicio, fue la de Balzac, y con él me quedo para cerrar este recuento de cadáveres.

Honorato, sabiendo desde siempre que quizá haya sido el escritor más prolífico de la historia, el que más papeles llenó de tinta, miró el reloj antes de irse para siempre y se quejó:

—¡Ocho horas con fiebre, ¡me habría dado tiempo a escribir un libro!

Hernán Casciari
domingo 9 de mayo, 2004


Últimas palabras en un ascensor

por Hernán Casciari

Una madrugada de los años noventa el ascensor de mi departamento de Almagro se quedó entre el tercero y el cuarto, y tuve que salir por el hueco junto a otros dos pasajeros. Del lado de afuera, el portero nos decía que lo hiciéramos sin problemas, que no habría riesgos. Y entonces descubrí mi fobia a partirme en dos y me paralicé de terror.

Sudando la gota fría, inmóvil de pánico, empecé a desarrollar imágenes de mí mismo saliendo de la cabina; imaginé que el artefacto volvía a funcionar en ese instante y que mi cintura quedaba en medio de la guillotina casual, partiéndome en dos como a un durazno en la previa del clericó. No podía moverme.

Como mis abuelos eran un poco campesinos, crecí viendo a las gallinas correr unos segundos sin la cabeza, o a las ranas en la sartén mover las ancas al ritmo de un foxtrot crepitante. Sabía que morirse en serio es posterior al desgarramiento que te mata. Sabía que siempre hay unos segundos donde falla el sistema (seas rana, cristiano o gallina) en los que la sangre sigue subiendo por la cabeza y te deja actuar por última vez, aunque estés muerto.

Y gracias a eso tuve la lucidez del condenado: pensé que cuando el ascensor me cortara en dos mitades, yo sería un medio-hombre capaz de entender el universo, capaz de reconocer el problema de la muerte. Y me creí con tiempo de hacer un último chiste antes de desangrarme. "Me pica el pie, que alguien vaya a planta baja y me lo rasque", algo que le dejara claro a los presentes que el Jorge moría, sí, pero sin dejar nunca de ser un comediante.

Esa decisión, la de morir fingiendo felicidad, fue la que le ganó la guerra a la parálisis. Fue más grande el deseo de ser legendario que el miedo a que me aplastase la mole. Mayor el triunfo improbable de que mis amigos convirtiesen en leyenda mi forma de morir, que el riesgo posible a que me matase un ascensor en la madrugada de un martes.

Y salí. Y no pasó nada. Ni muerte ni rasguño ni dolor. Salí de la cabina y nunca, hasta hoy, le conté a nadie qué resorte me movió a salir. Desde ese momento, empecé a pensar minuciosamente en mis últimas palabras. Y así nació mi segunda fobia: la de morirme sin decir nada.

Siempre le tuve un respeto muy grande a los hombres que prepararon con dedicación su frase final. Me dan pena aquellos a los que la muerte los agarra por sorpresa, y que incluso teniendo sus palabras bien pensadas, no pueden decirlas por falta de tiempo o de reflejos.

Martin Luther King, respondiendo a un amigo que le recomendaba llevar una campera porque estaba fresco, dijo "Está bien, ahora me pongo algo" y lo mataron de un tiro con esa idiotez en la boca. O el pobre Einstein, que seguramente dijo algo maravilloso, sublime, revelador, sin saber que la enfermera que lo estaba cuidando (único testigo de su partida) no sabía una sola palabra en alemán.

Los que nos dejan palabras resignadas me dan un poco de asco. Porque pudiendo decir algo potente o victorioso, se quedan enchastrados en el egoísmo de su tristeza. Como Bolívar, con su quejoso "He arado en el mar", o como Gorki, que nos dejó con un ridículo "Habrá guerras, prepárense". O el mismísimo Winston Churchil, siempre tan pesimista, y su "Todo me aburre". Los políticos siempre fueron poco dados a la literatura.

José Hernández y Camilo José Cela murieron con sus pueblos en la boca ("Buenos Aires... Buenos Aires...", susurró el porteño; "¡Viva Iria Flavia!", arengó el gallego). Da Vinci, sabedor de haber sido el hombre más importante de su época, se fue con un gesto inusual de falsa modestia: "He ofendido a Dios y a la humanidad porque mi trabajo no tuvo la calidad que debía haber tenido". ¡Qué boludón! En cambio Galileo, testarudo y empecinado como siempre, repitió su ya famoso epur si muove pero en la versión maxi remixada: "No importa lo que digan, la tierra gira alrededor del Sol".

Beethoven, raro en él porque era bastante original para todo, se copió las últimas palabras de Rabelais. El músico dijo "Que los amigos aplaudan, la comedia se ha acabado", frasecita demasiado parecida —para mi gusto— al "¡Que baje el telón, la farsa ha concluido!" de escritor francés. Y las frases de ambos mucho menos efectivas que la Gran Nerón, muchacho irónico e irrepetible hasta las últimas consecuencias: "¡Que artista muere conmigo!", dijo, imagino que sonriendo de un solo lado, como Bogart.

María Antonieta hizo un chiste, como yo: "Disculpe, lo he pisado" le dijo al verdugo que un segundo después la guillotinaría; Manolete, el torero, también fue gracioso: "¡Qué disgusto le voy a dar a mi madre!", fue su queja. Pero la más divertida, a mi juicio, fue la de Balzac, y con él me quedo para cerrar este recuento de cadáveres.

Honorato, sabiendo desde siempre que quizá haya sido el escritor más prolífico de la historia, el que más papeles llenó de tinta, miró el reloj antes de irse para siempre y se quejó:

—¡Ocho horas con fiebre, ¡me habría dado tiempo a escribir un libro!

Hernán Casciari
domingo 9 de mayo, 2004


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Pertenece al libro Charlas con mi hemisferio derecho, de Hernán Casciari. Está a la venta en la Tienda Orsai y te lo mandamos a tu casa sin gastos de envío.


Dios
13/02/2006 a las 22:35
No te preocupes, Vitalio. La que no existe es Manuela. Sólo que aún no lo sabe. Saludos cordiales, Dios.
Manuela M
13/02/2006 a las 03:05
Dios no existe, Vitalio.
Christian
31/10/2004 a las 06:32
Mis ultimas palabras serian PANNNNNNNNN
satoru
08/09/2004 a las 09:45
Guty #12
si, ya se descolgadisimo en el tiempo yo.
Es algo muy triste lo que contas, pero tomarlo como un accidente es por lo menos ingenuo.
Me parece mas que obvio que se trato de un suicidio eso; de otro modo...podria ser tan silencioso el ascensor acercandose? (mmm si, podria haber sido sordo el muchacho)
La unica manera de que se pueda saber que miro para abajo y despues para arriba es que atras tuviera testigos...nadie lo agarraria de la ropa para tirarlo para atras? (mmm por ahi iba en cueros)
Aunque pensandolo bien, por ahi la cabeza cayo mirando para arriba y de ahi las conclusiones...(que queres con la cana de La Rioja)
Me hace acordar un peruano que una vez me conto que un motociclista (que iba con casco y todo) se estrello contra un camion en un semaforo porque se habia dormido y se mato en el acto.
Lo primero que se me vino a la cabeza fue que por ahi se le verian las ZZZZZZ saliendo del casco.
Igual, ya se que nadie va a leer esto a esta altura (alguien me gana en pelotudo?)
Rayis
12/05/2004 a las 01:42
a) había un lindo cuentito de Dolina en "El libro del fantasma" al respecto (lindo como todos los que he leido)
b) yo seguro digo alguna pelotudez. soy bocha colgada. no me extrañaría un "ah, sí, puedo ir el martes" o "che, en html, cómo se hacía tal cosa"? (pobre mi sr novio que tiene que soportar esa clase de preguntas en medio de situaciones intracamales)
c) me parece que se la agarraron mal con Seb.
 fer
11/05/2004 a las 20:05
Pero la pucha, cuantas espectativas por acá, en mi caso, lo único que se me ocurre es que va aser algo espontaneo y cortito tipo, "Uy!! Bolu...!", ya que calculo que mi muerte vendrá por causa de alguna cagada que me esté mandando y de la cual me de cuenta ya cuando se tarde para terminar de decir la frase.
Vitalio
10/05/2004 a las 23:42
Yo sólo agrego: "Saber morir es la clave, que morir cualquiera sabe". Y les pido que piensen que la muerte es algo sano y valoriza cada uno de los minutos que estamos viviendo. Imagínense que fuéramos inmortales, sin plazo alguno para realizar proyectos. ¿No llegaría un momento que nos pesaría seguir viviendo?
Sólo Dios aguanta la inmortalidad.
El Angel Gris
10/05/2004 a las 23:07
No se que diré, pero eso si, ruego morir conciente, poder ver de que carajo se trata y no dormido como un boludo que se muere sin darse cuenta.
Hay un cuento de Dolina que cuenta de un escribano que pensó mucho tiempo sus últimas palabras y cuando las obtuvo andaba todo el día diciéndolas por lo que puta pudiera, al enchufar la afeitadora, las decía, al cruzar una avenida, etc etc. llegó un momento que no decía otra cosa. Murió creo dormido y en silencio
Daniel
10/05/2004 a las 22:27
Que importa q vamos a decir segundos antes de morir??!!!
Lo realmente importante es lo que uno hace, hizo o Hará!!
Yosihara
10/05/2004 a las 20:56
Las ultimas palabras.. yo tengo miedo a pensarlas, mucho tiempo pense y dije que si un dia me querían vioar en la calle yo le diría al atacante "tengo sida" y saldría hutyendo, y un dia en mi casa sola , entró un atacante... y se lo dije y salió huyendo!! no sin antes dejarme un ojo morado. Mas no se si fue la causalidad o la suerte o mi angel de la guarda, ahora se que si fuese cierto y tuviera sida y viniera un atacante , no se lo diría lo dejarí hacer y al terminar le diria que ojalá pudiera verlo morir antes que yo. Pero por eso me da miedo pensar en mis ultimas palabras, que tal que un dia, me toca decirlas.
Alejo
10/05/2004 a las 19:56
Hernán,

Veo que esta semana viene de necrológica. Tema de porquería este de la muerte, será que no puedo hacerme a la idea de aceptarla, por eso es que la espero en total beligerancia y de elegir alguna frase seguro será del tono de "Vení hijaunagransiete, que te voy a enseñar cuántos pares son tres botines". Aunque pensándolo bien, es demasiado larga.

Pero por qué preocuparme por lo que decir cuando me venga a buscar la parca; lo peor, no es no tener nada ingenioso para decir, sino que la señora no querrá irse sin nosotros por mucho que le digamos.

Romu, simplemente ídola.

Diabli, no podía esperarse otra cosa... creo igual que la inoportuna en ese caso no sos vos sino la muerte.

Ángel, lo siento colorado. Las últimas palabras del "Chipi" dicen que serán, "El segundo y el cuarto sí los hice yo".
chori
10/05/2004 a las 18:50
Seb: yo supongo que debés llamarte Sebastían, lo cual no deja de asombrarme, porque si mal no deduzco, Sebastián es un nombre muy Europeo, quizás español, así que no puedo entender como es que llevás por mote un nombre derivado de los españoles que se encargaron de exterminar a los indios americanos, imagino a muchos Sebastianes ´hace quiñientos años cortando cabeza a cuanto indígena revelde se le cruce. Te propongo algunos nombres para cambiar el tuyo yal como lo hizo Mohamad Alí: Lihue, Nahuel, Melincué, Tupac...
espero que alguno te guste
Diablita
10/05/2004 a las 18:27
Yo soy tan pero tan retorcida que seguro antes del último suspiro me llevo puesto a laguien diciéndole algo que le arruine la existencia, tipo:
"Fuiste cornudo toda la vida" o
"Siempre fingí en la cama" o
"Tu hermana no es tu hermana, es tu mamá y tu mamá es tu abuela" o
"Vos estás seguro que tu hijo es tuyo?"
y lo peor
"me voy pero te voy a estar controlando de cerca".
TíaGanga
10/05/2004 a las 16:56
Espero no poder decir nada porque quisiera morirme mientras duermo. Además, para ser sincera, si hay algo de lo que carezco es del don de la oportunidad. Nunca digo lo que tengo que decir en el momento justo. Si dijera algo, me juego la cabeza, sería una boludez. Pero seguramente me gustaría decir: "¿me puedo quedar un ratito más? es que me quedaron cosas por ver/hacer"
walquiria
10/05/2004 a las 15:49
Espero que el dìa que me tenga que ir de este mundo no tenga tiempo de decir nada.- Porque si tengo tiempo de decir algo es porque me estoy dando cuenta que me voy, y quisiera no saberlo.-
Walquiria
 Interior
10/05/2004 a las 15:48
Ultimas palabras de un conocido. "Dejame conectar a mi que tengo suelas de goma"
 fer
10/05/2004 a las 15:39
Estaria bueno terminar con un: "argghh...hable con Dios. Cagaste la fruta viejo!, me dijo que vas a ser el siguiente..."
 fer
10/05/2004 a las 15:34
Yo creo que la muerte tiene muy mala prensa.
José Luis
10/05/2004 a las 14:50
Yo me quedo con las palabras de Jesucristo, que tienen un poco de todo, misterio, falsa modestia, comicidad: "Ahora vuelvo".
Corsicarsa
10/05/2004 a las 07:02
Yo creo sinceramente, que antes de morir voy a decir algo boludo. es mas, estoy casi convencido de esto. Pero lo que me deja mas perplejo son los comentarios que hace la gente para la previa de su muerte.
Por ejemplo, mi vieja, que siempre dice en tono amenazador "llego a estar despeinada y sin maquillaje en el cajon, les juro que les tiro de las patas esa misma noche", o la pobre de mi bis abuela que guardaba guita en el ropero "para que tengan aunque mas no sea con que servir cafe en mi velorio" y cuando se murio en el 95, le encontramos todos pesos ley, del tiempo del maría castaña, pobre vieja!
Volviendo al tema de la ultima palabra, y haciendo honor a mi mal genio, me imagino en terapia intensiva, con una enfermera cara de orto mirandome y yo diciendole: "Que miras, boluda!".-
hernan
10/05/2004 a las 04:46
Está más del lado de Nina Hagen.
ángel
10/05/2004 a las 04:25
Gordo...me gustan esos epitafios...también me parecio simpatica "la Romu". Siempre pienso en esas cosas y trato de sacarle a la gente alguna frase para que arme, ella misma, su epitafio. Por ahí, podría ser un servico a la comunidad. Podríamos ganarnos la vida ofreciendole epitafios a la gente. Serían epitafios según la personalidad, por ejemplo algunos distingidos para gente fina o también pueden ser pensados para mimos, para personas fóbicas, para exentricos, etc. Qué se yo...disculpen...hoy estoy triste porque mi equipo perdió cuatro a uno con Boquita.
Una frase de despedida que siempre me pareció paradigmatica es la del Soldado Cabral: Muero contento...hemos batido al enemigo. Lo grupal frente a lo individual. No todos podemos estar a la altura de las circunstancias...

P.D: Saludos a ud, a su señora esposa y a su hija Nina...tiene algo que ver con Nina Juarez?
not a pretty girl
10/05/2004 a las 03:17
Nunca he sufrido claustrofobia, pero la anécdota que has explicado me ha hecho recordar un cortometraje muy negro que vi hace tiempo, sobre un grupo de vecinos que se quedaban encerrados en el ascensor y un niño con una pelota... Inquietante :S

En cuanto a la última frase antes de palmar, si se es creyente, con un "Hasta luego" bastaría, ¿no? La cuestión es despedirse, no saltar a los libros de historia :D Si no, se me ocurre ese "cinco minutitos más" que decimos cuando nos quieren sacar de la cama :D
Susy
09/05/2004 a las 23:28
jajajaj! romu sos genial!
La Romu
09/05/2004 a las 23:07
Es un lindo tema, y dá qué pensar. A ver. Supongamos que estirás la pata en invierno, en medio de una unidad básica del peronismo. Podés decir antes de despedirte. "Volveré y seré mitones"

En caso de espiche por accidente que te provoca un tercero, tirando a marmota: "Tú también, pedazo de bruto"

Si sos almacenero y te pilla poniéndole nuevo precio al stock: "Las ideas no se marcan"

Si sos un desubicado: "¡La puta que vale la pena estar vivo!"

Si me agarrara en la cocina, que es donde paso la mayor parte de mi condena: "Muero contenta, hemos batido a lo pavote"

Y bueno, qué quieren. Es domingo.

Un beso grande,
La Romu
Seb
09/05/2004 a las 22:30
Era un intento de llamado a la reflexión de por que ciertas palabras pasan al lenguaje coloquial y otras no.
Por que cristiano hoy significa lo que significa, que factores hicieron sobrevivir a esa palabra con sus nuevos significados duales.
Si la idea de justificarte te gustaba, al menos lo podrias haberlo hecho sin necesidad de agresiones, subestimaciones y obviedades.
Y lo escribi pero que me chocó. Nada de buscarte un error. De hecho era simplemente preguntar.
Uno pasa por acá, lee, disfruta, y a veces se olvida que el autor no conce eso hasta que uno hace un comentario.
Suerte Hernán, me malinterpretaste.
Guty
09/05/2004 a las 22:11
Bue, te cuento, Hernán, que acá a un pibe le pasó algo muy feo en un ascensor: de tanto llamarlo y que no llegue al piso donde él se encontraba, agarró y metió la cabeza por la ventanita de la puerta (que debería haber tenido el vidrio) a ver que pasaba. Miró para abajo y nada, se giró hacia arriba justo para ver cuando el ascensor lo agarraba en plena cara. Fue un hecho muy comentado acá en La Rioja.
Así que tu temor no era infundado.
Susy
09/05/2004 a las 21:29
siempre está el que lee buscando el defecto..."a ver por donde puedo hacer la crítica??!!!" "A este, que todos dicen que es tan grande le voy a encontrar la falla"
Existe tanta gente así!!! que lástima , no?
La proxima Hernán ni te gastes en aclarar, no hacía falta boludo!
hernan
09/05/2004 a las 18:59
No sé de dónde sos, Seb (aunque la IP te sitúe en Argentina puede que no conozcas algunas costumbres del habla coloquial).

Decir "cristiano" queriendo decir "persona" es una de esas costumbres. El tiempo le ha quitado el significado macabro, como a otras palabras. "Boludo", por ejemplo, era el criollo al que mandaban como carne de cañón en las guerras de la independencia (lo mandaban casi sin armas, sólo con boleadoras, de ahí el apelativo). Hoy, sin embargo, "boludo" es el mote que usa la juventud como muletilla, y nadie se rasga las vestiduras por ello.

O "parroquiano", que dejó hace mucho de ser el que concurre a una parroquia para convertirse en cualquier habitué de un bar, máxime si está borracho.

Conocemos el significado histórico de "cristiano", gilastrún, pero también conocemos que la lengua está viva y se modifica, que su valor se subvierte, que los significados no están atados a la historia sino al ruido frenético de las calles.

Yo suelo escribir para lectores que saben de sobra todo esto; para lectores que, a estas alturas, no necesitan aclaraciones obvias.
  Ani
19/03/2016 a las 00:19
si hubiera sonido en esta respuesta te APLAUDO!!!! ademas me enseñaste de donde viene la palabra boludo, sos un muy bueno Hernan aunque no te gusta que te adulen (leí por ahí) a veces son muy necesarios!!!
Seb
09/05/2004 a las 18:02
Mi comentario será de la tónica mediocre que en especial ando teniendo. Escribir cristiano refiriendose a humano es peor que cualquier falta de ortografía. Como exiliado en la nota de Lalo Mir. No sólo que se escribe, sino que significa. Un toque Lacaniano nunca viene mal. Por ese cristiano llevaron los indígenas americanos al Papa para ver si eran humanos.
Diga lo que quiera cuando muera, pero si es cristiano exiliado, que tengan ese significado.
Susy
09/05/2004 a las 17:38
Perdón. Pero definitivamente no es un día para pensar las últimas palabras de nadie. Sepa disculpar la interrupción.
lununa
09/05/2004 a las 17:33
Con lo propensa que soy a decir huevadas, seguro que mis ultimas palabras son "¿que hora es?", o algo de eso. La verdad es que no es un tema que me preocupe.
Lo que si tengo es un miedo hereditario (lo tenía mi abuela y lo tiene mi mamá) a morirme en la calle, al lado de desconocidos. Preferiría morirme sola.
Palomita
09/05/2004 a las 17:02
No me gusta para nada pensar sobre la forma en la cual me voy a morir, mucho menos en mis palabras finales, tal vez lo único que se me ocurra decir será "no me dejen morir, por dios!!" o algo así de patético.
Para el autor del comentario 3: buen tip ese, el de aprenderse las canciones de Sabina. Hacerlo nos hace pasar por eruditos, o por lo menos demostrar que tenemos cierto barniz de cultura.
 fer
09/05/2004 a las 12:51
Hernán, no hagas caso: si es un barniz, la capa está dada con esponjilla y luce como si fuera bruñido.
A mi me gustan los epitafios: desde el clásico marxista de Groucho --"Disculpen que no me levante"-- y con un favorito, el desafiante de Johnathan Swift:

"Sigue tu camino e imita, si puedes, a quien empeñó todas sus fuerzas en defensa de la libertad"
Isa
09/05/2004 a las 10:27
¿Y te levantas de la cama un domingo para hablar sobre la muerte? ¿Estabas teniendo pesadillas?
Nunca me he planteado qué pasará justo el momento antes de morir, sólo he pensado cómo no me gustaría que fuera mi muerte. Lo que más me angustia es morir asfixiada.
Sobre las últimas palabras, supongo que dependerán de quien esté a mi lado en ese momento. Imagino que serán de aliento o de cariño hacia un familiar, pues espero que alguno esté cerca mío entonces. Si muero asfixiada, no podré hablar, y tampoco habrá nadie que me escuche.
Es paradógico que mi deporte favorito sea el submarinismo a pulmón, pues todavía no hice el curso para usar oxígeno.
gustavo
09/05/2004 a las 09:17
Otra linda de las sagas. Después de treparse al techo de la casa Gunnar para espiar si Gunnar está adentro, a Thorgrim le pegan un hachazo desde adentro. El tipo vuelve caminando a donde está su jefe Gizur, que le pregunta, "¿Gunnar está en su casa?" Y Thorgrim le responde: "Eso no te lo puedo asegurar, pero lo que es seguro es que está el hacha." Y ahí nomás cae muerto. (de la saga de Njals).
gustavo
09/05/2004 a las 09:00
Mis últimas palabras favoritas, en tono con tu picazón de pie, son de un personaje de la saga islandesa: Atli Asmundson, luego de recibir una estocada y antes de morir, se queja:
"Estas lanzas de punta ancha... se están poniendo de moda" (Saga de Grettir).