Orsai » Revista

Número 02, Crónica periodística

El botón que copia los tomates

▣ Escribe David Bravo
▣ Ilustra José Rubio Malagón

David Bravo, el abogado español que se sacó la corbata y empezó a trabajar para el mundo nuevo, nos explica por qué Internet será libre aunque los malos griten, litiguen y pataleen.

Tras el rechazo en el Congreso de España de la conocida como Ley Sinde o Ley Antidescargas, el actor Javier Bardem publicó en el periódico El País un artículo muy agresivo en el que sostenía que “ya no hay ley que proteja al que se le ha robado” y que ahora se “abraza al ladrón”. Comenzaba el actor proponiendo una analogía en la que nos pedía que imagináramos un mundo donde con un simple botón pudiéramos hacer una copia perfecta de un tomate, con la consiguiente injusticia que eso supondría para el que lo cultivó. En el mundo propuesto por Bardem los alimentos serían infinitamente clonables gracias a un invento que, según nos sugiere, lejos de ser digno de celebración habría de ser temido. En la leyenda de la multiplicación de los panes y los peces, Javier Bardem era el pescadero que negaba con la cabeza y arrugaba la nariz.

Del mismo modo que le sucedería al vendedor de tomates de Javier Bardem si ese maravilloso invento existiera, la industria de los contenidos persigue sombras. Los gigantes levantan la mano a los millones de ciudadanos que intercambian entre sí música, películas y libros, y no se explican por qué tras una década de enseñar los dientes todavía nadie ha huido despavorido. Estos gigantes, que se convierten en niños de pecho en cuanto se conectan a internet para perseguir internautas, llevan todo este tiempo buscando solución a un problema irresoluble. Incapaces de hallar respuestas porque equivocan la pregunta, la industria sigue golpeándose el pecho exigiendo su derecho a apropiarse y a excluir a terceros del uso de sus obras. Que las nuevas tecnologías hayan convertido la propiedad intelectual en algo inaprensible e infinitamente clonable y, con ello, impidan de facto que ese derecho pueda ejercerse, no parece ser motivo suficiente para cambiar la perspectiva y buscar soluciones allí donde realmente pueda haberlas.

La aparición de las nuevas tecnologías, que eliminan la dependencia del soporte físico para la fijación y distribución de las obras, ha convertido los bienes culturales susceptibles de ser digitalizados en un puñado de unos y ceros. La industria, que todavía no se ha dado cuenta de que lo que ha cambiado es la propia naturaleza de su producto, ahora tan apto de ser poseído y controlado como el vapor, exige leyes que le reconozcan el irrealizable derecho de frenar con las manos el agua que atraviesa la canasta de baloncesto. Pese a que las leyes de todo el mundo se pliegan a los deseos de la industria y les conceden en teoría lo que la práctica les negará, todos los intentos por detener ese flujo de bits han sido delirios y todas las inversiones realizadas en costes de exclusión, derroches.

Los costes de exclusión son aquellos desembolsos económicos necesarios para mantener a terceros fuera del uso de nuestra propiedad. En la propiedad tradicional como, por ejemplo, una casa, esos costes los soportan individualmente los propietarios. Por lo general una puerta de mediana calidad, paredes y un cerrojo suelen ser suficientes para evitar que alguien entre en tu vivienda. En esos casos, el Estado solo actúa en los supuestos excepcionales en los que todo lo demás falla.

Pero ¿qué sucede cuando la industria de los contenidos se empeña en proteger como una propiedad lo que es etéreo e inapropiable? Lo que sucede es que los costes de exclusión se disparan. De nada sirve una cerradura para mantener a terceros fuera del uso de algo como la música. Se necesita algo diferente y mucho más caro. Para hacer frente a esos costes se echa mano de importantes inversiones privadas y públicas para intentar controlar que millones de personas no entren en un lugar que carece de paredes, puertas y ventanas.

Las campañas de concienciación que habitualmente vemos en cines y televisión, los cursos en colegios impartidos por empresas titulares de derechos para modelar al futuro consumidor, los cambios legislativos impulsados por lobbies de presión, el desarrollo de sistemas anticopia y las acciones legales, no son más que ejemplos de inversión en costes de exclusión realizados para que la industria pueda decidir quién y a cambio de qué accede a su propiedad intelectual. Tras el fracaso, queda por preguntarse si no será que simplemente el titular de una propiedad intelectual, por la propia naturaleza de esta, no tiene ya ninguna posibilidad de apropiación y exclusión. Queda por preguntarse entonces, si no será que la propiedad intelectual, simplemente, no es una propiedad. Se trata de un cambio de paradigma obligado por la transformación de la propia naturaleza del bien, que nos invita a buscar soluciones que encajen con la nueva realidad que nos ha tocado vivir. Siguiendo el ejemplo de Javier Bardem y los tomates, quizás debemos simplemente limitarnos a celebrar ese importantísimo invento, ponerlo al alcance de todos para que copien cuanto más mejor y centrarnos únicamente en la cuestión de cómo podemos sostener entre todos al que cultiva los tomates, no ya por una razón de equidad o justicia, sino por nuestro mero interés particular en que los siga produciendo para tener así algo que copiar.

Acciones legales

La industria discográfica y cinematográfica está invirtiendo todas sus energías en frenar el intercambio de obras intelectuales entre particulares. La beligerancia de los titulares de los derechos contra el uso de nuevas herramientas de difusión de sus productos y contra la herramienta misma, viene de antiguo. El gramófono, la radio, la televisión, las cintas de vídeo y las de casete han sido combatidos por la industria de diversos modos y, en ocasiones, con acciones legales. Se trata, por lo tanto, de una batalla que no es novedosa, sino que se viene librando desde hace varias décadas y aumentando su virulencia conforme los nuevos avances tecnológicos han ido acentuando, con su sofisticación y bajo coste, la ingobernabilidad de las obras intelectuales.

En numerosos países europeos, un conflicto anterior y de semejantes características al que suscita internet —el de la grabación de música entre particulares usando cintas de casete— se resolvió con la legalización de esa actividad siguiendo el viejo axioma de que no se puede prohibir lo que en la práctica no se puede frenar. Esa convalidación legal de los actos de miles de personas se vio acompañada de la introducción de un canon que gravaba el ejercicio de esa actividad y dirigido a los titulares de los derechos, sistema de remuneración que quedó desfasado y devino en arbitrario cuando saltó al soporte digital.

Sin embargo, actualmente la situación está muy lejos de una solución de semejantes características. Las leyes de todos los países se están decantando por endurecer considerablemente las responsabilidades por infracción de propiedad intelectual, sin que hasta la fecha esa estrategia haya conseguido los efectos disuasorios pretendidos. Por su parte, la industria ha judicializado el conflicto, ejerciendo acciones, tanto penales como civiles, contra todos los actores que intervienen en el intercambio de archivos vía P2P, incluidos los propios usuarios de estos programas.

En Estados Unidos la industria ha demandado a decenas de miles de ciudadanos. Los manotazos torpes del dinosaurio agonizante en que se ha convertido la industria discográfica se lo lleva todo por delante sin demasiado miramiento. Un análisis somero de los miles de demandados refleja que las descargas no son cosa de jóvenes con acné, sino que se trata de una realidad social que toca a todos los sectores. Han sido demandados desde niños de doce años hasta ancianas de ochenta y tres, como sucedió con Gertrude Walton, acusada —por personas con un número estándar de cromosomas— de descargar, bajo el seudónimo en inglés de “gatita golpeada”, más de setecientas canciones de rap, pop y rock. Es tan amplia la masa social a demandar que los coletazos se realizan con un rigor discutible. Gertrude Walton no solo “rechazó siempre tener un solo ordenador en casa”, como explicó su hija, sino que además estaba muerta, lo que como coartada es de las mejores. Según el periódico El País, el trasfondo que subyace al caso es que “la imposibilidad de seguir el rastro a todas las conexiones hace que, a veces, se persiga a usuarios inocentes o incluso fallecidos”.

En España se han interpuesto acciones legales contra todos los actores involucrados en el intercambio de archivos en redes P2P, incluidos los usuarios de estas redes. J.M., denunciado por la patronal de las discográficas PROMUSICAE y por ADESE, y del que únicamente pudo probarse que había descargado música y películas de internet, sintió que el mundo se tambaleaba bajo sus pies cuando supo que el fiscal del caso pedía para él dos años de prisión y la acusación particular le solicitaba tres. Tras varios años de procedimiento y de tortillas de ansiolíticos, la jueza del caso dictó sentencia absolutoria declarando que la descarga de música y películas sin ánimo de lucro no es una actividad delictiva. Al enterarse de la noticia, el presidente de Sony España hizo una reflexión serena y sosegada de la sentencia y declaró en la Gaceta de los Negocios que “se puede ser juez e imbécil”.

Reformas legales

Se llama “etapa prelegislativa” a aquella fase en la que se procura constatar la aparición de una disfunción social que merece una reforma legal. No se requiere que esa disfunción sea real, sino que basta con que lo parezca. A pesar de que el intercambio de obras intelectuales es algo que preocupa a un concreto sector empresarial, su presencia en los medios de comunicación es tan elevada que parece un problema nacional más que la inquietud de un interés privado.

La industria musical y cinematográfica, acudiendo generalmente a comparaciones desmesuradas, procura sugerir al legislador que estamos en un estado de emergencia que precisa de su intervención urgente. Basta escuchar las declaraciones habituales de los lobbies de la propiedad intelectual para detectar con total claridad el panorama desolador que se le dibuja al Poder Legislativo para justificar que se convierta en una actividad perseguible toda conducta que involucre el intercambio gratuito de obras intelectuales. Como los cambios legales que se solicitan no son poca cosa —que usuarios “que piratean en internet tengan las mismas penas que las redes mafiosas”, como publicó el diario español La Provincia—, el panorama que traslada la industria a través de sus informes y de los medios de comunicación es tan disparatado como las reformas legales que pretenden.

En la búsqueda de ese clima de alerta, en los tiempos en los que el Tsunami había dejado miles de muertos, la Federación Antipiratería dijo que internet es “como un gran tsunami”. FEDICINE ha dicho que la piratería es como “el SIDA del sector”. Por su parte, el director de la OMPI ha dicho que grabar discos compactos “es un asunto de vida o muerte” y que es “como el terrorismo”. Julio Fernández, director de Filmax, ha dicho que contra los que descargan música hay que luchar “con los mismos medios que con los que se lucha contra pederastas y terroristas”.

Los legisladores de todo el mundo se han puesto manos a la obra y redactan leyes que parecen dictadas por los propios lobbies que las reclaman. Así, en Francia e Inglaterra se han decantado por el corte de la conexión de los que descargan obras intelectuales sin autorización. El éxito de la iniciativa se podría calificar de entre escaso y nulo. Un estudio de la Universidad de Rennes de marzo de 2010 reveló que tras la aprobación de la Ley Hadopi en Francia las descargas no solo no habían disminuido sino que habían aumentado un tres por ciento. Desde Napster y hasta la fecha, cada iniciativa legal de persecución de las descargas de internet ha demostrado ser el más eficaz estímulo para que los usuarios las sofistiquen y anonimicen.

Según la encuesta de ZDNet.fr, el cuarenta y siete por ciento de los franceses cree que la Ley Hadopi no sirve para nada y solo el catorce por ciento le concede algún efecto disuasorio. Paradójicamente el principal beneficiado de la Ley no ha sido la industria discográfica o cinematográfica, para la que todo sigue igual, sino el servicio de alojamiento de datos Megaupload que, según Le Figaro, ha aumentado un treinta y cinco por ciento el número de visitas.

España y la Ley Sinde

En 2006 se produjo en España la que según los medios de comunicación era la operación más importante contra la piratería en toda Europa. En la redada fueron detenidas quince personas por administrar páginas de enlaces a redes P2P. Poco después, en una intervención en la Biblioteca Nacional, Carmen Calvo, la por entonces ministra de Cultura, señalaría esta operación como una de las más importantes actuaciones contra la piratería realizadas durante su cargo.

La industria de los contenidos, que creía haber asestado un golpe mortal, celebró con euforia nada contenida las detenciones y llamó a todos los medios de comunicación para que se unieran a la fiesta. Así, las detenciones de aquella operación policial fueron tratadas por los medios como si de sentencias condenatorias se tratase. Sirva de ejemplo el editorial publicado al día siguiente de la operación en numerosos periódicos de un mismo grupo y titulado “Piratas en la Red”, en el que se decía que “los quince detenidos (...) formaban parte de la mayor organización clandestina europea de redes P2P”.

El jarro de agua fría llegó solo un año después, cuando la primera resolución que estudió el caso de una de las páginas denunciadas, el de la web Sharemula.com, declaró que la página no cometía delito alguno por no alojar contenidos protegidos, más allá de meros enlaces, actividad no considerada infractora por la ley española. Tras esta resolución se generó un efecto dominó que la industria no pudo parar. Uno a uno fueron archivándose los casos que perseguían a la “mayor organización clandestina europea de redes P2P”. No solo los medios apenas dieron cobertura a estas resoluciones ni aprovecharon para pedir disculpas por haber llamado piratas a quienes los jueces absolvieron, sino que llegaron a considerar que, simplemente, aquellos casos “se habían saldado con la victoria de la piratería”.

Los anteriores enemigos públicos predilectos, las páginas de enlaces a contenidos, dejaron de ser el objeto principal de queja de la industria para ser sustituidos ahora por los propios jueces que los dejaban escapar vivos de los procedimientos en los que habían sido sepultados. La Coalición de Creadores, lobby de presión que engloba a la industria de los contenidos en España, dijo que la resolución Sharemula era un ejemplo de la “ignorancia” que hay en este país sobre propiedad intelectual. En ese mismo sentido, la International Intellectual Property Alliance (IIPA), coalición que engloba a las multinacionales estadounidenses de la industria del copyright, ha incluido tres años consecutivos a España en su informe 301 declarándola como país donde no se respetan adecuadamente los derechos de autor. El informe cita expresamente a la resolución Sharemula, a la que considera el mayor ejemplo de la “frustración” que siente la industria con los “procesos judiciales en España”.

El Ejecutivo acabó por la vía rápida con esa frustración, aprobando una serie de reformas conocidas conjuntamente como Ley Sinde o Ley Antidescargas que eliminaban a los jueces de la ecuación. Mediante las modificaciones planteadas, a partir de la entrada en vigor de la Ley ya no serían los jueces los que se encargarían de resolver asuntos como los que acabaron con los administradores de webs como Sharemula brindando con champán, sino que ahora sería una comisión del propio Ministerio de Cultura, que apoyó y aplaudió sus detenciones, la que se encargaría de decidir qué es una infracción de propiedad intelectual.

Pese a que el Gobierno no lo dijo nunca de forma expresa por razones obvias, en ocasiones algunos de los actores involucrados en este conflicto han puesto negro sobre blanco el motivo del futuro nacimiento de ese órgano administrativo y de las funciones que tendrá atribuidas. El secretario sectorial de Comunicación Social, Cultura y Deporte de UGT, Carlos Ponce, al ser preguntado por la última sentencia que manifestaba que las páginas de enlaces no vulneran derechos de propiedad intelectual, mostró su indignación declarando que confiaba que se aprobara la Ley Sinde para “detener las sentencias que puedan atentar contra los derechos de propiedad intelectual”. Marisa Castelo, abogada de la industria de los contenidos, dijo que “la necesidad de esta reforma surge sencillamente de que no se está aplicando el Código Penal de manera correcta”.

Todos aquellos que se opusieron a la ignominia que supone que el Ejecutivo pueda sustituir a los jueces porque sus resoluciones no son del agrado de un sector privado fueron calificados por casi unanimidad por los medios de comunicación como piratas amantes del todo gratis. “Ganan los piratas” tituló en portada el periódico La Razón el día que la Ley Sinde tuvo su primer traspiés antes de su aprobación definitiva en el Congreso.

Por su parte, Álex de la Iglesia, presidente de la Academia de Cine y firme defensor de la Ley Antidescargas, se despertó una mañana con una crisis de fe. Después de oír a varios opositores a la Ley, que sostenían que con ella se permitía el cierre de páginas web por el Gobierno y sin intervención judicial, decidió reunirse con ellos para escuchar sus tesis en persona. La Junta Directiva de la Academia le consintió el capricho e incluso publicó en su página web algunos comentarios sobre esa reunión, que demostraba el carácter abierto y dialogante de la institución. Estaba terminando la charla cuando uno de los convocados le preguntó a De la Iglesia si después de lo explicado su perspectiva sobre la Ley Sinde había cambiado. Él nos contestó: “completamente”. Probablemente era esta última posibilidad la que no barajaba la Junta Directiva de la Academia cuando ofreció su sede para lo que creían sería la representación teatral de un diálogo.

Álex de la Iglesia no mentía cuando nos reconoció en aquella reunión que su postura había cambiado “completamente” y, el día que la Ley Antidescargas dio en el Senado un paso definitivo para su aprobación, anunció que tras la gala de los premios Goya dimitiría en señal de protesta. A esa Ley, la misma que él mismo había defendido antes de contar con otro punto de vista, la consideraba absolutamente inadmisible. De la Iglesia, en la gala de los Goya y en su último discurso como presidente de la Academia, dijo ante un auditorio hasta entonces acostumbrado a escuchar como réplica el eco de sus propias voces, que eran ellos, la propia industria, la que tenía que aceptar que las cosas han cambiado, proponer soluciones imaginativas y sobre todo recordar que los internautas no son un sector aparte sino que son ciudadanos, gracias a los cuales ellos pueden hacer cine. “Les debemos respeto y agradecimiento”, dijo ante una ministra de Cultura con sonrisa de muñeco de cera.

La vicepresidenta de la Academia, Icíar Bollaín, aseguró que desde la Junta Directiva habían reprochado a Álex de la Iglesia que hubiera dejado de “ser neutral”, requisito indispensable para presidir esa institución. Los mismos que jaleaban al director cuando su postura era la de apoyar una ley que le pasaba la mano por la cara a los jueces, exigen ahora neutralidad en cuanto el discurso se convierte en el opuesto. “Tiene el Síndrome de Estocolmo de los internautas”, explicó el productor y director Gerardo Herrero, que, expresándose como lo haría cualquier fanático, es incapaz de concebir que un peso pesado de la industria cambie de opinión sin que padezca la patología propia de un secuestrado a punta de pistola.

Campañas de concienciación

Uno de los costes de exclusión que más inversiones recibe es el de las llamadas campañas de concienciación. Las industrias titulares de los derechos de propiedad intelectual y entidades gestoras invierten grandes cantidades en campañas que pretenden convencer a los ciudadanos de que no accedan gratuitamente a la música, películas y libros que fluyen libremente por internet. La propaganda de la industria, que presenta su punto de vista basado en la represión como única alternativa posible, tiene como denominador común que carece de toda autocrítica y se limita a insultar y señalar con el dedo a sus propios clientes. Pensando que podrían volver a meter a los melómanos en las tiendas levantándoles la mano, las campañas auguran penas de prisión para los que descargan música y películas, actos que comparan con el robo de un bolso o un coche.

Según el periódico El Mundo en su edición del diecisiete de noviembre de 2000, la campaña de aquel año de SGAE, sociedad de gestión de derechos española, “compara a las personas que copian ilegalmente CDs con camellos o violadores”. Más de una década después, el nivel de imaginación no ha aumentado especialmente. La campaña del Ministerio de Cultura titulada “Si eres legal, eres legal”, y cuyo eslogan fue escogido por personas con plena capacidad de obrar, comparaba a alguien que descarga música con un conductor que se salta un paso de peatones por donde pasa una pareja con un bebé al que está a punto de aplastar.

En su misión evangélica, la industria de los contenidos eleva su postura a dogma de fe y se atribuye la misión de educar a los ciudadanos. Chris Morrison, de CMO, confía en que “se puede educar a la gente”. César Antonio Molina, exministro de Cultura español, y que también habla de la sociedad como si fuera un sector aparte al que él no pertenece, cree que es necesario “concienciar al ciudadano”. Sin embargo, las campañas no solo no han conseguido que los ciudadanos dejen de descargar, sino que de tanto insulto y amenaza han logrado convertirlo en un acto de pura militancia. Millones de ciudadanos, criados en su mayoría con una dieta enclenque de cultura obligada por los precios impuestos por los mismos que ahora les piden el favor de no descargar música, siguen a lo suyo y se toman las campañas como broma de mal gusto.

Aunque la palabra “educación” es la más repetida, se trata de mero adoctrinamiento, como se reconoce de forma casi pacífica en las memorias que describen los métodos utilizados por las campañas de los organismos públicos que las subvencionan. En la memoria de 2006 de la Comisión Antipiratería del Ministerio de Cultura español, se decía que la campaña “Defiende tu Cultura” tenía “el fin de propiciar un cambio de actitudes mediante la interiorización de ese mensaje” y, más adelante, sin demasiado pudor, reconocían que “se trata de un mensaje que debe mantenerse durante largo tiempo para que pueda ser interiorizado por los ciudadanos” y que “el Plan de medios de la campaña tenía como objetivo llegar al mayor número de personas un número de veces adecuado para que calara el mensaje”. Cuando se sostiene que un mensaje debe repetirse cuantas veces se necesite para que termine por ser aceptado, nos alejamos definitivamente de lo que conocemos como educación y nos introducimos de lleno en el terreno de la mera propaganda.

La televisión, para la que la biblioteca universal que supone internet supone la misma amenaza que para McDonald’s la buena comida, son proclives a difundir en sus propios espacios aquellos mensajes que sirvan para demonizar el intercambio de música, películas y libros que tantos espectadores les roba. Como explicaba la memoria antes citada, la campaña de adoctrinamiento preveía también introducir los mensajes mediante “la guionización de series de éxito” y hacer menciones específicas y reiteradas en programas televisivos de gran audiencia.

Pese a todos los esfuerzos, la industria de los contenidos ha terminado por llamar a los que rondan entre los veinte y los treinta y cinco años como la “generación perdida”. Se trata de personas que han crecido con internet y para los que intercambiar música, películas y libros es tan cotidiano como el desayuno. Toda campaña que hable de inhibirse por propia voluntad de realizar estos actos es percibida como una ingenuidad. Los jóvenes de la generación perdida siguen a lo suyo y los avisos de que las descargas les dejarán ciegos o les llenarán la cara de granos generan más risa que miedo.

El foco se centra ahora en los colegios, único modo de conseguir que la nueva generación actúe de forma diferente a “sus hermanos mayores”. Así apareció en Canadá el Capitán Copyright, un cómic en el que un superhéroe enseñaba a los más pequeños que debían ser buenos y respetar la propiedad intelectual. Las protestas de los padres, que veían en el cómic un nada sutil intento de lavado de cerebro, y el hecho de que los propios niños se aburrían como monas con un superhéroe que no partía ni un mísero hueso a nadie, precipitó el fin del Capitán Copyright de forma abrupta solo nueve meses después de su nacimiento.

En España tenemos a Educar para Crear, campaña “educativa” impartida en colegios e institutos y promovida por Microsoft, NBC Universal, Telefónica y la Motion Picture Association of America. Tal y como ellos mismos anuncian, pretenden educar a los niños y adolescentes sobre lo que significa la propiedad intelectual, enseñándoles, entre otros asuntos semejantes, lo malo que es descargar música y películas de internet. No hace falta explicar los recelos que despierta que empresas como las señaladas estén involucradas en un proyecto educativo dirigido, fundamentalmente, a niños. Además, los vídeos del proyecto piloto, en los que aparecen obras de teatro con niños recitando de memoria pasajes que parecen escritos desde algún despacho de una discográfica cualquiera, no ayudan a ver la campaña con mejores ojos.

Según la propia web de Educar para Crear, gracias a este proyecto han observado “cómo los estudiantes y el profesorado han ido cambiando sus ideas sobre la propiedad intelectual”. El proyecto se ha revelado, por tanto, muy útil para “formar ciudadanos concienciados y con opiniones propias, pero bien fundamentadas”. Es decir, antes, alumnos y profesores, quizás tenían opiniones propias sobre el asunto, pero estaban mal fundamentadas. Ahora, gracias a Universal y Microsoft, conocidas ONG sin ningún interés particular en el asunto, tendrán otras opiniones, también propias, pero, esta vez, “bien fundamentadas” y que, por pura casualidad, coincidirán fundamentalmente con la de las mercantiles promotoras de la campaña.

Sosteniendo al vendedor de tomates

Si algo ha demostrado la ineficacia de los intentos de exclusión pese a la enorme inversión económica realizada en sus costes durante la última década, es que resulta imposible evitar la libre circulación de obras intelectuales a través de internet. Las nuevas tecnologías han convertido en una aspiración imposible todo intento por parte de la industria de decidir quién puede acceder a sus contenidos.

Enlazando con lo dicho al inicio sobre el ejemplo de Javier Bardem con su vendedor de tomates y la máquina que los copia, parece razonable aceptar dos premisas básicas. La primera de ellas es que el invento es digno de fiesta, perspectiva no muy común entre quienes miden todo avance tecnológico en función de su impacto en el mercado y no en el del simple y llano beneficio social. La segunda de las cuestiones es que la sociedad, del mismo modo que necesita la máquina de copiar tomates, necesita a quienes los cultivan, por lo que, y derivado de su propio interés, habrá de remunerarse al agricultor para que siga trabajando y aporte lo que después se copiará. Se trata, en definitiva de la idea que subyace a todo impuesto y que se resume en que lo que es aprovechado por todos debe ser sostenido por todos.

En este sentido, en Francia estuvo a punto de aprobarse la llamada Licencia General Opcional (LGO) un sistema de impuestos que tenía como objeto la convalidación legal de todas las descargas realizadas por los ciudadanos a través de internet. Tendría como ventaja, además, que se trataría de un sistema no arbitrario, como el actual sistema de canon vigente en la mayor parte de Europa.

William Fisher, profesor de Harvard, plantea otro modo de remuneración muy semejante para las descargas. Tal y como lo enuncia Lawrence Lessig en Free Culture: “Fisher sugiere una forma muy ingeniosa para esquivar el callejón sin salida en el que se halla internet. De acuerdo con su plan, todos los contenidos susceptibles de transmitirse digitalmente serían (1) marcados con una huella digital (no importa lo fácil que es evitar estas marcas; ya veremos que no hay incentivos para hacerlo). Una vez que los contenidos han sido marcados, los empresarios desarrollarán (2) sistemas que controlen cuántos ejemplares de cada contenido se distribuyeron. A partir de estos números (3) después se compensará a los artistas. La compensación sería pagada por un (4) impuesto al efecto [...] La propuesta de Fisher es muy similar a la propuesta de Richard Stallman para DAT. A diferencia de la de Fisher, la propuesta de Stallman es pagar a los artistas de un modo directamente proporcional, aunque los artistas más populares recibirían más que los menos populares. Como es típico en Stallman, su propuesta se adelanta al debate actual en algo así como una década”.

Los sistemas indicados pueden y deben combinarse además con el cambio en los modelos de negocio. Spotify, que permite el acceso libre y gratuito a un amplísimo catálogo musical, es un buen ejemplo de ello. Sin ir más lejos, esta revista que tiene usted en sus manos es otro.

Se trata, en definitiva, de que la industria, enferma de melancolía de tiempos que no volverán, acepte de una vez que todo ha cambiado. Flaco favor le hace Bardem al cultivador de tomates si le convence de que volverá a ganarse la vida vendiendo lo que se puede y —por el bien de todos— se debe copiar.

Las entidades de gestión y la industria de los contenidos, hasta ahora, no han hecho otra labor que la de ser las grandes defensoras de un modelo de negocio moribundo. Paradójicamente, su dedicación está siendo perjudicial para el propio paciente que tratan y al que han conseguido persuadir de que lo mejor para quitarse el frío no es abrigarse sino quedarse desnudo en la calle protestando por el lamentable hecho natural de que el frío exista. Mientras la industria espera el milagro, el tiempo va pasando y sus posibilidades de adaptación disminuyen. El tipo que protesta desnudo en la calle por un hecho inevitable morirá víctima de su propia estupidez. Sus manotazos inútiles y desesperados están causando tantos daños que nadie lo lamentará.

▣ Publicado el lunes 18 de abril, 2011

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  • 91 comentarios
    17/09/2013 a las 21:37
    Tengo PC desde la época que era en B/N TTL, pasé por los BBS, luego en 1997 llegué a la internet, bueno llegó a internet, la IRC y las horas conectado a la red a 9600kbps, hasta ese entonces sólo conocía a WAV y MIDI, mi disco de 120Mb me impedia grabar más allá de unos minutos, (no me cerravan los numeros), así seguí usando 2 caseteras para compaginar lo que gravaba de la radio, {hoy uso el PC}, creo que estuve resistiendome a ingresar al mp3, detesto los cambios así somos los 'gojiras' (godzilla), con el timepo llegué a aceptar el Napster,Audiogalaxy,overnet,Kazaá,Kazaálite,emule y las variantes de torrent, junto a seti@home obran de caloventor digital.

    Para proteger al bendedor de tomates, las disqueras y cine ambas deverán de volver unos pasos atrás al soportes, es decir disico de vinilo o de pasta mejor y magazin (8 track, un soporte que apenas lo conocí y rompe los esquemas para armar el disco) y la industria cinematografica volver al filmico así salvar a Kodak. si bien he leido en la wikipedia el proceso de grabar un disco por lo cual es caro y se entiende que tenes que protejer la industria... si los Nº de discos impresos NO sean como los libros vendidos en Mercedes (90% de la tirada en Argentina). en si con los CD han bajado los gastos de empleados, donde está esa diferencia, lo tiene Charly García?.

    Me quedan unos cassettes sin abrir que dicen "come on cd - vamos CD" y son Cromo, Metal de media alta.
    Centromusical SONY con USB, no es contradictorio???
    Yo discografica fomentaria a vinilo y soportes propietarios ó... con lo que garqué me compraria todas las ISP's posibles y luego aprovaría LGO y DAT, antes que LGO y DAT salgan en formato GNU con preset en Paypal,pagofaci,rapipago,linden,bitcoin Etc.

    Libros seria un formato que no ha cambiado, han mantenido el papel, pero hoy es más facil imprimir libros, por que no dejar libre los descatalogados, como condicion del copyright sea que esté disponible una tirada mínima disponible en ese pais, cuanto material intelectual está virutualmente secuestrada.
    La unica fomar de volver atrás a esto es un apagon digital, ellos lo saben es aumento de los costos de produccion, mas dificultad de control opresivo.
    outdoor lighting manufacturers usa
    08/09/2011 a las 22:17
    Hey - blog agradable, sólo mirando a su alrededor algunos blogs , parece una plataforma muy buena que esté utilizando. Estoy en la actualidad utilizando Drupal para sólo algunos de mis sitios , pero que buscan un cambio considerado como uno de ellos a una plataforma muy mucho la misma a la suya como una prueba. Algo en concreto que te sugiero al respecto?
    outdoor lighting manufacturers
    02/09/2011 a las 04:38
    Hey - weblog bueno, simplemente mirando a su alrededor algunos blogs , parece una plataforma bastante buena que esté utilizando. Actualmente estoy usando Drupal para algunos de mis sitios web, pero buscan un cambio en uno de ellos a una plataforma muy mucho la misma a la suya como una prueba. Algo en concreto que usted recomendaría al respecto?
    tour guides in St.Petersburg
    30/08/2011 a las 04:14
    Lo que descubro es difícil encontrar un blog que me puede tomar un minuto , pero su blog es diferente. Bravo .
    abogados en toledo
    26/08/2011 a las 15:00
    he leido un poco y esta bien
    KC
    28/07/2011 a las 20:49
    Que alguien le pregunte a David Bravo si la obra de arte de la que se habla en esta noticia la ha colgado en el baño o en el salón... http://wp.me/plkDU-6XK En cuanto a lo de que Spotify es "gratuito" supongo que estará de broma, ¿no? Porque aparte de que cada vez está más restringida la parte Free, la cuota no ha hecho más que aumentar (que es lo normal si quieren que salga rentable y, por ello, siga existiendo). Y por último, me pregunto si el amigo David ha pensado en todas las personas, aparte de creadores, que hay tras una obra intelectual. Diría que no del todo ya que su "creadoridiocia" le impide ver el bosque. Saludos.
    eduardoritos
    28/07/2011 a las 11:11
    Yo creo que el problema es que las disqueras remuneran de menos a sus creadores, con la promesa de un futuro ingreso por derechos de autor. Si pagaran decentemente por las creaciones de los artistas, estos pordrían dedicarse a seguir creando, sustentados por sus ingresos anteriores, no preocupados de los futuros e inciertos cheques a cuenta de un supuesto éxito de sus obras. Yo también soy músico.
    Luisa Fernanda Lassaque
    04/07/2011 a las 22:43
    El tema dejaría de ser tan complejo si se quitaran del medio las grandes multinacionales del cine, de la música y de la literatura. Son ellas las que parasitan la relación autor-público. Son ellas las que se quedan con la parte del león en este negocio. Esta cuestión va a ir resolviéndose de a poco, en la medida en que pase el tiempo y la solución surja naturalmente, como resultante de un proceso que es imparable. Pero creo en la relación directa entre creador y público. Por supuesto que el creador tiene que vivir de su producto intelectual. Lo que hay que evitar, como en la venta de otros productos (como los alimenticios y la indumentaria), es la intermediación.
    hoblap
    26/06/2011 a las 19:22
    Se habla mucho de la música, pero hay otras creaciones,empezando por la literatura. La pregunta que queda sin contestar es: ¿cómo y quien le paga al creador/autor? Porque todos estamos de acuerdo que un autor que vive honradamente de su obra hay que asegurarle su compensación. Porque si no, nos quedamos sin creadores.
    gaitán
    14/06/2011 a las 19:41
    Mi comentario está pendiente de moderación. va con espacios en las direcciones la puedes descargar completa en ISSUU (archivo original, hay que registrarse) http :// issuu . com /revista_orsai o en el sitio de CONAN http :// orsai .muriandre .com/revista/
    gaitán
    14/06/2011 a las 16:12
    la puedes descargar completa en ISSUU (archivo original, hay que registrarse) http://issuu.com/revista_orsai o en el sitio de CONAN http://orsai.muriandre.com/revista/
    Maldito Roedor
    14/06/2011 a las 14:37
    De todos modos: resulta un poco escandaloso que el blog no permita descargarse el artículo en el disco duro de uno y me obligue a visitar orsai.es . Es escandalosamente contradictorio. Y si no, que alguien me diga como puedo guardarlo.
    Maldito Roedor
    14/06/2011 a las 14:35
    Un artículo muy interesante. Si se me permite un símil: desde siempre y hasta el siglo XVIII-XIX, los comerciantes tenían que pagar decenas y decenas de portazgos -"derechos de aduana"- para poder atravesar con sus mercancías los diferentes municipios y señorios entre Segovia y Madrid y poder venderlas. Hasta que alguien dictaminó que esos derechos habían quedado obsoletos. Y se buscó la forma de compensar a esos alcaldes de la forma que en justicia realmente les correspondía en los nuevos tiempos.
    26/05/2011 a las 14:03
    Excelente la nota, me ilustró bastante, siguiente paso comprar el libro para profundizar. Gracias Orsai.
    14/05/2011 a las 00:20
    El debate que aquí se está desarrollando es por demás interesante, no sólo por la nota de Bravo (!!!) sino porque justamente lo hacemos en el blog de Hernán, que es un gran intento de montarse sobre un nuevo paradigma (que todavía desconocemos como reaccionará). Parece mentira que, mientras tanto, y casi en simultáneo, la Cámara de Apelaciones de la Capital Federal confirmara el procesamiento del sitio "taringa.net" por permitir compartir contenidos. Para los que les interesa leer el fallo completo, está en http://diariojudicial.com.ar/fueropenal/Confirman-procesamiento-de-los-titulares-de-Taringa-20110509-0010.html Una pieza digna de estudio y colección. Un dinosaurio jurídico. Cárcel por permitir compartir contenidos... no sé si se llega a entender.
    11/05/2011 a las 23:57
    Muy buena reflexión. Mortal la imagen de la sodomización vinílica.
    11/05/2011 a las 23:49
    Estaba pensando en esto mismo. Me ganaste de mano. Las empresas proveedoras de internet hacen propaganda diciendo: "todo lo que te podés bajar con una conexión veloz como la nuestra". Si descargar de la red fuera delito, la propaganda de estas empresas, sería incitación al delito?
    11/05/2011 a las 23:38
    Me gusta!
    11/05/2011 a las 18:46
    tengo entendido que los únicos que ganaron buena guita gracias a la venta de cds siempre fueron los músicos muy conocidos, los músicos comerciales apoyados por alguna disquera, y sobre todo las disqueras ! , en ese caso deberíamos decirle al músico under que no puede vivir de la música : JODETE POR NO SE CONOCIDO Y NO VENDER TANTOS DISCOS! ? . sabes cual es el porcentaje de ganancia que tiene un músico por cada disco que vende? es casi nada! . la piratería es lo mejor que les puede haber pasado, gracias a las nuevas tecnologías ahora todos los músicos tienen la posibilidad de hacer llegar sus canciones mas allá de su grupo de amigos y convocar mas gente a los recitales, que es donde ganan de verdad.
    Guso Arquero
    07/05/2011 a las 18:04
    Coincido y me da mucha risa la parte de los patovicas. El problema de la industria de la musica es justamente la industria de la musica. Es decir , la musica es musica, no una industria, no se deberian aplicar los mismos principios de la industrializacion al arte. No hay que ver este tipo de cosas en terminos economicos. Solo asegurarse de que el artista pueda crear y deleitarnos el espiritu y a la vez, poder vivir mas o menos en las mismas condiciones que el resto de los miembros de la sociedad.
    Guso Arquero
    07/05/2011 a las 17:53
    En vista del debate que genero este articulo, estaria bueno segurlo con otro relacionado, y una buena idea que se me ocurre, es pedirle una opinion al Indio Solari de los redondos, que desde el principio se gestionaron solos sin nadie en el medio. Aparte, si llegan a pegar una nota del indio, mamaa! me meo de solo pensarlo. je- Bue, debe ser dificil de contactar, pero calculo que no les faltan conecciones para llegar no? Ovbiamente yo no lo conosco personalmente, pero a juzgar por el mensaje de los redo (en hechos y canciones) calculo que le gustaria la revista, y de mas esta decir que escribe muy bien. Ojala me den bola. De todas formas, ya se que voy a comprar la tres,la cuatro y todas las que salgan. Abrazos a editores y lectores!
    Vespertina
    05/05/2011 a las 22:43
    Exactamente. Como bien dice Conan, la respuesta de Hernán aquí esta: número 3 y él feliz diciéndonos que la revista 2 lleva más descargas que la 1. Me encanta la suposición ésta extraña de los que están esperando "ver caer" al Gordo en la contradicción: "Le va a ganar la gana de hacer negocio"... "le va a meter publicidad"... "Ya no la va a dar gratis". Ese es, precisamente, el viejo modo de pensar. Tristemente, es el dominante en la cultura desde que aprendimos a pensarla como "industria cultural". El lenguaje configura, y si aprendimos a hablar de la cultura como industria, es normal que hablemos de la "propiedad intelectual" como de la "propiedad privada", y que pensemos que los productos intelectuales son como los físicos, que tienes uno y entonces nadie más puede tener el mismo... Ahora: eres "libre de no comprar" las casas caras, así como hay gente que es "libre de vivir en la calle". Sé que voy a sonar terrible, pero enajenar un bien para tener la "libertad" de no usarlo y dejar a los demás en la "libertad" de desearlo sin poder acceder a él de manera digna... Vamos, que es el lado más estéril del liberalismo económico. Un lado que me parece tristísimo defender. Estoy segura de que deben existir nuevos modelos más justos para resolver estós fallos del sistema, y por eso es importante discutirlos, partiendo además de la idea de que el actual sistema no es perfecto (y por lo tanto, tampoco defendible a ultranza). Ese debate es el que necesitamos abrir con urgencia.
    Vespertina
    05/05/2011 a las 22:13
    No digas eso, que al rato nos patentan las recetas de cocina, nos suben (más) el precio en los restaurantes, y yo no vuelvo a comer nada rico en toda mi vida (porque soy una desgracia en la cocina). Ya sé que no es el punto, pero no se vayan a agarrar de la idea contraria, ja.
     GABO
    02/05/2011 a las 17:22
    Muy buena la nota. Me gusta como plantea la situación y da mucha información sobre el tema. Con respecto al tema en cuestión yo estoy a favor de la pirateria, porque tiene que haber un cambio en como se trata el tema de los derechos de autor. De todos modos tiendo a comprar todas las coas originales si puedo.
    01/05/2011 a las 16:26
    Felicitaciones David por el artículo, está muy bueno para hacer leer a gente que no está muy en el tema. Saludos.
    Pablo
    29/04/2011 a las 19:04
    Vuelvo a decir que esto es muy complejo y se dificulta debatirlo acá, sería fantástico que pudiéramos hacerlo en un café, por ejemplo. Pero en tal caso, no creo que pudiéramos decir que el debate no es gratis porque tenemos que pagar el café, o si es un departamento, tenemos que pagar la luz, las expensas, etc. El servicio de internet abarca todo un conjunto de prestaciones, acceso a información, comunicación, entretenimiento, etc. A mí entender, a los efectos de la temática que se está debatiendo, cuando se habla de bajar algo "gratis", efectivamente es así.
    Pablo
    29/04/2011 a las 18:54
    El tema es larguísimo, complejo y apasionante, con mucho publicado para invetigar, pero acá Andrea menciona algo que es central en el enfoque errado con que se suele analizar este tema: equipara el robo de celulares o autopartes a la bajada de obras artísticas en formato digital. 1) Si me robo un celular, el robado se queda sin el aparato. 2) Si alguien no tiene forma de obtener una copia "pirata" de una obra, en la inmensa mayoría de los casos no la pagaría tampoco. Estamos ante un nuevo paradigma, una herramienta extraorinaria para difundir cultura, lo que a su vez es una gran contribución a la producción. Lo que faltaría es encontrar un modelo de negocio que se adecue a este paradigma. El tradicional no va más.
    Pablo
    29/04/2011 a las 18:45
    Es que se trata sólo de un artículo. Para obtener mucho más, te recomiendo su libro "Copia este libro". Allí profundiza estos temas con fundamentación legal.
    Gus
    28/04/2011 a las 21:10
    Lo interesante de hacer notar que ??nada es gratis?? es que permite ver que lo que está sucediendo en estos años es una gigantesca reasignación de recursos desde las discográficas/editoriales hacia las empresas proveedoras de banda ancha, que son las que en definitiva cobran, con lo cual podemos identificar mejor a dónde van los dineros y de dónde se podrían obtener recursos impositivos. No soy un experto en estos temas ni mucho menos, pero se me ocurre que a través de estas mismas tecnologías se podría instrumentar un sistema de mecenazgo meritocrático (cuantas más bajadas tenga un artista, más cobra) sostenido con esos ingresos (mas otros recursos filantrópicos que se podrían fomentar y organizar mejor a través de la web). Lo que sí sé es que los $220 que destino a pagar actualmente la conexión antes los usaba para comprar discos y libros físicos. Y cine. Esa transferencia es fácil de ver, sin embargo casi nadie la menciona. Por el contrario, se sigue insistiendo en "bajarme gratis?" o "nadie en el medio".
    28/04/2011 a las 00:32
    Yo compro Orsai porque me gusta lo que contiene, y un poco también porque me gusta la movida. Aun cuando no sabía lo que tenía, compré, entonces fue un poco porque confié en que no me decepcionaría, y no ocurrió. Pero a mi la verdad que no me vuelve loco poseer un pedazo de árbol muerto, ni oler los químicos de las tintas. No niego que las sensaciones son distintas. No digo que tal vez no pagaría tanto solo por la versión electrónica.
    28/04/2011 a las 00:19
    La industria pretende confundirnos y es por eso que a la frase "derechos de autor" le han agregado significados que no tienen nada que ver con el derecho de un autor. Y se mezcla todo con el "copyright" de los ingleses. A río revuelto, ganancia de pescadores. Y lo que tenemos revuelto nosotros son los conceptos, los significados. Más arriba colgué unos enlaces a libros que pretenden desburrar sobre el tema. El comentario está moderado por tanto enlace, pero los pueden buscar ustedes mismos: En www.vialibre.org.ar el libro "Prohibido pensar, propiedad privado - la privatización de la vida, el conocimiento y la cultura" En www.boell-latinoamerica.org > publicaciones > todas las publicaciones... Los libros: No. 19 -- ¿Un mundo patentado? La privatización de la vida y del conocimiento No. 24 -- GENES, BYTES Y EMISIONES: BIENES COMUNES Y CIUDADANÍA Y hay otro más que no puse arriba porque no tengo a manoo el enlace, pero también es buscable y bajable libremente: "Argentina Copyleft - La crisis del modelo de derecho de autor y las prácticas para democratizar la cultura", posiblemente sea encontrable en el sitio de vialibre o en el de Beatriz Busaniche.
    27/04/2011 a las 23:51
    Revista Orsai es la respuesta a tu pregunta. Ni más ni menos. Su modelo de negocio.
    27/04/2011 a las 23:46
    Definitivamente tenés que leer los libros que recomiendo en el post de más arriba. Que posiblemente aparezca más tarde porque con tanto enlace quedó "pendiente de moderar".
    27/04/2011 a las 23:28
    Te veo de lejos cómo buscando respuestas más concretas, Interior. No sé si esto te la va a dar, pero creo servirá para ampliar. http://www.vialibre.org.ar/wp-content/uploads/2006/11/prohibidopensarpropiedadprivada.pdf Y si después de eso te quedás con hambre: En http://www.boell-latinoamerica.org/web/120-476.html hay una lista de libros, recomiendo: No. 19 -- ¿Un mundo patentado? La privatización de la vida y del conocimiento http://www.boell-latinoamerica.org/download_es/Bienes_Comunes_total_EdiBoell.pdf y No. 24 -- GENES, BYTES Y EMISIONES: BIENES COMUNES Y CIUDADANÍA http://www.boell-latinoamerica.org/downloads/Libro_biopolitica.pdf
    27/04/2011 a las 22:59
    http://orsai.muriandre.com/revista/
    Luzelar
    27/04/2011 a las 20:18
    Totalmente de acuerdo, si te parece caro, o te parece que el creador de esa musica, pelicula, etc, no tiene derecho a cambiar su Jet privado todos los años, barbaro, no se lo compres, pero no por eso vos tenes derecho de escuchar, leer o ver sus creaciones. Y si esos artistan eligen no dar gratis sus creaciones, y por ello se pierden un monton de publicidad, barbaro, es eleccion de ellos, no podes justificar tu accionar diciendo que ellos no saben lo que hacen y que estan equivocados en querer vender su creatividad. No defiendo al intermediario, hay millones de musicos que ponen su musica en youtube y no veo que todos puedan vivir de su musica. Si no queres pagar por la musica de Alejandro Sanz, barbaro, descargate los miles de temas que hacen musicos con mas o menos talento y que lo regalan, ahora, si queres algo que alguien vende, no que regala, compralo. Espero que puedan seguir ofreciendo el Numero de Orsai en PDF para descargar gratuitamente, y sin publicidad ehhh. Veremos que opina Hernan si vende 5000 ejemplares y los descargan 100.000 veces.
    Carol
    27/04/2011 a las 17:30
    Hola: Quería comentar un par de puntos sobre lo que se está discutiendo aquí. En primer lugar el "todo gratis". Desde luego que bajarse contenidos no es gratis, como se ha comentado antes. Yo estoy pagando mi conexión, que no es barata. La persona que subió el contenido a intertet también paga su conexión. Además en muchos casos la gente que sube y subtitula las series y los episodios le hace un favor a los autores, ya que se le hace llegar a personas que, de otro moda no tendrían acceso. En cualquier caso, yo estoy dispuesta a pagar por disfrutar de los contenidos. De hecho lo hago, pago a Megavideo para ver las series y pelis que yo quiera, cuando yo quiera. Y lo hago gustosa. Si alguien me ofreciera lo que me ofrece "series yonkis" de manera "legal" yo pagaría por ello (un precio razonable). ¿Por qué Warner o HBO o CBO no me ofrece algo así? ¿Por qué no se me ofrecen contenidos de calidad? Porque las industrias están ancladas en el pasado y no quieren cambiar el modelo de negocio. Porque quieren seguir ganando lo que gananban antes, y no puede ser. Se puede ganar, pero no tanto como antes. Claramente la gente está dispuesta a pagar por lo que podría conseguir gratis, ¿acaso no funciona iTunes, AppleStore, AndroidMarket? La cuestión es que no nos ofrecen lo que queremos. En cuanto a los derechos de autor, hay sistemas como los que propone David en su artículo (impuestos, licencias generales) que servirían para remunerar a los autores. Está claro que los autores que se han montado en el carro de los tiempos han conseguido sacar beneficios de sus obras (a lo mejor hasta más que antes, ahora que no tienen intermediarios) Se trata, pues, de que sean conscientes del tiempo en el que vivimos. Probablemente se pueden obtener los mismos beneficios de antes, aunque más repartidos, para disgusto de algunos.
    Gus
    27/04/2011 a las 07:14
    Quizás la cuestión pase por la valoración que le otorguemos al bien por consumir. Yo me bajé el último de Radiohead (no "gratis", repito lo de mi anterior posteo: pagándole a Fibertel) pero siento que no lo tendré verdaderamente hasta que lo compre en una disquería, y eso porque aprendí a valorar el objeto-disco como lo que siempre debería ser, una obra de arte, con su diseño, su booklet. Algo que todavía no se puede hacer así como así nomás en casa. Si esa tradición se mantiene, ¡larga vida al disco! No otra cosa sostiene a Orsai: el amor por el objeto-revista. Si las nuevas generaciones seguirán o no valorando estos formatos? quién lo sabe. Probablemente descubran otros, y estará muy bien. Por ahora siento que bajarme un disco de Internet es como bajarme la foto de una escultura. No es la escultura.
    Petre
    27/04/2011 a las 03:32
    Impresionante. Este argumento habría que pasárselo a Bravo, es muy inteligente, aparte de divertido.
    ElTeta
    27/04/2011 a las 00:36
    A mi me gusta pensar en cómo eran las cosas antes de que exista el problema para saber qué fué lo que lo generó. Entonces vamos a los 80's. No existe internet. Se te raya un disco, lo vas a cambiar a la disquería (pagando el material virgen y los costos de transporte) y te tratan de insano, orate, chiflado, loco y/o desquiciado. Argumentás que la propiedad intelectual y los derechos de autor ya los pagaste con la primera compra. El encargado de la tienda llama a seguridad y un par de patovicas te sodomizan introduciéndote la colección completa de María Marta Serra Lima y el Trío Los Panchos. ¿Quién generó el concepto de lo que se paga es la cosa material, palpable, tocable y no la intangible; el coso de plástico y no las canciones que contiene? Entonces, ahora las discográficas tienen que bancarse las reglas que tan felices las hicieron durante tanto tiempo. Y que ellas mismas crearon.
    Andrea
    26/04/2011 a las 17:39
    Es complicado el tema. Muy interesante el debate que se armó acá. Me parece que es cierto que el mercado cambió. Por ejemplo en el caso de las películas: prefiero mil veces quedarme en mi casa con mi dvd, mi plasma 32 pulgadas y mi home-theater (cuando tenga todos estos adminículos) que ir al cine a gastar una fortuna y encima bancarme a un montón de idiotas que hablan, dejan el celular prendido, etc. Pero me parece que no es justo que si alguien invirtió tiempo y plata en hacer algo yo lo obtenga gratuita e ilegalmente (sin permiso del autor). Creo que es cierto, va a tener que haber nuevos formatos. La Renga por ejemplo vende sus discos de manera anticipada junto con entradas para sus shows. Además con un arte increíble. En Cablevisión están habilitando un videoclub virtual, como el de Direct TV, el cual te permite alquilar pelis sin moverte de tu casa. Creo que hacia ese lado vamos. Es como los celulares o las autopartes, todos sabemos que robados son mucho más baratos, sin embargo algunos decidimos comprarlos de manera legal aunque sean un poco más caros. Me parece que con este tema va a pasar lo mismo, habrá los que prefieren aprovecharse del sistema y los que estemos dispuestos a pagar un poco más por la comodidad de bajarnos los contenidos que querramos en nuestra casa.
     Interior
    26/04/2011 a las 17:38
    SI, no te imaginas que contentos estamos lo que hacemos software
    Damian.
    26/04/2011 a las 15:59
    Tenés raón, hoy vale más que antes la gira o la presentación en vivo. Pero no provoques forobardo!!! (cabecita)
    Mayra
    26/04/2011 a las 14:58
    David Bravo rocks!!!
    LiNks
    26/04/2011 a las 12:07
    Según mi opinión, el mercado no lo marca quien vende algo sino quien lo compra. Un ejemplo claro es el tema de los pisos en España. Los dueños siguen empeñados en pedir precios altísimos, tanto que nadie compra. ¿Cual es el valor entonces de esos pisos?
    Gus
    26/04/2011 a las 05:54
    No sé si llevar la cuestión de los derechos de autor hasta un extremo abolicionista, pero siempre me resuenan estas frases cuando pienso en el asunto: "La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha." Michel de Montaigne. (Ya lo decía en el siglo XVI. Si es así? la palabra no es de nadie) Y Borges: ??A quien leyere?? "Si las páginas de este libro consienten algún verso feliz, perdóneme el lector la descortesía de haberlo usurpado yo, previamente. Nuestras nadas poco difieren; es trivial y fortuita la circunstancia de que seas tu el lector de estos ejercicios, y yo su redactor" Mmmm? estoy copiando y pegando? la Kodama me va a perseguir!!!
    Juan Ytto
    25/04/2011 a las 19:38
    Es verdad macho, la cosa está muy jodida por la crisis y el pobre Alejandro Sanz no podrá cambiar su yet privado este año por otro mas grandioso... Hay que apretarse el cinturón, como todo el mundo. http://www.elmundo.es/elmundo/2007/12/20/television/1198152274.html
    25/04/2011 a las 15:58
    Exacto, muy bien explicado. Todo esto que apuntás son las dudas que yo siempre tengo y por lo que se me hace difícil decantarme. Por un lado pensás que el que tiene la idea de la remera, bien por él, se le ocurrió a él, pero, por otro, no reconocer la parte que le corresponde a Hernán, no parece muy ético (ya sé que la palabra ética puede estar desvirtuada pero es en lo que yo, al menos, suelo pensar). Parece que el problema reside en las magnitudes, cuando alguien comienza a lucrarse mucho....¿no?
    Petre
    25/04/2011 a las 14:35
    Esta nota es un poco el ombligo de Orsai. Me pareció muy buena, aún si el autor no profundizó tanto como algunos lectores esperaban. Además las ilustraciones de Malagón están buenísimas. La del pajarito con la nota musical enjaulada es una gloria. Yendo al tema de la nota en sí, tan debatido en estos comentarios, concuerdo en términos generales con Bravo, con lo genial de la posibilidad de las nuevas tecnologías en cuanto a permitirnos acceder a un montón de bienes simbólicos, y en que estamos ante un cambio de paradigma revolucionario. Pero me quedé pensando en algunas cuantas situaciones respecto a la propiedad intelectual: 1- Un empresario arma a partir de los pdf que pueden bajarse de acá, chablones para imprimir en serigrafía con las imágenes y la marca de Orsai. Así produce cientos de miles de remeras que se venden como pan caliente, y ni Hernán ni ninguno de los que dibujaron, diseñaron o escribieron en la revista ven un mango. 2- Cuando estaba en el secundario, teníamos un amigo, Marcelino, que poseedor de oído absoluto, te sacaba en piano cualquier serie de acordes, cualquier riff, hasta los solos del tema que le hicieras escuchar. Allí ibamos a que nos transcriba "Black Dog" o "Day Tripper" para poder tocarlo en la guitarra. ¿Estaba robando Marcelino? 3- Otro empresario agarra "Más respeto que soy tu madre" y hace dibujar un cómic en inglés, adaptándolo al gusto yanqui. La revista se vende por millones. Hernán tampoco ve un mango de todo esto. 4- Tengo un conocido que tiene una capacidad excepcional para citar textualmente poesias, ideas filosóficas y hasta resumir en una agradable charla cualquier relato del autor que sea. No les puedo contar la cantidad de mujeres que se llevó a la cama con su habilidad? Es más, esto le permite engatuzar y cerrar muy buenos negocios en su rubro (trabaja en una inmobiliaria). Jamás pagó un peso de derechos de autor? ¿Es un ladrón mi amigo? 5- Lenin, Mao, Ho-Chi-Minh, Castro? ¿le habrán pagado derechos de autor a Marx y Engels? 6- Conozco un guitarrista y su compañero que toca el bombo, que interpretan temas de Yupanqui, Zitarrosa, Gieco, el Chango Spaziuk, en un hogar de niños con capacidades especiales. Lo hacen muy bien, los chicos aprenden cosas y se divierten, y ellos cobran por su trabajo. Sin embargo jamás se les ocurrió pasar por sadaic a pagar derechos de autor. Y así muchas situaciones parecidas?
    25/04/2011 a las 14:16
    La nota me pareció informativa pero sí estoy de acuerdo que quizás no acaba de esclarecer el tema. No lleva los argumentos hasta el final. Personalmente llevo muchos años intentando comprender cada postura y todavía no he podido. Al final lo que acabo reduciendo a algo sencillo para aclararme. Por ejemplo, si escribo una obra de teatro y otro la "toma" y dice que la ha escrito él o ella, y se lucra, no acabo de verlo. Ahora si dice es de tal autor, creo que contribuye a difundir la obra y reconoce el mérito del autor (como ocurre en el mundo académico que siempre deben citarse las fuentes). Si eso genera mucha plata, algo le corresponderá al autor o al menos el reconocimiento de que lo ha hecho él o ella. De ahí que sí creo que existen los derechos de autor. Por otro lado, no veo por qué no puedo bajarme Mad Men de la red si ya ha salido en la televisión en Estados Unidos, ya ha sido pública. Creo que los autores no tienen problemas con el público que escucha su música sino que los intermediarios que también se lucran con las descargas. Al igual que yo no tengo problema con el autor o con pagar al autor pero te molesta un poco saber que del libro que estoy comprando el autor sólo se lleva un 10% con suerte. En fin, sigo igual, confundida....
    Jose
    24/04/2011 a las 13:51
    Hay algo que veo totalmente claro. Independientemente de que los tomates se copien o no, la gente va a seguir necesitando tomates. Pretender que los agricultores van a desaparecer por ello es erróneo, porque eso supondría la desaparición de los propios tomates. Los músicos van a seguir existiendo, con la diferencia de que ahora no necesitan ir "mendigando" que una compañía les publique. Eso sí, ahora tienen que currar mucho más dando conciertos.
    Gus
    24/04/2011 a las 07:00
    Hola Hernán, hola a todos! Esta es la primera vez que posteo acá, a pesar de seguir Orsai desde hace unos 2 años. Me parece genial la idea de la revista, es una excelente avanzada hacia el futuro, por aquí pasa la cosa! Recuerdo varios artículos de Hernán respecto a las nuevas tecnologías y el copyright que me ayudaron mucho a pensar el asunto. Muy buena la nota de Bravo? aunque todavía me hace ruido una cuestión, que no veo contemplada en ninguna de estas notas, y es el tema del proveedor de Internet. Aprendí hace mucho a desconfiar de la palabra "gratis". Casi diría que es una palabra ficcional, muy engañosa, porque invariablemente compruebo que detrás de cada "gratuidad" siempre hay alguien que paga. No hay tal cosa como "el almuerzo gratis". Y así resulta que "Nadie en el medio" me suena a algo similar: en el medio tengo una conexión de banda ancha por la que pago, en mi caso, $220, con la que descargo "gratis" el (hermoso) PDF de Orsai. ¿Quién está concentrando toda la guita, entonces? ¿Quién está MUY interesado en que todos pongamos la mayor cantidad de contenidos para que la red se vuelva cada vez más imprescindible y cobrarnos por ello?¿Cuál es el último e inevitable soporte físico que queda? En mi caso, el cable de Fibertel. Todo este proceso es inevitable y yo lo celebro, pero creo que esto hay que señalarlo. Quizás llegue el día en que todos (todo el mundo) accedamos a Internet wifi?¿gratis?. No será así tampoco, porque para sostener ese sistema a nivel planetario lo tendremos que hacer con impuestos pagados entre todos. Es una mierda la palabra "gratis". No existe. La deben haber inventado los comunistas. Y ni qué decir de cómo la aprovechan los populistas. Soy músico y soy de los pocos que no me quejo. Todo cambia. Eso sí: pagué para poder subir algunos de mis temas en www.myspace.com/gvillaverde y, siempre y cuando ustedes hayan podido pagar su propia conexión, los invito a escucharlos en forma LIBRE. Me parece una palabra más adecuada que gratis. Hernán: te admiro y siento un enorme afecto por vos! Mi señora no te lee tanto, pero tiene todos los videos de la Nina colgados en su Facebook!! Gustavo.
    24/04/2011 a las 02:37
    Muy soberbio. El tipo que se las sabe todas como para decirle a otro que no entiende nada.
    m3m2020
    24/04/2011 a las 00:54
    El problema mas serio que veo yo, y que esta de trasfondo, es que las grandes multinacionales y los politicos (que son lo mismo) estan favoreciendo todo esto para poder manipular, controlar y censurar la red, esto es solo una buena excusa para hacer leyes restrictivas sobre internet, teniendonos mucho mas controlados a todos, internet se le va de las manos a los gobiernos, como toda la vida desde que el mundo es mundo, la mejor arma del poderoso es la ignorancia y la desinformacion del pueblo, la censura. Las discograficas etc... les importan un comino, solo es un escalon hacia su meta.
    dani
    23/04/2011 a las 23:55
    Yo tengo una pregunta para todos en general. Creo que estamos deacuerdo en que las formas no son las correctas, ni la ley ni nada, estoy totalmente en contra del canon ¿¿¿pero hay alguno que defienda su derecho a ver series, escuchar musica, utilizar programas, sin pagar un solo euro por ello??? Los modelos de negocio estan obsoletos y deben ser cambiados. Pero ... ¿no es el dueño de un producto el responsable de venderlo como el quiera o a caso yo no puedo vender mis productos como quiera y al precio que quiera? si no te gusta no lo compres, pero tampoco lo "robes". Sinceramente pienso que las descargas como se realizan hoy dia son algo indefendible, aunque sinceramente me gustaria que alguien me hiciera cambiar de opinion, pq no veas como me beneficio de ello ... X-D
    NoWay
    23/04/2011 a las 23:33
    No entiendes nada. El mercado de la música sobretodo, ya no es como hace unos años. Se acabó la venta de soportes físicos y sus costes y beneficios desproporcionados. Los músicos se tiene que ganar la vida con lo que saben hacer, tocar y cantar. A ver si te entra en la cabecita....
    piter
    23/04/2011 a las 21:41
    Hablando de tomates, no podrían aprender del mundo gastronómico, todos crean, todos copian, todos se influyen y todos nos deleitamos con las recetas. Las recetas secretas duran un tiempo y o acaban liberándose o perdiéndose en el olvido. Estos artistillas tienen que aprender de los maestros de la cocina y los no maestros igual de creativos, hasta los niños inventan recetas que todos disfrutamos. Mas arte y menos fachada. Que se dediquen a dar servicio, que sus productos ya no existen ahora son publicidad.
    Ramón
    23/04/2011 a las 21:16
    ¿Por qué en flash? Es una forma horrible de acceder a los contenidos. Por lo demás, enhorabuena por la publicación y el artículo.
    Esteban Kito
    23/04/2011 a las 17:22
    La industria musical se ha convertido en UNA MAFIA. Hace pocos años ocurrió con la industria fotográfica lo mismo que hoy ocurre con la indistria de la música pero los fabricantes de cámaras y los fabricantes de material fotográfico (carretes, cámaras, papel fotográfico. productos químicos para el revelado, etc.) lejos de lloriquear y hacer leyes absurdas e inconstitucionales para perseguir lo digital sencillamente se adaptaron y aceptaron que la vieja industria fotográfica estabba condenada a desaparecer y ser reemplazada por lo digital. Todos los laboratorios de revelado de fotos están condenados a desaparecer y nade ha llorado por ello ni amenazado a los consumidores ni hecho campañas mundiales contra la fotografía digital. ¿Porqué? Porque la indistria fotográfiica es una industria normal, como todas y ha aceptado la nueva realidad y el nuevo modelo tecnológico sin oponerse ni corromper gobiernos ni perseguir a nadie. Mientras que la industria de la música ES UNA PURA MAFIA.
    Luigi
    23/04/2011 a las 16:38
    El problema está en que la industria quiere gestionar la propiedad intelectual de la misma forma que se gestiona la propiedad privada, como algo físico, cuando son cosas totalmente diferentes. La industria ve la cosa así: Vivo de vender copias y la gente se las hace por su cuenta, por lo tanto, realmente no es necesario que compren mis copias para disfrutar del producto, por lo que yo me jodo. Ese es el problema. La venta de copias como unidades unitarias no tiene sentido hoy en día. Hay que ofrecer algo más que una simple copia.
    Esquizofrenico
    23/04/2011 a las 13:12
    Ha ocurrido una cosa muy buena para los músicos, pero para los auténticos, no para los que se dedican a grabar desde su laboratorio: Y es que desde 2009 los ingresos por concierto no han dejado de aumentar, y en ellos, los músicos, se llevan dinero. Algo que no ocurría con las ventas de discos, de los que ellos sólos se llevan una ínfima parte. http://www.eleconomista.es/empresas-finanzas/noticias/1387770/07/09/Grabar-discos-Los-conciertos-suponen-ya-mas-del-90-de-los-ingresos-de-los-artistas.html
     nombre apellido
    22/04/2011 a las 19:52
    Aparte de todo el tema en discusión, del que opinaré después como todo, me gustó la mención a Stallman. Entérense que el es un adelantado a su tiempo y que debe estar en Orsai. Y para entrevistarlo no habrá que padecer tanto porque contesta todos los mails y habla español perfectamente. Si hasta vino a dar una charla (la que repite en todas partes) a mi universidad. Inclúyanlo en Orsai por favor. Sobre el tema en cuestión, armen mentalmente todo de nuevo y van a ver que piezas sobran.
     Saint
    21/04/2011 a las 22:58
    Gerardo, estimado, no se lo tome a mal. Vivo en Buenos Aires, te juro que no es posible ver Honeydripper de otra forma que no sea bajándola (o viendola por cuevana y similares, no me fijé si estaba). Ya no hay videoclubs y en las disquerías y tiendas online venden -casi exclusivamente- basura. Si después de tu elogiosos comentarios hacia la película quiero verla ¿qué hago? ¿se la pido por mail a Danny Glover? ¿me quedo si verla y te pido que me la cuentes en detalle? Creo, por cierto, seguir en una conversación amistosa. Saludos
    21/04/2011 a las 19:32
    Un libro en España cuesta por termino medio 22 Euros. Papel de mierda y en la mayoría de los casos mal editado. Un disco de 15 a 20. Una entrada de cine 6 o 7. Podéis multiplicarlo por 5,4 y lo tendréis en pesos. Antes había cines de barrio, hoy no queda ninguno. 6 Euros de cine y 5 de palomitas. ¿Cuantos hijos de obreros pueden ver a Javier Bardén?
    Gerardo
    21/04/2011 a las 19:00
    Joder, jotapé. Pues, ¡tienes razón!
    Gerardo
    21/04/2011 a las 18:33
    No diego. No es original. Ni siquiera es ingenioso. Lástima, creí que había empezado una conversación amistosa. Cuanto lo siento.
    21/04/2011 a las 14:45
    Interior, como le va? Vengo a molestar. Que exista la industria de la música esta barbaro, le permite a los músicos -por ejemplo- hacer recitales y ganar plata para vivir con lo que hacen. Ahora, que exista un tipo con un escritorio grandote sentado en EMI, cobrando MUCHA GUITA, sin agregar un puto eslabon en la cadena de valor, me parece terrible. Tipos como esos hacen que Chango Spasiuk vea 4 pesos de cada CD que venden a 40, y tambien permita que existan abortos como MAMBRU, y que ganen, aunque sea por una temporada, lo mismo que el Chango, mientras que ellos, los hombres de corbata, ganan por estar sentados en sus escritorios grandotes, "defendiendo al artista"
     diego
    21/04/2011 a las 14:07
    "... en cuanto la descargue ..." soberbio comentario !!! me hiciste reir Saint
    20/04/2011 a las 23:04
    Interesante. Hay una idea creciente: la cultura es de todos. Claro que hay cuestiones flojas, merecedoras de discusión y legalización; pero el planteo y la práctica (la red ya es imparable), tornan el tema mucho más accesible. El otro día compré el último disco de Chango Spasiuk, Pinandy (lo recomiendo sobremanera). Antes, hace un año, lo había bajado, y me encantó. Y estuve esperando ir a verlo, para agradecerle. Hasta ahora no pude, así que compré el disco, 40 mangos, de los cuales 3 o 4 le llegarán al músico (a dividir con sus músicos y entorno). Por eso quería verlo en vivo, para meterle 100 en el bolsillo, sin "nadie en el medio."
    Leo
    20/04/2011 a las 19:55
    A mi me parece bien que existan los intermediarios y la industria de la música. Yo cambio la pregunta. ¿Deben existir por ley los intermediarios y la industria de la música, o por una necesidad de la sociedad? ¿Que ocurre si no son necesarios, o si el marco legal que se pretende establecer no se ajusta a las necesidades de la sociedad?
     Saint
    20/04/2011 a las 19:49
    De hecho, la ministra de cultura española ha dicho hace poco que "Mozart vivía en la miseria por no tener derechos de autor". Personalmente, creo que la (segunda) mitad de la frase es correcta. Angel Ferrero, desde Barcelona, comenta esta frase con mucha más gracia: Mozart, los derechos de autor y el robo de leña
     Saint
    20/04/2011 a las 18:51
    Gracias, Gerardo. Por supuesto, la voy a ver... en cuanto la descargue.
     Interior
    20/04/2011 a las 14:55
    La propiedad intelectual existe desde que Mozart componía Operas por encargo, y si un músico o un cineasta, hoy día, quisiera ganar dinero con su arte no estaría pecando,¿quien soy yo para decir si gana mas o menos de lo que se merece?. Me sigue faltando una pata, ¿que exista la industria de la música o los intermediarios esta mal?.
    Leo
    20/04/2011 a las 13:46
    Yo soy músico. No vivo de la música. Nunca me dió dinero. Puedes escuchar mi música en myspace, incluso bajarte los temas. Nunca consideraría eso un delito. Son malos tiempos para los músicos, pero la culpa no es de internet y las plataformas digitales. Desde que existe música enlatada, la música en directo es cada vez más escasa. Antes, los domingos había una verbena popular en todas la plazas de todos los pueblos. La gente bailaba con esa música o nada. ¿Músicos profesionales? para nada. Casi siempre eran aficionados. Pero se valoraba lo que hacían. Ahora no se valora, porque es suficiente ponerse un CD para tener al Buena Vista Social Club animando la pachanga. Además la música al aire libre es un problema. Hace ruido, los vecinos protestan. Los locales tienen que estar insonorizados y cumplir millones de requisitos. Internet está haciendo daño a la industria, pero no está acabando con los músicos profesionales. De esto se encarga la sociedad de otras muchas formas. La música en directo vale cada vez menos, pero cuesta mucho. Es mucho más interesante para los músicos y los compositores favorecer las posibilidades de actuación, de presentación de sus obras, que intentar darle valor a la reproducción de las grabaciones. Hay modos de hacerlo, pero no es este el interés de la industria. No debe confundirse a los músicos con la industria de la música. Saludos.
      Juan Sebastián Olivieri
    20/04/2011 a las 13:45
    http://issuu.com/revista_orsai/docs/orsai_n2#download
    Leo
    20/04/2011 a las 13:25
    Excelente artículo. Lanza algunas ideas perturbadoras que necesariamente deben estar en el debate público. ¿Es la propiedad intelectual realmente una propiedad? Siempre ma llama la atención la contradicción que se da con muchos artista. Algunos de ellos, comprometidos socialmente, no dudan en fometar valores e solidaridad, cooperación, pero caen luego en la trampa de la protección de la propiedad intelectual. Saludos
    Gerardo
    20/04/2011 a las 09:02
    Aunque nadie duda de que la industria discográfica (una parte, porque también han existido siempre las compañías independientes, que también se han visto perjudicadas por este proceso, no lo olvidemos, y las tiendas de discos, no sólo las grandes superficies, también las tiendas pequeñas -esta semana me contaban el caso de una tienda en San Sebastian que está en las últimas-, y los técnicos implicados, etc.) se ha convertido con el tiempo en un monstruo ingobernable y de muy dudoso gusto y más que cuestionable capacidad de influencia en la cultura popular, no deja de ser cierto que fue la posibilidad de comerciar con la música la que sacó a estos músicos (cierto, los que pudieron, otros no tuvieron ocasión, pero muchos) del submundo en el que subsistían (algo que se puede ver muy bien en los trabajos que te cito; lo sé, no es el tema central de las películas pero forma parte del contexto, fíjate) exportando su música por el mundo y ofreciéndoles una ocasión para la subsistencia más que digna (y en algunos casos, dignísima). En el caso del pop y del rock es indudable, también en la música de cámara y del jazz (¿cuántos músicos viven de las grabaciones?). Ahora esa posibilidad, parece ser, se ha visto mermada o cercenada. Cierto que los precios de los discos son abusivos, y que las condiciones contractuales con las compañías, en muchos casos, pura extorsión. Pero esa sería una batalla sindical, por parte de los músicos, y de los consumidores (que también tenemos responsabilidad con nuestras decisiones de compra en lo que se vende y lo que no, aunque no la ejerzamos, quizá porque no la asumimos - reconozcámoslo, la mayoría somos unos consumistas con un hambre voraz por poseer-). No veo nada de malo en que quieran vivir de ello. ¿Los conciertos? Bueno, me parece ingenuo pensar que en el mundo de las salas y espacios de conciertos (donde también están implicados muchas veces, ayuntamientos, empresas de todo tipo, etc.) no existan también esos intermediarios y actuaciones mafiosas que determinan qué se escucha y qué no (y a qué precio). No son solo los derechos de autor, que también (¿qué tiene de malo que a alguien se le reconozca la autoría de una obra que ha realizado para que otros no puedan sacar provecho comercial de ella, al menos sin su permiso o sin que le remuneren una parte?- y hablamos de música, libros o películas, no de la fórmula de la vacuna contra el cáncer) es la posibilidad de sacar provecho comercial de su trabajo lo que, creo, se coarta. No sé. Supongo que no estarás de acuerdo, pero, eso sí, no te pierdas la película de Sayles. Aquí en España pasó sin pena ni gloria, pero es una delicia. Puro amor por la música. Danny Glover, bestial (atención a la secuencia en que se sienta al piano, y no te digo nada más).
    20/04/2011 a las 01:35
    ¿Soy yo que estoy más opa de lo que creía o el PDF no está disponible? La interfaz de arriba para leerlo online no me anda con el plugin de flash para ubuntu. ¿Algún lugar donde esté un pdf amigable para descargar? Gracias...
      Juan Sebastián Olivieri
    19/04/2011 a las 21:21
    David, como los buenos docentes, viene a plantear el problema. No a dar soluciones. Y parece indicar que donde más anudado está el ovillo es en la estructura, en algunos casos gigantesca, enquistada alrededor de la mayoría de los nichos de comercio tradicional. El intermediario (el innecesario) se aferra a su discurso, no exento de sentimentalismo, de la propiedad intelectual y los derechos del autor. Pero, como sabemos por experiencia los que hay estamos leyendo esto, el autor puede y debe encontrar caminos alternativos. Claro, necesita la claridad mental suficiente para evitar la masa viscosa y maloliente que se filtra por los espacios libres que vamos dejando, a veces por comodidad, otros por miedo. Encima el infiltrado sale en defensa del autor empuñando su verdad basada en el método tradicional, en el no progreso, y por supuesto ?? aunque esto se cuidan de decirlo ?? en la comodidad de su porcentaje. Pero tenemos en la mano un número dos de un ejemplo encantador de alternativa. Podría (debería) haber muchos otros. Quizá esta nota, en un estúpido afán de ordenar por temas, la cortaría y la pegaría en el número uno de Orsai. Me parece más redondo. Yo entiendo que la nota dice: busquen otras formas, inventen otros caminos. No se sumen a métodos medievales de prohibición que conducen, en el mejor de los casos, a retrasar el acceso a la cultura, en el peor a evitarlo.
    Jotapé
    19/04/2011 a las 20:21
    Eso habla bien de tu comentario (?) mis pavadas las aprueban en dos segundos.
     Saint
    19/04/2011 a las 20:01
    Con la de Sayles, no tengo el gusto; la obra colectiva de Scorsese es una bestialidad (en especial el capitulo que dirige Win Wenders). Gracias por la recomendación, pero en ambos casos, la industria discográfica, aunque embrionaria en comparación con lo que fue algunos años más tarde, ya estaba bien desarrollada. No llego a entender el vínculo con la discusión sobre derechos de propiedad.
    Gerardo
    19/04/2011 a las 18:14
    Te recomiendo a ti dos pelis: Honeydripper, de John Sayles, y la serie sobre el blues realizada por Martin Scorssese. Pa que veas lo "putas" que las pasaban.
    Gerardo
    19/04/2011 a las 17:42
    Flipante, mi comentario está pendiente de moderación desde ayer?????
     patanpatan
    19/04/2011 a las 17:23
    De acuerdo con Saint, que los músicos salgan a tocar y se las ingenien para tentar al mercado. El problema no son los músicos sino los intermediarios. Y hablan de defender derechos de autor (como si uno al pasarle un tema a otro le dijera "escuchá el tema que hice"), cuando en realidad son algo así como derechos de distribución en representación del autor.
     Saint
    19/04/2011 a las 16:35
    No sé, Interior. Cómo hacían los músicos antes de que se inventaran los soportes para sus obras? Si pensamos en términos de la historia de la música -desde que dos neandertal hicieron sonar unos palitos con cierto ritmo y algo vibró en las almas de los tipos, digo- hace muy muy poquito tiempo que se pueden obtener registros (el gramófono deber ser de 1880, o por ahi). ¿Poder encerrar una música o una imagen en una cajita y tener exclusividad sobre la venta de esa cajita es lo que da derechos? ¿o los derechos son anteriores y lo que posibilitó la apropiación de los beneficios derivados fue la invención de la cajita? No es retórica, es duda sincera, aclaro. Lo cierto es que, como dice Bravo, algo se rompió, no existe más, le guste a quien le guste. Y la guerra contra la piratería es increíblemente similar -en resultados- a la guerra contra las drogas: los que la hacen pierden por goleada desde antes de empezar. Por ahí pasa por que los músicos vuelva a transpirar la camiseta, que ganen plata dando recitales, o vendiendo sus obras en un formato que sea atractivo (¿por qué compramos la Orsai pudiendo esperar unos días y descargarla gratis?) Recomiendo enfáticamente un documental sobre la historia de los derechos de propiedad intelectual, el Copyleft y demás yerbas a partir de un pibe que mezcla música (se llama RIP - A remix manifesto y se lo encuentra en Taringa y similares). Salú la barra.
     Interior
    19/04/2011 a las 13:29
    ¿Hasta tanto no se invente alguna forma para que los escritores, músicos y o cineastas cobren por lo que hacen ya no podrán vivir de sus trabajos?, es la sensación que me deja la nota, es decir jodete por ser músico , no te dejo cambiar el auto este año por que puedo copiar tus cd, vas a vender mucho menos de lo que vendiste hace 10 años, es culpa de la tecnología, lo que antes te gustaba y te daba guita , ahora me lo tenes que regalar. Me falta una pata de la mesa para considerar justo el tema.
    Gerardo
    18/04/2011 a las 21:59
    Completamente de acuerdo contigo, Andrés. Frente a los lugares comunes de la industria, los lugares comunes del otro lado. Afirmaciones tomadas como razones últimas de un ideario. Se habla mucho de que la "vieja" industria debe remodelar su modelo de negocio, pero nunca se nos dice cómo hacer eso (quizá porque no se pueda, y en caso de consegiuirlo, al final, ¿no sería lo mismo?). Varios apuntes. Primero. Lástima por el artículo, pero es noticia reciente que Spotify va a ser de pago (o casi; ver, por ejemplo: http://www.elmundo.es/elmundo/2011/04/14/navegante/1302773742.html), además de que ya parecía dudoso que fuera rentable para los grupos (ver también: http://www.rollingstone.es/noticias/view/cuanto-gana-un-grupo-indie-espanol-en-spotify) Segundo. ¿Representa relamente esta revista una nueva forma de hacer las cosas? ¿Podría subsistir Orsai sin los 16? que abonamos (en España) quienes la hemos comprado? -y esto no es una queja, que conste; lo pago a conciencia y porque quiero, pero no acabo de ver dónde está la diferencia: tú me das la guita, yo te entrego el producto-. Tercero. ¿Estaría dispuesta la ciudadanía a pagar un impuesto (según otra propuesta que se menciona en el artículo) que remunerara a los artistas según la cuenta de descargas realizadas de su trabajo? No lo tengo tan claro. No sé, se me ocurren muchas más reflexiones, pero creo que darían para otro artículo largo. Como a Andrés, a mi también me habría gustado que alguien me explicara esto mucho mejor. Si éstas son las razones que le expusieron a Alex de la Iglesia, no sé cómo le convencieron (hay quién podría entender la actitud de Alex de la Iglesia como una huida por la tangente). Creo que el Sr. Bravo está dotado para explicarnos la diferencia entre lo legal y lo ilegal (descargar canciones no es delito, eso ya lo sabemos) pero, ¿ese es el problema de fondo? Me da a mi que no. Eso sí, me encantan las ilustraciones que acompañan al texto. Beunísmas.
    Silvia
    18/04/2011 a las 21:42
    Me pareció muy sólida la nota, y grandioso lo de Alex de la Iglesia. Un grande reconociendo que estaba equivocado. Me dejó ganas de seguir buscando información, y ojalá que sean muchos más los que busquen formas alternativas de "cobrar" por lo que hicieron, se lo merecen pero deberían gozar con la invención de la "máquina de copiar tomates", no padecerla. Quoting Newton "If I have seen further it is only by standing on the shoulders of giants", cada creación, cada libro, film, etc, debe tanto a creadores anteriores... habrán pagado por ello? no creo, no podrían.
    Jotapé
    18/04/2011 a las 20:59
    A mí me resultó novedoso su argumento de que "la cosa ya no es registrable"
    Andres
    18/04/2011 a las 20:42
    Interesante, pero tratandose de un abogado que sabe tanto del tema, esperaba mucho mas que una simple cronica historica de sucesos públicamente conocidos. Esperaba argumentos sólidos frente a los lugares comunes en los que caen las organizaciones defensoras del viejo modelo de propiedad intelectual, quizás algun ejemplo mas generalizado que spotify y esta revista. No se, tenía muchas mas expectativas después de leer la introducción y terminé de leer el articulo esperando mucho mas.
    gaitan
    18/04/2011 a las 18:18
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    Estas páginas pertenecen a la sección «Crónica periodística» de este blog y aparecieron por primera vez en la versión papel de la Revista Orsai Número 02.

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    Sobre los autores

    Escribe David Bravo

    (Sevilla, 1978) Abogado especializado en derecho informático y especialmente en propiedad intelectual. Participa de diversos debates televisivos. En 2006 comienza a colaborar en el programa Noche sin Tregua de Paramount Comedy. Es creador de la asociación OSR junto a Alfonso Grueso y el rapero Toteking.

    David Bravo en Orsai

    Ilustra José Rubio Malagón

    (Madrid, 1972) Natural de Alcalá de Henares, vive en Alicante. Publicó en medios como El Jueves y El Economista. Realiza la viñeta diaria de El Mundo en su edición Comunidad Valenciana y para el digital La Información. Es autor de los libros Tiro de Gracia y El libro negro de la música, entre otros.

    José Rubio Malagón en Orsai

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