Hernán Casciari nació en Mercedes, en 1971, y todo lo que sigue es relativo o fragmentario. Nadie es como informa su biografía. En realidad, nadie es de una manera única o lineal. Pensaba en esto ayer porque —en medio del rediseño de este blog— quería actualizar el apartado «El Autor». Estaba a punto de agregar datos nuevos, y de repente me quedé en blanco. ¿Quién soy realmente? Y sobre todo, ¿quién debería explicarlo?

Hace un tiempo me invitaron a Lima para dar una charla. Justo antes de volver a casa, en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, unos policías muy enojados me llevaron a la rastra a un subsuelo, me pusieron las manos contra la pared, me abrieron las piernas, rompieron una por una las artesanías que le llevaba de regalo a Nina y me hicieron pasar una eternidad maravillosa junto a dos perros amaestrados: uno blanco, el otro negro.

Que me perdonen este jueves las damas presentes, pero tengo la necesidad de hablar sobre fútbol. Pero es aún peor: hablaré sobre la regla futbolística menos comprendida por la platea femenina: el offside. Yo no sé si es porque estoy viejo, o porque estoy harto de ver jugadores en la misma línea a los que no se deja avanzar, pero la posición adelantada cada vez me parece más estúpida. Y voy a explicar por qué con dos metáforas y una vieja historia.

La que sigue es la transcripción de una sobremesa entre mi hija y yo, ayer viernes a la noche. Nina tiene diez años y encontró, por casualidad, fotos de mi primera infancia; mientras las miraba empezó a contarme sus propios recuerdos a esa edad. Tuve los reflejos de poner la grabadora del teléfono sin que se diera cuenta, y gracias a eso pude desgrabar la conversación completa y transcribirla incluso con sus fallas gramaticales. El sonido no es bueno, pero igual les recomiendo acompañar la lectura con el audio incorporado.

Cuando termine el Mundial de Fútbol, tanto sea para festejar el triunfo como para olvidar la derrota, Chiri y yo nos vamos de viaje. El segundo semestre de 2014 será para nosotros una especie de road movie que tendrá tres objetivos: dar unos talleres itinerantes llamados «Treinta anécdotas mejoradas» (con eso nos pagaremos los viajes y le mandaremos plata a nuestras familias), generar nuevas anécdotas para nosotros (porque posiblemente la amistad se nutra mejor en los viajes) y preparar un libro sobre esta aventura, editado por Orsai y compuesto con las historias de los participantes y nuestros apuntes.

La buena noticia es que Argentina clasificó con nueve puntos y jugará el martes contra un equipo al que se le puede ganar. Después, en cuartos, tendrá que vérselas contra otro seguramente mejor, pero que tampoco nos provoca insomnio. El grupo temible quedó del otro lado de la llave. Los fantasmas de Alemania, Uruguay y Brasil nos asustarán recién en la final, si es que llegamos. Y Holanda en una semifinal hipotética. Dios me libre y me guarde mucho.


Siempre fueron los países donde el fútbol es un pasatiempo. A veces prefieren el béisbol, la elección de Miss Universo o salir corriendo cuando los persigue un tigre. Siempre fueron las selecciones simpáticas de las Copas del Mundo. ¿Se acuerdan cuando los invitábamos a nuestros mundiales para sentir ternura? Los invitábamos porque eran coloridos y dicharacheros, y también porque nos encantaba hacerles goles desde afuera del área.

Dos meses antes de la Copa del Mundo, cuando vivir y respirar era mucho más fácil que ahora, cuando no se te aparecía en sueños Gonzalo Higuaín habilitado frente a un arco vacío, me comprometí a entregar un trabajo el quince de julio. Ni siquiera era un trabajo pago, sino el pedido de un amigo: «Hola Hernán, elegí los nueve libros que te hayan cambiado la vida y explicá por qué en cien palabras».

Hace unos meses recibí un mail de una revista de Bruselas: me querían hacer un reportaje telefónico. Les dije que sí y tuvimos una charla por Skype muy simpática, nunca supe muy bien sobre qué. Después me olvidé de todo hasta hace dos semanas, que me escribieron de nuevo. Ahora me pedían permiso para mandar a un dibujante a casa. Me pareció extraño porque en general mandan fotógrafos, pero les dije que bueno.

Hoy se cumplen veinte años de la peor desgracia de nuestra juventud y es hora de que la cuente. Cuando sos joven y te mandás una cagada, le echás la culpa a la imprudencia. Pero la crueldad no es joven ni es vieja. Durante estos años me quise convencer de que todo fue una fatalidad. Pero no: lo que le pasó al Colorado Ulmer la madrugada del 14 de agosto de 1994 fue, sobre todo, culpa nuestra.

El viernes 29 de agosto a la noche estaré en Córdoba. Y voy a hacer algo por primera vez en la vida, me imagino que con mucha vergüenza primero y con gran pesadumbre después. Me voy a subir a un escenario al aire libre, como si fuera un cantautor, para ofrecer un recital. Claro que en vez de una guitarra en la mano voy a llevar papeles, y en vez de cantar baladas tristes voy a contar doce cuentos cortos de tres minutos. Lo mismo que hago en Vorterix, pero esta vez en vivo y de un tirón.

Horacio Altuna es de los muy pocos ilustradores que jamás puso a la venta sus originales. Los cuida, los guarda y pelea por ellos. Desde hace unos meses intento convencerlo de que no encanute tanto, que ponga en el mercado por lo menos una tira original de Loco Chávez, una portada del Señor López, alguna página de sus increíbles historietas de Playboy, y creo que de a poco lo estoy ablandando. Pero mientras tanto, él sigue en sus trece.

Durante media vida lo más trágico que puede pasar es tu propia muerte egoísta, pero entonces llega algo y ¡zas!, te cambia para siempre el epicentro del miedo. Yo descubrí esto arriba de un taxi. Un rato antes me habían pagado un dinero que no esperaba por algo que ni siquiera era un trabajo. Entonces decidí no viajar desde la Capital a La Plata en un micro mugriento, porque lo mínimo que podés comprar con plata inesperada es comodidad. El problema es que elegí a un taxista que estaba a punto de cruzar un límite.

Escribo esto la tarde del veintisiete de octubre de 2014, mientras espero que Mauro se olvide de pagar la cuota trienal del dominio Casciari.com. No creo que ocurra, porque es un tano muy despierto y metódico, pero por las dudas tengo la tarjeta de crédito a mano. Ya hice guardia vana en 2008, en 2011 y me toca de nuevo hoy. Pero esta vez no estoy solo en la trinchera: me acompaña mi hija.

Esta es una de esas entradas que muchos de ustedes odian. Cada vez que escribo novedades o hago difusión se quejan porque solamente quieren cuentitos. ¡Ah, burgueses! Prefieren de mí la bohemia, y no mi costado entrepeneur. Pero hoy es fin de mes, así que se aguantan. Voy a hacer un punteo de actividades, próximos viajes, libros que publicamos y cosas así. Hagan de cuenta que son socios minoritarios de una pyme y bánquense una reunión de accionistas.

Cambió todo en los últimos trece años, menos Diego Milito, que sigue parado en el mismo costado del área grande, esperando la oportunidad de meterla contra un palo. Ni siquiera se quedó pelado, ni le salieron canas. Está igualito. Yo engordé como un chancho en trece años y él está igualito. Debe haber alguna foto suya envejeciendo en un sótano de Avellaneda, como un retrato de Dorian Gray. Pasaron trece años.

Salgo muy poco, pero cuando no queda más remedio me pone muy triste ver los autos en la calle, estacionados. No puedo reconocer a ninguno, no sé de qué marca son, ni de qué país. Antes los autos eran todos distintos, como los humanos. Cuando yo era chico los autos tenían personalidad. Había autos fornidos, prepotentes; los había tímidos y perezosos. Ahora son todos igualitos: redondeados arriba, medio aerodinámicos, y de colores tristes. Antes no.

Están pasando cosas muy divertidas alrededor del fútbol español. En realidad está mutando la sociedad en general, en España, pero el fútbol suele ser un espejo que exagera mejor los cambios. Lo resumo en dos líneas. Hace unos días un barrabrava del Atlético tiró al río a uno del Deportivo, el señor se murió ahogado, y ahí empezó una nueva cruzada para erradicar la violencia en el fútbol. Todo el mundo se puso sensible y la semana pasada el Real Madrid expulsó a diecisiete socios porque le cantaron cosas feas a Messi.